Libro I. Historia y Difusión. HIST.
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Historia
Se entiende por I. la reunión de muchas hojas de papel, vitola, etc., cosidas o encuadernadas juntas en un volumen, según la R. A. Española de la Lengua. Probablemente, el material escriturable utilizado antes que ningún otro fue la corteza de árbol; la palabra "libro" en griego y en latín byblos y liber, significa originalmente corteza.l. Materias escriptorias. En Egipto (v.) se produjeron múltiples manifestaciones culturales en forma altamente desarrollada; destaca una floreciente vida literaria, que a juzgar por los hallazgos habría prosperado durante el imperio de los faraones, tanto en los textos religiosos como en I. científicos y literarios. En las aguas pantanosas y estancadas del delta del Nilo crecía el Cyperus papyrus, planta del orden de las ciperáceas. El tallo de esta planta es triangular y suele llegar a una altura hasta de varios metros; se cortaba la médula en finas tiras que, convenientemente prensadas y secadas al sol, se disponían en capas paralelas superpuestas por los bordes, añadiéndose perpendicularmente a ellas otra serie de tiras, dando lugar al papiro (v. PAPIROLOGÍA). El I. egipcio tuvo siempre la forma de rollo. La página, generalmente a dos columnas, tenía por lo común la altura del tallo de la planta; el largo del rollo era arbitrario, llegando a alcanzar, en algunos casos hasta 20 m.En China (v.), ya en el III milenio a. C., existían producciones literarias y del arte de la escritura (v.), aunque no se pueda hablar propiamente de I. Los materiales empleados para la escritura fueron el hueso, las conchas de tortuga, las cañas de bambú hendidas y, posteriormente, las tablillas de madera. Apenas se han conservado algunos manuscritos en esta materia escriptoria; la razón principal fue la orden que dio el emperador Shin Huang Ti en el 213 a. C. de quemar los I. como castigo a los autores que se habían atrevido a criticar su política. Los pocos ejemplares que se libraron de tan bárbara quema y los producidos inmediatamente después han desaparecido en gran parte debido a su descomposición bajo tierra. Como consecuencia de la orden de Shin Huang Ti hubo una inmensa actividad literaria. Para reparar la catástrofe se recogió y publicó cuanto pudo salvarse de la literatura clásica desde el tiempo de Confucio (v.) y, no bastando la madera, se empleó la seda; ésta poseía muchas de las cualidades del papiro por su flexibilidad y tersura de superficie, pero con el inconveniente de un precio superior.En Mesopotamia (v.) a fines del IV milenio a. C., los sumerios desarrollaron una importante civilización, y se les considera inventores de la escritura cuneiforme. (v.). Para escribir en las tabletas se trazaban los signos, estando la arcilla húmeda y blanda, con un instrumento de metal, marfli o madera, romo o de sección triangular. Fue precisamente a la forma de este instrumento a lo que se debió lo "cuneiforme" de los signos. Después de haber sido escritas, se las secaba al sol o se las cocía en un horno hasta adquirir la dureza de un ladrillo.El Pergamino. Se fabricaba, por lo común, con pieles de carnero, cabra o ternera convenientemente preparadas. La "vitela" es una variedad del pergamino, más fina que éste; procedía de un animal joven o muerto al nacer: se usó con preferencia en los "libros de horas" y en los "breves". De su preparación en la época clásica no hay noticias en los autores; pero es de suponer que los procedimientos empleados en la Alta Edad Media remontasen a la Antigüedad. Después de macerar la piel en cal durante unos días, se la despojaba del pelo, y se la raspaba luego con un instrumento bien cortante; pulimentábase, por último, sus caras con piedra pómez hasta obtener una superficie lisa y uniforme. Aparte de esto, su perdurabilidad superaba a la hoja de papiro. Respecto a los orígenes del pergamino, cuenta Plinio el Viejo, que Tolomeo V Epífanes, rey de Egipto, preocupado por la fundación de la biblioteca de Pérgamo, prohibió la exportación del papiro, y que entonces el monarca egipcio hizo utilizar las pieles de animales como materia escriptoria. Indudablemente, el uso de ésta es mucho más antiguo, pero el nombre con que se le conoce revela que fue Pérgamo el centro principal de su producción.El Papel (v.). Fabricado preferentemente con trapos o sustancias vegetales fibrosas, fue introducido en Europa por los