Mancha, la (región) GEOG.
Categoria:
Geografía
Extensa comarca de España, situada al S de la Meseta (v.). Se trata de una gran planicie formada en superficie por calizas y debajo de éstas arcillas. Hasta la Era Terciaria hubo aquí, como en toda la Meseta, un macizo montañoso de vieja formación. Los plegamientos alpinos, que se produjeron en esa época, lo encontraron ya convertido en penillanura y muy endurecido; con sus empujes lo hundieron, y la depresión así formada se rellenó con los sedimentos arrancados por la erosión a las montañas circundantes y los depositados al acabar un régimen lacustre.La planicie se prolonga al O por el Campo de Calatrava; aunque afloración del viejo macizo, afectado por las huellas del vulcanismo que siguió a los empujes alpinos, está ya arrasado. Al N sigue la misma planicie manchega con la Mesa de Ocaña, en la provincia de Toledo, y en la de Guadalajara, por la de la Alcarria. Aquella Mesa se considera la antesala o puerta hacia La M.; la Alcarria ofrece su cubierta calcárea más rota por la erosión en pequeñas Mesas, y esto le da la personalidad suficiente para desglosarla, como al Campo de Calatrava por otros motivos, de La M. propiamente dicha. La planicie prosigue hacia el S de la comarca manchega por el Campo de Montiel, igual morfológicamente, pero con calizas secundarias. Estas circunstancias de las zonas inmediatas, que ofrecen similitud morfológica y en algunos casos también petrográfica, han hecho que a veces se engloben como manchegas, en el más amplio sentido, tales comarcas circundantes.Considerada La M. en sus más estrictos límites, cabe distinguir en ella la Alta y la Baja. Los ríos atraviesan una y otra con gran pérdida de agua debido a la gran aridez de la Meseta, de la que La M. no se libra, pero también y sobre todo porque se filtra al pasar sobre las calizas. Esto da lugar a que los ríos lleguen a cortar su corriente, como en el caso del Guadiana (v.), y a que se forme un manto acuífero sobre las arcillas interiores impermeables: cuando éstas quedan al aire libre, en la parte más occidental, dan lugar a surgencias, como las de los llamados Ojos del Guadiana. Los campesinos conocen bien la existencia de ese manto, del que se benefician elevando el agua mediante pozos por numerosos lugares. Sólo el Júcar (v.), que atraviesa la parte oriental de La M. hacia el Mediterráneo, es clara excepción. Hay también mucho endorreísmo en La M.; la red fluvial es imperfecta y hay zonas que no consiguen llevar hasta ella sus escorrentías, dando lugar a charcas de aguas saladas que se secan al llegar el verano.Fue repoblada la comarca por las órdenes militares (v.), en la Edad Media. En el s. XIV algunos de sus núcleos más importantes formaron el común ayuntamiento de La M. con centro en Campo de Criptana; el común ayuntamiento se hizo provincia en el siglo siguiente. Ahora La M. Se distribuye administrativamente entre las provincias de Ciudad Real (v.), Toledo (v.), Cuenca (v.) y Albacete (v.). Su poblamiento se encuentra en núcleos que en algunos casos reúnen cada uno más de 20.000 hab. Tal es el caso de Alcázar de San Juan y Valdepeñas, en la provincia de Ciudad Real, y de Villarrobledo en la de Albacete. Se trata de centros de comercio comarcal agrícola, con alguna concentración de otros servicios, pero en los que domina, sobre todo, la población primaria, porque La M. es principalmente una comarca agrícola, de grandes propiedades destinadas al cultivo cerealista, a la vid y al olivo. Entre este paisaje agrario, los distanciados núcleos de concentrada vivienda destacan por el blanco color con que sus habitantes mantienen las fachadas como defensa frente al calor. Son las poblaciones cuyos nombres popularizó Cervantes en El Quijote.Á. CABO ALONSO.
BIBL.: M. DE TERÁN ALVAREZ, Geografía de España y Portugal, IV,1, Barcelona 1958.
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