Marfiles ARTE
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Arte
Etimológicamente, marfil significa "diente de elefante" y es palabra de raíz árabe. En otros países, este vocablo se forma a partir de la raíz latina ebur (avorio, ivory, etc.) o bien de la palabra germánica Elefenbein, del mismo contenido ideológico. El arte del m. abarca las piezas trabajadas en esta materia solo o combinado con otras. Se incluye entre las artes menores aunque, en ciertas épocas de decadencia de la escultura monumental, el arte del m. o eboraria la ha suplido brillantemente; otras veces, lo han utilizado grandes escultores para la realización de obras que no pueden considerarse propias de artes industriales, suntuarios o menores. Se relaciona con otras ramas del arte y más en concreto con la escultura, miniatura, orfebrería y grabado. Su importancia a través de la Historia del Arte varía pero puede decirse que el arte del m. ha acompañado las actividades estéticas del hombre desde la Prehistoria hasta nuestros días, y por su constitución física ha servido de vehículo de corrientes artísticas y culturales.El m., en sentido estricto, se refiere a los colmillos de los elefantes, pero usualmente designa materias de características afines (dientes de hipopótamo, narval y morsa). En estado fósil, procede del mamut. Está constituido por capas fibrosas calcificadas alrededor de un núcleo central que aloja el nervio y recubiertas de esmalte; su estructura recuerda a la de la madera. En longitud, puede distinguirse una parte hueca por dentro (ca. 1/3 desde su base), una parte media y una parte final (sin esmalte). Hay varias clases de m. según su estructura, color, etc., y, a su vez, estos caracteres indican su procedencia, que se localiza en África y Asia. Los mejores m. son el africano del Oeste y los de Ceilán y Thailandia. Su tamaño, peso y formato varía (longitud media 2 m., diámetro 20 cm., peso medio 30 Kg.) y también su dureza. La técnica de su talla no presenta caracteres especiales; exigen más o menos el mismo utillaje que el trabajo de maderas duras. Se policromaba en la Antigüedad y en la Edad Media.Edad Antigua. El m. se ha empleado como material precioso para estatuillas, fabricación de enseres de lujo con relieves o no, y decoración de objetos. Se ha sustituido a veces por otras materias óseas o incluso por el llamado "marfil vegetal". Los restos prehistóricos en m. o hueso son abundantes. En España, se encontró en la cueva de Rascaño un interesante bastón de mando (v.). En época histórica, Egipto fue lugar en el que la eboraria destacó con especial esplendor. Una de las piezas más conocidas es el mango de puñal (ca. 3000 a. C.), con relieves en movida composición, de Yebel al-Arak (Louvre, París). Los restos de arte fenicio son a veces difíciles de determinar por las influencias egipcias o cretenses que presentan (diosa, ca. s. XIV a. C., Louvre; plaquetas de Nimrud, s. IX a. C.). Se hallaron piezas fenicias en Cádiz, y en Ebusus (Ibiza) de arte púnico. En esta misma área geográfica hay restos de eboraria mesopotámica, cuyo arte pervivirá en Persia. Mayor interés para la cultura europea tienen los objetos que produjo el arte egeo (figurillas de acróbatas, museo de Candía) y el arte etrusco. En general, el arte que precede al del mundo clásico grecorromano talla el m. o hueso con especial cariño. Nace en Egipto, divulga sus formas Fenicia mientras que, en las islas del Egeo, se presiente un arte nuevo, naturalista y lleno de vida, opuesto al hieratismo oriental que representan aquellos países.El mundo clásico y su heredero el Imperio bizantino. El arte del m. en Grecia sólo es conocido por fuentes documentales. Parece ser que el propio Fidias realizó un Zeus y una Atenea que se componían de partes de oro y m. (técnica crisoelefantina). Quedan pocos restos de este arte (Cabeza de hombre, museo Vaticano). Roma también practicó la eboraria. Del s. I al IV su arte, nacido al calor del helenismo, muestra dos series de piezas: de origen europeo de técnica muy fina (píxide, museo Bobbio) y las alejandrinas, que se distinguen por su arte preciosista.Desde principios del s. IV, con la libertad de la