árabes, quienes aprendieron de los chinos, a mediados del s. VIII, la técnica de su elaboración. Llevado a España y Sicilia por los musulmanes, no parece haber sido usado entre los cristianos antes de los s. XIII y XIV sino excepcionalmente.2. Instrumentos gráficos. El estilo: En las tablillas enceradas se escribía con el estilo (stilus, graphium), instrumento de hierro, plata, bronce o marfil, puntiagudo por un extremo y plano por el opuesto, con el fin de borrar fácilmente lo escrito. El cálamo: Para la escritura con tinta se empleó desde muy antiguo el. cálamo (arundo, canea, fístula, calamus), instrumento de caña tallado en punta. El extremo agudo del cálamo se hendía por su parte media, operación que se hacía con el scalprum, scalpellum o actavus; cuando el instrumento se embotaba, lo aguzaban con la piedra pómez. A imitación de los calami se fabricaron desde muy antiguo, excepcionalmente, verdaderas plumas metálicas; las de ave no fueron, al parecer, conocidas en la Antigüedad clásica.3. Forma. Los rollos. Por usual que fuere la forma de rollo para los hombres de la Antigüedad, no hay duda de sus defectos, que se hacían evidentes con el uso cotidiano de los I. Uno de sus inconvenientes fundamentales era que, cuando se leía el rollo, necesitaba ser desenrollado de nuevo, si se quería consultar algún párrafo anterior; cuando esto ocurría en alguno de largas dimensiones, era sumamente incómodo, aunque fuese corriente utilizar un palo (umbilicus) para enrollarlo, lo que también causaba un notable deterioro a los rollos de uso frecuente. Mientras el papiro fue el material dominante, la forma natural fue la del rollo.Los códices. Desde los tiempos más remotos habían usado los griegos pequeñas "tablillas de madera" con capa de cera o sin ella, sobre las que podían trazar cortas notas con un estilo de metal. Con frecuencia se unían dos o más de estas tablillas, formando una especie de pequeños cuadernos; éstos fueron utilizados en grandes cantidades por comerciantes o escribas para notas provisionales. La forma del códice (v.) se avenía mejor con la naturaleza del pergamino, materia más apta que el papiro para recibir la escritura por ambas caras. De aquí se pasó, cuando el pergamino comenzó a generalizarse, a proporcionar la forma de estos cuadernos a los I. de pergamino, evolución que tuvo lugar durante los primeros tiempos del Imperio romano. Esta forma de I. se conocía por codex y ha permanecido inalterable hasta nuestros días. De fines del s. I a comienzos del II de nuestra Era se han conservado hojas sueltas de códices y es seguro que se utilizaron códices de pergamino, pero fueron considerados como inferiores a los I. propiamente dichos, formados por rollos de papiro; se los empleaba para ediciones baratas, ya que al poder escribirse en ambas caras de una hoja de pergamino, un texto que por sí exigía un largo rollo o quizá varios, podía ser contenido en un códice relativamente pequeño. Se encuentran diversos códices antiguos cuyas hojas forman un solo cuaderno, aunque tal método producía, naturalmente, un I. tosco y daba como resultado que las hojas interiores tuvieran un ancho menor que las exteriores. Pronto se encontró la forma de dividir un l. en varios cuadernos de pocas páginas y unir los cuadernillos por un hilo, como se hace con los pliegos de los I. en la actualidad.Los palimpsestos. Una categoría especial y muy importante de manuscritos membranáceos está formada por los códices rescripti o palimpsestos. La costumbre de utilizar ejemplares ya escritos, después de lavarlos o rasparlos, fue común a Occidente y a Oriente, y se practicó sobre todo en algunos monasterios (v.), que, como los de Bobbio y Grotta Ferrara, tropezaron con dificultades para aprovisionarse del pergamino necesario. Por lo común, el contenido primitivo de los palimpsestos conservados es de carácter profano, pero no faltan ejemplos de haberse utilizado algún códice eclesiástico para escribir encima un texto clásico. La lectura de la escritura o escrituras primitivas de los palimpsestos ofrecen en la práctica las mismas y aún mayores dificultades que las que presenta el problema de resucitar los textos más o menos raspados o borrosos. Durante largo tiempo se recurrió al ácido gálico concentrado, la tinta de Gibert o el sufhidrato de amoniaco; los dos primeros de estos reactivos deben proscribirse, porque ennegrecen el pergamino; el último, correctamente empleado, no es peligroso, y