Luis XVIII de Francia
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Biografía GER
Rey de la casa Borbón con el que se inicia el periodo de la Restauración en Francia y cuyo reinado abarca desde 1814 hasta 1824 (v. FRANCIA V).Después de la abdicación de Napoleón (v.) y de su destierro a la isla de Santa Elena, las potencias europeas, a instancias de Talleyrand (v.), acordaron restaurar, en nombre de la legitimidad, a los Borbones en el trono de Francia. El heredero legítimo de Luis XVI era su hermano el conde de Provenza, que tomó el nombre de Luis XVIII.Louis-Stanislas-Xavier, conde de Provenza, tercer hijo del Delfín Luis XV y de María Josefa de Sajonia, n. en Versalles el 17 nov. 1755. De gran corpulencia y con un defecto de formación en las caderas, le era sumamente difícil moverse con soltura. Su frente despejada, sus cabellos empolvados y sus ojos azules, contribuían a dar a su figura un digno porte real. La casi total inmovilidad a la que estaba condenado le había ayudado a adquirir una formación erudita. Su educación fue encomendada al duque de La Vauguyon, pero su inclinación era hacia Voltaire y los enciclopedistas. El 14 mayo 1771 contrajo matrimonio con Luisa-María-]osefina de Saboya.Los años de exilio. Tomó parte activa en la política durante el reinado de Luis XVI y, durante la Revolución, permaneció en París, aun después de la toma de la Bastilla, seguramente por razones de ambición. Sin embargo, en junio de 1791 tuvo que huir hacia Bruselas, donde junto con el conde de Artois se dirigió a Coblenza, que se había constituido en cuartel general de la emigración. Desde allí trabajó incansablemente solicitando ayuda de las cortes europeas. Después de la victoria de las fuerzas de la Revolución francesa en Valmy (1792) tuvo que retirarse a Westfalia y se proclamó regente, a la muerte de Luis XVI (1793). Marchó después a Verona, donde continuó sus intrigas para dirigir una reacción de los realistas franceses. En esta ciudad, a la muerte de su hermano Luis XVII (8 jun 1795), tomó el título de Luis XVIII. Recorrió más tarde otras ciudades como Blankenberg, Mitau y Varsovia, hasta que por fin fijó su residencia en Inglaterra (1807), primero en Gosfield (condado de Essex) y luego en Hartwell (condado de Buckingham).Derrotado Napoleón (v.) en 1813, las esperanzas de los realistas volvieron a tomar fuerza, y L. lanzó una proclama en la que prometía respetar los avances conseguidos por la Revolución. Sin embargo, el Senado no estaba dispuesto a aceptar ninguna autoridad que no emanase de él mismo, afirmando que no reconocería a Luis XVIII hasta que no jurase la Constitución. Mientras tanto, se le otorgarían poderes al conde de Artois, hermano del rey, para que ocupase el trono en calidad de lugarteniente del reino. L., en una actitud muy digna, declaró que no quería comprometer el futuro de la monarquía sin haber conocido por sí mismo la situación de su país.El comienzo de su reinado. El 19 abr. 1814 abandonó el monarca el castillo de Hartwell y, el 4 mayo de ese mismo año, entró en París, no sin haber prometido antes, en la declaración de Saint Ouen, que garantizaría una Constitución para la nación. Efectivamente, una de las tareas que emprendió primero el rey fue la redacción de una Constitución que, discutida por una comisión de senadores y diputados, fue aprobada en el mes de junio. Se puede decir que la Carta de 1814 es obra de Luis XVIII. Él supo sortear la exigencia del Senado que le imponía, como condición para su investidura, una Constitución que subordinase su autoridad a la de la nación. La Carta constitucional era como un acto unilateral de la corona y constituía una victoria para ella. Este documento confirmaba las libertades individuales e instauraba en Francia el sistema de la monarquía constitucional. Casi al mismo tiempo, Talleyrand había conseguido firmar un tratado de paz con las potencias aliadas.Al comenzar su reinado, Luis XVIII se encontró con una Francia muy dividida. Por una parte los liberales, integrados por burgueses comerciantes e industriales, descontentos ante la perspectiva de saberse dueños de una privilegiada situación económica, pero, a la vez, un tanto desplazados de la