Manuscritos I. Historia: V. Códice y Papirología. HIST.
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Historia
**RNCMANUSCRITOS II. MANUSCRITOS BIBLICOS HEBREOS.
A. Introducción. El A. T. hebreo ha llegado hasta nosotros en mss. que, si son completos, proceden en su inmensa mayoría de épocas relativamente tardías, debido en parte a las destrucciones de bibliotecas producidas por los avatares de la historia del pueblo judío y, muy especialmente, por preceptos religiosos del judaísmo (v.): la S. E. hebrea debe ser leída en mss. impecables, sin deterioro ni deficiencia alguna; los mss. gastados por el uso o incorrectos con respecto al modelo oficial deben ser sustituidos por otros nuevos y correctos. El respeto religioso hacia la S. E. obligaba a que dichos mss. desechados pasaran primero a una especie de almacén de la sinagoga, llamado geniza, que una vez lleno, su contenido era llevado al cementerio judío y enterrado con honras fúnebres. Perdiéronse así para la filología bíblica, salvo en el caso fortuito de la geniza de El Cairo(v. Cc, 2), piezas de valor inestimable. Esto no quiere decir, sin embargo, que los mss. de que disponemos hayan de ser subestimados, pues, aparte de que un ms. no es necesariamente mejor cuanto más antiguo sea, sabemos que los mss. hebreos del A. T. llamados mss. modelo (V. B b), han recogido y trasmitido con una minuciosa perfección y cuidado sin igual en la historia de la trasmisión de los textos antiguos, una antiquísima tradición textual (V. ANTIGUO TESTAMENTO II).B. Clasificación externa.a) Rollo y códice: Los mss. del A. T. hebreo deben ser divididos en estos dos grupos. El rollo es la más antigua forma del libro, y así se nos ofrecen los más antiguos mss del A. T. hebreo, los del mar Muerto (V. QUMRAN). Un rollo consiste en una tira de cuero, papiro o pergamino cuya longitud depende del contenido del texto (p. ej., el Rollo de Isaías A de Qumrán mide 7,34 m.), para cuyo manejo en la lectura deben ser utilizadas las dos manos, de modo que una lo desenrolle y la otra vaya arrollándolo por un sistema semejante al de la cinta de la máquina de escribir.
El judaísmo por precepto litúrgico ha conservado el rollo para las lecturas bíblicas sinagogales hasta hoy, y también su antiguo nombre de séfer, séfer Torah. Los rollos sinagogales tienen características invariables a través de los siglos, detalladamente preceptuados en el Talmud (v.). Son de cuero, no de pergamino, reciben la escritura sólo sobre la cara correspondiente al lado del pelo de la piel del animal; aquélla va dispuesta en columnas paralelas y éstas, como es obligado por dirección de la escritura hebrea, se suceden de derecha a izquierda. La disposición gráfica del texto bíblico es inmutable, de acuerdo con la ley talmúdica, que lo regula hasta en sus más pequeñas minucias; en un séfer el texto bíblico se escribe sin vocales ni acentos; sólo contiene el texto consonántico con una especie de tildes en forma de coronas (tagim), que algunos investigadores creen ser restos de signos para la cantilación.Los rollos sinagogales son, pues, de menor valor para la crítica textual bíblica ya que, aparte de no estar vocalizados no presentan variantes consonánticas desde el S. II d. C. (V. ANTIGUO TESTAMENTO II). Los rollos de la Torah más antiguos que se conservan son del s. X y XI. Aparte del Pentateuco (séfer Torah) y de los pasajes complementarios del resto de la Biblia (Haf lúrot) en la lectura sinagogal, se escribieron preferentemente en rollos los libros de Ruth, Cantar de los cantares, Lamentaciones, Eclesiastés y Ester; llamados por ello "las cinco Mégil. láh".Fuera del uso litúrgico se impuso en los mss. bíblicos hebreos la forma del