Marshall, Alfred
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Biografía GER
El tronco de la economía clásica tuvo muy pronto una ramificación sustancial. El análisis marxista, por un lado, y la corriente de pensadores que han nutrido el grueso de pensamiento académico occidental, por el otro. Acercarse al pensamiento económico de M. requiere ubicarlo con el progreso de la teoría económica dentro de la segunda corriente.Nació M. en Londres en 1842. En 1868 recibió el nombramiento de profesor de Ciencias morales en el Colegio de S. Juan de Cambridge. En 1877 fue director del Colegio universitario de Bristol, en 1883 profesor de Hacienda en el Colegio de Balliol de Oxford y en 1885 profesor de Economía política en la Univ. de Cambridge. Desde 1891 fue miembro de la Real Comisión del Trabajo. Entre sus obras principales cabe citar: The Economics of Industry (en colaboración con su mujer, 1881); Principles of Economics (Londres 1890); Elements of Economics of Industry (Londres 1892).La teoría de la utilidad marginal. Tal vez resulte conveniente -al menos para comprender una herramienta notable entre el arsenal empleado por M. al construir su síntesis neoclásica- diseñar los trazos fundamentalesde la teoría de la utilidad marginal (v. UTILIDAD). El concepto de utilidad marginal puede enunciarse aproximadamente como la utilidad total por la última unidad adquirida de un bien. El aparato se completa con la "ley" de decrecimiento de la utilidad marginal (la utilidad proporcionada por la última unidad de un bien decrece a medida que aumenta el consumo del mismo) y por el supuesto de motivación del consumidor, según el cual éste tratará de maximizar su satisfacción. Este supuesto implica que cada consumidor distribuirá sus ingresos entre las diversas mercancías hasta que las utilidades marginales proporcionadas por cada una de ellas se igualen entre sí. O, lo que es lo mismo, hasta que se cumpla la igualdad de las utilidades marginales ponderadas por sus precios.El pensamiento de Marshall. Cabe examinar, en primer término, la explicación marshaliana del precio. Éste no es solamente la consecuencia de ciertos factores (costes) que operaban, del lado de la oferta, tal como se entendía en sus antecesores clásicos. M. utilizó una explicación doble. Ciertamente incorporaba la productividad marginal heredando la explicación que, por el lado de la oferta, instrumentaron sus predecesores, pero acudía además a la utilidad marginal; ambos principios son conjuntamente responsables -a la manera de las hojas de una tijera, cualquiera que sea la que se mueva- de la formación del precio.El trabajo abre el análisis de los factores que operan por el lado de la oferta. El salario era, en M., una compensación de la desutilidad marginal -función creciente del tiempo- producido por el esfuerzo de trabajo. Así, la vieja concepción del trabajo en el análisis clásico sufre en manos de M. un tratamiento distinto desde la perspectiva del análisis marginal. Pero también el capital colaboraba -del lado de la oferta- a la producción de bienes. Y así como salarios crecientes compensaban en el margen el crecimiento de la fatiga con el tiempo de trabajo, también los tipos de interés mayores compensaban a los ahorradores de la desazón de dilatar su gasto.La otra hoja de la tijera involucraba la demanda. Y la utilidad era el factor explicativo que se encontraba detrás. El consumidor, al tratar de maximizar su satisfacción, buscaría una distribución de su renta entre los distintos bienes que conducía al equilibrio cuando las utilidades marginales ponderadas de cada uno de ellos resultaban iguales para el sujeto (la proporcionalidad precios-utilidades era condición del equilibrio). La oferta y la demanda compartían, pues, la responsabilidad de la determinación del precio.M. se encuadraba en la tradición clásica, cuya continuidad mantenía. El análisis del precio como resultado de la oferta y la demanda estaba ya en Smith. Faltaba una delimitación cuidadosa del significado de ambas categorías. M. logró conectarlas con los conceptos subyacentes de "coste" y "utilidad". Su tratamiento desarrolló todas las potencialidades del aparato analítico oferta-demanda. Además, su enfoque del equilibrio parcial, para analizar la determinación del precio en un mercado bajo el supuesto de comportamiento constante de las demás variables durante el análisis, proporcionó oportunidades muy amplias para la utilización de las curvas de oferta y demanda en la economía.Tampoco escapó a M. el problema del tiempo en los ajustes oferta-demanda. Los ajustes eran distintos según el periodo en que se realizasen. En un periodo muy corto del mercado, las ofertas permanecían fijas, siendo la demanda quien determinaba los precios. Estos hechos se limitaban a aquellos bienes comparativamente baratos y rápidamente divisibles (sólo entonces cabía postular la constancia de la utilidad marginal del dinero). Había un segundo periodo a corto plazo que permitía a las empresas variar la oferta, con idéntica capacidad productiva. Un aumento de la demanda del consumidor provocaba un aumento de producción de las empresas, hasta que el coste marginal igualaba al precio del producto. El proceso contrario era posible y se explicaba por análogo razonamiento. Por último, distinguió M. un tercer periodo de ajuste a largo plazo. Los empresarios pueden -se supone- ampliar sus instalaciones a largo plazo, aumentando y diversificando la producción. En el equilibrio, los precios cubren los costes incluyendo los beneficios sobre eJ capital invertido. A largo plazo la oferta influye seguramente más sobre el precio.Para centrarnos sólo en algunos de los elementos importantes de su análisis conviene invocar la teoría del excedente del consumidor en M. La idea era sencilla. El precio de un bien venía a medir la utilidad marginal del mismo. Si se compraba una cierta cantidad de un bien -dado el carácter decreciente de la utilidad marginalse habían pagado más caras las primeras unidades, la diferencia entre lo que hubiera deseado pagar y lo que ha pagado constituye el excedente. El monopolista puede apropiarse del excedente imponiendo distintos precios para cada porción de ventas. Pero una adecuada política fiscal permitiría disminuirlo apreciablemente. Las contribuciones de M. a la teoría económica fueron notables en buen número de campos (teoría monetaria; teoría del equilibrio parcial, etc.); cualquiera que sea la perdurabilidad de sus aportaciones, su influencia en el pensamiento económico de los continuadores resultó ser honda y duradera.JESÚS GONZÁLEZ
BIBL.: Además de la citada en el texto puede consultarse J. A. SCHUNT PETER, Historia del análisis económico, Barcelona 1968; A. C. PIGOU, Memories of Alfred Marshall, Cambridge 1925; J. M. KEYNEs, Essays in Biography, Londres 1958
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