permite revivir inscripciones que serían ilegibles sometidas a la acción de los rayos ultravioletas filtrados.4. Confección y publicación del libro. La Antigüedad clásica. Cuando los romanos establecieron la hegemonía ecuménica y se adueñaron de los frutos de la cultura griega, también importaron a su suelo las tradiciones griegas relativas al mundo de los I. Los generales romanos trajeron a Roma colecciones de I. griegos como botín de guerra; sirve ello de testimonio de la alta opinión en que se tenía a éstos. En Roma, desde la época de Cicerón (v.), encontramos un comercio de I. perfectamente organizado. El autor vendía su l. a un editor, quien unas veces le pagaba un derecho por cada ejemplar vendido, y otras, una suma fija por la edición entera. Se conocen los nombres de algunos editores romanos: Ático, en la época de Cicerón, los Sosii, en la de Horacio (v.) y Trifón, en tiempos de Quintiliano (v.) y Marcial (v.). Determinadas ediciones preferidas del público alcanzaban la cifra de un millar de ejemplares. Esta elevada cantidad hace suponer que el manuscrito del autor se dictaba al mismo tiempo a un gran número de amanuenses. Éstos (librarii). eran esclavos, nacidos con frecuencia en el extranjero, poco conocedores del latín, y expuestos, además, a cometer los errores a que está sujeta una persona que escribe al dictado. De aquí que las copias que los libreros ponían a la venta fuesen, por lo común, muy incorrectas. Por su parte, A. Dain admite la posibilidad de que el procedimiento fuera el dictado a un equipo de esclavos especializados, cuando alguna empresa de librería deseaba publicar rápidamente un texto importante, o en algún otro caso excepcional. Pero supone razonablemente que lo mismo en la Antigüedad que durante el tiempo en que se practicó la transcripción a mano de los l., el procedimiento normal y común fue la copia y no el dictado. Como prueba aduce las múltiples representaciones de nuestros manuscritos griegos, latinos u orientales, que muestran al amanuense escribiendo con un modelo delante. Por lo demás, este procedimiento es el único que admite la caligrafía y la ilustración. La propiedad intelectual, tal como hoy la entendemos, no existió entre los antiguos. Más que esperar del público beneficios pecuniarios, el autor se los procuraba dedicando sus trabajos a algún potentado. Otro procedimiento para la difusión de las obras literarias fue su recitación en público.Los monasterios medievales. Durante la Alta Edad Media, cuando después de las grandes invasiones la cultura pasó a ser patrimonio de los monasterios, en particular de los que se regían por la regla de S. Benito (v.), la copia de los I. constituyó una de las ocupaciones de los monjes. Éstos en sus casas de residencia tenían un local, el scriptorium, destinado particularmente al objeto indicado. Por lo que a España se refiere, la conquista árabe, iniciada en el s. VIII, amenazó con destruir la cultura eclesiástica visigoda; pero en la península Ibérica, también correspondió al monacato la misión de continuar y perfeccionar la tradición escriptoria. El copista, salvo excepciones, no ejecutaba su trabajo sobre un pupitre, ni mucho menos sobre una mesa, sino que escribía en sus rodillas; frecuentemente, una tablilla le servía de escritorio. Sólo en los últimos siglos de la Edad Media se encuentran representaciones figuradas de amanuenses trabajando sobre un pupitre o una mesa. Una vez preparado el pergamino, más tarde el papel, el copista procedía primeramente al rayado horizontal y al del margen o del doble margen, y a trazar con líneas verticales la delimitación de las columnas.La principal cualidad de un copista es la regularidad de la escritura; hay calígrafos, p. ej., Florencio, monje del monasterio de Valeria, que en el 945 terminó la transcripción de un ejemplar de los Morales de S. Gregorio Magno (v.), tan extraordinario en este aspecto, que es imposible notar la pausa o detenciones de su trabajo; otros, en cambio, son más descuidados, e incluso hacen pensar en la presencia de más de una mano en la redacción del manuscrito, cuando en realidad se trata de una sola. No faltan amanuenses que practican diversas escrituras (p. ej., una para el texto y otra para los escolios); algunos imitaban con frecuencia la escritura de su modelo; de aquí la existencia de muchos textos sagrados y litúrgicos de los s. XII y XIII, escritos con un hieratismo que recuerdan el grafismo