Masa (sociología) SOCIOL.
Categoria:
Sociología
Definición. Es un concepto de difícil precisión que, las más de las veces, suele identificarse con algunas de sus muchas manifestaciones. A fin de acercar al lector a su comprensión, comenzaremos con una definición descriptiva de la misma: entendemos por m. un agregado humano, culturalmente desarraigado, carente de estructura interna, y de fines asumidos por convicción íntima y personal, que actúa de modo anónimo y que puede llegar en algunos casos a la conducta fanática, bien sin freno -a partir de sus impulsos primarios desatados-, bien sometida a una disciplina coactiva o sugestiva. Como puede observarse, se trata de una definición predominantemente negativa, y ello es así, porque la m. es la máxima contradicción posible del ser propio de la vida social humana: rompe con la tradición cultural, no existe vinculación intersubjetiva que ligue a sus miembros, y éstos, por sí mismos, son incapaces de organizarse con vistas a la acciónAhora bien, la m. puede considerarse desde dos puntos de vista: a) Como manifestación transitoria, que aparece en una colectividad humana a consecuencia de circunstancias particulares (desastres, estados de pánico, "manías" colectivas, movimientos sociales, etc.). Estos fenómenos son estudiados por aquella parte de la psicología social de la conducta que se denomina collective behavior (comportamiento colectivo). b) Como configuración social típica y duradera, que, en todas sus manifestaciones posibles, es característica de determinadas etapas históricas
En este segundo sentido, protagoniza la sociedad de masas y presenta las mayores dificultades de comprensión, ya que se muestra bajo manifestaciones muy diversas que constituyen, sin embargo, el despliegue continuo y unitario de su peculiar naturaleza. Éste será el tema central del presente artículo
Aparición de los fenómenos de masas en Europa. Tiene lugar en el s. xix, a consecuencia del aumento de población y de la aglomeración y urbanización crecientes, impulsadas por el desarrollo industrial y económico. La desintegración del sistema cultural e institucional preindustrial -que aparece como la consecuencia más profunda de esos procesos- afecta inicialmente a los ámbitos laborales y a los medios urbanos en que se acumula la población desplazada a la industria, para repercutir muy pronto en el orden público y en la vida política. Las primeras manifestaciones de las m. son violentas, destructoras, y su comportamiento se caracteriza por la desorganización, el anarquismo, y el individualismo. Los autores que prestan atención al tema de las m. coinciden en la descripción fenomenológica de los hechos, pero divergen en el análisis de la función de las mismas. Unos ven en ellas la liberación de fuerzas ciegas, primarias e irresponsables, y destacan la función desestructuradora de las m. (Le Bon, Tarde, Sighele, Burkhardt, etc.). Otros, por el contrario, creen descubrir una gran potencialidad creadora en las mismas, y pronostican y resaltan un futuro momento reestructurados (Proudhon, Marx, Tolstoi, etc.)
