Manchú, Dinastia HIST.
Categoria:
Historia
Reinó en China desde 1644 hasta 1912. En los s. XIII y XIV los manchúes habían sido súbditos de los mongoles, pero a la caída de la dinastía, y con el advenimiento de los Ming (v.), recobraron su independencia y se extendieron por el territorio de Manchuria. En 1616, su jefe dio a sus dominios el nombre de dinastía Ching ("pura"); en realidad, los manchúes eran la misma Horda de Oro, o tribu Kin, que ocupó China septentrional en los s. XII y XIII. Una vez dueños de China, los primeros actos de los manchúes fueron dirigidos a consolidar sus dominios, de N a S. En las provincias meridionales conservaron los Ming, durante largo tiempo, buen número de partidarios, y en algunas ocasiones se hicieron llamar protectores del Imperio, e incluso usaron el título de Emperador. Numerosos letrados que se negaron a reconocer a los extranjeros fueron perseguidos. Aun cuando en 1650 fue ocupado Cantón, todavía fue preciso largo tiempo para vencer. la resistencia de Wu San-kuei y Cheng Tchengkong (Koxinga), que fundaron reinos efímeros. Dueños, finalmente, del país, los manchúes continuaron las milenarias tradiciones chinas, aunque sustituyeron, sobre todo en los puestos militares, a los funcionarios chinos por manchúes.El s. XVIII tiene especial relieve por los reinados de Kang Hi (1689-1722) y Kien Long (1736-96), bajo los cuales China revive el esplendor de sus mejores épocas (v. CHINA v, 3). Las notas más destacadas son una vida fastuosa y refinada, un arte poco original (excepto en la cerámica), y numerosos trabajos de erudición y compilación. La política exterior fue imperialista; China se anexionó Ili y Kachgar, hizo tributaria a Birmania, y consolidó la soberanía sobre Tibet y Nepal.Durante el reinado de Kang Hi, y como consecuencia del desafortunado final de la disputa de los ritos, China se cerró a la expansión misional, y se inició la era de las persecuciones. En 1796 llegó la misión Macartney, que fue mal recibida; en 1816 visitó China la misión Amherst. Eran las primeras tentativas occidentales para abrir el mercado de China, las cuales no tuvieron éxito. Por numerosas razones, muchas de ellas justificadas, China no deseaba la presencia de extranjeros. El conflicto entre estas fuerzas opuestas no podía resolverse más que por la fuerza. La guerra del Opio (v.), y la lucha contra Francia e Inglaterra (1858-60), ensangrentaron los reinados de Tao Kuang (1821-50) y Hien Fong (1850-62). Durante este último, la dinastía estuvo en peligro por la revuelta de los taiping (1851-65) que arrasó la mitad meridional del país y costó millones de víctimas.A la muerte de Tong Che, se sucedieron las intrigas de corte en torno al joven emperador Kuang Siti (18751907). Se confió la regencia a su tía, la emperatriz Tsu Hi, que rigió los destinos de China, con crueldad y falta de escrúpulos, pero también con energía y actividad. Nuevas guerras con las potencias extranjeras desmembraron el imperio: China cede Indochina a Francia (1885), y Formosa a Japón (1895). En 1898 se esbozan las primeras señales de reacción, apoyadas por el Emperador, pero que fracasaron por la oposición de la Emperatriz regente. Al mismo tiempo, la actividad de las sociedades secretas, cada día más intensa, desemboca en la sublevación de los boxers (v.), que consagró la desmembración de China por las potencias. Tsu Hi comprendió, demasiado tarde, la necesidad de emprender reformas, y las inició en 1901; pero el descontento motivado por la corrupción de la corte crecía de día en día. A la muerte de Tsu Hi y del Emperador (1909), sube al trono Pu Yi, niño de dos años. La revolución ya estaba en marcha, y el 10 oct. 1911 un alzamiento núlitar en Wuchang desligaba del control de Pekín a las provincias meridionales. Débil e impotente, la dinastía M. abdicaba el 12 feb. 1912.La dinastía M. confirma una constante de la historia china: la portentosa capacidad de asimilación del país. Originaria, como otras, del área exterior, y formando, al principio, algo parecido a una casta dominadora, no tardó en identificarse con las tradiciones más autóctonas de la China milenaria. Eso sí, la corte m. tiene rasgos distintivos, como la activa política exterior, motivo al principio de expansión y luego de complicaciones, y la tendencia al fausto y a la erudición. Su conservadurismo inmovilista acabó abocándola a dos grandes peligros, de los que finalmente sería víctima: el imperialismo occidental, frente al que nunca supo oponer una política definida, y la subversión interna, fruto del malestar social y de la descomposición administrativa del anquilosado imperio.C. L. DE LA VEGA Y LUQUE.
BIBL.: F. MICHAEL, The origin of Manchu Rule in China, Baltimore 1942; A. W. HUMMEL, Eminent Chinese of the Ch’ing Period, Washington 1944, H. CDRDIER, Histoire Générale de la Chine, 4, París 1921; LIx YI, A Short History of China (18401919), Pekín 1965.
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