Mendoza, Pedro González de
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Biografía GER
Prelado renacentista español, que influyó activamente en la política religiosa de los Reyes Católicos (v.), sirvió de intermediario constante en las negociaciones con la curia romana y favoreció con su mecenazgo el cultivo del humanismo y de las bellas artes en todo el reino de CastillaN. el 3 mayo 1428, siendo sus padres Íñigo López de Mendoza, marqués de Santillana (v.), y Catalina de Figueroa, nobles de alcurnia, de los que heredó una posición social elevada y la afición a las letras. El primer periodo de su vida, de formación, lo pasó en su casa señorial, en la curia de su tío, arzobispo de Toledo, en la corte de Juan II (v.), que le distinguió con predilección, y en la Univ. de Salamanca, donde cursó leyes, carrera imprescindible para presentarse en la vida pública. El segundo periodo comienza con su elevación a la sede de Calahorra (28 nov. 1453), momento en que su nombre comienza a aparecer en importantes actos públicos, y se prolonga a lo largo de todo el reinado de Enrique IV (v.), como vasallo y defensor incondicional del poder constituido frente a la revolución social castellana, aunque al final se fue apartando paulatinamente del monarca. El tercer periodo comienza con la proclamación de Isabel I (14 die. 1474), de cuya corte no se alejaría hasta la muerte (11 en. 1495)
Fue dedicado por su padre a la Iglesia, recibiendo la tonsura en la infancia, y consiguiendo los primeros beneficios eclesiásticos, cura de Hita y arcediano de Guadalajara a los 12 años aproximadamente. Esta carrera eclesiástica fue progresando con una rapidez vertiginosa. Es imposible recontar las mercedes que le fueron concedidas por Juan II, Enrique IV y los Reyes Católicos. Así como los beneficios eclesiásticos que fue acumulando, a veces abadías importantes, incluso la de Fécamp, en Francia, que le fue concedida por Luis XI a raíz (v.) de la paz negociada en 1478. En cambio, es necesario recordar las sedes que gobernó simultánea o sucesivamente: Calahorra (28 nov. 1453-30 oct. 1467); Sigüenza (30 oct. 146711 en. 1495), sede que jamás abandonó y que estimó como patrimonio de familia, no obstante las dificultades para obtener su posesión, y que le dio pingües rentas; Osina (8 jul. 1482-15 en. 1483); Sevilla (9 mayo 1474-15 en. 1483); Toledo (13 nov. 1482-11 en. 1495); Minutas en AGSimancas PR 19-30. Toma de posesión, 19 mar. 1483, en BN Ms. 13020 fol. 71-74). Fue creado cardenal el 7 mayo 1473 (Reg. Vat. 557 fol. 225)
Es necesario matizar el juicio histórico de M. como prelado para no desenfocar su figura. Las fuentes narrativas le colman de alabanzas, sin concesiones a zonas oscuras. Sin embargo, distó mucho de ser el obispo ideal, que comenzaba a pergeñarse en Castilla por aquellos lustros. Cierto que estuvo, lo mismo que los reyes, en línea para favorecer el clima de regeneración espiritual en todos los estamentos de la nación; mas la irrisidencia le apartó de la cura de almas, creándose en su diócesis de Toledo, en el cabildo y en el pueblo, problemas con los que tuvo que pechar su sucesor. Por otra parte, la incontinencia notoria, aunque exenta de nepotismo, es una lacra en su personalidad eclesiástica. El halo que enaltece a M. no es el de prelado, sino el de político. En la dimensión de consejero regio, debe distinguirse la fase cnriqueña y la isabelina. La corte de Enrique IV quedó envuelta desde 1464 en la guerra civil castellana, coloreada por el problema de la sucesión al trono. Desde ese año se puede rehacer un largo itinerario de confederaciones y alianzas en las que M. aparece siempre en el bando regio, firmando como obispo de Calahorra o de Sigüenza. Fue un enriqueño insobornable, defensor del poder contra un grupo oligárquico dirigido por el arzobispo de Toledo y por el marqués de Villena, y más todavía de los derechos conculcados de la princesa Juana de Castilla, que estuvo depositada durante trece meses en manos de su familia. Por eso, se alejó momentáneamente del rey en 1468, a raíz de las vistas de Guisando, favorables a la infinita Isabel, aunque con la confederación de 1469 marzo 18 conseguía de nuevo la confianza