Liberalismo
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Varios
INTRODUCCIÓN: Caracteres generales. Pocas expresiones quizá hay tan imprecisas e indeterminadas en su contenido como la de I. En Inglaterra adquiere un claro significado político oponiéndose a conservador; en Alemania su sentido es más bien cultural y religioso; y en los diversos países latinos viene a identificarse con antitradicional, anticatólico y laicista. Todos estos sentidos, más que fijarse en la raíz última y más profunda de lo que es el l., sólo indican cómo ha sido interpretado en los diversos países y momentos; y esto mismo ocurre, en cierto modo, cuando se habla de I. político, económico, filosófico o religioso. Todos estos aspectos pueden considerarse como aplicaciones prácticas de unos cuantos postulados fundamentales con los que se intentará caracterizar al I. doctrinario, aparecido y difundido sobre todo en el s. XIX.Aparte está otro sentido en el que suele usarse, a veces, el término l.: como actitud temperamental derivada del respeto a la libertad de los demás; como tal actitud, el término puede reducirse a alguna de las virtudes cristianas, como la caridad (v.), la responsabilidad (v.), la gratitud (v.), la liberalidad (v.) y otras, que incluyen el respeto y amor a la libertad (v.) sin lesionar la justicia (v.) ni sus virtudes anexas. Pero no es éste el sentido que tratamos aquí; el término I. es usado, por los tratadistas de diversos campos, en el sentido de un conjunto de doctrinas filosóficas, sociales, económicas, políticas y hasta religiosas, que adquieren su máximo desarrollo e influjo en el s. XIX, en gran parte extensivo al XX.No es fácil une sistematización unívoca del I. doctrinario, aplicable por igual a la política, la cultura, la economía, etc., ya que según los países y momentos adquiere distintos matices y caracterizaciones. Pero de un modo sumario y general se puede decir que el I. decimonónico es una de las aplicaciones prácticas de las ideas de la llamada Ilustración (v.). La Ilustración no es ciertamente un movimiento ideológico universal; es una ideología que se concentra, en el s. XVIII, en un grupo más o menos amplio, pero siempre reducido, de eruditos, y que favoreció más, quizá inconscientemente, los absolutismos. A finales de dicho siglo, sus ideas pasarán a influir en el ambiente público bajo dos formas: la Revolución francesa (v.) que las aplicará a través de la coacción y la fuerza, y el I. que intentará realizarlas en diversos campos, de una forma meditada, reflexiva, como un movimiento fundamentalmente cultural.Los postulados fundamentales de este l., considerado en su forma más radical, podrían resumirse de la manera siguiente: a) Supervaloración de la libertad individual. La libertad (v.), entendida como absoluta independencia de poderes extraños, es considerada la propiedad más importante y radical del hombre; cada hombre es dueño y autor absoluto de su propio ser, no reconociendo límites o derechos de interferencia en sus pretensiones. No se llegan a reconocer ni siquiera los derechos de Dios, al que apenas se le considera en el trasfondo de un vago deísmo (v.). b) Autonomía absoluta de la razón. La razón (v.) posee libertad absoluta en sus investigaciones de tal manera que ningún campo o esfera queda excluida de su poder; todo conocimiento que no sea estrictamente racional, que no se haya obtenido a través de un proceso demostrativo, carece absolutamente de valor (v. RACIONALISMO). Llevado esto a sus últimas consecuencias, no es muy de extrañar que en el s. xix apareciesen desde el absoluto idealismo (v.) de Hegel hasta el craso materialismo (v.) de Marx, lejos ya ambos de los principios liberales, pero igualmente racionalistas. c) Soberanía absoluta de la Naturaleza. Todo en este mundo está sometido a las mismas leyes mecánicas de la "Naturaleza"; entre los diversos seres no existen diferencias esenciales, todo se encuentra situado al mismo nivel, todo es unívoco y horizontal. Nada escapa al orden natural: ni la Religión, libre de todo misterio, revelación u orden sobrenatural; ni la Moral, independiente de toda ley eterna o divina; ni el Derecho cuya única fuente serán los pactos interhumanos (v. NATURALISMO). "La Naturaleza" viene a ser un absoluto impersonal, que sustituye al Dios personal, Padre de los hombres, de la Revelación. Ya de un examen detenido de estos postulados, que pueden