práctica del cristianismo (313) y el desplazamiento del eje del Imperio hacia el E se produce un cambio artístico que impone una nueva estética opuesta al realismo naturalista del mundo clásico. Nace así el arte paleocristiano y bizantino, cuya evolución plástica se estudia en la eboraria ante la escasez de escultura monumental. La mayoría de las obras conocidas proceden de Roma, Milán y Constantinopla, con influencias estilísticas coptas o siríacas fundidas al nuevo espíritu estético que desvaloriza el desnudo y se opone a la figuración plena de las personas sagradas. La diferenciación de paleocristiano y bizantino se justifica desde el punto de vista iconográfico. Las obras cumbres (s. IV al VI) son el díptico de Símaco (382), muy clásico y de taller romano (museos de Berlín y British de Londres). Los dípticos son los objetos más numerosos conservados; compuestos de dos placas de m. con relieves en su parte externa y de cera para escribir en su parte interna, surgen por la costumbre de regalarlos para conmemorar el nombramiento de los cónsules. Son muy útiles para el estudio no sólo por sus bellos relieves sino por su cronología segura (s. V y VI). Estos dípticos consulares se aceptan por los cristianos para otros usos; varían sus temas pero conservan su misma forma, que a veces se complica multiplicando las plaquetas que los constituyen. El m. Barberini (s. VI)es una placa de un políptico de estilo distinto al citado (Constantinopla ?), la cátedra de Maximiliano (ca. 546) parece de origen copto (Alejandría) y la lipsanoteca (relicario) de Brescia (ca. 370) interesa por su iconografía y su estilo influido por lo siriaco. España conserva su díptico consular (catedral de Oviedo). Estas piezas repartidas por Europa serán fuente de inspiración para los pueblos bárbaros. El arte del m. bizantino desaparece con las explosiones iconoclastas (VII-IX) pero desde el s. IX y, en el s. X, volverá a disfrutar de nuevo su hegemonía.Los marfiles árabes en España. Los árabes (s. VII) absorben los caracteres artísticos de los pueblos que dominan y los difunden por Europa en sus exquisitas artes industriales (eboraria, etc.) a través de España, donde sus centros de producción fueron Córdoba (912-1031) y Cuenca, localizados por las inscripciones que acompañan a algunos objetos (arquetas para diversos usos y de distintas formas que en general son objetos de regalo para personas de la corte). La decoración es de ataurique y de animales, aunque no faltan las figuras humanas, encerradas en medallones. Las piezas cordobesas responden al estilo del collar bote de Zamora del maestro Halaf. La arqueta de Leyre (museo de Navarra) refleja tardíamente su arte. De los talleres de Cuenca (ca. 1030) destacan la arqueta de Silos (museo Arqueológico, Burgos), y la de Palencia (museo Arqueológico, Madrid), firmadas, de arte más rudo que el de Córdoba y composición en bandas más simple. Cuando cae Toledo (1085), estos artistas conquenses debieron refugiarse en San Millán de la Cogolla. Lo árabe influirá en la decoración de la eboraria cristiana.Los marfiles en la Edad Media europea. Los pueblos bárbaros (s. V) que se instalan en el Imperio romano de Occidente mantienen su tradición artística, y este esfuerzo dará su primer fruto eficaz en los Imperios carolingio y otoniano (s. IX al XI). Bajo el empuje de Carlomagno sé produce el renacer político-cultural europeo que toma como modelo a Roma a través de Bizancio, aunque el quehacer artístico no será mera copia, pues lleva en sí germen de vida nueva, fruto de estas influencias amalgamadas a un primitivo poso cultural iroanglosajón. Las escuelas de miniatura, arte señera entonces, dan su nombre a los talleres de eboraria por la influencia que en ellos ejercen. Se adscribe el grupo Ada (Tréveris y Aquisgrán) la encuadernación de Lorsch (800, museo Vaticano) y al de Liutardo las tapas de salterio de Carlos el Calvo (850, Bibl. Nacional París). El de Metz ha dejado numerosas muestras. El monje Tuotilo fue artífice de la encuadernación de Saint-Gall. Bajo la égida de los Otones (desde s. X), el nuevo sentir estético se impone a pesar de persistir intensificada la influencia bizantina. La