códice, mucho más práctica y cómoda, inventada en el s. I d. C., aunque el rollo continuó usándose esporádicamente. Los códices bíblicos hebreos tienen para la crítica textual una importancia mucho mayor que los rollos, pues en ellos se usan los signos inventados por los masoretas para indicar la vocalización y la acentuación del texto. Precisamente esta vocalización y acentuación, que se denomina con el término técnico de puntuación, constituye el criterio más idóneo para clasificar los códices y sus restos fragmentarios.b) Manuscritos modelo y privados: Antes de proceder a la clasificación según el sistema de puntuación, es preciso dividir los códices del A. T. hebreo en dos grandes grupos: códices modelo y códices privados. Los primeros son aquellos mss. especialmente cuidados desde el punto de vista de la tradición masorética (V. ANTIGUO TESTAMENTO II), destinados a servir de norma y confrontación de los mss., con el fin de reproducir correctamente el texto bíblico oficial para el judaísmo. Los segundos son muy descuidados, destinados sólo a uso doméstico o escolar, cuyas divergencias de toda índole no constituyen verdaderas variantes textuales sino simples negligencias o recursos ortográficos, morfológicos o gramaticales, para facilitar al lector poco docto la lectura y comprensión del texto. No pueden ser utilizados, pues, para la crítica sino con la más extremada cautela.c) Tipos de escritura y de letra: Los textos del A. T. que, completos o fragmentarios, han llegado hasta nosotros emplean dos tipos de escritura: la paleo-hebrea y la cuadrada. La primera es la originalmente usada por el pueblo israelita, y todavía empleada con poca trasformación por los samaritanos en su Pentateuco hebreo; nos es conocida por multitud de inscripciones de la época bíblica (v. PALESTINA II) y, en lo referente al A. T., por fragmentos bíblicos descubiertos en el mar Muerto. Fuera de tales escasos fragmentos, todos los demás mss. del A. T. hebreo, comenzando por los rollos, del mar Muerto, aparecen en la escritura llamada cuadrada, cuadrática, o aramea, adoptada, al parecer en el destierro en Babilonia. Como algunas excepciones han de citarse los textos del A. T. hebreo trascritos en letra griega (documentados, p. ej., en la segunda columna de la Hexapla de Orígenes (v.), conocida por un palimpsesto de la Bibl. Ambrosiana de Milán, y los mss. caraítas (v. HEBREOS IV) del A. T. hebreo o parte de él trascritos en letra árabe, que sólo llegan a unas decenas y cuya fecha más antigua se remonta al s. X de nuestra Era.Los mss. bíblicos hebreos en escritura cuadrada parece que ascienden a un número que oscila entre 3.000 y 5.000. Paleográficamente pueden clasificarse en orientales y occidentales. Los primeros, a su vez, en palestinenses, egipcios, yemeníes, etc., figurando entre ellos los códices más antiguos. Los occidentales son más modernos y, por su letra y zona geográfica se dividen en sefardíes (españoles), italianos, provenzales, alemanes, etc. Los españoles son de letra muy hermosa y algunos de gran calidad; hoy se encuentran en su inmensa mayoría en bibliotecas fuera de España. Los que han quedado en el país se encuentran principalmente en Madrid (Bibl. Nacional y Bibl. de la Universidad), El Escorial y Salamanca.B. Clasificación interna.Atendiendo a los distintos sistemas o escuelas masoréticas y a la fase del desarrollo de la tradición manuscrita, los mss. del A. T. hebreo aparte de los más antiguos, es decir, los del mar Muerto (V. QUMRAN) y el papiro Nash (V. ANTIGUO TESTAMENTO II), deben clasificarse del siguiente modo: a) mss. de puntuación palestinense; b) mss. de puntuación babilónica; c) mss. tiberienses; y d) mss. de puntuación modificada.