del s. X. También hay manuscritos que reproducen su modelo página a página o cuaderno por cuaderno.Terminada la copia, una amanuense añadía una suscripción o colofón, que contiene datos de gran importancia. En los manuscritos griegos constan el título de la obra transcripta; una apreciación de ésta, que coexiste a veces con el nombre de la persona que encargó la confección del I.; las indicaciones cronológicas (mes, año de indicción, era del mundo y, en ocasiones, el ciclo lunar o solar, y hasta el día y la hora en que la copia fue acabada), reemplazadas en algún caso con el nombre del Emperador reinante; el del copista; la petición de que se ruegue por su alma, a fin de que ésta halle gracia el día del juicio final; la súplica de que se le perdonen las faltas cometidas en su tarea, o la expresión del júbilo con que se ve llegada la terminación de aquélla. Por último, no es raro que se añada una maldición contra el que se atreva a sustraer el códice. Los colofones son también frecuentes en los manuscritos latinos. Los hay en prosa y verso. El copista, ora consigna su nombre, la fecha y algún otro detalle (lugar en que trabaja, nombre del monarca a la sazón reinante); ora exalta las excelencias del arte de escribir, y se compara al marino que arriba al puerto después de larga navegación, ora pondera los efectos fisiológicos del trabajo prolongado, ora echa en cara al que no sabe escribir el que ni siquiera se dé cuenta de lo ímprobo de tal esfuerzo, ora se limita a consignar la fórmula más general: Finito, sit Taus et gloria Christo.5. Difusión de las artes del libro. El s. XIII señala un momento de capital importancia en la historia del I. manuscrito. Éste comienza a extenderse también fuera de los grandes centros eclesiásticos, entre los medios laicos, especialmente los universitarios, las cortes reales y las casas de los grandes magnates. Como consecuencia de la necesidad de multiplicar los ejemplares de los I. indispensables para el trabajo escolar, aparecen en dicho siglo, en los medios universitarios, las nociones de exemplar y pecia. Cuando se quería poner en circulación una-obra determinada, se hacía ejecutar entonces, en escritura caligráfica, gruesa y trazada con suficiente lentitud y cuidado, un "ejemplar-tipo" o exemplar, en cuadernos sueltos, que por lo común eran de cuatro hojas; cada uno de estos cuadernos, después de corregidos por una comisión universitaria, constituía una pecia, y podía pasar a manos de los copistas, mediante el pago de una tasa estipulada, para ser transcripto.Esta institución no fue creación exclusiva del s. XIII. Trátase, en ciertos aspectos, de un uso anterior, del que hay ejemplos ya en el s. IX, pero perfeccionado y y reglamentado. En los escriptoria monásticos ocurrió a veces que para activar la copia de algunos ejemplares se repartían sus cuadernos entre varios amanuenses. El caso de la pecia no era absolutamente igual, ya que con ella no se perseguía la copia rápida de una sola obra, sino la obtención de tantos ejemplares como amanuenses; pero la práctica a veces utilizada en los escritorios monásticos fue, sin duda, un precedente. El transcriptor copiando sucesivamente sobre las diversas peciae constitutivas del ejemplar solía anotar, ora el número de la pecia en que comenzaba su tarea, ora aquel en que la misma terminaba. Tales indicaciones facilitaban la evaluación de su salario, ya que la pecia indicaba de modo oficial la longitud de la copia.Respecto al país en que pudo tener su origen esta interesante práctica, parece ser el medio universitario parisiense. Si se practicó o no la pecia en España, sólo se puede responder recordando lo que en alguna antigua disposición regia o en las primitivas constituciones se encuentra acerca del particular. Alfonso X el Sabio (v.), en documento fechado en Toledo, el 8 mayo 1254, después de especificar los "maestros" que habían de integrar el "estudio" salmantino, añade: "Otrosí mando e tengo por bien que haya un estacionario, e yo le dé cient maravedís cada anno, o él que tenga los exemplarios buenos o correghos". El mismo monarca en las Leyes de Partida trató en términos explícitos de "cómo estudios generales deben haber estacionarios que tengan tiendas de libros para los exemplarios".6. Ornamentación de los manuscritos. Se conocen ilustraciones ya en los manuscritos de la Antigüedad, aunque principalmente en textos de Ciencias naturales o Medicina; con toda seguridad, existieron