Meléndez Valdés, Juan
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Biografía GER
Escritor español que ocupa un puesto de primer orden en la lírica de su tiempo.Biografía. La vida de Juan Antonio Meléndez Valdés la ha contado Quintana (v.), que le conoció bien, y Coya le pintó un retrato excelente. N. en Ribera del Fresno (Badajoz), el 11 mar. 1754. Estudió en Madrid y, en 1770, estaba en Segovia, cuyo obispo le protegió y envió a Salamanca, donde se graduó en Leyes. Allí formó un grupo poético con fray Diego González, Iglesias y sobre todo Cadalso (v.), que publicó por entonces sus Ocios de mi juventud (1773). Desde Sevilla, los dirigía Jovellanos (v.). Hasta 1789 permaneció en Salamanca. Allí estudió a los clásicos greco-latinos y españoles y asimiló el sensualismo de Locke (v.), las Noches de Young y el enciclopedismo francés; contrajo amistades entrañables; supo de amoríos que poetizó al modo pastoril; padeció una grave enfermedad que relajó aún más su débil carácter; descubrió los halagos sensoriales del paisaje; casó con una mujer dominante; enseñó Humanidades en la Universidad y conoció la gloriapoética consolidada con la publicación de un tomo de poesías (Madrid 1785).Alternando Salamanca y Madrid, y al amparo de levellanos, fue aquélla su época más feliz. Cambió luego de ocupación y entró en la Magistratura, donde fue alcalde del crimen en Zaragoza, oidor en Valladolid y fiscal de la Sala de alcaldes de Casa y Corte. Esto le absorbió haciéndole añorar su vida anterior. Sus Discursos forenses, publicados en 1821, prueban sus éxitos. Inserto en la política jovellanista, sufrió también persecuciones y destierros y, cesante de empleo, se instala otra vez en Salamanca, donde, como otrora fray Luis de León, siente la paz lejos del mundanal ruido. Allí ordena sus papeles y proyecta la fallida 3 ed. de sus versos. La 2 salió en Valladolid (1797, 3 vol.). Frente al invasor francés el siempre indeciso M. V. toma un rumbo opuesto al de sus amigos. Halaga al suplantador y, comisionado por Murat en Asturias, casi es fusilado por los patriotas. Acepta cargos de los franceses y, triunfante la causa española, se expatria en condiciones lamentables que precipitan su muerte en Montpellier el 24 mayo 1817.Obra literaria. Se dan como desaparecidos algunos manuscritos de obras en prosa que conocieron sus amigos. Aparte los Discursos forenses, no conocemos hoy de M. V. más que la infortunada comedia Las bodas (le Camacho (Madrid 1784), que fracasó ruidosamente y sus Poesías, reunidas por Quintana (Madrid 1820, 4 vol.), quien aprovechó la ordenación y el prólogo de M. V. (Nimes 1815). Luego han, aparecido otros poemas inéditos.M. V. tiene ante sí dos vías distintas que seguirá vacilantemente: por una parte la de la compenetración con los más elementales y accesibles valores de la naturaleza, que ya son delicado regusto para los sentidos, ya despiertan una honda melancolía, y por otra la de la trascendencia filosófica que alienta hacia el mundo de las ideas, inevitable para un hombre del s. XVIII. Por un lado, la frívola sensualidad del anacreontismo que le ofrecía Cadalso (v.), introductor de una acusada tendencia europea; por otro, la sustancial gravedad a que le incitaba Jovellanos. M. V. los reconoce como sus maestros indudables. Son muestras de ello la égloga l, nueva Alabanza de la vida del campo (1780), premiada por la R. A. Española frente a Iriarte, en la que Batilo y Arcadio, nombres pastoriles de M. V. e Iglesias, dialogan en silva a la manera garcilasiana; y la Oda a la gloria de las Artes (1783), poema engolado, en la línea ideológica de JovellanosEl primero de esos caminos es el más acorde con el carácter tierno, delicado y sensual de M. V. El breve poemilla que encabeza sus Poesías habla de cantar su "blanda lira", no "las fortunas / de reyes infelices" sino "los dulces himnos" de Baco y Venus. "Propendía más a la gracia, a la morbidez y a la ternura que al vigor y a la energía" (Quintana). Para este tipo de poesía de tono menor prefiere los metros cortos, como los heptasílabos de las Odas anacreónticas, donde junto a composiciones como El amor mariposa, De los labios de Dorila, Del vino y del amor o Los hoyitos, ecos del viejo poeta griego a través de Villegas (v.), figuran A una fuente, De la noche y Después de una tempestad, con delicados aciertos intimistas en los que resuenan Horacio y fray Luis de León. Forman ciclos completos La inconstancia, cuatro bellas odas dedicadas a Lis¡; La paloma de Filis, en relación con Catulo, y Galatea, o la ilusión del canto. En las Letrillas, son famosas A unos lindos ojos y La flor del Zurguén, y en los Idilios lo son La despedida y El hoyuelo de la barba. Cabe incluir aquí el ciclo titulado Besos de amor. El abuso de los diminutivos -ricito, pastorcillos, ganadillos, lunarcito, etcétera- acaba por empalagar empañando la trasmisión de su exquisita sensibilidad.