considerarse esenciales del I. radical, se echan fácilmente de ver las contradicciones de unos con otros.A partir de estos postulados se deducen toda una serie de consecuencias que pueden definir el I. en su sentido más general; aunque no todos los que se autocalifican de liberales admitirán esos postulados y estas consecuencias en la misma forma. a) El Estado (v.) liberal será un Estado llano, sin jerarquías ni privilegios: un mero representante del pueblo en orden a ejecutar las leyes que éste, ya sea directamente o a través de sus representantes, haya establecido y determinado. b) La moral (v.) liberal no sólo es ajena a toda norma sobrenatural o trascendente sino que es absolutamente individual y subjetiva, de tal manera que se diferencia radicalmente de los diversos deberes sociales. c) Como la única y auténtica autoridad (v.) es la que cada persona posee sobre sí misma, para poder vivir en perfecta convivencia social es preciso situarse en un terreno neutro donde no puedan existir querellas u oposiciones: el principio de la tolerancia pasará a ser uno de los principios básicos de la sociedad liberal. d) El hombre (v.) es fundamentalmente bueno según el l., que cree que el mal (v.) es pura consecuencia de la ignorancia; de aquí que como primera empresa de todo Estado proponga la educación de los ciudadanos. e) El orden religioso, en su sentido más estricto (v. RELIGIÓN), es considerado como ajeno y exterior al hombre y por lo mismo a la libertad; el I. impone, por consiguiente, desprenderse de él o reducirlo a elementos racionales. f) La Iglesia carece de todo derecho y autonomía desde el punto de vista jurídico; es algo que; se encuentra dentro del Estado y a éste le corresponde el determinar su forma y evolución.En resumen, podríamos afirmar que el I. es el sistema filosófico, político, moral, económico o religioso que admite la libertad como valor supremo y la confunde con una independencia y autonomía absoluta del hombre en relación a todo valor sobrenatural y trascendente. Las ideas y repercusiones más radicales de este I. en el terreno religioso, al que a toda costa trata de minimizar, su falsa concepción sobre la "libertad de conciencia" (v. LIBERTAD IV), entendida como indiferentismo (v.), su laicismo (v.) y disolución de los fundamentos religiosos de la moral (v.), y, en definitiva, la errónea concepción última de la naturaleza del hombre y de la religión que se desprenden de los postulados del I. radical fueron el motivo fundamental de las diversas condenas de que fue objeto por parte del Magisterio pontificio (v. III-IV). Aunque el l., como el cristianismo, defendía la libertad, muchos de sus portulados eran erróneos o equívocos, y en la práctica condujeron con frecuencia a la negación o supresión de la misma libertad.Antecedentes y evolución. Las ideas del I. pueden considerarse como el pleno desarrollo del proceso de secularización (v.) que se inicia de una forma un tanto imprecisa en el s. XII y llega a manifestarse con más claridad a partir del s. XIV. Se afirma el poder y el valor de la razón, y ésta apoyada en su propio y exclusivo dinamismo conducirá a una visión del mundo sin contenido ni diferencias intrínsecas; frente a la razón no hay autoridades ni carismas, todo se sitúa a la misma altura y valor. En el s. XIV, y por obra del nominalismo (v.), la razón cree tomar conciencia de la individualidad: todo lo que existe y en cuanto existe es individual, cerrado total y absolutamente sobre sí; las relaciones de unos seres con otros serán puramente extrínsecas y artificiales. La sociedad (v.) humana pasará a ser así un simple agregado numérico de individuos, aunados sólo por un difuso acuerdo personal de voluntades. El mundo nominalista es un mundo vacío de todo contenido eidético, de toda profundidad o valor ontológico. Por otra parte, el concepto (v.) es considerado simple instrumento ordenador de la realidad; su misión no es tanto decir lo que son las cosas como el dominarlas y apresarlas entre sus redes. La auténtica realidad de las cosas sólo nos la da la "experiencia", entendiendo por tal sólo la de los sentidos en contacto directo e inmediato con la "Naturaleza". Los cuatro elementos: razón, individuo, libertad y naturaleza serán como pilares sobre los que se va a construir gran parte de la filosofía moderna y cuya más perfecta consecuencia práctica recibirá el nombre de I.Nicolás