Medalla
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Varios
La m. es una pieza de metal, rara vez de otras materias, generalmente en forma de disco u óvalo con dos faces o caras: anverso (tipo principal) y reverso (tipo complementario). Tipo es el tema o temas representados. La m. no puede confundirse con una moneda (v.), pues casi siempre es mucho mayor y no posee los caracteres de ésta: el poder de compra y el valor constante para las transacciones. Los fines de la m. son diversos: iconográficos y conmemorativos de variadísimos acontecimientos, que es su valor esencial; insignias o condecoraciones, joyas y objetos de piedad o devoción. Cuando la m. adopta forma rectangular o cuadrada se denomina plaqueta y en general lleva reverso liso. También se han llamado m. a las monedas antiguas de Grecia y Roma y de sus dominios. Las m. se fabrican por fusión o acuñación y suelen presentar pátinas o coloraciones diversas obtenidas en los talleres con barnices especiales. El estudio de las m. constituye un capítulo de la Numismática (v.).Siglos XV y XVI.a) Italia. La m. es una creación del Renacimiento italiano y fue inventada hacia 1439 por Pisanello (v.; 1397-1451); le protegieron Lionello de Este de Ferrara, Segismundo Pandolfo Malatesta de Rimini y Alfonso V de Aragón en Nápoles, de los que hizo famosas m., así como de los Visconti y Sforza, duques de Milán, y de los Gonzaga de Mantua. El éxito fue considerable y surgieron diversas escuelas en Ferrara, Florencia, Milán, Roma, etc. Los mejores medallistas después de Pisanello fueron Mateo De’ Pasti, los Hieremia, Niccoló Florentino y Sperandio, entre muchos. En el s. XVI, es célebre B. Cellini (v.), más por su vida y escritos que por sus m. Directores del arte medallístico del siglo fueron León Leoni (v.) y Jacopo da Trezzo. Los retratos son psicológicamente penetrantes y de refinado arte. Jacopo da Trezzo trabajó en El Escorial; sus m. de Felipe II y de María Tudor, reina de Inglaterra, su esposa, le hicieron célebre; sobresalen también Pompeyo Leoni (v.), Pietro Galeotti, los dos Poggini, y sobre todo G. Poggini (m. de Felipe II y de sus esposas Isabel de Valois y Ana de Austria); Pastorino y Ludovico Leoni.b) Alemania. Produce un arte original medallístico, sin parentesco con el italiano, en Nuremberg y Augsburgo; sus artistas son grabadores y tallistas en madera, y el estilo resulta algo seco en los perfiles y relieves que origina rostros de gran realismo; se introduce el arte burgués con retratos de gentes de profesiones liberales o funcionarios; es típica la decoración heráldica. Artista famoso es A. Durero (v.), que dibujó la gran m. de Carlos V (1521); y renombrados fueron P. Flónier, H. Bolsterer y J. Deschler, así como los Daucher, H. Schwartz, Ch. Weiditz, F. Hagenauer, H. Kels; pero es H. Reinhard el de más agudeza psicológica; siguen L. Neufarer y V. Maler. A mediados del s. xvl se inventa el procedimiento que permite acuñar las monedas mecánicamente, a rodillo, lo que se aplicó también a las m., adoptándose el procedimiento de acuñación en todos los países.c) Otros países. En Austria, domina la influencia alemana y luego la italiana. En Suiza, J. J. Stampfer hizo las m. de los notables y de los acontecimientos históricos. En Flandes, la m. adquiere gran desarrollo con el italiano G. Cándida; sigue el pintor flamenco C!. Metsys (v.), que hizo m. por excepción, como la suya y la de Erasmo de Rotterdam (1519), que se le atribuye; J. Second visitó España y África con la expedición de Carlos V a Túnez; uno de los más fecundos, minuciosísimo en los detalles, fue J. Jonghelinck de Amberes; es nota saliente en todos el realismo flamenco, más delicado y sutil que