Liechtenstein II. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
L. surge como Estado en el s. XVIII. Su génesis, sin embargo, tiene un planteamiento muy anterior. El territorio, montañoso en extremo (v. I), fue encuadrado por Tiberio (s. I) en el Imperio romano, formando parte de la provincia de Retia. Durante las invasiones bárbaras, fue asolado por ostrogodos y alamanes, y sólo los últimos consolidaron en él definitivo asentamiento y gestaron, por tanto, el actual sustrato étnico. Anexionado al Imperio franco (s. VIII), Carlomagno fomentó la penetración del cristianismo a través de los monjes irlandeses establecidos en monasterios suizos y, erigida allí la diócesis de Chur (v. in), la nueva fe se impuso en breves años, con tan profundo arraigo que la población católica ha llegado mayoritaria a nuestros días. Tras el tratado de Verdún (843), quedó vinculado a las posesiones de Luis el Germánico.En 10 siglos (del IX al XVIII), la historia de las tierras del futuro L. se reduce a una constante permuta entre diferentes poseedores, que las gobiernan siguiendo los cánones feudales. Ligadas inicialmente al Sacro Imperio Romano Germánico, bajo la administración de los duques de Suabia, se las dividió en dos feudos; en principio, fueron regidas únicamente por la casa de Shellenberg y, más tarde, reducido el señorío anterior, se creó también en ellas el condado de Vaduz, con capital en la ciudad del mismo nombre que, fundada en el s. XI, en una posición privilegiada en el alto Rin, ruta natural para el comercio entre Italia y Norte de Europa, había obtenido con rapidez notable florecimiento y numerosos privilegios. En el s. XIV, tanto Schellenberg (1375) como Vaduz (1390) fueron incorporados a los dominios de los Habsburgo, quienes los cedieron a los condes de Hohenen (s. XV). Por último, este largo proceso culminó al ser vendidos Shellenberg (1699) y Vaduz (1712) por los condes de Hohenem al príncipe Juan Adán Andrés de L., miembro de antigua y noble familia austriaca, descendiente deHugo de L. al que mencionan remotos documentos de 1130, que los rebautizó con su apellido.
Siete años después (23 en. 1719), el emperador Carlos VI autorizó la formación del principado autónomo de L., compuesto por los territorios de Schellenberg y Vaduz, dentro del Imperio austriaco, en premio a los servicios prestados por Antonio Florián de L. en su ejército. Es ahora cuando L. nace como realidad geopolítica dentro de Europa. Pese a su reducida extensión, apoyado en el prestigio de su nombre y en la fidelidad a los Habsburgo, el principado de L. gozó desde ese momento de una eminente y progresiva consideración dentro del Imperio austriaco; y alcanzó su máximo esplendor cuando al príncipe Juan José se le otorgó derecho de voz y voto en la Dieta imperial (1723). La identificación política entre L. y Austria, basada en los mencionados presupuestos, no sufrió variación alguna en el s. XVIII, pero la conmoción internacional acaecida a tenor de las guerras napoleónicas hizo que L., cuyo príncipe Juan I (1760-1836) mantuvo la castrense tradición familiar y llegó a ser mariscal del ejército austriaco, quedase desvinculado de Austria y formara parte de la Confederación del Rin (1805). No obstante, restaurado el orden europeo en 1815, recobró sus privilegios y continuó su anterior política, si bien ahora como miembro de la recién constituida Confederación Germánica.A lo largo del s. XIX, L. no permaneció ajeno a la influencia de las nuevas corrientes políticas y económicas. Así, Juan II, al hacerse cargo del poder (1836), llevó a cabo una importante transformación en todos los órdenes, interiormente, suspendió el autoritarismo en vigor e inició la apertura hacia el liberalismo con la instauración de un régimen constitucional; y promocionó el desarrollo de la industria de precisión de tal manera que la economía alcanzó un auge sin precedentes, hasta el extremo de permitirse la supresión de gran parte de los impuestos. Estos hechos motivaron que, finalizada la guerra austro-prusiana (1866), L. se desvinculase políticamente de Austria, aunque mantuvo la unión aduanera. La derrota de las potencias centrales en la I Guerra mundial, en la que L., neutral, no intervino, supuso la total independencia del principado con respecto de Austria y su acercamiento a la Confederación Helvética, con la que se llegó a la unificación de relaciones exteriores (1919), a la unión aduanera (1931) y a la unidad monetaria (1924). Paralelamente a esta tendencia neutralista y de aproximación a Suiza, de la que fue artífice Francisco I, L. mantuvo su desarrollo político-institucional; en 1921 se promulgó una nueva Constitución que, sintetizando los privilegios ciudadanos y las primitivas leyes, define a L. como monarquía constitucional hereditaria, en la descendencia masculina de la casa reinante; el poder ejecutivo recae en el príncipe a través de un Consejo de Gobierno, y ambos son responsables ante un Parlamento de 15 miembros, que se eligen cada cuatro años entre los varones mayores de 21 años.De los dos partidos políticos surgidos, el de los Ciudadanos Progresistas se alzó con la mayoría parlamentaria en 1938, año en que Francisco José II heredó el principado. Este soberano, dentro de una inalterable estabilidad interna, acentuó la tendencia neutralista y de amistad con Suiza en el trascurso de la II Guerra mundial, aunque entre los habitantes de L. hubo una minoría pronazi, contra la que se dictaron leyes. Terminada la contienda, L. no vio quebrada su estabilidad política bajo el gobierno del partido de Ciudadanos Progresistas hasta 1970, año en que el partido de Unión Patriótica, minoritario durante 32 años en el Parlamento, ganó las elecciones, asumiendo el cargo de primer ministro Alfred Hilbe. En nuestros días, Francisco José lI sostiene la tradicional política prohelvética, y el nivel económico de L. se ha incrementado palpablemente, gracias a la modernización de la, industria y a la explotación de sus recursos turísticos.A. BRAOJOS GARRIDO.
BIBL.: J. VON FALKE, Geschichte der /ürstlichen Hauses Liechtensteins, Viena 1868-83; P. RATON, Le Liechtenstein, París 1950.
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