de Cusa (v.) con su errónea división de la Lógica en científica y religiosa iniciará el proceso de secularización de la Teología: la razón, según él, carece de competencia para estudiar a Dios; la Teología ha de ser radicalmente diferente de toda Ciencia o Filosofía. Por esto Descartes (v.) y posteriormente Spinoza (v.) al afirmar que las verdades reveladas superan el alcance de nuestra inteligencia, lo dirán de un modo tal que, según ellos, para decidirse a examinarlas sería absolutamente necesario poseer una naturaleza sobrehumana. Además lo religioso en general es considerado como algo externo y extraño a la misma razón. De la única religión de la que podemos hablar es de una religión hecha a nuestra altura y medida, de la "religión natural", una religión sin misterios, ni dogmas, ni gracia sobrenatural; sobre ella, cada uno añadirá lo que subjetivamente crea más conveniente.Este mismo proceso que sigue gran parte del pensamiento moderno con relación a la religión lo encontramos, en cierto modo, repetido en el orden jurídico con la concepción del Derecho natural llamada iusnaturalismo (v.). El Derecho natural sería, según esta concepción, un Derecho autónomo y cerrado a todo mandato divino y a toda ley eterna; un derecho racional y por lo mismo relaciona] cuya fuerza o autoridad le vendrá únicamente desde fuera; su autoridad será algo forjado artificialmente, puesto que los hombres, según la expresión de Locke (v.), son "libres, iguales e independientes por naturaleza". La fuerza de coacción del Derecho natural será algo delegado, fruto de un consentimiento general. Este Derecho natural, cuyos orígenes se pueden encontrar en Grocio, será ampliamente desarrollado por Hobbes, Pufendorf, Locke y Rousseau, siendo el I. quien de una forma expresa querrá llevarlo a la práctica.Al poner al hombre, a su voluntad y libertad, como medida, origen y fin de todo, el Estado liberal, considerado una pura suma de las voluntades individuales, viene a actuar en la práctica como un absoluto, ya que resulta ser origen del Derecho y de la Moral y, por tanto, tiende con facilidad, al pasar el tiempo, a ir invadiendo todos los terrenos hasta los de la esfera privada, en contradicción con sus postulados iniciales. Sin la limitación que el derecho divino, la ley eterna y la revelada ponían al poder de los reyes y gobernantes, los estados liberales modernos, en contradicción con algunos de sus postulados teóricos, se han convertido a veces en gobiernos absolutistas, que han ejercido o pretendido ejercer tiranías o monopolios en diversos campos, de los que un ejemplo claro y repetido es el de la enseñanza (v.), aparte de su ya mencionada pretensión de hacer a la Iglesia, de una u otra forma, dependiente del Estado.De todas formas, el "sistema liberal" no es muy definido, y, por tanto, tampoco coherente ni filosóficamente riguroso; al tratar de definirlo, como hemos intentado aquí, se echan pronto de ver incoherencias y contradicciones, como se ha notado. Por eso, quizá, tanto las ideas liberales, de las que aquí hemos ensayado un esbozo, como sus realizaciones prácticas han sido tan diversas y matizadas por diferentes circunstancia sobre todo en el terreno político; por ello no es posible hacer una valoración o juicio único sobre las mismas. Muchas veces, p. ej., en el terreno político, el I. es una actitud de respeto y defensa de la libertad, más que una doctrina filosófico-política, aunque haya elementos de tal doctrina que matizán esa actitud en sí valiosa. Por otro lado, cuando se habla de I. como doctrina, en general se está aplicando el término al terreno económico y político, donde esa doctrina se encuentra más caracterizada y donde ha ido sufriendo evoluciones y adaptaciones por lo común de carácter positivo (v. I y II).V. t.: RACIONALISMO; NATURALISMO; SUBJETIVISMO; INDIVIDUALISMO; IUSNATURALISMO; INMANENCIA; LAICISMO; INDIFERENTISMO; DENMO; CLERICALISMO Y ANTICLERICALISMO; LIBERTAD.J. GARCIA ALVAREZ.
BIBL.: J. MESSNER, La cuestión social, Madrid 1960 (especialmente p. 54-70); G. DE RUGGIERO, Historia del liberalismo europeo, Madrid 1944; G. MARTINA, Il liberalismo cattolico ed il Sillabo, Roma 1959; L. DIEZ DEL CORRAL, El liberalismo doctrinario, 2 ed. Madrid 1956; F. VALJAVEC, Historia de la Ilustración occidental, Madrid 1964; VARIOS, Liberalismo, en Enc. Fil. 3,15191530.
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