el alemán.d) Francia. Las primeras m. muestran la influencia de las grandes piezas monetales, pero pronto intervienen artistas italianos: Pietro de Milán, F. Laurana y G. Gandida. Bajo Francisco I el italianismo es absoluto, pues el rey llama a su corte a B. Cellini, B. Ramelli y M. del Nassaro; luego personalidad francesa destacada es la de G. Pilon (v.) con su serie de los Valois; J. Primavera fue retratista excelente.e) España. Antecedentes de las m. son las grandes piezas áureas monetales de Pedro I, Juan II, Enrique IV y los Reyes Católicos, aunque por la delgadez del cospel las figuras son lineales, recordando el aspecto de los sellos; más tarde la enorme pieza de 100 ducados de Juana y Carlos (1528). Ninguna influyó en la m. hispana; pero los mejores medallistas de Europa trabajaron para los reyes de la Casa de Aragón en Nápoles y para Carlos V y Felipe II: Pisanello, C. Hieremia y P. de Ragusa hicieron preciosas m. de Alfonso V en Nápoles. En el s. XVI estuvieron al servicio de los reyes de España León Leen¡, su hijo Pompeyo y Jacopo da Trezzo; y trabajaron para ellos G. Poggini, los alemanes A. Durero, P. Flótner, J J. Stampfer, H. Kels, H. Reinhard y L. Neufarer; y los flamencos J. Second y J. Jonghelinck.f) Inglaterra. Se tienen m., especialmente de Enrique VIII y sucesores, atribuidas a H. Basse (1544); después prevalece el gusto italiano. Los flamencos van Herwyck y Jonghelinck trabajaron para la corte inglesa; Primavera para María Estuardo, Rutlinger y N. Hilliard para Isabel I.Siglo XVII. Italia. La tradición del s. XVI (Leoni, Trezzo) continúa con G. Mola, cuyas m. mediceas y pontificias son excelentes, y la serie papal con G. Morone Mola y los Hamerani, que trabajaron durante dos siglos en la Ceca Vaticana. En Alemania, la m. artística decae; el interés documental e histórico es superior a los retratos. Sobresalen Ch. Maler y sobre todo S. Dadler, P. H. Müller y Ch. Wermuth. En Flandes, el arte de la m. continúa vigoroso, y los medallistas flamencos se afincaron en casi toda Europa; característico es A. Waterloos, preciso en sus retratos, y J. de Montfort, J. Smeltzinz y J. Borkam. En Francia, hasta 1650 las m. alcanzan su cenit por la vitalidad de los retratos y refinada composición. Los maestros fueron G. Dupré, que trabajó para Enrique IV, María de Médicis y Luis XIII y sus contemporáneos; y el flamenco J. Varin (1604-72). Bajo Luis XIV la m. francesa sólo se ocupa de la glorificación del soberano, consecuencia de la supremacía política; ello se concretó en la realización de la Histoire métallique, que conmemora los acontecimientos gloriosos y hasta menudos del reinado, con dos series, grande y pequeña; los medallistas Berthinet o F. Bertinetti, B. Keller y la familia flamenca de los Roétiers fueron notables. En Inglaterra, trabajaron S. de Passe, N. Briot y J. y C. Varin; luego, T. Rawlins y los hermanos A y T. Simon; con la restauración de los Estuardos, los Roétiers y otros. En España, las mejores m. se deben al italiano R. Gazi o Gaci, que las- hizo de Felipe III y de la reina Margarita, y de Felipe IV. Los flamencos J. de Monfort (m. de Isabel Clara Eugenia y archiduque Alberto, 1596), A. Waterloos (Felipe IV) y G. Crupell (Carlos II) son destacados.Siglo XVIII. Francia. El buen gusto y el espíritu criticista de la época producen un cambio en las m.: los artistas abandonan la figura idealizada del soberano y fijan los rasgos personales con retratos espléndidos. Sobresalen F. de Saint-Aubin y los suizos Dassier, padre e hijo. Al fallecer Luis XIV se continuó la Histoire métallique. J. Duvivier es el medallista de Luis XV y personajes contemporáneos, y su hijo Benjamín lo fue de Luis XVI y María