Louvre, Museo Del ARTE
Categoria:
Arte
El Louvre, Palacio y Museo. El L., antiguo palacio de los reyes de Francia, se ha convertido durante el s. XIX en uno de los museos más importantes del mundo, por el número de obras maestras que conserva, y de los más "universales" por la variedad de épocas, formas y técnicas representadas.Construido a fines del s. XII, el castillo del L. fue primero la fortaleza, situada en la orilla del Sena, que defendía los accesos occidentales de París. Dos siglos después Carlos V de Francia, humanista y bibliófilo, lo elegía para instalar sus colecciones. Francisco I decidió transformar el L. en palacio al estilo italiano, después de derribar el torreón medieval (1527). Pocos meses antes de su muerte, encargó al arquitecto Lescot (v.) un nuevo edificio de planta cuadrada, alrededor de un patio central (Cour carrée), cuya construcción duró más de un siglo. Con Lescot colaboró el escultor l. Goujon (v.). Allí residió la Corte a partir de Enrique Il. Pero las guerras civiles paralizaron las obras durante 40 años, y al restablecer la paz en 1598, Enrique I V orientó sus esfuerzos en otra dirección, continuando la galería iniciada en 1566 por Catalina de Médicis, para reunir el L., a lo largo del río, con el nuevo palacio extramuros de las Tullerías (Galerie du Bord de I’Eau, terminada en 1608).Las obras del palacio se reanudaron en 1624, cuando Luis XIII encargó a l. Lemercier (v.) la ampliación del plan primitivo (tal vez ideada ya por Enrique II), cuadruplicando el patio, edificando el alto Pabellón del Reloj como centro de la nueva fachada occidental, pero respetando escrupulosamente el estilo de Lescot. En los primeros años del reinado de Luis XIV, Le Vau (v.) construyó los cuerpos sudeste, este y norte (1660-68), y la fachada oriental se completó por la majestuosa, pero incómoda, columnata de C. Perrault (v.; 1667-80).Pero fue en la misma época cuando Luis XIV trasladaba su capital a Versalles. Durante el s. XVIII el L., abandonado por la Corte (y todavía incompletamente cubierto), sirvió sólo para alojamiento de artistas y celebración de exposiciones de pintura. La Dirección de Bellas Artes proyectaba la creación de un Museum público que reuniría una selección de las colecciones reales dispersas entre varios palacios. Pero la realización perteneció a la Revolución francesa; la Asamblea Constituyente la decidió en 1791, y el nuevo Museo se abrió en el otoño de 1793.Al fijar su residencia en las Tullerías y abrir la calle Rivoli al norte del L., Napoleón quiso unir también por este lado ambos palacios: así nació el "Nuevo L.", iniciado por sus arquitectos Percier y Fontaine. Durante el segundo Imperio, Lefuel terminó este enlace septentrional y renovó totalmente el meridional en un estilo lujoso y pesado (1852-57). Pero el incendio de ras Tullerías por la Comuna en mayo de 1871 y el derribo de sus ruinas en 1886, les quitaron su significación arquitectónica. En cambio, el efecto estético del L., encuadrado entre dos largas alas que terminan con los pabellones de Marsan al N, de Flora al S, ganó mucho, con la incomparable perspectiva que se abre sin obstáculos por los jardines del Carrousel y de las Tullerías, hacia los Campos Elíseos y el arco triunfal de I’Étoile.Mientras tanto, el Museo había crecido de manera casi vertiginosa. Su núcleo primitivo había sido el "Gabinete del Rey", construido por Francisco I, que mandó a su pintor Primaticcio a Italia, a comprar antigüedades, y supo reunir un grupo excepcional de obras maestras de Leonardo, Rafael y Tiziano. Luis XIV y sus sucesores, así como Napoleón, enriquecieron los fondos del Museo, en el que se depositaron numerosas colecciones adquiridas por el Estado a partir del s. XIX.Colecciones. a) Arte Antiguo. La riqueza del L. en obras de los países mediterráneos y del Asia occidental, que ocupan gran parte del antiguo L., especialmente en la planta baja, es uno de sus rasgos diferenciales. Las excavaciones de Champollion (v.) y Mariette, continuadas en tiempos más recientes por las del Inst. Francés de Arqueología de El Cairo, proporcionaron al L. numerosas obras, que ponen de manifiesto la continuidad del arte egipcio desde la protohistoria hasta el arte cristiano de los coptos, y que dan tal vez la idea más completa de la civilización egipcia que se pueda conseguir fuera de Egipto. De igual importancia