Marti, Raimundo (Ramón Martín, o Martini)
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Biografía GER
Datos biográficos. Teólogo, misionero, orientalista y apologeta español del s. XIII. N. en Subirats (Barcelona) hacia 1220; m. en Barcelona después de 1286. Ingresó en la Orden dominicana en 1236.En el capítulo que la Orden celebró en Toledo (1250) fue designado con otros siete dominicos para estudiar lenguas orientales, con vistas a un futuro apostolado entre mahometanos y judíos. Para entonces tenía ya una robusta preparación teológica, adquirida en París como discípulo de S. Alberto Magno (v.). Su especialización en lenguas y temas orientales tuvo lugar en Túnez, donde bajo el impulso de S. Raimundo de Peñafort (v.) funcionaba uno de aquellos Estudios en los que se preparaban los misioneros dominicos en el conocimiento del árabe y del hebreo y en los métodos apologéticos con el mayor rigor científico. No parece que fuera alumno del Estudio arábigo de Murcia, como afirma H. Sancho (v. bibl.), ya que dicho Estudio no funcionó antes de 1266, fecha para la que M. era ya un consagrado orientalista. Su formación fue sin duda excelente; fr. Pedro Marsili la resume diciendo que "dominaba muy bien el latín, era un filósofo del árabe, un rabino y maestro en hebreo y muy docto en caldeo". El mismo Nicolás de Lira (v.) reconocerá que fue "muy perito en lengua hebrea", juicio que ratifica el célebre rabino converso Pablo de Santa María (v.). A juicio de Grabmann, es "el mejor hebraísta entre todos los escolásticos de la Edad Media" (Historia de la Teología católica, Madrid 1946, 78). Su preparación técnica estuvo siempre al servicio de la apologética.En 1263 se menciona como resonante la victoria que logró en su disputa con el judío Moisés de Gerona. Jaime I (v.) le encargó de predicar oficialmente a los judíos, y en 1264 le designó, juntamente con S. Raimundo de Peñafort, el obispo de Barcelona y otros dos dominicos, para revisar los libros judíos y expurgarlos de las blasfemias que contuvieran contra los dogmas cristianos. No mucho después consta que trabajaba en Túnez como misionero y, al parecer, con gran éxito. Parece que mantenía muy buenas relaciones con el sultán cuando se emprendió la segunda cruzada de S. Luis de Francia (v.) que supuso un cambio importante en la actitud del sultán y causó indirectamente muy graves dificultades para el funcionamiento del Estudio dominicano de Túnez.En 1269 vuelve a Barcelona, donde sería director de una escuela de hebreo en el convento dominicano de aquella ciudad. Sabemos que a principios de junio de 1286, cuando llevaba ya cincuenta años en la Orden, gozaba, según propio testimonio, de buena salud. A partir de esa fecha no tenemos noticias documentadas sobre su vida.Obras. Suelen mencionarse diversas Sumas o catecismos destinados a informar en la fe católica a los mahometanos; hay quien aventura la hipótesis de que los redactó en árabe y se han perdido (Quétif-Echard). En 1908 J. March y Batlles publicó por vez primera la Explanatio Symboli Apostolorum, manual de apologética contra judíos y sarracenos, compuesto por M. en 1256-57; cabe la posibilidad de que se trate de una de aquellas Sumas de cuya existencia sospechaban los antiguos biógrafos de M.; es obra de juventud pero apunta ya una realista selección de temas y cierto dominio de las fuentes árabes; teológicamente es interesante para comprobar el influjo doctrinal de S. Alberto Magno e indirectamente para demostrar su posterior evolución en la línea de S. Tomás de Aquino. En su Capistrum, de 1267, polemiza con los rabinos acerca del cumplimiento de las profecías mesiánicas; se conocen ms. en la Biblioteca Nacional de París, cod. lat. 3643, y en la Biblioteca Universitaria de Bolonia, cod. lat. 1675.Su obra principal, sin duda la más importante de la literatura apologética española del Medievo, es el Pugio fidei adversus mauros et judaeos, cuya segunda parte estaba redactando en latín y hebreo por el a. 1278. La primera parte, escrita solamente en latín, es anterior, pero no parece que pueda anticiparse más de 20 años, como quiere Asín Palacios. Existen numerosos ms. y se hicieron varias ediciones -Ortona 1518, Basilea 1550, Francfort 1561-, antes de la J. Voisin en París 1651, que se intitula pomposamente la primera.El Pugio fidei, con gran amplitud y profundo conocimiento de las doctrinas árabes y hebreas, expone en tres partes: 1) La existencia de