a) Manuscritos de puntuación palestinense: El hallazgo, en la segunda mitad del s. XIX, de la colección de mss. hebreos de la geniza de una sinagoga de Fustat (Cairo antiguo), cuyo contenido había quedado olvidado a través de siglos sin enterrar en el cementerio judío, y el traslado de este tesoro a diversas bibliotecas (Univ. de Cambridge, Bodleiana de Oxford, Leningrado y Jewish Theological Seminary de Nueva York) había de tener incalculables consecuencias para el progreso de la filología hebraica en general y de la crítica textual bíblica en particular.Entre los millares de mss. fragmentarios hallados en dicha geniza, varios centenares de fragmentos bíblicos permitieron conocer la existencia de sistemas de vocalización del texto bíblico hebreo totalmente diferentes del empleado en el textus receptus, el sistema palestinense y los sistemas babilónicos. Un par de docenas de estos fragmentos, presentan el texto bíblico hebreo con puntuación palestinense. Parece que su datación oscila entre el s. vi y el viii d. C. Algunos, los más antiguos, proceden de rollos, los demás de códices escritos a una o dos columnas. Su vocalización no es completa, sino parcial, y ofrecen variantes textuales y fonéticas con respecto al texto tiberiense. Contienen pasajes de los Salmos, Ezequiel, Daniel y Jeremías. Unos cuantos fragmentos palestinenses van escritos según un peculiar sistema de escritura abreviada (Éxodo). También existen fragmentos del Targitm palestinense, con vocales palestinenses.b) Manuscritos de puntuación babilónica: La vocalización y acentuación de estos mss. se divide en tres grupos: puntuación babilónica sencilla, puntuación babilónica complicada y puntuación yemení. Los fragmentos de la geniza vocalizados según los sistemas sencillo y complicado son los que representan en su pureza el texto babilónico y son mucho más abundantes que los palestinenses. Un grupo de los de puntuación sencilla parece datable en el s. vii; los de puntuación complicada en los s. VII-IX. Casi todos son restos de códices, no de rollos. Los mss. yemeníes, en cambio, son más tardíos. Aunque los signos de vocalización empleados son los babilónicos, la pronunciación que con ellos se refleja no es la babilónica sino la tiberiense, especialmente en los más modernos. Mientras que los mss. de los dos primeros grupos son generalmente de pergamino, en los del grupo yemení abundan los de papel. Apenas existen entre ellos restos de rollos, casi todos proceden de códices.1) Babilónicos de puntuación sencilla. El más típico exponente de este grupo y el más extenso es un ms. fragmentario, con un total de 101 folios; la mayor parte de él es el ms. Or. Qu. 680 de Berlín. Una detenida investigación permitió descubrir su importantísima vocalización originaria, fiel reflejo de la pronunciación babilónica. Posteriormente su puntuación fue corregida para acomodarla a la pronunciación tiberiense.Otros fragmentos de este grupo, todos procedentes de la geniza, están repartidos por distintas bibliotecas del mundo; son restos de unos 100 ó 150 mss. con un total de 400 folios completos o fragmentarios. La mayor parte presentan el Pentateuco seguido, versículo por versículo, de la versión aramea del Targum, está en escritura abreviada. Los de profetas no suelen llevar Targum. Las notas masoréticas son escasas. Los de hagiógrafos presentan a veces masora babilónica. Algunos aparecen influidos por la puntuación y masora tiberienses.2) Babilónicos de puntuación complicada. De este grupo es famoso el llamado Petropolitano (Bibl. de San Petersburgo, hoy ms. Leningrado Heb. B. 3), escrito en el a. 916. Contiene los profetas posteriores. Durante mucho tiempo se le consideró típico representante de esta clase de puntuación babilónica, mas al conocerse los mss. babilónicos genuinos de la geniza perdió su importancia, ya que su puntuación presenta fuerte influjo de la tiberiense. Son 225 folios a dos columnas y bien conservado. Masora parva y magna, de carácter tiberiense. Junto a él existen en Leningrado otros mss. menores y fragmentos del mismo tipo que el Petropolitano. De la geniza se han conservado fragmentos de unos 70 mss. babilónicos complicados, en un total de cerca de 200 folios y de tipos más o menos influidos por la escuela tiberiense. También los hay en escritura abreviada.3) Yemeníes. Los más importantes son de los s. XIII al XV y se conservan en gran parte en el Jewish Theological