Marqueteria
Categoria:
Varios
Es, en su más amplio sentido, el trabajo con maderas finas. El alcance del término casi se confunde con el de ebanistería (v.); pero, en su uso, queda restringido a la taracea o decoración de la madera mediante entalles que se rellenan con pequeños fragmentos de distintas materias, que encajan perfectamente y crean efectos de dibujo y policromía. Los colores son los naturales de las piezas embutidas. Se evidencia que, en gran parte, la m. está estrechamente ligada a la historia del mueble (v.) y a la de aquellas artes decorativas fundadas en el trabajo de la madera, como el artesonado (v.). Sin embargo, el campo de la m. es algo más amplio, pues se extiende también a la llamada m. del mosaico u opus sectile, que es una taracea conseguida mediante la yuxtaposición de piezas de mármol o piedras de diferentes colores, que encajan entre sí para formar pavimentos o paredes según un modelo previamente trazado.Desarrollo hasta el s. XVII. A través de representaciones pictóricas y testimonios literarios conocemos la existencia de trabajos de m. y de taracea desde la más remota antigüedad. En Babilonia y en Grecia, las incrustaciones, preferentemente de marfil, tenían motivos geométricos. De Egipto se han conservado algunos productos importantes que utilizaban, además del marfil, metales y piedras duras. Pero a partir de la Edad Media es cuando se conserva un número importante de documentos.La m. medieval está presidida por dos técnicas: la intarsia y la m. de marfil. La intarsia, de origen italiano y con posterior difusión hacia los países centroeuropeos a través de Lombardía, tuvo su periodo de esplendor en el s. XV. Consiste en una m. de maderas pardas y amarillas que fue haciéndose cada vez más complicada, con inteligente uso del claroscuro y de la perspectiva, empleando además todos los elementos decorativos renacentistas. Puede afirmarse que la intarsia representa un sustitutivo de la pintura aplicado a las artes industriales. Según diseño de Filippino Lippi (v.) se decoró con esta técnica el coro de Santa Maria Novella, de Florencia. Otro coro, el de la iglesia del Monte de los Olivos de Nápoles, fue realizado en intarsia por fray Giovanni da Verona (1506). Cuando en el s. XVI la técnica y la moda pasaron a Alemania, se produjo un descubrimiento decisivo: una máquina o sierra de m., aportación del ebanista de Augsburgo Georg Renner. En el sur de Alemania y en el Tirol se hicieron durante todo el s. xvi trabajos capitales en m.En España, durante el s. XV, es muy importante la taracea mudéjar realizada en bargueños, arcas y sillas de jamuga, con maderas preciosas, metal y marfil. Ejemplos importantes son el armario con decoración mudéjar de maderas ensambladas (Museo Arqueológico Nacional, Madrid) y el arca mudéjar con incrustaciones de hueso (s. XVI; Museo Lázaro Galdiano, Madrid). Los ejemplares del s. XVI son muy numerosos y bien conservados. Pero la taracea de tradición hispano-árabe constituye una de las manifestaciones más ricas de la m. española y aun de todo el mundo occidental. No puede limitarse a unos pocos ejemplares; llena el periodo de los s. XV-XVI con las escuelas de ebanistería de Granada, Aragón y Cataluña. Parece que sus orígenes deben remontarse a la Córdoba califal, aunque no hayan subsistido ejemplares importantes de esta época, excepción hecha de las armaduras de madera. Tres modalidades tiene la ebanistería hispano-árabe: ensamblaje, talla y taracea. Descartada la talla, que excede de los límites de la m., es de extraordinaria importancia el ensamblaje de lacería. Esta técnica decorativa divide los objetos con cruzamientos de cintas de madera para formar una composición geométrica rellena de pequeñas piezas con variadas formas poligonales. La taracea, réplica del mosaico de piedra y vidrio, se hizo empleando maderas de ébano, áloe, bakam, sándalo, limonero, y pequeñas piezas de marfil. Se usaron también clavillos de oro y plata. El único documento