en la época helenística l. compuestos exclusivamente de ilustraciones y un breve texto explicativo. Mientras el papiro no se prestaba propiamente a la iluminación, el pergamino era mucho más idóneo para estos fines, y en los manuscritos en pergamino de la Antigüedad comienza también el arte de la ilustración del libro (v.), que obtuvo un incesante desarrollo en la Edad Media. Hasta el s. XII eran especialmente los Evangelarios los que se ilustraban con imágenes de Cristo, circundado de los cuatro animales del Apocalipsis y de los cuatro evangelistas: Mateo, Marcos, Lucas y Juan, cada uno con su símbolo. También las Tablas’de Canon, tablillas que exhibían la concordancia interna entre los Evangelios, se inscribían entre las columnas de un pórtico coronado de un arco.Otro tema para ser decorado en los manuscritos eran las "iniciales" de los diferentes párrafos o capítulos. Ya en tiempos del Imperio romano se había dado a estas iniciales mayores dimensiones y también con frecuencia una ornamentación especial, en color rojo producido con minio o cinabrio. En los monasterios medievales se desarrolló rápidamente esta costumbre, las iniciales fueron tomando creciente formato y acompañadas de entrelazados y recuadros de progresiva perfección artística. Estas grandes iniciales ornamentadas se iluminaban con diferentes colores y eran además decoradas a veces con oro o plata; de las letras propiamente dichas se pasó a pintar escenas enteras en ellas.Además de estas espléndidas iniciales decorativas muestran muchos de los manuscritos de la Alta Edad Media una serie de ilustraciones autónomas: "miniaturas" (v.) (su nombre viene de la palabra latina minium, que significa rojo) o, si además de los colores se utilizaba el oro; "iluminaciones" (de lumen, luz), por lo que estos manuscritos así decorados reciben con frecuencia el nombre de "libro de oro". Los colores eran opacos o al agua; el oro se aplicaba en panes sumamente finos y bruñidos o en polvo, en los tiempos más antiguos con un brillo de latón; más tarde, por lo general con un tono más rojizo. Rara vez era el mismo monje o religiosa quien escribía el texto y realizaba las iniciales e ilustraciones; el escriba dejaba un blanco para éstas y solía escribir en el margen, con una letra fina que podía ser borrada fácilmente, advertencias relativas a la decoración, tras de lo cual los miniaturistas e iluminadores comenzaban, provistos de sus cajas de colores, sus pinceles y su oro. Con una pluma trazaban el bosquejo de la ilustración con finos trazos, antes de pintarla o decorarla. Tanto en la ornamentación de las iniciales como en las miniaturas e ilustraciones se distinguen, como ocurre en la escritura, varios tipos de estilos diferentes, con frecuencia con más o menos importantes variaciones locales.La llamada ornamentación "merovingia" (v.), que en el s. VIII se propagó por la Europa occidental, se caracterizaba por sus iniciales con peces y pájaros y por el empleo del rojo, el verde y el amarillo, pero este patrón común sufrió muchas variaciones de forma que puede determinarse si las ilustraciones fueron hechas en un monasterio alemán, francés o español. El arte del I. "bizantino" (v. BIZANCIO IV) ofrece otro estilo diferente, que alcanzó su cumbre en los s. XI y XII. Se caracterizaba por el intenso uso del oro, la púrpura y otros colores oscuros, que daban a las ilustraciones un tono sombrío y extraño; es obvio el influjo del arte sirio y de otros de Oriente.El estilo bizantino, a su vez, ha influido mucho sobre parte del arte del I. del occidente de Europa, entre otros, a través del l. irlandés o del norte de Inglaterra; tuvo su época de florecimiento durante los s. VIII y IX y esidentificable por sus entrelazados y bandas sinuosas, típicamente celtas, que suelen decorarse con cabezas de pájaros, perros y diversos animales fabulosos; entre los colores predomina el oro, y el violeta no es raro. El arte del I. del sur de Inglaterra, de los s. X al XI, se caracteriza por sus marcos de follaje, ricamente ramificados.L. típicamente españoles son los "beatos", llamados así del nombre de su autor, S. Beato de Liébana (v.), abad del monasterio de Valcavado, que escribió unos comentarios al Apocalipsis muy difundidos en la Edad Media, y cuyo texto se prestaba a la representación pictórica. Las miniaturas de estos códices se consideran con justicia como la primera gran manifestación artística en las Historias