Mención aparte merecen los Romances, a los que M. V. aporta un tono lírico que es el punto de arranque de nuévas perspectivas para el género. Son clásicos Rosana en los fuegos y La mañana de San Juan, con resonancias posgongorinas. En La tarde hay delicadísimas calidades de un gran sensitivo del paisaje. Doña Elvira, incompleto, encierra toda una leyenda romántica. Aquí y siempre que el poeta deja ver su actitud melancólica y soñadora, así como su predilección por ciertos temas (ausencias, despedidas, meditaciones, la noche, la luna, etc.) se acusa su tendencia prerromántica destacada por Azorín (v.).Ya en tono mayor escribió sonetos. Valbuena Prat destaca el de La paloma, comparándolo con otro famoso de Lope (v.). Elegías, églogas, silvas y odas reiteran aspectos y temas conocidos: En la muerte de Filis, Los recuerdos tristes, Al otoño. Es ya una poesía más ambiciosa en formas mayores que acentúa lo filosófico con problemas lejanos del verdadero M. V.: epístolas, nuevas series de odas, elegías morales y discursos. Temas como el progreso, la beneficencia, la política, la mendicidad, o, también, la meditación ante los misterios del universo desvían al poeta que piensa más que siente, y lo que en su poesía ligera eran deliciosas pinceladas son aquí enfáticos lugares comunes que no dejan paso a la autenticidad. Por ej.: Al otoño, El invierno es el tiempo de la meditación y El melancólico, al ovino.M. ALDA-TESÁN
BIBL.: Ediciones de sus Poesías, Madrid 1820, 4 vol. al cuidado de M. 1. QUINTANA; Poetas líricos del s. XVIII, BAE LXIII;Los besos de amor, ed. FoULCHI:-DELBOSC, "Rev. Hispanique" 1894; Poesías y cartas inéditas, ed. M. SERRANO Y SANZ, "Rev. Hispanique", 1897; Poesías, ed., pról. y notas de P. SALINAS, Madrid 1925. Biografía y crítica. M. 1. QUINTANA, Noticia histórica y literaria de Meléndez y Sobre la poesía castellana del siglo XVIII, ambos en BAE XIX; L. A. DE CUETO, Bosquejo histórico-crítico de la poesía castellana en el s. XVIII, BAE LXI; A. R. MOÑINo, D. Juan Meléndez Valdés: nuevos y curiosos docurnentos, "Rev. de Bibliotecas, Archivos y Museos", Madrid 1932; P. SALINAS, La poesía de Meléndez Valdés, en Ensayos de Literatura hispánica, Madrid 1958; AZORíN, Meléndez Valdés, en De Granada a Castelar, Madrid 1922; C. BARJA, Libros y autores modernos, Los Ángeles (California) 1933; A. VALBUENA PRAT, historia de la Literatura española, 6 ed. Barcelona 1960
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