Libano (lubnán) VI. Historia de la Iglesia. HIST.
Categoria:
Historia de la Iglesia
La historia del catolicismo en el L. es la de la Montaña: de la Iglesia maronita que se estableció allí desde la Alta Edad Media; de las Iglesias católicas de ritos orientales que vinieron en el s. XVIII en busca de un refugio; del trabajo de los misioneros de rito latino.Organizados en Iglesia alrededor del monasterio de S. Marón, a las orillas del Orontes, con ocasión de las luchas entre jacobitas (v.) y melquitas (v.) que desgarraban el patriarcado de Antioquía (v. ANTIOQUÍA DE SIRIA V), los maronitas (v.) habían emigrado después de la conquista árabe a los altos valles del Norte del L. El contacto con los cruzados (V. CRUZADAS, LAS), desde la llegada de éstos a Trípoli (1099), les permitió establecer con Roma relaciones hasta entonces casi imposibles. El patriarca jeremías de Amschit tomó parte en 1215 en el IV Conc. de Letrán y la fidelidad de los maronitas a la Santa Sede jamás ha sido desmentida desde entonces. En la práctica, no obstante, la ruina de los reinos creados por los cruzados hizo difíciles y raros los contactos durante tres siglos. Las "capitulaciones" de Francisco I de Francia con la Sublime Puerta (los turcos) en 1535 hicieron estos contactos más fáciles, y una serie de misiones pontificias (1578, 1580, 1582, 1586) ayudaron al patriarcado a reorganizarse. En 1584 se abrió en Roma un seminario maronita y cuando, en el s. XVIII, los maronitas hubieron ampliado su territorio, descendiendo hacia el sur, el sínodo de 1736 (que definió, latinizándolo, el derecho canónico del rito) dio a cada uno de los obispos, hasta entonces agrupados en colegio alrededor del Patriarca, una diócesis para que la administraran. En la misma época, la antigua vida religiosa de los monasterios independientes, regidos por la costumbre, dejó paso a congregaciones organizadas según modelos occidentales, cuyas constituciones aprobó en 1700 el patriarca Esteban Douaihy.Este periodo vio también cómo los jeques maronitas y sus soberanos, los emires drusos, acogían en sus tierras, por recomendación del Patriarca maronita, a los Patriarcas neo-católicos expulsados de las ciudades de Siria por la persecución; estos Patriarcas establecieron en el L. sus residencias: San Salvador (1725) y después Ain-Traz (1811) para los melquitas; el Kreim (1743) y después Bzommar (1749) para los armenios; Charfé (1785) para los sirios. La ruina del emirato a mediados del s. xix tuvo como consecuencia el reforzamiento de la autoridad de los jefes religiosos. En el L. autónomo (1861-1914), el Patriarca maronita encarnaba no solamente su comunidad, sino la misma entidad libanesa. En 1919, el patriarca Elías-Pedro Hoyeck fue elegido por todas las comunidades, tanto musulmanas como cristianas, para llevar a la conferencia de paz los deseos del L. que reclamaba (y obtuvo) sus fronteras naturales y la independencia con respecto a Siria. La posterior organización de un Estado moderno ha podido reducir estas prerrogativas, pero no las ha eliminado totalmente.El final del s. XIX había visto cómo los libaneses, sobre todo los cristianos, habían emigrado a Egipto y a las dos Américas. El periodo que siguió a la guerra de 1914-18 vio cómo a este movimiento se superponía otro en sentido inverso, con una corriente de inmigración que traía a muchos que se habían escapado cuando las grandes matanzas de Turquía (de rito armenio, sobre todo) y también de los que se habían refugiado en Iraq (sirios y caldeos). Hoy día se instalan en el L., el único país de Oriente en donde los cristianos se sienten plenamente ciudadanos, buen número de sirios y de egipcios católicos de diversos ritos.La actual organización eclesiástica refleja toda esta historia. El L. es hoy día la residencia de los Patriarcas maronita, sirio-católico y armenio-católico; el Patriarca melquita reside allí frecuentemente. Las 19 circunscripciones eclesiásticas (ocho diócesis maronitas, siete melquitas, una armenia, una caldea, un vicariato apostólico latino y un vicariato patriarcal sirio) tienen una importancia muy desigual. Sus datos estadísticos, según Ann. Pont. 1972, se resumen en el cuadro de la pág. precedente.El florecimiento en el L. de los institutos religiosos se debe a que en este país, sobre todo a lo largo del s. XIX, se han instalado una treintena de órdenes y congregaciones venidas de Occidente que se encontraban con un pueblo acogedor, ávido de instrucción y con la posibilidad de reclutar vocaciones misioneras de lengua árabe. Siguiendo su ejemplo, se fundaron también, o evolucionaron, congregaciones locales. Hoy día hay casas de 22 institutos de sacerdotes (cuatro maronitas y cuatro melquitas, libaneses; tres armenios de los que uno es libanés; 11 latinos), de dos institutos de hermanos dedicados a la enseñanza (latinos) y de 48 institutos de religiosas (dos interrituales de los que uno es libanés, seis maronitas, cinco melquitas, uno sirio, uno armenio y 33 latinos).V. t.: SIRIA VI y VII.HENRI JALABERT.
BIBL.: C. KOROLEVSKY, Antioche, en DHGE III,543-703; C. KoROLEVSKY, Beyruth, en DHGE VIII,1300-1339; S. VAILHÉ, Antioche, en DTC 1,1399-1433; P. DIB, Maronite (Église), en DTC X,1-142; P. K. HITTI, Lebanon, en New Catholic Encyclopedia, 8, Nueva York 1967, 594 ss.; Ann. Pont. 1972.
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