de la pintura española. Sobre un estilo mozárabe se aprecian influencias carolingias fundidas con otras orientales recibidas a través de los árabes (v. MOZÁRABES II). Llama la atención, junto a cierta defectuosa realización, la contraposición de colores. Se supone, sin embargo, que junto a estos y otros manuscritos de lujo han existido otros muchos decorados modestamente o sin decoración alguna.7. La encuadernación medieval. Las encuadernaciones de orfebrería. Uno de los monjes (ligator) se cuidaba de la encuadernación de los I. La forma más antigua de encuadernación de la Edad Media es aún muy diferente de lo que entendemos hoy por tal; era obra de orfebres y tallistas. Las tablillas recubiertas de cera (diptycha), usadas por los romanos para apuntes cortos, se hicieron en la época imperial de marfil con cubiertas artísticamente adornadas en ocasiones de especial solemnidad (p. ej., para la entrada en función de un cónsul). Se conservan varios ejemplos que demuestran cómo estos diptycha fueron usados en la Edad Media como encuadernaciones de manuscritos eclesiásticos. Con razón, pues, se las considera como el origen de las "encuadernaciones de orfebrería" de la alta Edad Media; sus planos se componen de placas de madera, decoradas con relieves de marfil o cinceladas en plata y oro y engarzadas con piedras preciosas. Tales encuadernaciones se empleaban especialmente para los I. litúrgicos (v.) usados en los actos de culto, por lo que también se les llama "encuadernaciones de altar" y con frecuencia la tapa anterior, que quedaba al descubierto, está decorada con mayor riqueza que la posterior. Los motivos de los relieves se inspiraban por lo general en escenas del manuscrito en cuestión y reproducen, por tanto, mayormente episodios de historias bíblicas, p. ej., un Cristo en la cruz como motivo central y en los marcos en torno era corriente emplear una ornamentación estilizada de flores y de hojas.Las encuadernaciones de cuero. Cuero repujado y cincelado. Para los manuscritos monásticos corrientes se utilizaba, si es que no se contentaban con una simple cubierta de pergamino, la "encuadernación de cuero". A lo largo del s. XIV se hicieron también raras las encuadernaciones de orfebrería y muchas de las encuadernaciones litúrgicas fueron realizadas más sencillamente en terciopelo o cuero y con el metal reducido a la guarnición de las cantoneras con sus resaltes, que en la época del gótico tardío comenzaron a usarse, con el fin de que el I. pudiera descansar sobre ellas al yacer abierto, de modo que las tapas no sufriesen roces.De un periodo más antiguo de la Edad Media se conocen diversas encuadernaciones cuya decoración adopta la forma de "repujado", es decir, que sobre el cuero húmedo se dibujaba un modelo que después era grabado con un cuchillo y retocado con un instrumento romo o un punzón. Mucho más corriente, sin embargo, son las encuadernaciones "estampadas en seco", que no requerían tanta pericia como el grabado. Con troqueles calientes, en los que estaban cincelados los modelos, se imprimían sobre el cuero, de forma que la decoración quedaba en relieve; al no emplear el dorado, la técnica se llamaba "estampado en frío". La decoración consiste en una serie de recuadros compuestos de entrelazados de pequeños cuadrángulos, triángulos y figuras circulares o en forma de corazón. En general, los marcos exteriores se diferencian de los del centro, en el que los troqueles, o bien se encuentran cruzados de pequeñas figuras geométricas o bien ha podido extenderse con mayor libertad.En los ángulos o bullones de las tapas se solía emplear guarniciones de latón con chatones y el I. se mantenía cerrado por medio de broches de metal. En la Baja Edad Media se emplearon además cadenas de hierro, fijas a las tapas en su parte superior o inferior, con las que los I. podían quedar sujetos al pupitre o al estante, para impedir su caída o que fuesen separados de su sitio.8. El libro xilográfico. China. Es sabido que los chinos conocieron el arte de grabar en "relieve" sobre la madera, y que utilizaron éste para reproducir el texto y las ilustraciones de sus l., ocho siglos antes que se efectuasen los ensayos europeos. Asegúrase que al periodo Tang (v.), comenzado en el 618, pertenecen unos impresos de los que se conocen ejemplares más o menos completos. Del 868 y de autenticidad admitida por la crítica es la versión china de la sutra del diamante, descubierta en 1900 