alta sociedad a la que querían pertenecer; los intelectuales, demasiado influidos por la Revolución, y los militares, muchos de ellos apartados del servicio activo, que añoraban los tiempos de gloria bajo la bandera napoleónica. De otro lado, los conservadores -reaccionarios o ultramonárquicos-, la nobleza y la gente que añoraba el Antiguo Régimen, y cuya gran mayoría había emigrado de Francia y volvía ahora dispuesta a recuperar los privilegios perdidos y con ansia de venganza. En medio de estos dos grupos, el pueblo, en general indiferente a la política, perci que. conservaba una tradicional raigambre monárquica.Los Cien Días. A los pocos meses de haber sido implantada la Restauración en Francia (26 feb. 1815) reaparece en escena súbitamente Napoleón. Los cien días de su fugaz retorno obligan de nuevo al rey a huir a Gante. Después de la definitiva derrota de Bonaparte en Waterloo (v.; 7 de junio) los aliados volvían a ocupar París y facilitaban por segunda vez el acceso al trono a Luis XVIII, comenzando lo que algunos autores han llamado la segunda Restauración.La línea política de Luis XVIII. La política que desde un principio quiso llevar a cabo Luis XVIII se basó en un trato de igualdad para los que habían servido a Napoleón y para los que habían permanecido fieles a los Borbones. Union et oubli era su lema. Pero si en la administración la depuración no fue de una gran importancia, no ocurrió lo mismo con el ejército. Más de 300.000 hombres fueron enviados a sus casas. Muchos oficiales quedaron apartados del servicio activo, asegurándoseles sólo la mitad de su sueldo. Por otra parte, la creación de las casas militar y civil, con los consiguientes privilegios a la nobleza, que también fueron concedidos al clero, contribuyó a que se diese la impresión de vuelta al Antiguo Régimen. Otra cuestión que agravó esta actitud fue la ley por la que se restituía a sus antiguos propietarios los bienes nacionales que habían sido adquiridos durante le égida de Napoleón. Todo ello contribuyó a crear un clima de descontento que cuajaría en la formación del partido liberal opuesto al régimen.Los ultramonárquicos, por su parte, irritados por la actitud conciliadora que manifestaba el rey y que ellos tomaban como una traición, se lanzaron a toda clase de tropelías contra los liberales, dando lugar al sangriento periodo conocido en la historia con el nombre de Terror Blanco. Por fin consiguieron convencer a Luis XVIII para que proscribiese a cerca de 60 personajes que se habían puesto al lado de Napoleón durante los Cien Días, e incluso algunos de ellos fueron fusilados, como el mariscal Ney, que a pesar de haber prestado juramento de fidelidad a los Borbones, en dicho momento se puso al lado del Emperador con 6.000 hombres. Donde el Terror Blanco adquirió más fuerza fue en el Mediodía, y fue necesario enviar un ejército para restablecer el orden y la seguridad.Los ultrarrealistas en el poder. En agosto de 1815 tuvieron lugar las elecciones para el nuevo Parlamento francés. El resultado fue una aplastante victoria de los ultrarrealistas, más conservadores que el mismo rey. Esto sólo puede explicarse si se tiene en cuenta la masiva abstención de los liberales a la votación, atemorizados quizá por las represiones del Terror Blanco. Los monárquicos de tinte liberal, Talleyrand y Fouché (v.), que hasta entonces habían jugado un papel de primera importancia en la política francesa, fueron expulsados de sus cargos ministeriales. La Cámara elegida, que tomó el nombre de Chambre introuvable por ser más monárquica que el mismo monarca, llevó a cabo una política totalmente conservadora.Los deseos del rey, de obtener de las potencias europeas las mejores condiciones de paz, le llevaron a encargar al duque de Richelieu la formación de Gobierno. Pero la tendencia conciliadora que en todo momento, a lo largo de su reinado, quiso poner de manifiesto Luis XVIII, le hizo disolver la Cámara en septiembre de 1816 y convocar nuevas elecciones. Los monárquicos moderados, cuya actitud mediatizadora coincidía con la del rey, obtuvieron esta vez la mayoría. A ambos extremos, los ultrarrealistas y los liberales constituían dos minorías batalladoras.Periodo