Etapas en la consideración de las masas. En su obra Psychologie des foules (1895), desarrolló G. Le Bon su pensamiento sobre las m., ampliando y divulgando los conocimientos de la criminología italiana sobre la transformación de la conducta individual en el seno de los grupos. En la m., el individuo piensa, siente y actúa como un primitivo que viviera en la barbarie, aun cuando pertenezca a un sistema cultural elevado. Pierde su capacidad crítica y padece un contagio psíquico, que le hace crédulo, manejable y capaz de cometer acciones que en una situación normal no realizaría nunca. A juicio de Le Bon, estas ideas se confirmaban por las m. y por las organizaciones de m. de su tiempo. El psicólogo social y criminalista italiano, Scipio Sighele, se ocupó del tema de las m. en varios libros: La folla delinquente (1891), La folla criminale (1892), L’intelligenza della folla (1903). Sighele describió las manifestaciones de la sugestión colectiva y sus efectos, prestando especial atención a la conMASA (Sociología)dición moral y psicológica de dirigentes y dirigidos. Más de 20 años antes (1868), había señalado Burkhardt que la masificación produciría en el s. xx, una vida de uniforme que empezaría y terminaría todos los días a toque de corneta
Por su parte, Marx, en su Einleitung zur Kritik der Hegelschen Rechtsphilosophie (1843-44), afirma que el proletariado realizará en la historia lo que, en el orden del pensamiento, soñó la filosofía idealista alemana, porque la "teoría" se convertirá en "poder material" tan pronto se posesione de las m. Esto proporcionará eficacia a las ideas y transformará los agregados desorganizados e inertes en fuerzas finalistas, dotadas de capacidad creadora. Tal línea de pensamiento aparece también, y con más fuerza, en Proudhon, y de modo parecido se expresan algunos pensadores anarquistas
La I Guerra mundial señala, con bastante precisión, una nueva fase en el desarrollo de la m. y de sus manifestaciones, porque, al mismo tiempo que se fraguaban los acontecimientos que condujeron al estallido bélico, iban constituyéndose en Europa los partidos socialistas, socialdemócratas y comunistas nacionales como primeros partidos de m., poniéndose de relieve lo que había de ser el rasgo fundamental de esta segunda etapa: el encuadramiento político de las m. La triunfante revolución rusa de 1917 demostraría la eficacia de las m., transformadas en ejércitos revolucionarios, y las dos décadas siguientes extendieron este fenómeno del encuadramiento político a los partidos nacionalsocialista y fascista, así como a los respectivos ejércitos vinculados a ambos
Ya Burkhardt había señalado, en sus Welgeschichtliche Betrachtungen (1868, 1870-71) el peligro de la aparición de dirigentes de m., capaces de fanatizar a éstas por medio de ideologías simplificadoras. Cuando estos terribles simplificateurs aparecieron y llevaron a cabo su obra, resultó evidente que mediante la propaganda y la disciplina férrea un aglomerádo amorfo podía convertirse en una entidad superorganizada, en la que desapareciera toda individualidad discordante, estableciéndose una absoluta subordinación a los jefes y a sus consignas. La orientación de pensamiento que defendía la función reestructuradora de las m. pretendió interpretar estos hechos como el advenimiento de la toma de conciencia por parte de las mismas y la prueba innegable de que -a punto de concluir la destrucción del orden social anterior- iban a comenzar su gran tarea creadora. Por el contrario, la línea crítica encuentra en esta etapa sus más brillantes expositores (Freud, Ortega, Mannheim, Geiger, entre otros). Mientras que el primero elabora la teoría del psicoanálisis para profundizar en la opinión de Le Bon, el segundo proporciona el más fino y sugestivo análisis de crítica de la cultura, el tercero se enfrenta -con gran penetración sociológica- al tema de la irracionalidad creciente como un obstáculo para la libertad del hombre, y el último estudia el comportamiento político-revolucionario de la m