Seminary de Nueva York y en el British Museum de Londres. Son de menor importancia por su fecha y el influjo tiberiense que presentan.c) Manuscritos tiberienses: Entre las diversas escuelas masoréticas la que, finalmente, triunfó sobre las demás fue la llamada tiberiense, por estar localizada en la ciudad de Tiberíades. Su sistema de vocalización y acentuación desplazó a los otros, que llegaron a quedar relegados al olvido, y se convirtió en el oficialmente adoptado por el judaísmo para su textus receptus del A. T. Este triunfo se produjo hacia el s. X y se debió a la labor de la familia de masoretas llamada Ben’flsér, cuyos miembros más destacados fueron Mose ben Aser y su hijo Aharon ben Mose ben Aser. Este último es el creador de la fase final del sistema de puntuación. De otras escuelas tiberienses, sólo nominalmente puede citarse la de Ben Naftalí, pero su sistema de puntuación no nos es bien conocido.La victoria de este texto masorético tiberiense explica que la inmensa mayoría de los mss. sean tiberienses. Pero su valor varía mucho con arreglo a su mayor o menor antigüedad y a la índole de su texto. Así, tienen extraordinaria importancia los mss. tiberienses de los s. IX y X, conservados en escasísimo número. También importantes y muy poco numerosos son los del s. XI. A partir del s. XII son ya abundantísimos, pero su puntuación refleja con menor pureza el sistema de Ben Aser. Por otra parte, los mss. modelo, llamados en Oriente Kéter (Kéter Torah, en hebreo, Ta’g en árabe), de texto y puntuación cuidadísimos, dotados de masora magna y parva son mucho más valiosos que los mss. privados, siempre más descuidados en ortografía y vocalización, carentes de masora y plagados de matres lecciones para facilitar la lectura.No puede olvidarse la importancia que los colofones, no muy frecuentes y no siempre fidedignos, proporcionan. Las indicaciones que contienen sobre quienes los escribieron y su fecha son de gran ayuda para el crítico, teniendo en cuenta que los criterios paleográficos, tratándose de mss. bíblicos hebreos no son muy eficaces para su datación, debido a la gran constancia de la forma de escritura a través de los tiempos.Con arreglo a los criterios valorativos que anteceden los mss. tiberienses más destacados son los que a continuación se mencionan:1) Códice de Alepo: Es el más importante representante del textus receptus de la escuela de Ben Aser. Según parece la inspección de este ms. movió a Maimónides a declarar que este códice y con él el texto benaseriano debía erigirse en modelo de texto bíblico hebreo para el judaísmo. No obstante, y aunque parezca extraño, todavía no ha sido tomado como base para una edición impresa completa de la Biblia hebrea, debido a diversas circunstancias que más abajo se exponen. El texto impreso del A. T. hebreo que hasta el s. xx se ha usado de manera general como receptus arranca de la ed. de Ya’aqob Ben Hayyim Ibn Adoniyyah, Miqraot Gedolot, Venecia 1524-25, de la cual se creía que representaba el texto de Ben Aser. Hoy se ha comprobado que el texto de Ben Hayyim presenta numerosas variantes frente al Códice de Alepo. Primero estuvo en Jerusalén, pasó después a El Cairo y de allí fue trasladado a Alepo, donde por mucho tiempo fue guardado en la sinagoga de la comunidad sefardí. Este códice modelo sólo era utilizado para lecturas litúrgicas en las tres grandes fiestas de Pésah, Sabu `ot y Sukkot y servía en casos excepcionales para confrontar otros mss. en algún pasaje dudoso, pero nunca se permitió su estudio sistemático ni su reproducción fotográfica, excepto un solo folio, que publicó W. Wickes en 1887. Por ello, es de lamentar que en el incendio de la sinagoga, producido en las luchasentre árabes y judíos en 1948, este precioso códice perdiera una cuarta parte: de los 380 folios que más o menos contenía sólo quedaron 294. Actualmente se está tomando como base para la edición que prepara la Univ. hebrea de Jerusalén. Según su colofón, hoy destruido, pero anteriormente copiado, el texto consonántico fue escrito por Sélómóh ben Buya `ah, famoso copista de la primera mitad del s. X y vocalizado, acentuado y dotado de masora por ’Ahárón ben Mose ben Aser (ca. 925). Va dispuesto a tres columnas excepto los libros de Job, Proverbios y Salmos, a dos. Coincide casi totalmente con lo que según Misael ben `Uzziel en su Tratado de diferencias entre Ben Aser y Ben Naftalí es propio de Ben Aser.