y conservada en el Museo Británico.Europa. Con método enteramente análogo se ha impreso en Europa con planchas de madera o metal; pero no hay apenas base para suponer que haya existido una conexión entre la impresión en madera (llamada también impresión xilográfica) china y europea. La plancha de impresión más antigua que se conoce en Europa fue hecha para telas y nada tiene que ver con el I.; pero cuando el papel comenzó a generalizarse, se empleó aquélla y se produjeron por impresión xilográfica, mediante una tinta de imprenta hecha con aceite de linaza, barniz, betún y negro de humo, gran cantidad de imágenes de santos, naipes, calendarios y otros impresos de hojas sueltas, con frecuencia con un texto manuscrito bajo la imagen. Hacia 1430 se producen los primeros I. xilográficos en Holanda y Alemania; los mejores proceden de Holanda. Parte de ellos se ejecutan presionando el papel contra la plancha xilográfica por medio de una dura almohadilla de cuero rellena de crin, aunque de ordinario se empleaba una prensa manual.9. Aparición de la imprenta. En las postrimerías del primer periodo de la historia del l., o sea, cuando los manuscritos habían alcanzado la perfección que se acusa en los producidos en las escuelas monásticas, a la sombra de las universidades o por la obra de los hombres del Renacimiento, hizo su aparición en Europa el arte tipográfico (v. TIPOGRAFÍA), que si bien significó una revolución profunda, no ocasionó la desaparición del I. manuscrito. Los chinos conocieron los caracteres movibles, cuya invención se atribuye, en el s. XI, al herrero Pi Cheng quien, utilizando arcilla y cola líquida, fabricó tipos, que luego endureció al fuego. La composición se hacía sobre una plancha de hierro untada con ceniza de papel, cera y resina, y se la sostenía sobre un bastidor de hierro; calentándola un poco y dejándola enfriar, se obtenía una adherencia perfecta de los caracteres, los cuales podían separarse volviendo a calentar el conjunto. La noticia más antigua de la existencia de tipos movibles metálicos se halla en los anales de Corea,correspondientes a 1392. No existen pruebas de que posteriormente estos antecedentes fueran conocidos en Europa por mediación de los misioneros.El nuevo arte, basado esencialmente en el empleo de los caracteres movibles, nació por obra de personas especializadas en el trabajo del metal y diestras sobre todo en la técnica de la fundición, sin que con esto se pretenda afirmar que el I. impreso no deba nada a la xilografía. La contemplación de los grabados y de los textos grabados en madera pudo hacer más tangible las posibilidades que ofrecía el papel para la reproducción industrial de los textos. Los caracteres movibles son el resultado de una serie de operaciones sucesivas en las cuales intervienen el punzón, la matriz, el molde y la aleación de ciertos metales.La imprenta aparece en Alemania hacia 1434 cuando Johann Gutenberg (v.) hace los primeros ensayos tipográficos, dándoseles el nombre de "incunables" (v.) a todos los I. aparecidos desde la fecha indicada hasta el I en. 150l. Sin embargo, por extensión, se denominan también incunables a las publicaciones que ven la luz a lo largo de la centuria en que se introduce la imprenta en un continente o país determinado.Difusión de la imprenta. La toma y saqueo de Maguncia (1462) por Adolfo, elector de Nassau, debió de contribuir en gran manera a la dispersión por Alemania, Italia, Francia y otros países, de obreros tipógrafos maguntinos, que introdujeron en dichos lugares el ejercicio del nuevo arte. No está clara la fecha precisa en que en España se introdujo la imprenta, al parecer lo primero que se imprimió fueron las actas del Sínodo celebrado en Aguilafuente (Segovia), a fines de 1472, atribuyéndose su impresión, con cierta poca probabilidad, a Juan Parix de Heidelberg.10. Triunfo de la técnica en la producción del libro. La imprenta, desde su invención hasta mediados del s. XVIII, no experimenta grandes cambios. Uno de los rasgos más característicos del I. del s. XIX es el vigoroso desarrollo de su producción libraria. En 1799, el francés Louis Robert inventa la máquina para elaborar papel, y hacia 1810, el alemán Friederich Kónig, la prensa mecánica, máquina que sustituyó a las antiguas prensas manuales y que tras una serie de perfeccionamientos pronto demostró ser capaz de producir grandes tiradas en muy corto plazo. El nuevo y significativo avance en el