Manila II. Historia HIST.
Categoria:
Historia
El nombre Manila no proviene del tagalo may hilad, lugar donde habitan las plantas nilad, ni tampoco de Maniolas. La fonética oriental indica que deriva de la frase china mai-in-ila, que significa "tierra de bárbaros y de grandes hormigas". Al llegar los españoles, mai-in-ila se convierte en Manila. A pesar de su nombre de probable origen chino, M. fue poblada por musulmanes. Estos habían conquistado a los nativos a fuerza de armas y de religión. Por eso, el pueblo que Miguel López de Legazpi (v.) encontró en 1571 estaba gobernado por un rajá de origen árabe: Solimán. Tras una breve escaramuza, el adelantado español se apoderó del sitio.La fundación de M. empezó el 19 mayo 157l. Su establecimiento como ciudad se solemnizó el 24 de junio de aquel mismo año. Desde aquella fecha, M., a pesar de las batallas que hubo de librar contra invasores chinos, portugueses, japoneses, ingleses y holandeses, y de los incendios y terremotos, sobrevivió desarrollándose a la manera española. Catedrales, palacios, conventos, escuelas, hospitales y respetables mansiones se levantaron por sus calles tiradas a cordel (v. tv); y todo aquel conjunto encercado fue llamado Intramuros. Una ría de unos 3 m. de fondo corría en derredor de la muralla. Ante las siete puertas de la ciudad amurallada, se levantaban siete grandes baluartes. Cerca de la bocana del río Pasig y frente a la bahía de M. se erguía, con sus cañones y estandartes luminosos, la fortaleza y ciudadela militar de Santiago, que defendió por siglos la integridad de M. y del archipiélago. Mas M., como corazón del poder español en Asia, también fue, durante dos siglos, puerto y tienda de un lucrativo comercio entre Oriente y Occidente. El galeón español que viajaba entre Acapulco y M. era el dilecto botín de ingleses y holandeses.Al son de aquella prosperidad, M. empezó a crecer. Se desbordó de sus muros para asimilar a su urbanidad las poblaciones indígenas, chinas y japoneses, que vivían en sus afueras. Con la apertura del canal de Suez, más españoles llegaron de la Península. La travesía, larga y penosa, disuadía la inmigración de familias enteras. Pero el varón español, cristiano y sensual, se casaba con la mujer del país, con la china, con la japonesa, con la indomalaya, creando así un mestizaje maravilloso. Los arrabales a extramuros de Quiapo y Binondo, eran hispanochinos; los de San Miguel y Dilao, hispano-japoneses; los de Tondo, La Ermita y Malate, hispano-tagalos. La misma religión católica, idénticas cultura y lengua castellanas, el mismo gobierno y los mismos intereses económicos, lograron unificar razas y culturas tan distintas, y, a veces, tan encontradas que, M., plena de tantas energías humanas, tenía que ser, durante 200 años, el foco humano ejemplar del Extremo Oriente. Fue, de las ciudades de Asia, la primera en tener un sistema operante de aguas potables establecido por Carriedo en 1882. La electricidad llegó en 1895. Los manileños hablaban por teléfono en 1890. Desde 1872, el tranvía y el telegrama ya eran sus facilidades públicas. Y huelga decir casi que tuvo colegios y universidad desde 161l. La introducción de la imprenta por españoles, en 1608, permitió la publicación de libros en los varios idiomas del país: chino, japonés y castellano. Diarios y revistas vieron la luz con regularidad desde la segunda mitad del s. XVIII. M. empezó a decaer con la llegada de los norteamericanos (1898). La revolución contra Europa, la invasión norteamericana y la guerra norteamericano-filipina a la vuelta del siglo pasado, fueron sucesos violentos que dejaron señales de muerte. Norteamérica introdujo cambios revolucionarios en la psiquis manileña. Tras la lucha de armas, sucedieron las porfías sectarias, lingüísticas y étnicas. Estas pugnas ideológicas y culturales engendran un tipo manileño indiferente al ambiente característico de M. Y es este nuevo tipo de manileño el que descuidó la ciudad. M. no es ya la capital de Filipinas. Desde 1948 es Quezon City. Y como era de esperar, gran parte del comercio que ayer sustentaba a M., ya se ha pasado, montañas arriba, a la nueva cabecera del país y a las ciudades adyacentes.G. GÓMEZ-RIVERA.
BIBL.: P. ORTIZ ARMENGOL, Intramuros de Manila. De 1571 a su destrucción en 1945, Madrid 1958.
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