En Libertad y planificación social (1935) establece Mannheim la distinción básica entre racionalidad funcional y racionalidad sustancial; la primera se caracteriza por la correcta concatenación de una serie de actos ordenados a la consecución de un fin; la segunda es la capacidad de actuar inteligentemente en una situación dada a base del conocimiento que uno mismo tiene sobre los hechos. Pero ambas formas de racionalidad no van necesariamente unidas ni se desarrollan armónicamente. En este contexto hay que entender la situación de la sociedad moderna que en el curso de la industrialización racionaliza a un número cada vez mayor de esferas, de la vida humana, y, por otra parte, al aglomerar grandes m. de gente en grandes centros urbanos, da paso a las sugestiones, explosiones incontroladas de impulsos y regresiones psíquicas, que no surgen cuando los individuos viven en sociedades orgánicamente integradas. Nuestra sociedad es, pues, ambivalente y contradictoria: "En cuanto sociedad industrial, perfecciona hasta tal punto el mecanismo social, que la más ligera perturbación irracional puede producir los efectos de más trascendencia, y en cuanto sociedad de masas favorece un gran número de impulsos y sugestiones irracionales, y produce una acumulación de energías psíquicas no depuradas que, a cada momento, amenazan romper todo el sutil mecanismo de la vida social". El resto de la obra de Mannheim se dedica a establecer las bases que eviten la destrucción de la sociedad como consecuencia de la irracionalidad sustancial de las m.; bases que se centran en la "planificación para la libertad"
Por su parte, Ortega, en La rebelión de las masas (1929), traza un cuadro vívido y sugestivo del origen y comportamiento de las m., contraponiéndolas a las minorías aristocráticas que en otras épocas han dirigido la sociedad, y acuña, por lo demás, conceptos tan atinados y fructíferos como el de la "barbarie del especialismo". La conclusión de Ortega es que Europa se ha quedado sin moral: "No es que el hombre-masa menosprecie una anticuada moral en beneficio de otra emergente, sino que el centro de su régimen vital consiste precisamente en la aspiración a vivir sin supeditarse a moral alguna. No creáis una palabra cuando oigáis a los jóvenes hablar de la ’nueva moral’. Niego rotundamente que exista hoy en ningún rincón del continente grupo alguno informado por un nuevo ethos que tenga visos de una moral. Cuando se habla de la ’nueva’ no se hace sino cometer una inmoralidad más y buscar el medio más cómodo para meter contrabando"
A esta etapa corresponden también los primeros intentos de desarrollo conceptual del tema, como los realizados por Leopold von Wiese, quien señala la gran variedad de formas de manifestarse que tienen las m., distinguiendo entre m. concretas visibles y m. abstractas, que poseen estructura, frecuentemente duradera, y que suelen desembocar finalmente en una "unión" estricta. A Wilhelm Vleugels pertenece la distinción entre m. latentes y m. actuales. También Baschwitz y Theodor Geiger, entre otros, colaboran al desarrollo sistemático-formal del tema. Mención especial merece la obra de este último Die Masse und ihre Aktion (1926), que estudia sistemática y formalmente el carácter negativo del comportamiento político de las m
El fin de la II Guerra mundial puede ser tomado como punto de referencia para señalar el comienzo de una tercera etapa en la configuración de las m. Este periodo se caracteriza por su gran desarrollo económico, las migraciones masivas a las ciudades, el despliegue de los medios de comunicación masivo (especialmente la radio y la televisión) y el aumento del consumo privado. En este marco de fenómenos sociales y económicos se observa la difusión de la pérdida de diferenciación social y cultural a sectores de la sociedad cada vez más extensos, incluso a aquellos que tradicionalmente habían sido diferenciados, con estilo y formas propios. La difusión de pautas de consumo y de estilos de vida a través de la propaganda acentúa el proceso de uniformación
Se sustituye en esta fase la disciplina coactiva del encuadramiento político por una disciplina no menos eficaz, pero mucho menos aparente y visible: las m. obedecen a las ideas y estímulos que les son sugeridos. Desaparece, ciertamente, su carácter violento, quizá porque han perdido ya todo interés por la política y carecen de contenidos ideológicos. Al haber alcanzado elevados niveles de consumo y hallarse ante perspectivas favorables, las m. se tornan conservadoras y demócratas. Es la etapa del apaciguamiento de las m
Pero es curioso observar cómo este cese de la violencia de las m. hace que confluyan las perspectivas, antes divergentes, sobre la función de las mismas. Quienes continúan la tradición crítica, denuncian el peligro de esta nueva y más profunda masificación, insistiendo en la necesidad de una renovación moral, que posibilite la aparición de una libertad profunda y verdadera (Freyer, David Riesman y otros). La sociedad industrial facilita la satisfacción de todas las necesidades, libera de preocupaciones e, incluso, libera de la carga de elegir y decidir. La sociedad de consumo es considerada por muchos -quizá de forma apresurada y no muy científica-, como la causa de todos los males sociales, y a juicio de algunos críticos, el consumismo desempeña un papel alienador parecido al que una generación más atrás habrían desempeñado las ideologías