2) Códice de profetas de El Cairo. Contiene sólo los Nebiim o profetas anteriores y posteriores. Su colofón afirma que fue escrito en el a. 895 por Mose ben Aser, es decir, el padre del que puntuó el códice de Alepo. A tres columnas. Puntuación muy cuidada y masora muy exacta y fidedigna. El análisis de su puntuación a base del Tratado de Misael Ben `Uzziel manifiesta un predominio de lecciones características del sistema de Ben Naftalí. Ello permite pensar que las puntuaciones de Ben Aser y la de Ben Naftalí coincidían en gran medida frente a la de Aharon ben Bose ben Aser. Es decir, la puntuación de este códice difiere bastante de la del de Alepo. Tiene el gran interés de ser más antiguo que éste. Su escritura es también oriental. De la comunidad caraíta de Jerusalén, pasó a poder de los cruzados en 1099. Salido después de manos de éstos pasó a la sinagoga caraíta de El Cairo, donde se encuentra.3) Códice B 19 a de Leningrado. Contiene toda la Biblia hebrea. Va fechado en 1009. De los códices bíblicos hebreos completos y fechados es el más antiguo. Tres columnas, excepto Job, Proverbios y Salmos, a dos. No fue puntuado por ningún Ben Aser, pero según uno de sus colofones fue copiado de manuscritos correctos de Ben Aser. Efectivamente, en centenares de pasajes aparece raspada la puntuación original y sustituida por otra coincidente con el modelo de Ben Aser. Sus lecciones vocálicas coinciden en elevada proporción con las del de Alepo. Fue tomado como base para la edición de la Biblia hebraica de Kittel-Kahle (1937). La masora es muy divergente de la del ms. de Alepo y más tardía.4) Manuscrito Or. 4445 del British Museum. Contiene algo más de la mitad del Pentateuco. También a tres columnas. Escritura oriental. No lleva colofón pero parece contemporáneo al de Alepo, primera mitad del s. x, aunque Ch. D. Ginsburg creyó debe datarse entre los a. 820 y 850. Su lectura no coincide plenamente con la del do, Alepo. Para su exacta clasificación según el criterio de Ben `Uzziel, cfr. F. Pérez Castro, ¿Ben AserBen Naftalí? (... o. c. en bibl.).5) Manuscrito Sassoon 507. Tampoco contiene el Pentateuco completo. Pertenece a la biblioteca del citado coleccionista. Tres columnas. Parece contemporáneo de los mss. 1) y 4). Su puntuación, mitad Ben Aser, mitad Ben Naftalí, puede haber emanado de escuela diferente a éstas.6) Manuscrito Sassoon 1053. Contemporáneo de 1), 4) y 5). Contenía la Biblia hebrea completa, pero ha perdido parte de sus folios. Tres columnas. Masora Parva muy abundante. Vocalización particular en muchos detalles, en general parece antigua.7) Manuscritos tiberienses de Leningrado. Junto al ms. citado en 3) existen en la Bibl. de Leningrado centenares de mss., más o menos completos, dentro de las llamadas Colecciones Firkowitsch, que no han sido ni suficientemente descritos, ni menos estudiados. Tienen, sin embargo, importancia para la historia del textus receptus tiberiense. De los descritos por Paul Kahle (Masoreten des Westens, Stuttgart 1927) seis van fechados en el s. x (a. 930, 943, 946, 989 y 994). No todos son benaserianos y de ahí su trascendencia.8) Lo mismo debe decirse de los números fragmentos tiberienses hallados en la geniza, todavía no investigados, y que proceden de varios miles de códices modelo, algunos magníficos, y en cierto número tal vez anteriores al ms. de Alepo. Otros son restos de mss. privados, discutidos.9) Breve mención de otros manuscritos importantes: Ms. Vaticano 448, Pentateuco con Targum en abreviaturas, acaso del s. X-XI.Ms. British Museum, Harley 5720, Profetas. s. X-XI. Ms. Jerusalén Heb. 8° 2238Ms. 1 del Hebrew Union College, Cincinnatti, Pentateuco y Haftarot, s. X-XI
Ms. Cambridge 12, Biblia completa, con un colofón que la fecha en el a. 856, pero que no parece auténtico. Se cree, en realidad, que es del s. XII