Dios, inmortalidad del alma, creación del mundo en el tiempo; 2) El cumplimiento de las profecías iríesiánicas en Cristo; 3) El misterio de la Trinidad, pecado original y redención. Toda la obra, aunque redactada con rigor teológico y documental, no tiene una finalidad estrictamente científica sino apostólica. En esto difiere radicalmente de la Summa contra Gentes de S. Tomás; es más, parece que M. se decidió a escribir su gran obra al comprobar que la de S. Tomás (v.) no era directamente utilizable en sus polémicas con mahometanos y judíos. Ello no obsta para que el influjo de la Summa contra Gentes en el Pugio sea profundo, sobre todo en su primera parte.Hoy se da por descartada la hipótesis propuesta por Asín Palacios (v. bibl.) según la cual S. Tomás se habría inspirado en el Pugio para escribir su Contra Gentes, cuyo primer libro está redactado en 1258. Aparte de la cronología, conviene advertir que M., en su Explanatio Symboli Apostolorum, niega la posibilidad de la creación ab aeterno, mientras que la admite expresamente en el Pugio: es exactamente el mismo cambio de opinión que se advierte en S. Tomás; ahora bien, para que el Pugio hubiera podido influir en éste habría que suponer que su primer libro se redactó al menos en 1257, o sea, en el mismo año que la Explanatio. Habrá, pues, que atenerse a la documentada tesis de A. Gauthier (Introducción a la ed. francesa de la Summa contra Gentes, 1, París 1961, 20-99): la intención de S. Tomás fue científica, no práctica, razón por la cual M. decidió escribir el Pugio con una finalidad bien concreta: ayudar a los dominicos en su misión apostólica entre árabes y judíos.M. hace gala de gran erudición y de conocer directamente las obras filosóficas y teológicas más destacadas del Islam: el Corán (v.), al-Farabi, Avicena (v.), Algacel (v.), Ibn al-jatib (v.), al-Razi y Averroes (v.), "cuyas palabras, correctísimamente vertidas al latín, aduce en apoyo de sus propias ideas" (Asín Palacios). Especialmente, en cuanto a la disposición de la obra, ha tenido en cuenta a Algacel. Su método consiste en enfrentar con frecuencia a los autores árabes y hebreos entre sí, demostrando, siempre que tiene ocasión, mediante argumentos tomados de los paganos la verdad católica. Así, p. ej., utiliza a Averroes contra Algacel para exponer cómo Dios conoce los singulares, dependiendo en esto no de S. Tomás sino del Kitab falsafa de Averroes.El Pugio fidei es un vehículo de trasmisión torrencial de lo mejor de las especulaciones árabes y judías a la escolástica. Su difusión fue grande y la apologética antijudía posterior le es casi siempre deudora; citemos, p. ej., el Apologético de Alfonso de Zamora (v.). Sin embargo, falta un estudio serio y completo de esta obra. Refleja mejor que la Summa contra Gentes y que cualquier otra obra del s. xiii los puntos de fricción entre las tres grandes religiones, plantea problemas reales y no da golpes en el vacío. Por otra parte, M. parece haber hecho suya la frase de Averroes: "Dios es quien dirige a lo recto y a lo verdadero"; cree en la evolución científica hacia la verdad y busca en los rabinos y en los teólogos árabes la verdad que en ellos va fermentando por obra de la Providencia. Nada tiene de extraño que Pascal le utilizara en sus Pensamientos.M. LÓPEZ MARTÍNEZ
BIBL.: QUÉTIF-ECHARD, Scriptores Ordinis Praedicatorum, I, París 1719, 396-398; NICOLÁS ANTONIO, Bibliotheca hispana vetus, 11, Madrid 1788, 89-93; M. MENÉNDEZ PELAYO, Historia de los heterodoxos españoles, ed. Nacional, Santander 1947, II,319-322; A. BERTHIER, Un maitre orientaliste du XIII siécle: Raymond Martin, O. P., "Arch. Fratr. Praed." 6 (1936) 272-273; 1. M. CoLL, Escuelas de lenguas orientales en los siglos XIII y XIV, "Analecta sacra Tarraconensia", 17 (1944) 115-135; íD, San Raymundo de Peñafort y las misiones del Norte Africano en la Edad Media, "Missionalia hispanica", 5 (1948) 417-457; 1. MARCH, R. Martí y la seva explanatio Symboli Apostolorum, en "Anuari Inst. estud. catalans", Barcelona 1908, 443-496, H. SANCHO, La "Explanatio Symboli Apostolorum" de Raymundo Martí, O. P., "La Ciencia Tomista", 15 (1917) 394-408; M. AsfN PALACIOS, El averroísmo teológico de Santo Tomás de Aquino, en "Huellas del Islam", Madrid 1941, 15-72; M. ALONso, Teología de Averroes, Madrid-Granada 1947; G. ALONso GETINO, Por los mundos del tomismo, "La Ciencia Tomista", 2 (1911) 46-56
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