enriquena. Firmó el acta de Valdelozoya, 1471 oct. 26, de proclamación de Juana de Castilla, y uno de sus últimos actos firmemente proenriqueño, ya que pronto comenzó a brujulear comprometido por la diplomacia aragonesa. Con motivo de la legación de Rodrigo de Borja (futuro Alejandro V1; ag. 1472-sept. 1473) M. salió a Valencia a recibir al legado y celebró allí una entrevista con Fernando el Católico, entonces rey de Sicilia y el legado de decisivo interés para el futuro de los reinos peninsulares. Para la vida política de M. supuso un impacto imborrable. De ella dependieron el capelo cardenalicio, la progresiva separación de Enrique IV y la aproximación a los príncipes Isabel y Fernando. Siguió ayudando al rey contra el conde de Benavente; a raíz de la toma de Carrión fue nombrado albacea testamentario del monarca, pero la trayectoria estaba ya quebrada. ¿Cómo resolvió M. este verdadero problema de conciencia? Seguramente apoyado en los actos legales interpuestos en Guisando y Segovia. Y más todavía en la andadura de los hechos. En cualquier caso, en la confederación de 27 die. 1474 se comprometía a "seguir e servir a la Reina, doña Isabel, como a Reina y Señora natural nuestra, con el rey don Fernando, su legítimo marido...". No extraña que fuera encargado de preparar el contenido de la concordia de Segovia, 15 en. 1475, decisiva para la mutua inteligencia de los soberanos y para el gobierno de sus reinos. Así se convierte en el gran consejero áulico, en la guerra de sucesión (1475-1479); en la elaboración del estado castellano con su presencia continua en el consejo real; en la guerra de Granada (1482-1492), para la que adelantó elevadas sumas y fuertes capitanías;. en la dirección de la política internacional, primero filoportuguesa, y luego, filogermánica
En la vertiente de la política religiosa de los monarcas desempeñó un papel preponderante. La aconsejó, la orientó y la suavizó en momentos de tensión con la curia romana. Confiaron en él ambas partes, aunque a la hora de la verdad, salieron defendidos los intereses de la corona, antes que los de la curia o del colegio cardenalicio. Parece que se le puede definir como el político habilidoso, colocado en medio de dos señores poderosos, capaz de contentar a ambos y de recibir de ellos amplias mercedes. Su gestión fue positiva, y de no haber mediado su persona, se hubiera llegado a conflictos extremadamente virulentos
Con el paso del tiempo fue normalizando su vida y su casa, hasta hacerla entrar por las vías de la superación espiritual, teniendo religiosos observantes para organizar el culto de la misma. Los Reyes escogieron entre sus servidores y colaboradores numerosos obispos. En la dimensión renacentista, más que los escarceos literarios de su juventud, interesa su mecenazgo, sobre todo en la construcción del colegio de Santa Cruz, la institución perenne de su vida. La enfermedad de M., otoño 1494, fue seguida con preocupación en la corte casi día a día. Existe numerosa documentación sobre el interés que suscitaba la provisión de la sede. Alejandro VI estaba al tanto por los despachos del nuncio Francisco Desprats. Los Reyes intervinieron descaradamente, coaccionando al cabildo (AGSimancas, Libros de cédulas 2-1 fol. 20-27). No se llegaría a la desmembración de la sede, pero tampoco pasaría a un noble poderoso. La provisión fue rápida. Fallecido M. el 11 en. 1495, la sede pasaba a Francisco Ximénez de Cisneros (v.) el 20 de febrero del mismo año
TARSICIO DE AZCON.
BIBL.: A. MERINO, El cardenal Mendosa, Madrid 1942; F. RUBIO, Don Juan II de Castilla y el movimiento h:nnanístico de su reinado, "La Ciudad de Dios", 168 (1955) 55-100; M. B.AiLLORí y R. GARCIA VILLOSLADA, Il pensiero della Rinascen_a in Spagna e Portogallo, Milán 1964; A. SANZ SERRANO, La villa de Cañete, solar de los Mendozas, "Boletín cíe la Sociedad Española de Excursionistas", 56 (1952) 241-251; C. ALBORS, La Inquisición y el cardenal de España, Valencia 1896; F. CANTERA, Fernando del Pulgar y los conversos, "Sefarad", 4 (1944) 295-348; F. L.AYNA SERRANO, Historia de Guadalajara y sus Mendo=as en los siglos XV y XVI, 4 vol. Madrid 1942
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