eboraria se subordina a la orfebrería y entre las muestras que nos han dejado sus talleres de Reichenau (frontal de Magdeburgo, museo de Darmstadt), Bamberg y Colonia, cuya actividad alcanza la época gótica, sin apenas reflejar lo románico (placas del Schnüttgen, Colonia, ca. 1150), destaca la fuerte personalidad del maestro que realizó la placa de la Crucifixión de Echternach (s. X, museo de Berlín), en la que el expresionismo germánico nos da una de sus mejores y primeras muestras.El taller mozárabe (s. X) de San Millán (Cruz del Louvre y ara de Silos, del Arqueológico de Burgos) compagina su técnica árabe con el destino cristiano de los objetos, lo cual repercutirá en la eboraria románica española (s. XI-XII) de especial esplendor: el taller de León sobresale con el famoso Cristo de S. Isidoro (1063) (museo Arqueológico, Madrid), cuya expresividad y formas corpóreas hacen presentir el renacer de la plástica; la franja que lo adorna refleja influencia árabe. Las arquetas de S. Isidoro de León y la del Arqueológico de Madrid muestran el mismo estilo. Del taller de San Millán, sucesor del mozárabe, es el arca dedicada a la vida de este santo (ca. 1070) (monasterio de Yuso, San Millán de la Cogolla), cuyos artífices, Engelram yRodolfo, debieron de ser germánicos; su arte naturalista refleja en la decoración influencia mozárabe. El arca de S. Felices (monasterio de Yuso, San Millán de la Cogolla), la más europea de nuestras obras en m., procede no obstante de este taller.Otras piezas románicas, bellas muestras de la reciedumbre del nuevo estilo, son: el frontal de Salerno (Italia, ca. 1050), la placa de Affinghem era la Bibl. del Arsenal en París (región del Mosa, Lieja) y, de un arte casi manierista, dos placas: Adoración del Victoria y Alberto de Londres y Virgen del Louvre (ca. 1100), escuela anglofranca, cuya ascendencia española se discute. Interesa la cruz de m. de morsa hecha por Liutger (museo Copenhague, 1076), que revela influencias danesas e inglesas.Con el estilo gótico (s. XIII-XV), el arte del m. cambia sus directrices; vuelve a la servidumbre respecto a las artes mayores y refleja la sensibilidad amable y refinada de est: arte. Francia, con París como centro, se pone a la cabeza de todos los talleres de eboraria e inunda Europa con su producción imponiéndole su estilo. El Louvre conserva sus grupos de la Coronación y el Descendimiento (1250-1300). El díptico de Soissons con relieves (Victoria y Alberto, Londres) define un grupo (p. ej., Inst. Valencia de Don Juan, Madrid) y posteriormente el tríptico de la Muerte de la Virgen (museo Cluny, París) otro más coherente. El díptico de la Pasión, del Arqueológico de Madrid, deriva del museo de Berlín (ca. 1360). Muchos autores consideran alemán al maestro de Kremsmünster (1371); en el s. XV, las obras en m. o hueso del taller de los Embriachi (Venecia) sustituyen a las francesas. El tríptico del obispo Grandisson de Exeter define un grupo inglés. Los ejemplares góticos en España abundan, pero se adjudican a talleres franceses (Virgen abridera, de Allariz; Vírgenes de Toledo y Sevilla; piezas del museo Lázaro Galdiano de Madrid, algunas profanas, muy interesantes en la eboraria gótica).La eboraria renacentista y barroca. Los tiempos modernos. El auge de otras artes menores en el Renacimiento (finales del XV-XVI), como dallas, bronces, piedras duras y metales, desplaza el favor del público y la producción ebúrnea influida por ellas y la escultura monumental deja pocas muestras de valor, en general de fines del s. XVI. Se tienen noticias de artistas italianos del m. como la de Cellini sobre su padre, sin obra conocida. De taller paduano es la arqueta de la catedral de Graz y se conocen obras de Franciscus Terillus (1595). En Francia, Alemania y Países Bajos, persiste la tradición gótica hasta casi el barroco. En España, la obra documentada por Angulo y Lafuente Ferrari, del escultor sevillano Gaspar Núñez Delgado (1580, m. ca. 1620), refleja el tránsito del manierismo renacentista al realismo barroco (Cristo del Patrimonio Artístico). Copé es artista flamenco que trabaja en Roma por esos años.La época barroca (s. XVII-XVIII) es