Por su parte, los marxistas censuran la evolución seguida por las m. en Occidente, al advertir que no se han sumado a su proyecto reestructurador revolucionario, y creen encontrar una salida ante ese hecho criticando la peculiar índole de la masificación de los pueblos capitalistas. Particularmente representativo de esta época es el pensamiento de Freyer, quien en su Teoría de la época actual (1955), dice: "Apenas necesitamos mencionar que la ,existencia en masa’ moderna nada tiene que ver con las f oules, que describiera la psicología de las masas de Gustave Le Bon. Multitudes humanas sin estructura, amontonadas o conglomeradas, siempre puede haberlas y siempre las ha habido... En cualquier caso, este fenómeno extremo de la sociología no es específico de la época actual y seguramente... la época de masas en ese sentido es algo pasado más que por venir. Las masas modernas en las empresas, los medios de transporte, las organizaciones de toda especie o justamente las organizaciones de masa en que se funda un sistema político semejante, son algo enteramente distinto. No hierven ni se agitan y a ellas no les conviene la espontaneidad colectiva de las foules de Le Bon. Las atraviesan líneas de organización como cuerdas delgadas y firmes: en parte reglas enteramente formales, como las que regulan las masas en el tránsito urbano, en parte una trama firme de sostén, como las organizaciones de masas de los regímenes totalitarios"
Según Freyer, la m., en su forma actual, tiene sus bases en "las leyes estructurales del sistema secundario": "Los órdenes sociales que forman al hombre por entero, lo colman de su propia validez y, con sus exigencias, lo confirman en su existencia, nunca engendran masa. En ellos sólo aparece como un fenómeno límite y en los lugares débiles: allí donde se relaja su textura, donde hacen irrupción conmociones y psicosis colectivas. En cambio, en el sistema secundario, la masa es el estado normal del campo social. Masa es el hombre que existe en forma secundaria". Lo más inquietante de esta clase de m. es que hace que el hombre se acostumbre a ella, que se sienta libre y cómodo en su seno, que renuncie a decidir por sí mismo. "Al hombre le viven su vida. Lo único que piden de él es que se adapte, de ser posiblehasta su interior... masa es el hombre adaptado hasta la médula, de la cabeza a los pies, al sistema de la civilización". David Riesman, en La muchedumbre solitaria (1950), lleva a cabo un análisis de la sociedad americana, mostrando cómo el hombre "dirigido por sí mismo" y el hombre "dirigido por la tradición", han ido cediendo su lugar al hombre "dirigido por otro", que compone la m
La década de los años sesenta marca una nueva fase en la evolución de los fenómenos de m. En el seno de la sociedad de m., apaciguadas por el orden programado y el alto consumo, se deja sentir una creciente quiebra de las instituciones primarias, de aquellas que, según la frase de Freyer antes citada, "nunca engendran masa". Pero no engendran m. si no son previamente, y contra su propia naturaleza, masificadas. Así, la masificación irrumpe -y de nuevo con violencia- en la vida familiar, en las actividades académicas y en otros ámbitos análogos. El principio de autoridad, consustancial a la existencia de estos órdenes sociales, se mina y se destruye. Pero ahora se trata de una rebelión contra la masa, con los mismos procedimientos y parecida violencia a la que las m. emplearon en la primera fase de su despliegue. Y las m., apaciguadas, carentes de capacidad crítica y reflexiva, perfectamente adaptadas, no comprenden por qué se atenta contra su orden social. La intranquilidad creciente de las m. parece preludiar un nuevo proceso de concienciación, y quizá, el afloramiento de nuevas minorías ideológicas, que asuman su dirección, defensa y encuadramiento político
E. MARTÍN LÓPEZ.
BIBL.: G. LE BON, Psicología de las masas, Madrid 1968; S. FREUD, Psicología de Masas y análisis del yo, Madrid 1967; TH. GEIGER, Die Masae und ihre Aktion, Stuttgart 1926; K. MANNHEIM, Libertad y planificación social, México 1946; 1. ORTEGA Y GASSET, La rebelión de las masas, 40 ed. Madrid 1968; FREYER, Teoría de la época actual, México 1958; D. RIESMAN, La muchedumbre solitaria, Buenos Aires 1962
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