Ms. del Jewish Theological Seminary de Nueva York, ENA 346, parte de los Profetas Posteriores, acaso del S. XI
Ms. de la Univ. de Ann Arbor, Michigan. Pentateuco incompleto, al parecer del s. X-XI
10) Manuscritos de Kennicott, de Rossi y Ginsburg. En el s. XVlII, Benjamín Kennicott y J. B. de Rossi, y Chr. D. Ginsburg a comienzos del s. XIX recopilaron, estudiaron y utilizaron en sus trabajos muchos centenares de mss., algunos del s. XII y en su inmensa mayoría posteriores. El texto que estos mss. presentan es siempre menos puro, pues en ellos se entrecruzan las diversas escuelas de puntuadores, masoretas y gramáticos. Algunos de ellos son muy cuidados, pero otros no y además llenos de erratas. Sus obras son, sin embargo, una rica mina de información. El Vetus Testamentum Hebraicum cum variis lectionibus, Oxford 1776-80, 2 vol., de B. Kennicott describe y utiliza más de 600 mss. y variantes de 52 ediciones impresas. J. B. de Rossi reúne y estudia una selección de variantes importantes de 1.475 mss. en su obra Variae Lectiones Veteris Testamenti, ex inmensa Mss. Editorumque Codicum congerie haustae el ad Samaritanum textum, ad vetustissimas versiones, ad accuratiores sacrae criticae fontes ac leges examinatae opera ac studio fohannis Bern. de Rossi, 4 vol., Parma 1784-88, y en el suplemento a la misma Scholia critica in Veteris Testamenti libros seu supplementa ad varias sacri textus lectiones, publicado en 1798. Chr. D. Ginsburg, por su parte utiliza más de 70 mss. y 19 ediciones impresas antes de 1524, en su obra The Old Testament, diligently revised according lo the Massorah and the early editions with the various readings from MSS and the ancient versions, 1908 y ss., reed. en 1926. Describe minuciosamente todo su material en la importante obra Introduction lo the Massoretico-Critical Edition of the Hebrew Bible, Londres 1897.11) Manuscritos Pseudo-Ben Naftalí. Dentro de la masa de mss. tiberienses existe un grupo numeroso que presenta una puntuación muy divergente de la del textus receptus basado en Ben Aser. Aunque en un principio se pensó que tales mss. pertenecían a la escuela de Ben Naftalí (P. Kahle), hoy han sido considerados pre-tiberienses (A. Sperber), o representantes de una de las muchas variedades existentes dentro de la escuela tiberiense que no llegó a pasar al textus receptus (Y. Yeivin). A. Díez Macho los ha denominado "mss. pseudo-Ben Naftalí", y los considera exponentes evolucionados de la antigua vocalización pailestinense. Un gran número de estos mss. de puntuación divergente del textus receptus refleja la llamada pronunciación sefardí, vocalización que se difundió mucho en mss. españoles, franceses y alemanes hasta el s. XIV y en ocasiones hasta el XV. Dentro de este grupo pueden destacarse los siguientes: Codex Reuchlinianus, mss. de Karlsruhe, Durlach 3, año 1105; ms. de Parma, de Rossi 2, Biblia completa del s. xIII; ms. British Museum Add. 21.161, profetas y hagiógrafos, casi completo; ms. Vaticana, Urb. 2, Biblia completa, del año 979 según su colofón, pero evidentemente no tan antiguo; mss. Berlín Or. Fol. 1.213 (antes Erfurt 3), Biblia completa de fines del s. XI.d) Manuscritos de puntuación modificada: Se trata de un grupo de gran interés. En muchos mss. encontramos que la puntuación original, vocales y acentos, ha sido sustituida o completada por otra. En unos se trata de puntuaciones introducidas por manos diferentes, pero de la misma escuela o sistema; hay, p. ej., mss. babilónicos puntuados por la mano original sólo esporádicamente y completados por una segunda mano sistemáticamente; y otros en los cuales los signos vocálicos y acentuales originales reflejaban la primitiva pronunciación babilónica, pero que fueron corregidos por otro puntuador posterior para acomodarlos a la pronunciación tiberiense, aunque