Magrib (al-magrib) II. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
Esta zona estuvo ya habitada en épocas prehistóricas, como lo demuestra la existencia de dólmenes, menhires, cromlechs, etc., especialmente abundantes en Argelia; empezó a tener importancia a partir de las invasiones fenicias. En el s. IX a. C., un grupo de colonos emigrados de Tiro fundó Cartago (v.; al S de la actual Túnez) que, por su situación privilegiada, entre ambas cuencas del Mediterráneo, se convirtió pronto en una gran potencia marítima. Con el crecimiento de Roma, el enfrentamiento entre ambos Estados fue inevitable, y tuvo como consecuencia las Guerras púnicas (v.), que terminaron con el poderío cartaginés. Con los restos del territorio púnico, Roma formó la provincia africana, sometida a tres regímenes diferentes: la proconsular senatorial comprendía Tripolitania, Tunicia y parte de Argelia. Numidia (v.) se transformó en una provincia militar independiente, bajo un legado que gobernaba en nombre del príncipe local. Las Mauritania Cesariana y Tingitana eran gobernadas por procuradores que dependían directamente del Emperador (v. MAURITANIA II). Con la ocupación romana, el M. se convirtió en un país agrícola exportador de trigo. El cristianismo encontró aquí un terreno favorable, surgiendo las relevantes figuras de Tertuliano (v.) y S. Agustín (v.).Al producirse las invasiones germánicas, los vándalos (v.) instalados en España, bajo el empuje visigodo, pasaron a África (429), donde su rey Genserico constituyó un imperio que abarcaba, además del Norte de Tunicia y Nordeste de Argelia, las islas del Mediterráneo occidental. En el s. VI, el emperador bizantino Justiniano envió contra ellos una expedición que se apoderó de Cartago, con lo cual este reino pasó a depender del Imperio bizantino. Las tribus beréberes (v.), aprovechando la lejanía de Bizancio, intentaron organizar el territorio por sus propios medios, bajo la dirección de funcionarios bizantinos, pero esta evolución hacia la creación de un Estado beréber fue rota por la invasión de los árabes.Durante los cuatro siglos que los árabes dominaron el M. (647-1060), la paz nunca estuvo asegurada, si bien en conjunto mejoró la situación de la población. La instauración del califato abbasí de Bagdad favoreció la creación de Estados autónomos en el M. En Marruecos, se establecieron los Idrisíes (728-922), que fundaron Fez; en Argelia, los Rustemíes crearon cerca de Tiáret un reino teocrático. Hasta fines del s. X, la historia del M. estuvo dominada por la rivalidad entre los agricultores sedentarios (sanhadjas) y los pastores nómadas o trashumantes (zánatas). En el s. XI, surgió el Imperio almorávide que, por su santidad y disciplina, arrastró a tribus nómadas y negras que se apoderaron de Marruecos; su jefe, Yúsuf b. Tásfin, fundó Marrakech y extendió sus dominios hasta Argel. Posteriormente, los almorávides (v.) pasaron a España. Un siglo después, surgieron unos nuevos campeones del islamismo: los almohades (v.), que pronto ocuparon los territorios almorávides. El Imperio almohade, que formó un todo homogéneo de 1160 a 1212, ha dejado muestras de un arte en el que se mezclan las influencias orientales y las tradiciones andaluzas, siendo de esta época los más importantes monumentos de Marruecos (v. MARRUECOS VII).A partir del s. XIII, las discordias internas iniciaron la decadencia de este imperio. El gobernador hafsí de Ifrígiya se declaró independiente y creó el reino hafsí de Túnez (v. TÚNEZ IV), y el emir de Tremecén el reino zánata de `Abd al-Wad (1236), al que pusieron fin los Mariníes apoderándose de Tremecén, donde permanecieron hasta 1359. Estos últimos (v. BENIMERINES), pertenecientes a una tribu de los beréberes zánatas, tomaron más tarde Marrakech (1269) y trataron de reconstruir el Imperio hispano-mogrebí de los almorávides y almohades. Estas tres dinastías estuvieron en lucha continua durante los s. XIV y XV. En el s. XV, la descomposición interna del M. favoreció las invasiones europeas. Los portugueses se establecieron en la costa atlántica, y los españoles en el litoral argelino y tunecino (Orán, Bugía, La Goleta). Con el fin de proteger el área de influencia islámica de las presiones ejercidas por la cristiandad, una expedición turca al mando de los Barbarroja intervino en el M. tomando Argel (1516) que, junto con Túnez, se convirtió en base de una fructuosa piratería. Desde entonces, en un ambiente de revueltas y luchas civiles, se gestan los tres grupos político-territoriales de Marruecos, Argelia y Túnez, que hasta el s. XIX dependieron de Turquía.En 1815, las posesiones europeas en África eran ya muy numerosas. En 1830, los franceses iniciaron su campaña en Argel, cuya zona norte quedó sometida tras la rendición del emir `Abd al-Qádir en 1847. En Túnez, el estado ruinoso de la economía facilitó la intervención francesa y, mediante el tratado de Bardo (1881) y la convención de Marsa (1883), se instauró un régimen de protectorado, que de hecho aseguraba el poder a Francia. El Imperio de Marruecos, a pesar de sus revueltas, constituiría todavía un organismo fuerte, independiente, pero después de los acuerdos mediterráneos de 1900 y 1904, Francia, deseando extender sus dominios, ejerció sus derechos, y tras una serie de incidencias se formó un protectorado franco-español (1912), por el que Francia se reservaba la mejor zona del territorio de Marruecos. Tánger recibió un régimen internacional. Durante la última Guerra mundial, el M. se vio nuevamente afectado con el desembarco de las tropas norteamericanas en los puertos marroquíes y argelinos. Túnez fue ocupada primero por los alemanes y recuperada por los aliados en mayo de 1943. Después de una serie de conflictos, los tres países componentes del M. obtuvieron su independencia. El 2 mar. 1956 París reconoció la independencia de Marruecos, que en abril se posesionó también de la llamada zona española (con excepción de Ceuta y Melilla). El 20 de marzo del mismo año se independizó Túnez, y el 5 jul. 1962 Argelia.V. t.: ARGELIA III y IV; MARRUECOS III y IV; TÚNEZ IV y V.M. C. MAÑÁ JUAN.
BIBL.: CH. JULIEN, Histoire de l’Afrique, 5 ed. París 1955; R. y M. CORNEVIN, Historia de África, Bilbao 1969; H. BAUMANN y D. WESTERMANN, Les peuples et les civilisations de l’Afrique, París 1957; CH. COURTOis, Los vándalos y África, Madrid 1955.
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