Lorena (lorraine) II. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
En la Prehistoria, la aparición del hombre debió ser tardía por las características poco favorables del suelo; pero de cualquier modo, en el Neolítico se asentaron ya tribus ligures y celtas, primero, y belgas, más tarde, que ocuparon el territorio con tres de sus tribus, los treviros, los mediomatricos y los seucos. Sometidos por César sin resistencia, la romanización fue intensa, como lo demuestran sus ciudades florecientes: Augusta Treviororum (actual Tréveris), Divodurum (Metz) y Nasium (Naix). Con el Edicto de Milán, a comienzos del s. IV, se extendió por la L. el cristianismo, fundándose los obispados de Metz, Verdún, Tréveris y Toul.A partir de loss del s. VI, y hasta los comienzos del s. X, L. formó parte del reino franco de Austrasia (v.), que tenía a Metz como capital y cuyo primer rey fue Teodorico (v.), hijo de Clodoveo. Con el adveniIniento de los pipínidas, los dos reinos francos se fundieron y fue más visible entonces la importancia estratégica de la L. Por el tratado de Verdún (843; v.), la L. correspondió a Lotario I y sus sucesores, que llegaron a dominar toda la zona comprendida entre los Alpes, el jura, el Mosa, el Escalda y el Rin, región que recibía de este rey su nombre de Lotaringia. El dominio de los francónidas no fue muy duradero; a la muerte de Lotario II el país cayó en la anarquía feudal, agravada por las incursiones normandas, hasta el 925 en que el rey de Alemania, Enrique I el Pajarero, sometió la Lotaringia y la convirtió en un ducado, traspasándola así a la órbita del Sacro Imperio Romano Germánico. En la etapa franca, el país había visto la expansión monástica (centros en Prüm, Saint-Mihiel y Remiremont) y había cooperado al renacimiento carolino con hombres como Crodegango en Metz y Smaragdo en Saint-Mihiel.El primer duque alemán fue Giselberto, destituido por rebeldía, al que siguieron distintos señores entre los que descolló, por su energía, el arzobispo de Colonia, Brunon, autor también de la división del país en Alta y Baja Lotaringia, quedando L. como elemento constitutivo de la primera. En la nueva situación, los primeros duques fueron Federico I, Teodorico y Federico II, de la dinastía de Ardenne-Bar, que gobernaron hasta el comienzo del s. XI; y, después de un cambio dinástico a favor de la casa de Verdún, el emperador Enrique III concedió el poder hereditario a Gerardo de Alsacia.A lo largo de los s. XII y XIII, el desmembramiento feudal, bajo la casa de Alsacia, originó diversos principados, como el ducado de L. propiamente dicho (entre los Vosgos y el Mosa), los ducados de Bar y Luxemburgo, el arzobispado de Tréveris, los obispados autónomos de Metz, Toul, Verdún y el principado de Saar. Mientras la hegemonía del Emperador es aceptada, la corona francesa comienza a planear una posible anexión, especialmente con Felipe II el Atrevido y Felipe IV el Hermoso (v.). Este último consiguió anexionarse algunos territorios del ducado, por su matrimonio con Juana de Champagne, e imponer su soberanía a los pequeños obispados, ayudado en general por la simpatía de los feudales, que preferían la órbita francesa a la dependencia imperial (tratado de Bruges de 1301). Estas reacciones francófilas de la nobleza continuaron, pese a la publicación (en Metz) de la Bula de Oro del emperador Carlos IV (1357), hasta el punto de que algunos duques intervinieron a favor de la casa de Borgoña en su lucha contra los armagnacs (v.).En 1431, el ducado de L. se anexionó el de Bar, por el matrimonio de Isabel de Lorena con Renato I de Anjou, heredero de Bar, iniciándose así una nueva dinastía, la angevina (v. ANIOU, CASA DE), bajo la que se aumentará la tendencia a desligarse de los lazos con el Imperio y a conseguir la independencia. Este deseo se hizo realidad por el tratado de Nuremberg de 1542. Los duques de L. cooperaron con Luis XI en su lucha contra la casa de Borgoña, pero se mantuvieron al margen de las guerras de religión, al menos hasta 1588, en que el duque Carlos III se adhirió a la "Liga católica" como reacción ante el asesinato de los Guisa, que eran sus parientes. Esta política neutralista, que proporcionó a L. la más completa etapa de independencia, no fue continuada por Carlos IV. Por el contrario, su enfrentamiento con Luis XIII y Richelieu, y posteriormente con Luis XIV, provocó la invasión frecuente del territorio por tropas francesas.Después de la paz de Ryswick (1697), recibió el ducado Leopoldo, que volvió a la neutralidad tradicional puesta a prueba en la guerra de Sucesión española. Por el tratado de Viena (1738), Francia y Austria convinieron que el pretendiente al trono polaco, Stanislao Leszczynski, renunciase a sus derechos en Polonia y aceptase el ducado de L. como compensación (el tratado de Viena había puesto fin a la guerra motivada por el problema de la sucesión polaca) y que, a su muerte, L. sería definitivamente adscrita a la corona francesa. El duque de L., Francisco III, recibió a su vez, como compensación por su "expulsión", el gran ducado de Toscana. En 1766, y según este tratado, L. fue anexionada, y dividida por la Constituyente de 1791 en los departamentos señalados al comienzo.El final de la evolución histórica lorenesa está marcado por su participación en las Guerras mundiales como territorio clave. A pesar de que, en el reparto del congreso de Viena (1815), Prusia tomó algunas plazas de L., la ocupación no llegó hasta la Guerra franco-prusiana de 1870 en que fue invadida totalmente. Por el tratado de Francfort, Prusia se apoderó de una tercera parte del país (capital en Metz) con la que formó, uniéndola a Alsacia (v.), un Reichsland, dotado en 1911 de una ligera autonomía, mientras los otros dos tercios se identificaban con la historia francesa. Invadida por segunda vez en la I Guerra mundial (1914), Francia la recuperó por el tratado de Versalles, exceptuando el sector carbonífero del Sarre que se adhirió voluntariamente a Alemania mediante plebiscito, en 1935. Las presiones alemanas del nacionalsocialismo lograron la plena anexión del Sarre y, con la II Guerra mundial, una vez más, toda la L. fue invadida quedando bajo el dominio directo de Alemania hasta la firma de la paz por la que nuevamente volvía a reintegrarse en Francia, con la definitiva excepción del Sarre (v.), que quedó como territorio alemán.PAUL GUINARD.
BIBL.: R. PARISSOT, Histoire de Lorraine, París 1924; íD, Le royaume de Lorraine sous les carolingiens (843-923), París 1899; A. BLANC Y oTRos, Les régions de VEste, París 1960.
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