con signos babilónicos. Típico ejemplo de esto es el mss. Berlín Or. Qu. 680. Pero en otros mss. la modificación es más radical, pues consiste en sustituir la puntuación de un sistema por la de otro; en este caso generalmente no se corrigen los signos, sino que se añaden los segundos. Así tenemos mss. puntuados originalmente con signos palestinenses o babilónicos que presentan además los signos tiberienses añadidos pero conservando los primeros. Hay, por último, mss. de puntuación mixta. Así ocurre, p. ej., en el mss. Petropolitano, en el cual los signos babilónicos se complementan con otros tiberienses.V. t.: ANTIGUO TESTAMENTO II;QUMRAN, MANUSCRITOS DE; CÓDICES I; PAPIROLOGÍA IIIF. PÉREZ CASTRO
BIBL.: N. ALLONY y A. Díez MACHO, Dos manuscritos "palestinenses" más de la Geniza del Cairo, "Estudios Bíblicos" 17 (1958) 83-100; íD, Otros dos manuscritos "palestinenses" de Salmos, "Sefarad" 18 (1958) 254-271; fD, Lista de variantes en la edición de los ms. "palestinenses" T.-S. 20158 y 20152, "Estudios Bíblicos" 18 (1959) 293-298; S. A. BIRNBAUM, The Hebrew Scripts, Londres 1954-57; 1. B. DE Rossi, Variae lectiones Veteris Testamenti, 4 vol., Parma 1784-88; fD, Scholia critica in Veteris Testamenti libros, seu supplementa ad varias sacri textus lectiones, Parma 1798; A. DíEZ MACHO, Manuscritos bíblicos del Jewish Theological Seminary, "Sefarad" XIV (1954) 216-218; íD, Un manuscrito yemení de la Biblia babilónica. El ms. 229 (EMC 105) del Seminario teológico judío de Nueva York, "Sefarad" 17 (1957) 237-279; íD, Fragmento del texto hebreo y arameo del libro de Números escrito en una muy antigua megil-lá en el sistema babilónico (ms. ENA. 3781 (40) del Seminario teológico judío de Nueva York, "Sefarad" 17 (1957) 386-388; ID, Nuevos manuscritos bíblicos babilónicos, "Estudios Bíblicos" 16 (1957) 235-277; íD, Importants manuscrita hébreux et araméens aux Etats-Unís, "Suppl. Vetus Testamentum" 4 (1957) 27-46; fD, Un manuscrito protobabilónico de los libros poéticos de la Biblia (ms. 508 A del Seminario teológico judío de Nueva York), "Estudios Bíblicos" 18 (1959) 323-356; fD, Un espécimen de ms. bíblico babilónico en papel (ms. 597, box E, carpeta P, f.l. del Seminario teológico judío de Nueva York), "Bíblica" 40 (1959) 171-176; fD, Un salterio hebreo yemení-babilónico, "Sefarad" 21 (1961) 9-21; CH. D. GINSBURG, Introduction to the Massoretico-Critical Edition of the Hebrew Bible, Londres 1897; M. H. GOSHEN-GOTTSTEIN, Biblical Manuscripts in the United States, "Textus" 2 (1962) 28-59; A. HARKAvY, Neuaujgefundene hebráische Bibelhandschriften, San Petersburgo 1884; P. KAHLE, Masoreten des Ostens, Leipzig 1913; fD, Masoreten des Westens, Stuttgart 1927; ID, Biblia Hebraica. Prolegomena, III, 3 ed. Stuttgart 1937; fD, The Cairo Geniza, 2 ed. Oxford 1959; B. KENNICOTT, Vetus Testamentum hebraicum cumMANUSCRITOS IIIvarüs lectionibus, 2 vol., Oxford 1776-80; MARTELLI-OTTOLENGHI, Manoscritti biblici ebraici decorati, Milán 1966; F. PÉREZ CASTRO, Corregido y correcto. El ms. B 19 a (Leningrado) frente al ms. Or. 4445 (Londres) y al Códice de los Profetas de El Cairo, "Sefaradn 15 (1955) 3-30; fD, ¿Ben Aser-Ben Naftalí? Números 13-15 en cinco manuscritos a la luz de Misael ben ’Uzziel; Homenaje a Millas-Vallicrosa II, Barcelona 1956, 141-148; fD, Fragmentos de Haf(arot, aSefaradn 20 (1960) 397-401; fD, La Masora del Códice de Profetas de El Cairo, aSefaradn 23 (1963) 227-235; J. L. TEICHER, The Ben Asher Bible Manuscripts, alournal Jewish Studiesn 2 (1950) 17-25; E. TISSERANT, Specimina codicum orientalium, Bonn 1914; I. YEIVIN, A Babylonian Fragment of the Bible in the Abbreviated System, aTextusn 2 (1962) 120-139; fD, A Palestinian Fragment of Haftarot and other ms. with Mixed Pointing, aTextusn 3 (1963) 121-127
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