esplendorosa por la categoría de los artistas que trabajan en m. y las muestras que nos han dejado, en general de carácter profano (grupos mitológicos, medallones con retratos, jarras, bandejas con relieves, etc.). Influye en su desarrollo el grabado, y en el s. XVIII la porcelana. Sus centros más importantes son los flamencos, donde los artistas del s. XVII, los Duquesnoy, Fayd’herbe, van Bossuit y los Quellinus implantan normas estilísticas, iconográficas y técnicas que se impondrán por toda Europa a través de sus obras o personalmente, pues muchos de ellos trabajan en Italia (Duquesnoy), Francia (G. van Obstal), etc. Sus obras acusan la influencia de Rubens (v.) en cuyo taller practicó alguno de ellos (Danza de Niños,Fayd’herbe, museo del Prado). Esta tradición artística se mantiene con honor en el s. XVIII, por los Pompe y otros.Sólo pueden compararse a estos artistas los de Alemania, donde el auge de la eboraria, disgregada en las numerosas cortes principescas del Imperio austriaco, proporciona una serie incalculable de obras maestras. Como en Flandes, sus artífices lo son de otras artes mayores. Al Sur de Alemania, en Baviera, destacan los centros de Augsburgo, Nuremberg y Munich, y los nombres de Petel (1634), Angermair (Monetario, museo Munich, ca. 1620) y Faistenberg (m. 1735). Austria, con Viena como centro, presenta las obras de Rauchmiller (m. 1693). En la Alemania central y en la capital de Sajonia, Dresde, trabaja el Permoser (m. 1710) (Hércules, museo Grünes Gewólbe en Dresde). Düsseldorf cuenta con las obras de Elhafen (m. ca. 1725) (Venus y Baco, museo Munich) y de Leoni, el veneciano llamado a esa corte. Al Norte de Alemania hay otros centros (Brunswick, cte.). En las obras de todos ellos se aprecian influencias italianas y rubenianas unidas a los caracteres propios de la plástica de estas escuelas alemanas. En Francia, destacan los talleres de Saint Claude y Dieppe, cuyo mejor medallista, David Le Marchand, trabaja en Inglaterra.En España se sabe que trabajaron el m. los andaluces Pablo de Rojas (v.), Juan Martínez Montañés (v.) y un tal Castillo. Más conocida es la producción del Buen Retiro (fines del s. XVIII), cuya sección del m. dirigió el napolitano Pozzo (1759-88). Se guardan en la Casita del Príncipe de El Escorial sus mejores ejemplares.El s. XIX presenta un carácter más ecléctico, manteniéndose en sus primeros años el arte neoclásico. A finales del siglo, las sucesivas Exposiciones Int. de Artes Industriales favorecen un nuevo resurgir; destacan la producción belga y la alemana de Erbach, exponente del modernismo que triunfa hacia 1900 (objetos de Lalique, museo Gulbenkian, Lisboa) y en España el escultor Querol. En cuanto al s. XX, no hay piezas de interés, pero puede recordarse la actividad de los talleres Granda de Madrid.Marfiles orientales y africanos y su relación con los europeos. El arte del m. floreció en Extremo Oriente con gran esplendor y también se sabe que lo han trabajado los pueblos primitivos de África (piezas de Benin). Cuando españoles y portugueses abren la ruta del E bordeando África o a través del Atlántico, Europa recibe mayor aflujo de productos orientales y algunos africanos. El interés que despiertan en Occidente favorece el nacimiento de un arte mixto que reflejan los m. afro-portugueses, hispano-filipinos, especialmente bellos (Virgen de Medina de Rioseco), y luso-indios. Sus caracteres pueden resumirse definiéndolos como piezas de arte colonial europeo, cuya técnica y decoración revelan la mano de los nativos.Principales museos de obras en marfil. Alemania: Berlín, antiguo Kaiser Friedrich Museum; Dresde, Grüne Gewólbe; Munich, Bayerisches Museum; Austria: Viena, Schatzkammer; Dinamarca: Copenhague, Schloss Rosenborg; Francia: París, Louvre y museo Cluny; Inglaterra: Londres, British Museum y Victoria and Albert Museum; España: Madrid, Arqueológico, Lázaro Galdiano e Inst. Valencia de Don Juan; León, San Isidoro y San Marcos; Oviedo, Cámara Santa; Logroño, San Millán de la Cogolla, monasterio de Yuso; Italia: Roma, Sacro Vaticano; Bolonia y Brescia, Museos Cívicos.M. ESTELLA MARCOS.
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