histórica y estética son las antigüedades orientales, reunidas en Oriente Medio por investigadores franceses durante los s. XIX y XX, especialmente en Mesopotamia y Persia; predominan las estatuas y relieves de carácter monumental y militar.Más heterogéneo en su procedencia histórica y geográfica, el departamento de antigüedades grecorromanas posee entre sus muchas esculturas griegas muestras importantísimas del arte monumental arcaico (templo de Zeus en Olimpia) o clásico (fragmentos del friso de las Panateneas en el Partenón), y estatuas helenísticas de fama mundial (Venus de Milo, Victoria de Samotracia). Pero también la colección de cerámica es una de las más completas en el mundo y tienen gran importancia las salas de arte etrusco (Sepulcro de Caere, pinturas, joyas), retratos romanos y arte paleocristiano.b) Escultura medieval y moderna. Los departamentos de escultura medieval y moderna y de objetos de arte son de una gran riqueza. Sólo se pueden subrayar algunos aspectos: la importante representación de la escultura italiana renacentista con obras maestras de Miguel Ángel (Esclavos destinados al sepulcro de julio II) ya en Francia desde el s. xvi, lo mismo que la Ninfa de Fontainebleau de Cellini, ejecutada para Francisco I; la representación "europea" (Italia, España, Flandes, Alemania, al lado de Francia) muy sugestiva, de orfebrerías, esmaltes, cerámica, tapices de la Edad Media y del Renacimiento; la instalación ampliada y hoy perfecta de la escultura francesa gracias a las nuevas salas del Pabellón de Flora.Al núcleo inicial de obras góticas y renacentistas procedentes de iglesias parisinas y recogidas por Alexandre Lenoir durante la Revolución en su efímero museo de los Monumentos franceses, se añadieron tantas adquisiciones en toda Francia que el L. presenta hoy un auténtico panorama de la escultura francesa desde la época románica. A partir del Renacimiento la continuidad es total. De Coysevox a Houdon se llega hasta los mejores maestros del s. XIX, excluyendo a Rodin, que tiene su museo propio en el Hótel Biron. De la misma manera, se sigue en las numerosas salas decorativas la evolución del mueble y del tapiz a partir de Luis XIV, especialmente a través de obras maestras de ebanistas célebres, que proceden, como las pocas conservadas, pero espectaculares "joyas de la corona", de las colecciones reales.c) Pintura. En la sección de pintura, figuran todas las escuelas europeas, en un conjunto bastante equilibrado, pero naturalmente con matices. Entre las extranjeras destaca en primer lugar la italiana, y ante todo por la pintura del Alto Renacimiento. Aunque se exhiban obras muy hermosas de primitivos (Giotto, Cimabue) o de cuatrocentistas (Uccello, Fra Angelico, Mantegna, Botticelli, etc.), nada puede competir con el grupo tan denso de Vinci (cuatro pinturas, entre las cuales la Gioconda), Rafael (Bella jardinera, Sagrada familia de Francisco l, Baltasar Castiglione), Tiziano (Retrato de Francisco I, fúpiter y Antiope, Santo Entierro, etc.), Correggio, Andrea del Sarto, etc., en su mayor parte reunido por Francisco l. Y además de Tiziano, Venecia tiene una espléndida representación de sus maestros mayores: Bellini, Giorgione, Tintoretto, Veronés; culmina éste con el cuadro monumental de las Bodas de Caná.Inmediatamente después, se sitúan Flandes y Holanda con un conjunto muy escogido y nutrido de primitivos: Van Eyck con la Virgen del canciller Rolin, Memling, Metsys, Gerard David, etc., con un hermoso conjunto de Rubens (Helene Fourment, Fiesta aldeana), Van Dyck (Carlos I de cazador), Jordaens y sobre todo la excepcional decoración de la Galería de Luxemburgo: 21 composiciones pintadas por Rubens de 1622 a 1625, para exaltar en un plan a la vez histórico y mitológico, a la reina María de Médicis. En cuanto a Holanda, a pesar de la abundancia y calidad de la pintura de género o de paisaje, palidece al lado de la Gitana de Frans Hals, y sobre todo del grupo tan diverso y magnífico de Rembrandt (Autorretrato, Betsabé, Discípulos de Emaús, etc.).Si la escuela alemana y la inglesa figuran con obras de alta calidad, pero poco numerosas (Alemania con retratos de Durero y Holbein, Inglaterra con retratos de Gainsborough y paisajes románticos de Constable, Bonington y Turner), en cambio la española, que apenas existía en el L. durante la primera mitad del s. XIX (fue efímero el hermoso Museo Español construido por Luis Felipe y expuesto entre 1838 y 1848), se enriqueció constantemente a través de donativos y adquisiciones sistemáticas. A las obras de El Greco, Ribera, Zurbarán y Murillo, procedentes de las colecciones Soult y Luis Felipe, se añadieron recientemente obras tan representativas como las Escenas de la vida de San Buenaventura, de Herrera, el extraordinario cuadro religioso de Carreño: la Fundación de la Orden Trinitaria, el Autorretrato de Meléndez o la Marquesa de la Solana de Goya, alcanzando ahora el fondo español un centenar de obras.La pintura francesa, la más abundante como es natural, desarrolla su historia en dos series, divididas entre el piso principal y el ático. Desde 1969, la Gran Galería va dedicada en su mayor parte a presentar, en un plan majestuoso y ordenado, la pintura del s. XV al XVIII, en sus distintas etapas: primitivos (Malouel, Fouquet, Piedad de Villeneuve, etc.), escuela de Fontainebleau (v.) y retratos (Clouet) del s. XVI; pintores religiosos y realistas de la primera mitad del s. XVII (Tournier, Georges de La Tour, los Le Nain, Champaigne, Baugin); pintores humanistas de Roma (Poussin, Claudio de Lorena) o de París (Vouet, Lesueur), para llegar a los pintores cortesanos y retratistas de Luis XIV (Le Brun, Mignard, etc.). Después el s. XVIII aparece en tono menor con su variedad y calidad técnicas, desde las "fiestas galantes" de la Regencia (Watteau, Lancret) y la mitología galante de Boucher, hasta el arte recogido y grave de Chardin, sentimental (Greuze, Fragonard) o antiquizante y pintoresco de fines del siglo (loseph Vernet, Hubert Robert) y el constante valor de sus retratistas humanos (Largilliére, Tocqué, Aved, Nattier, etc.).Dos grandes salas paralelas a la galería reúnen las pinturas de historia y los grandes retratos más célebres de la primera mitad del siglo, una dedicada a los maestros neoclásicos de la Revolución y del Imperio, con David (los Horacios, la Consagración de Napoleón, etc.), Gros (Bonaparte visitando los apestados, etc.), Ingres (Triunfo de Homero, etc.), Prud’hon (La justicia y la Venganza); la otra, magníficamente romántica con La balsa del Medusa de Géricault, las obras maestras de Delacroix (La barca de Dante, La muerte de Sardanápalo, etc.), terminando con los grandes "panoramas" realistas y épicos de Courbet (El entierro de Ornans y El estudio del pintor).Pero en el ático del "Antiguo L.", otra serie de salas no menos esenciales, pero más íntimas por el tamaño y los temas, ponen de manifiesto la extraordinaria riqueza de la pintura francesa del s. XIX, aun en su primera mitad. Proceden en su mayor parte de colecciones particulares. Al lado de muchos pequeños románticos, figuran obras de género, bocetos y sobre todo paisajes de maestros de primer orden como Ingres, Delacroix, Daumier, los "solitarios" de Barbizon (Rousseau, Millet) y sobre todo Corot. En cuanto a la etapa ulterior de la pintura francesa (Manet y sus amigos, Degas, Monet y Renoir, Cézanne, Gauguin y Van Gogh) no se ve ya en el L., sino en la extremidad opuesta de los jardines de las Tullerías, en el pabellón del Jeu de Paume. El Museo del Impresionismo, reorganizado después de la guerra como dependencia autónoma del L., es un buen ejemplo de presentación moderna, a la vez amena y didáctica.Por fin se debe subrayar la excepcional importancia del Gabinete de Dibujos, creado ya bajo Luis XIV y constantemente ampliado, que posee hoy unos 90.000 dibujos de todas las escuelas. Su reciente traslado del "Antiguo L." al Pabellón de Flora, permitió la exposición permanente de una selección de acuarelas y pasteles franceses. Una sala de retratos de los s. XVII y xvlil (Nanteuil, La Tour, etc.) precede a un conjunto deslumbrante de Delacroix, Manet, Renoir y Redon.PAUL GUINARD.
BIBL.: L. HAUTECOUR, Histoire du Louvre: le cháteau, le palais, le Musée, París 1928; M. FLORISOONE, Les grandes périodes de I’histoire de l’art au Musée du Louvre, París 1955; J. CHARBONNEAUX, Les Merveilles du Louvre, París, 2 vol., 1958; M. SERULLAZ, Les chefs d’oeuvre de la peinture du Louvre, París 1960; M. BARRELLE, G. HUBERT y C. RESSORT, Le Musée du Louvre: guide général, París 1970; G. BAZIN, El Museo del Louvre, Barcelona 1967; J. CHATELAIN, El Museo del Louvre, Madrid 1968.
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