López de Ayala, Pero
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Biografía GER
En la segunda mitad del s. XIV, el canciller mayor de Castilla representa la figura más importante de la literatura castellana y el primer español moderno, según Menéndez Pelayo y A. Castro.Biografía. Hijo de Fernán Pérez de Ayala y de Elvira Alvarez de Zevallos, n. en Vitoria en 1332 e inicia, muy joven, su formación palaciega entre los donceles de la Casa de Aragón y de Pedro I de Castilla. Pero fue su tío, Pedro Gómez Barroso, cardenal de S. Práxedes desde 1327, quien orientó la educación del joven por caminos eclesiásticos, iniciándolo en la lectura de la Biblia y de obras latinas. En 1353 entra al servicio del rey D. Pedro y comienza junto a él su carrera militar. Desempeñó pronto el cargo de alguacil mayor de Toledo, y permaneció fiel al rey hasta la guerra con Enrique de Trastámara. En la batalla de Nájera (1367) figuró en el bando enriqueño contra su señor natural y quedó prisionero del Príncipe Negro durante seis meses. Participó holgadamente en las mercedes enriqueñas, que le proporcionaron, además de varios señoríos, el cargo de alcalde mayor y merino de Vitoria (1374) y alcalde mayor de Toledo (1375). Diplomático hábil, recibió la confianza de los Trastámara y de algunos señores extranjeros. En 1382 es señor de Salvatierra de Álava. El joven Juan I desoyó sus consejos y fue derrotado en Aljubarrota (1385), donde L. de A. quedó prisionero de los portugueses hasta 1388. En este tiempo escribió gran parte del Rimado de Palacio y el Libro de cetrería. Para forzar un mayor rescate lo encerraron los últimos días de su cautiverio en una jaula de hierro. De nuevo en la corte castellana, L. de A., cada vez más influyente, formó parte del Consejo de Regencia a la muerte de Juan I. Enrique III lo nombró canciller mayor de Castilla (1398). Pasó los últimos años de su vida entre la acción política y las tareas literarias, y una vida religiosa cada vez más íntima y sincera. M. en Calahorra en 1407. Su estatua yacente se conserva en el monasterio de Quejana, cuyo retablo, que contiene dos retratos del canciller, se encuentra hoy en Chicago. Su sobrino, F. Pérez de Guzmán (v.), nos dejó en Generaciones y Semblanzas su retrato espiritual, el más acabado de cuantos poseemos.Producción literaria. La obra de L. de A. interesa especialmente en dos manifestaciones, la poesía y la historia, y no hay que olvidar su labor como traductor.El Rimado de Palacio (8.200 versos) contiene casi toda su producción poética. De contenido vario, es en realidad un cancionero donde los elementos independientes están unidos por un fuerte carácter personal y la semejanza general de temas. El título es posterior al canciller, y su editor Kuersteiner ha preferido prescindir de un título concreto. No sabemos con seguridad la fecha de su composición, pero se ha señalado que posiblemente lo comenzó después de 1378 y vino a concluirlo hacia 1403. Comienza el Rimado con un examen de conciencia del autor al estilo de los devocionarios de la época. Menéndez Pelayo opina que ha recárgado las tintas sobre sí para poder luego censurar los vicios y desórdenes ajenos. La parte de mayor fuerza y más leída es la dedicada al análisis de la corrupción dominante en las jerarquías eclesiástica y civil, donde pasa revista a una serie de personajes de diversos estamentos sociales, y concluye en los "fechos de palagio". La última parte de este cancionero, más desligada del resto, es una versión libre y muy extractada de los Morales de S. Gregorio. El realismo y precisión para captar una actitud o esbozar una psicología, el tono moralizante que inunda toda la obra y un sentimiento de religiosidad íntima son las notas más destacadas del largo Rimado con el que acaba el periodo creador del mester de clerecía (v.). Utiliza como metro básico la cuaderna vía, en algunos de cuyos versos es frecuente encontrar que los alejandrinos, más numerosos, alternan con versos de 16 sílabas. El zéjel es la forma preferida para las composiciones líricas, y ensaya octavas de arte mayor (con versos de cuatro acentos) en algunas poesías más tardías.El canciller fue "ante todo el primer prosista castellano de su siglo y el más moderno y certero historiador de su época" (Sánchez Albornoz). Su obra histórica comprende las crónicas completas de los monarcas castellanos Pedro I, Enrique II y Juan I, y el comienzo de la de Enrique III hasta 1396. Obedece en principio al propósito de continuar la serie de crónicas de los soberanos iniciada en la Primera Crónica General de España (v. ALFONSO X), pero L. de A. no es un simple cronista, sino un historiador con una preparación excelente por su intensa vida, por su temperamento mesurado y discreto, y por la lectura y estudio de obras filosóficas e históricas. Historiador impasible, encontró, por los azarosos años que corrían, dificultades para la ecuanimidad, especialmente en la crónica de Pedro I, hacia el que siente animadversión, si bien la quiso superar en aras de la verdad histórica. Con rigor científico y belleza artística de expresión, en un relato de intenso dramatismo, envolvió la tragedia de Montiel de un ambiente de fatalidad, ayudando a la creación del mito literario de Pedro el Cruel, tan aprovechado después por Lope de Vega (v.) y los románticos. La falta de un personaje de la talla de D. Pedro resta poder sugestivo a las restantes crónicas, de las cuales la de Enrique II sea acaso la más apagada. Desde el punto de vista histórico, las crónicas de Juan. I y los primeros años del reinado de Enrique III constituyen lo mejor del autor, que enjuicia y valora los hechos con serenidad desapasionada.Tradujo el De consolatione de Boecio, De summo bono de S. Isidoro, De casibus virorum el feminarum illustrium de Boccaccio, y las Décadas I, II y IV de Tito Livio; en esta última traducción se ayudó de la versión francesa de Pedro de Bercheur. Escribió además dos obras menores: una, el Libro de la caca de las aves, el manual de cetrería más completo hasta entonces, escrito en sus años de prisión portuguesa, donde leyó el Libro de Falcoaria de Pedro Menino, fundamento de esta obra de cetrería, que ofrece un interés histórico como documento de costumbres y deportes caballerescos, proporciona observaciones para la historia natural y la geografía de la Península, y contiene una gran riqueza de vocabulario descriptivo, y la otra, el Linaje de los Ayala, libro hoy perdido.P. M. PIÑERO RAMÍREZ.
BIBL.: Poesías, ed. del Rimado por A. F. KUERSTEINER, Nueva York 1920 (contiene dos versiones distintas del Rimado y otras varias composiciones); Crónicas, ed. de C. RoSELL, 1875-78, en BAE 66 y 68; Libro de la caza de las aves, versión en castellano moderno y estudio por J. FRADEJAs LEBRERO, Valencia 1959; R. LAPESA, El Canciller Ayala, en Historia de las literaturas hispánicas, I, Barcelona 1949; C. SÁNCHEz ALBORNOZ, El Canciller Ayala, historiador, en Españoles ante la historia, México 1958.
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