Antonieta y sus contemporáneos; A. Dupré trabajó para los gremios. En Inglaterra, la casa Hannover llamó a medallistas extranjeros como J. Grocker, J. A. Dassier y T. Pingo. En Italia, continuó la familia Hamerani, A. Serti y T. Mercandetti, de la Ceca Pontificia. En Alemania, el artista característico es A. Schega, el mejor grabador de cuños de Europa; sus retratos son de extraordinaria vitalidad. En Austria, A. de Gennaro; y de la época de María Teresa, Krafft, L. M. Weber y T. von Berkel.En España, el s. xvin marca el nacimiento de la m. propia. Los medallistas del reinado de Felipe V (1700-46) son extranjeros, pero ya el segoviano I. Párraga hace las m. de los dos casamientos del rey con María Luisa de Saboya e Isabel de Farnesio. Con Fernando V I (174659) es famoso T. Prieto, director de grabado en la Casa de la Moneda de Madrid desde 1747; su influencia fue grande entre sus contemporáneos. El reinado de Carlos III (1759-88) es el verdadero cenit de la m. española. J. Antonio Gil, zamorano, fue el mejor medallista español del s. xviii; estudió en la Acad. de Bellas Artes y, en 1760, fue nombrado primer grabador de la Casa de la Moneda del México virreinal, donde trabajó hasta su muerte en 1798. La serie de sus m. supera en número y extensión a las de los demás grabadores españoles. Bajo Carlos IV (1788-1808) destacan P. González Sepúlveda y su hijo Mariano, que estudió con J. Pierre Droz en París y cuyo procedimiento mecánico estableció en Madrid.La Revolución francesa popularizó la m. utilizándola como instrumento propagandístico de las nuevas ideas, pero sin arte; otro grupo de m. es el referente a la familia real y sus infortunios (Alemania, con F. H. Krüger, D. F. Loos y C. H. Küchler). En París los medallistas de la corte ponen su arte al servicio de los nuevos dirigentes; destacaron B. Duvivier y A. Dupré.Siglos XIX y XX. En Francia y bajo el Consulado, se afirma cada vez más el clasicismo artístico. También se quiso hacer ahora la Historia Metálica de Napoleón el Grande, pero la rapidez con que se sucedieron los acontecimientos bajo el primer Imperio hizo imposible su ejecución; sólo una m. se editó: la batalla de Jena, 1806; numerosas fueron las m. con y sin el retrato del Emperador por B. Andrieu, Tiolier, B. Duvivier y sobre todo A. Galle, denominado "el historiador en bronce del Consulado y del Imperio". En toda Europa se acepta para las m. el estilo napoleónico. En Inglaterra, sobresalieron Pistrucci, T. Webb y W. Wilson. En Italia, fue famoso Manfredini.En España, bajo Fernando VII (1814-33), F. Gordillo, que trabajó en las casas de la Moneda de Sevilla y Madrid y desde 1801 dirigió la de México, realizando allí una labor semejante a la de Gil en los dos reinados precedentes; también destacó J. M. Guerrero. En Madrid, junto a M. González Sepúlveda, más técnico que artista, se halla F. Sagau, que en 1814 pasó a la Casa de la Moneda de Madrid, relevando a González Sepúlveda, con el que alternó la dirección según que gobernase fano u otro partido; notable fue el valenciano M. Peleguer.En Francia, con la Restauración borbónica, sobresalen Brenet, Andrieu y Gatteaux; el arte va cayendo en un academismo cada vez más frío, aunque con dibujo y modelado finos (Domard y J. J. Barre) hasta D. D’Angers, artista romántico; su Galerie des contemporains es un monumento de la época. Con la revolución de 1848 se producen abundantísimas m. de carácter político, en estaño o plomo. En el segundo Imperio, la m. se hace monótona: J. J. Barre, Oudiné, Depaulis son los mejores. La tercera República en 1870 hace piezas de plomo especialmente insultantes para Napoleón III, pero las m. son vulgares. El renovador fue F. Ponscarme, que