Limousin II. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
Ocupada esta región desde el Paleolítico, no conserva, sin embargo, restos importantes, excepto de la cultura megalítica en Mont de Blond, Ambazac, Crocq y Corréze. Hacia el s. V a. C. fue poblada por una rama celta, los lemovices, que, como el resto de la población gala, fueron sometidos por Roma después de la derrota del caudillo Vercingetórix e incorporados por Augusto a la provincia de Aquitania (v.), cuya metrópoli fue Poitiers. Este periodo romano comprende dos evoluciones importantes: la aparición de núcleos de población que luego serán los centros urbanos (Tuyutn, actual Toul; Ivaonum, actual Évaux; y otras); y la cristianización, que la tradición atribuye a S. Marcial, hacia el s. III, con la fundación de alguna primitiva abadía, como la de Tulle.Los cuatro siglos entre las invasiones bárbaras y la descomposición de la monarquía de los francos forman una cadena de devastaciones que sufrió el L., pasando sucesivamente por manos visigodas, merovingias y francas, con circunstanciales expediciones de saqueos por parte de los musulmanes y normandos. A través de estas turbulencias Francia se perfila en dos bloques, el Norte y el Midi, ligándose la región limusina a este último de modo que, al disolverse la monarquía de los francos, L. quedó en la órbita de los duques aquitanos de Poitiers. Al final de este periodo se rompe la unidad regional separándose su zona norte, que constituye una célula histórica distinta: la Marca (v.). Se inicia entonces un nuevo periodo bajo el dominio anglo-angevino, por la unión de Aquitania a la corona inglesa (v. ANICU), convirtiéndose en zona de fricción con el ducado de Berry (v.), dominado por los Capeto. Felipe II Augusto y Luis VIII recobran el L. para Francia, pero, por el tratado de París (1259) Luis IX concede a Enrique III de Inglaterra los derechos que había disfrutado Enrique II. Simultáneamente, las querellas feudales agravan la situación política, sin estorbar el desarrollo de una personalidad regional, manifestada en su cultura desde el s. XI al XIX. Esta cultura tiene como punto de desarrollo los esmaltes, el teatro religioso cuyas primeras muestras del s. XI significan la iniciación de este género en Francia, y la lírica trovadoresca, cuyos representantes más notables son los Cuatro de Usel y Bernard de Ventadou (1145-90). La artesanía de los esmaltes se convirtió en una verdadera industria de exportación y tuvo su origen en los centros abaciales de S. Marcial y Grandmont, sobre modelos de miniaturas.El s. XIV supuso la anexión definitiva a la corona francesa, después de la segunda fase de la guerra de los Cien Años (v.). Al mismo tiempo, se fue afirmando el poder de la Iglesia limusina, cuyos representantes más notables fueron tres Papas del periodo de Aviñón: Clemente VI, Inocencio VI y Gregorio XI. El Renacimiento no provocó una cultura especial que pueda compararse a la del periodo feudal; el país, fuertemente centralizado por la monarquía francesa, se beneficia de la técnica del esmalte con el apogeo de artistas como los Pénicaud, los Limosins y Pierre Raymond. En 1594, Enrique IV sofoca la última insurrección de tipo feudal nacida al abrigo de la crisis de las Guerras de religión, la de los Croquants, y, en 1607, anexiona a la corona el título de vizconde de Limoges.Bajo el Antiguo Régimen, L. se despega poco a poco del Midi, para inclinarse hacia el Norte, hacia Versalles, cuyo centralismo destruye en el s. XVII los restos de una nobleza regional que, absorbida o eliminada después de la Fronda (v.), se convierte en provinciana empobrecida, sustituida en el s. XVII por una burguesía comerciante que se ha apoderado de las tierras. junto al cambio de estrúctura social, la Iglesia, por medio de la Compañía de Jesús, ha ido desarrollando una labor de culturización. El s. XVIII supone también una crisis agrícola apenas mitigada por las manufacturas de hierro de Tulle y los comienzos de la industria de la porcelana en Limoges y en Saint-Yrieix. Con la Revolución, el país se divide definitivamente en tres departamentos: Alta y Baja Marca y el L., adentrándose así en el s. XIX, en el que se produce una verdadera revolución agrícola y ganadera, que coincide con el esplendor de la porcelana limusina, cuyo impulsor fue el norteamerciano David Haviland en 1842.C. ÁLVAREZ SANTALÓ.
BIBL.: A. LEROUX, Géographie et histoire du Limousin, Limoges 1892; l. NMAILLAc, Histoire du Limousin et de la Marche limousine, París 1943; D. BRELINGARD, Histoire du Limousin et de la Marche, París 1950.
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