desarrollo técnico se produjo con la máquina de componer; el ensayo más antiguo corresponde al danés C. Soerensen, pero la forma que triunfó fue la linotipia del relojero Ottmar Mergenthaler. Tanto éstas como las diversas máquinas de componer que se construyeron posteriormente (Monotype, Intertype, Typograph, etc.) funden los tipos en el momento mismo de agruparse en la composición; ésta se realiza por medio de la pulsación de un teclado de forma análoga a como se escribe a máquina. Con la composición mecánica puede alcanzarse una rapidez tres o cuatro veces mayor que con la composición a mano y, en unión de las prensas mecánicas, las máquinas de componer han originado poco a poco una absoluta revolución en el arte de la imprenta e impuesto en las imprentas actuales un carácter totalmente diferente y más industrializado que en los tiempos anteriores.Importancia especial tuvo este triunfo de la técnica en lo relativo a la impresión de la literatura periódica, que nacida en el s. xvli, desde 1860 había ido en creciente aumento (v. PERIÓDICO) no sólo los periódicos, sino también los numerosos semanarios populares, revistas y demás publicaciones análogas (v. PRENSA), se beneficiaron de la rapidez con que podía efectuarse la producción, en especial después de haberse impuesto la rotativa (v.) del papel "continuo". Significación no menor tuvo la posibilidad de pasar en la reproducción de ilustraciones de los lentos sistemas del tallado en madera y de la litografía (v.) a los sistemas de fotograbado (v.; FOTOLITOGRAFÍA; FOTOMECÁNICA).1l. Industria y arte del libro en el siglo XX. La mayor parte de la impresión moderna se realiza por medio de la composición mecánica y de prensas rápidas (v. COMPOSICIÓN TIPOGRÁFICA), pero constantemente se presentan trabajos que aún exigen la composición manual, y aunque los talleres de encuadernación (v.) emplean en gran medida maquinaria, también es preciso lo que antes se conocía por encuadernación artística y que tan sólo puede realizarse a mano. Los nuevos métodos técnicos progresan y continuarán haciéndolo. Para la tirada muy numerosa, especialmente de semanarios ilustrados, p. ej., se utiliza actualmente el "huecograbado" (v.), en el cual los caracteres se encuentran en una plancha de cobre en cuya superficie texto e ilustraciones están grabados por procedimientos fotomecánicos; una moderna rotativa de huecograbado puede hacer más de 20.000 impresiones en una hora.Otro medio apropiado para las grandes tiradas, el offset (v.), está obteniendo una gran difusión no sólo para la producción de impresos publicitarios y otros aná= logos, sino también para la de l.; en él la composición se transfiere a una plancha de cinc y de ella a una de caucho, lo que permite conseguir buenos resultados, incluso con papel de clase inferior. Tanto el huecograbado como el offset pueden hacer tiradas en color; pero se realizan también en autotipia ilustraciones impresas en tres o cuatro colores, en la que el original se descompone en colores básicos que se imprimen en clichés separados.Excelente calidad en la reproducción del color la proporciona la fototipia (v.). En ella, la superficie se imprime en una placa de vidrio tratada especialmente, pero el método se presta mejor a tiradas reducidas y facsímiles; puede alcanzarse tal semejanza con el original que éste apenas se distingue de la reproducción. Con estos diferentes métodos mecánicos, basados en el progreso de la fotoquímica (v.), no pueden competir los antiguos métodos de ilustración.V.t.: PAPIROLOGíA; MANUSCRITOS; CÓDICES; LIBROS LITÚRGICOS; BIBLIOTECAS; EDITORIAL, EMPRESA; GRABADO; ARTES GRÁFICAS.J. GARCÍA MORALES.
BIBL.: A. MILLARES CARLO, Introducción a la historia del libro y de las bibliotecas, México 1971; S. DAHL, Historia del libro, Madrid 1972; P. BOHIGAS, El libro español, Barcelona 1962; L. FEVBRE, La aparición del libro, México 1962; G. COCHET, El grabado, historia y técnica, Buenos Aires 1943; Z. GARCÍA VILLADA, Metodología y crítica histórica, 2 ed. Barcelona 1921; V. OLIVA, El libro español, Barcelona 1930; C. PAOLI, Del papiro specialmente considerato come materia che a servito alla scritura, Florencia 1878; l. A. PÉREZ RIOJA, El libro y la biblioteca, Barcelona 1952; F. VINDEL, Manual de conocimientos técnicos y culturales para profesionales del libro, 2 ed. Madrid 1948; R. EsCARPIT, La revolución del libro, Madrid 1968.
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