inauguró un estilo (1867) sin variaciones hasta 1914: en él se suprime la gráfila que bordea la m., trabajando el fondo para pasar suavemente al relieve del retrato o escena, componiéndose la leyenda con letras decorativas dibujadas especialmente; además Ponscarme vuelve a inspirarse en el s. xv; de esta manera nace el realismo en la m. Sobresalen Degeorges, J. C. Chaplain, cuya obra es extraordinaria por el número y calidad, y Roty, que contribuyó a difundir la moda de la plaqueta. En Inglaterra, durante el s. xix ocupan Thomason y la familia Wyon un puesto privilegiado. En Bélgica, asociaciones y grupos de aficionados sostienen el arte de la m. Sobresale G. Devreese, con obra muy numerosa.En España, bajo Isabel II (1833-68), el academismo es el arte de la m. con retratos idealizados. Entre los artistas franceses destacan J. J. Barre y C. Bouvet y entre los españoles M. Jubany, A. Casals, J. Furnó, A. Carrasco y G. Sellán. Pocas son las m. emitidas durante el gobierno provisional, en el breve reinado de Amadeo I de Saboya (1870-73), y en la I República. Con la restauración de Alfonso XII (1875-85), la m. vuelve a editarse abundantemente con academismo acentuado y retratos idealizados. Los medallistas son numerosos: J. E. Lozano, G. Sellán, L. Plañol, Castells, Sala y Victorino entre otros muchos. Durante la regencia de María Cristina (1885-1902) continúa la misma nota gris con casi los mismos nombres, pero a veces un artista acusa cierta personalidad como N. Gelabert y Solá y Camats; y sobre todo es importante B. Maura (1842-1926), director artístico de la Casa de la Moneda de Madrid, que pronto destacó con su m. del IV centenario del descubrimiento de América (1892), por la que ganó el concurso internacional de 1890. Con los retratos que hizo del rey desde su niñez hasta la muerte del artista (1926), renueva la buena tradición iconográfica. Durante el reinado de Alfonso XIII (1902-31), ha sido frecuente que escultores de fama dibujasen los asuntos de las m. e incluso las realizasen; entre todos sobresale M. Benlliure (v.), con la m. oficial de la coronación (1902); y A. Querol (v.), A. Marinas, L. Coullaut Valera, J. Clará (v.), M. Blay y en la m. actual, J. Ávalos.La evolución hacia nuevas formas artísticas en la m. comienza entre las dos guerras mundiales: Francia continúa llevando la iniciativa. Sobre todos destaca M. Damman con H. Nocq, L. Muller, L. C. Mascaux y H. Dropsy. En general, todos los medallistas de la época, tradicionales o modernizantes, han legado una extraordinaria galería de retratos de contemporáneos. En Bélgica, sobresalen G. Devreese, Bonetain y E. Theunis. En Italia, Boninsegna, Sechi, A. Cappuccio, A. del Castagno, E. Soraldi, entre otros; renovadores son L. Bistolfi, G. Romanogli y L. Rubino, L. Andreotti, E. Baroni, P. Morbiducci, G. Prini y R. Romanelli. Una de las características de la m. actual es la técnica fundida que admite grosores considerables, grandes planos, superficies con fuertes desniveles y dibujos amplios. Características son la síntesis, el impresionismo y la robustez y a veces rudeza de las formas. Deben mencionarse a los franceses R. Betannier, R. Corbin, R. Coutre, G. Guiraud, G. Ridet, J. Vernon y A. Galtié. Actualmente la m. conoce una estimación creciente; los acontecimientos notables, los avances científicos, los deportes, exigen su fijación en la pieza de metal. Cuanto va dicho es aplicable a la m. española a partir de 1940, con artistas como F. Jesús, M. Prieto, J. Carrilero, F. y J. López Hernández, F. Lasso, F. Somoza, J. L. Vassallo, J. M. Porta, E. Prada, R. Ferrán y J. M. Primatesta.M. LÓPEZ SERRANO
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