de gobierno moderado. La política de este periodo, que duró hasta 1820, consiguió importantes logros. Uno de los proyectos más importantes que se votaron fue el de la ley electoral. A partir de entonces, podrían votar todos los ciudadanos que hubiesen cumplido los 30 años y que pagasen 300 francos anuales de impuestos directos, en vez de los l.000 que se exigían antes. Este nuevo sistema dio pronto ventaja a la izquierda, que en las elecciones parciales de septiembre de 1817 adquirió la fuerza suficiente como para formular exigencias. Se aprobó una nueva Ley de prensa que otorgaba mayor libertad, y una Ley militar que se basaba en el principio del servicio militar obligatorio. Se logró también saldar la deuda con las potencias extranjeras, que ocupaban el suelo francés desde la caída del Imperio.Comprobada la incompatibilidad del primer ministro Richelieu con Decazes, favorito de Luis XVIII, aquél presentó su dimisión. Desolles fue encargado de sustituirle, pero en realidad sería el mismo Decazes quien, desde el Ministerio del Interior y de la Policía, llevaría las riendas del gobierno. Éste se vio pronto interrumpido por una circunstancia extraparlamentaria. El 13 feb. 1820 fue asesinado el duque de Berry cuando asistía a una sesión de teatro. No pudo demostrarse que el asesino, un fanático liberal llamado Louvel, hubiese sido movido por los hilos de una conspiración; sin embargo, una ola de indignación popular arrastró de nuevo al poder a los ultramonárquicos, que volvieron a implantar una política de reacción y represión. A partir de este momento, no hubo más que dos partidos: el de los realistas y el de los liberales.Segundo periodo de gobierno ultrarrealista. De nuevo Richelieu es llamado para formar gobierno, y durante su segundo ministerio se llevan a cabo medidas dirigidas a debilitar a la izquierda. Se aprobó la Ley del doble voto, por la que se concedían mayores posibilidades a los realistas para acceder a la Cámara. Se restableció la censura de prensa. Se suspendieron las garantías de la Carta sobre las libertades individuales y se concedieron facilidades al clero para que ejerciese una mayor influencia sobre la enseñanza. Ante la imposibilidad de actuar por la vía legal, los liberales se lanzaron a la acción insurreccional. Desde 1820 hasta 1823, se suceden una serie de conspiraciones organizadas en el seno de sociedades secretas, tales como la de los Caballeros de la Libertad y de la Carbonería (v. CARBONARIOS). Pero la falta de organización, más que la labor de la policía, hace que estos levantamientos no tengan éxito. En 1823, presionado por los ultras y respaldado por las potencias de la Santa Alianza, Luis XVIII envía una expedición a España para restaurar el gobierno absoluto de Fernando VII (v.).Los últimos años de su reinado. Luis XVIII no parecía ya ocuparse de otra cosa que de terminar en paz su reinado. Los asuntos de gobierno los había dejado bajo la dirección de su hermano y de Villéle. En el verano de 1824, la salud del rey empeoró notablemente y la gangrena le inutilizó totalmente las piernas. El 13 de septiembre Luis XVIII recibió los Santos Sacramentos y, tres días más tarde, a las cuatro de la mañana, se extinguía la vida del último rey de Francia que moría en su trono.El viejo monarca acabó sus días en una Francia pacificada, próspera e independiente. Efectivamente, si el reinado de Luis XVIII no puede destacarse por espectaculares logros en cuanto a política exterior se refiere, sí es cierto que supo estabilizar un régimen cuando su país atravesaba uno de los momentos más difíciles de su historia. A pesar de que carecía de políticos de gran talla, tuvo la suficiente habilidad para cumplir con dignidad los 10 años de reinado, que se había inaugurado con los peores desastres y convulsiones.R. SÁNCHEZ MANTERO.
BIBL.: C. J. H. HAYES, Historia política y cultural de la Europa moderna, 1, Barcelona 1953; F. PONTEIL, L’Éveil des Nationalités et le Mouvement Libéral, París 1960; A. MAUROIS, Historia de Francia, Barcelona 1962; G. DE BERTIER DE SAUVIGNY, La Restauration, 2 ed. París 1963; J. LUCAS-DUBRETON, Louis XVIII, París 1952.
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