importante que ha llegado hasta nosotros es la pequeña puerta del Monasterio de las Huelgas (Burgos), fechable en el s. XI, en lazos de a seis y con decoración de ataurique que recuerdan la eboraria cordobesa. Obra capital debió de ser el mimbar de la mezquita de Córdoba, hoy perdido, cuya construcción, según fuentes contemporáneas, duró cinco años con el trabajo de seis taraceadores y de sus respectivos ayudantes. Trabajo específicamente español es la arqueta granadina de tipo tumbado del Inst. de Valencia de Don Juan en Madrid. La decoración, a base de estrellas y crucetas, es idéntica a la de la puerta de la Alhacena de la Alhambra. Son el prototipo del mueble granadino que continuó construyéndose después de la Reconquista y ha llegado hasta nuestros días aunque estereotipado y desnaturalizado.Del Barroco a nuestros días. La m. del s. XVII está presidida por el ebanista francés André-Charles Boulle (1642-1732), que destacó además como pintor, arquitecto, grabador y broncista. En 1672 fue nombrado ebanista de Luis XIV y trabajó mucho para el palacio de Versalles. Sus primeras obras fueron realizadas en m. de diversas maderas exóticas, pero pronto se dedicó con exclusividad a la ejecutada en concha y latón. Su técnica consistía en prensar hojas de estos materiales y recortar el dibujo en una sola operación. Posteriormente, se insertaba la conchaen el latón de modo que formaran ambos una sola hoja Los residuos se empleaban para formar el mismo dibujo invertido en obras de menos importancia. El latón estaba, a veces, grabado con dibujos que se hacían resaltar impregnando sus rasgos con un color negro. El estilo de Boulle tuvo éxito en Europa, sobre todo en Augsburgo. Sin embargo, pronto llegó su decadencia en la misma Francia, y los últimos años del s. XVIII conocieron la influencia del ebanista alemán David Rótgen (1743-1807). Su m. se caracteriza por la introducción de efectos de sombra mediante el empleo de pequeñas maderas coloreadas. Ejecutó casi todas sus obras sobre un fondo de madera clara. Los motivos, que al principio fueron casi exclusivamente florales, derivaron después hacia temas mucho más complicados, como paisajes y arquitecturas. Otro ebanista alemán usó adornos geométricos con un gusto exquisito: nos referimos a 1. F. Oeben (1720-63), que trabajó en Francia y realizó numerosas obras para madame de Pompadour. A fines del s. XVIII hubo un momentáneo retorno del estilo Boulle.España e Italia siguen en esta época las modas francesas, alemanas e inglesas. La ebanistería inglesa concedió más importancia a la forma del diseño que a la taracea, aunque también se hicieron incrustaciones en latón al estilo Boulle y de maderas exóticas en el estilo Hepplewhite (v. MUEBLE). El s. XIX, con su eclecticismo artístico, repitió y mezcló muchos de los estilos anteriores. En esta época, para toda Europa y especialmente para España, tiene interés reseñar la influencia oriental recibida a través de Filipinas y su m. realizada sobre maderas ligeras con nácar, perla, marfil y piedras duras, acompañadas muchas veces de fondos lacados y dorados. El modernismo, con su especial atención a la obra bien hecha y su gran sentido de lo decorativo constituye el último gran brote de la m., sobre todo en lo referente a trabajos de taracea. El s. XX con su preferente atención a la sencillez de diseño y su creciente industrialización no ha aportado nada en este aspecto concreto de la ebanistería.JOSÉ MARÍA CARRASCAL
BIBL.: Además de la citada en ARTESONADO; EBANISTERÍA; MOBILIARIO, J. FERRANDIs, Marfiles árabes de Occidente, II, Madrid 1940; A. PRIETO VIVES, El arte de la laceria, Madrid 1904; P. SALVETTE, Les ébénistes du XVIII, siécle, París 1940; W. vox BODE, Italian Renaissance Furniture, Nueva York 1921; J. ENRÍQUEZ, Catálogo de la exposición del mueble español de los siglos XV, XVI y primera mitad del XVII, Madrid 1918; F. PEÑA, Pequeña carpintería, Barcelona 1959
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.