Mammon
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Expresión usada en la Biblia para referirse a una riqueza engañosa en la que hay peligro de confiar. El griego mammonas es la trascripción del sustantivo arameo mammón en su estado enfático. Este término no aparece de forma expresa en el A. T. Sin embargo, se encuentra en el Eclesiástico (81,8; 42,9), pero no en su texto griego, sino en el hebreo que conocieron S. Jerónimo y los rabinos. Así, mientras en la versión griega, de los Setenta, se lee "una hija es para el padre una preocupación secreta" (42,9), el texto hebreo trae la siguiente lectura: "una hija es para su padre un tesoro engañoso", mammona.Por tratarse de una expresión tan raramente usada en la Biblia no es fácil precisar su significado. Parece que procede de la raíz ’mn, amen=así es, del verbo ’aman: ser estable, sólida, dar confianza, ofrecer garantía. En el Salmo 37,3, los Setenta han traducido por "riqueza" el término hebreo énitmáh, que deriva de la misma raíz y significa estabilidad, constancia, seguridad. Mammón significa, pues, cualquier cosa valiosa que ofrece garantía, solidez, en la que se puede confiar.Los libros judíos, el Talmud (v.), la Misnáh y el Targúm (v. BIBLIA VI, 4), hablan muchas veces de m.; significa no sólo dinero, sino cualquier cosa que tiene valor en sí misma. La Misnáh llama m. al bien de la vida y del cuerpo, los tesoros de más valor para el judío. El Targúm vierte la expresión bésa’ra’ de Hab 29, por m. résa’, riqueza inmoral. Así el término m. se fue desvalorizando hasta representar una riqueza que lleva al egoísmo, al pecado (Prv 15,27; Eccli 31,5-7), que corrompe a los reyes, a los sacerdotes, a los jueces.En este sentido pecaminoso prevalentemente es usado el término las cuatro veces que lo emplea el Señor (Mt 6,24; Le 16,9.1l.13). Jesucristo habla de m. no como de una realidad material, sino como de un poder personal, demoniaco, a quien llama m. injusta o de iniquidad (Le 16,9.11). En Eccli 5,8 se encuentra este mismo apelativo que se refiere, más que al modo como se ha adquirido o aumentado, al afecto desordenado con que el avaro confía en ella y parque el servicio a m. es incompatible con el servicio a Dios. Cuando Jesús dice que no podemos servir a Dios y a m. Mt 6,24; Le 16,13), usa simplemente una figura del lenguaje de entonces, personificando a m. como a un dios falso, al igual que hace S. Pablo (Philp 3,19). El hombre codicioso, al someterse a m., al darle culto, es un idólatra. "Los ideales de la gente son plata y oro", dice el Salmo 113,4. El becerro de oro no acabó en la experiencia amarga del desierto; S. Pablo tiene frases con este mismo sentido (Col 3,3; Eph 5,5).La riqueza (v.) en el A. T., en la perspectiva de la retribución (v.) temporal, era considerada como un don de Dios, un premio a la virtud. Mas con el tiempo se fue aclarando que no van siempre unidas la virtud con la riqueza, ni la iniquidad con la pobreza. A menudo los profetas tienen que levantarse contra los malos ricos, que llegan a ser sinónimos de impíos. En los Salmos se les designa con el calificativo de enemigos, adversarios; 80 veces se encuentra el término dasah: perverso, aplicado a ellos; también se les llama artífices de la iniquidad.Se considera así, desde el A. T., a la riqueza dentro de los límites de la temporalidad y caducidad, pues aunque ella no tiene en sí misma ninguna relación con el pecado, dada la fragilidad de los hombres, puede llevar al pecado; por la triple vía de la confianza en ellas, de la autosuficiencia en el que las posee y del consiguiente olvido de Dios. Las riquezas son un valor, pero un valor peligroso que acaba por enorgullecer. rsta es la lección que con toda claridad enseña Jesucristo; por eso alerta del terrible peligro que entraña para la religión y para ser libres para Dios. Si el hombre no se coloca por encima de los bienes terrenos por medio del desprendimiento (v.) del corazón, o mejor aún despojándose realmente de ellos, hará de m. un ídolo al que sacrificará todo; entonces será imposible conciliar el ser esclavo del dinero con la libertad que exige el servicio de Dios. Resumiendo, se puede afirmar que m. lleva al egoísmo, a pensar sólo en uno mismo, poniendo el corazón en la propia dicha. Y esto es lo más opuesto al ideal cristiano, que es la caridad (v.).V. t.: POBREZA; RIQUEZA.F. M. LÓPEZ MELÚS.
BIBL.: HAUCK, Mammonas, en TWNT IV,390-392; F. M. LóPEZ MELÚS, Pobreza y riqueza en los Evangelios, Madrid 1963, 157-169.
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