Leopardi, Giacomo
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Biografía GER
El más puro y profundo representante de la lírica romántica italiana.Biografía. N. en Recanati, en las Marcas, el 29 jun. 1798, de familia noble. Ya en la adolescencia alcanzó una copiosa erudición, hasta el punto de arruinar su salud en siete años de estudio desesperado (1812-19). El ambiente de su pueblo y de su familia le ahogaba, y llegó a pensar en la fuga y en el suicidio. La crisis iniciada en 1816 culminó en 1819. Son los años en que se va afianzando su vocación poética. En 1812 abandonó por primera vez su ciudad para ir a Roma, que le desilusionó profundamente; sólo recordará con afecto la visita al sepulcro de Tasso. Tras otros dos años en Recanati, parecieron abrírsele posibilidades en el mundo literario y se fue a Milán. Pero ni aquí, ni en Bolonia, ni en Florencia, se encontró bien: le acompañaban siempre su tristeza y sus sufrimientos. En 1827, en Pisa, pareció sentir una mejoría en su salud junto a un renacer de la inspiración poética, dormida en los últimos años; y entre 1828 y 1830 compuso en Pisa y Recanati los grandes idilios. 10 años después de los primeros. Durante los tres años siguientes en Florencia, estrechó una profunda amistad con el napolitano Antonio Ranieri y amó apasionadamente a una dama, Fanny Targioni- Tozzetti, a la que probablemente dedicó sus últimos cantos. Los años finales los pasó en Nápoles, con Ranieri, clamando por la muerte, que le llegó allí el 14 jun. 1837.Obra en prosa. Íntimamente ligado a su vida está su Epistalaria, formado por más de 900 cartas, cuyas copias conservaba, reflejo de todo su mundo interior. Sobresalen las de su juventud, desde 1817, al ya consagrado Pietro Giordani, a quien admiraba; las dirigidas a su hermano Carlos desde Roma ya su hermana Paulina desde Pisa, y dos conmovedoras a su padre, la que explica los motivos de su fuga y la última, escrita sólo 18 días antes de su muerte, donde ya alude al maribanda mia carpa. Todo el pensamiento leopardiano se encuentra desarrollado en sus obras en prosa. Cronológicamente, la primera (aunque le ocupó a lo largo de su vida) es el Zibaldane, así llamado porque no es otra cosa que lo que esa palabra significa en italiano, un libro de apuntes desordenados. Desde 1817 a 1832, L. fue recogiendo las más variadas notas sobre temas distintos, literarios, filológicos, estéticos, históricos, morales. No era su intención componer una obra sistemática y así quedaron inéditos en la Biblioteca de Nápoles los miles de apuntes manuscritos (más de 4.500 hojas) que fueron publicados por primera vez en el centenario del nacimiento ( 1898-1900). Se consideran aparte los Pensieri, aunque muchos desarrollan ideas del Zibaldane, que son más de un centenar de pensamientos elaborados en la última etapa napolitana y publicados póstumos por su amigo Ranieri. Sin embargo, su obra más importante en prosa son las Operette marali, casi todas compuestas en 1824, a la vuelta de Roma, en un total de 24 y en forma de diálogo la mayor parte.
La actitud ante la vida de L. es la base de su pesimismo, que alienta en las obras en prosa e impregna sus obras poéticas. Incapaz de hallar nada que le satisfaga completamente, surge el tedio (la naia, como él decía), un vacío interior incolmable por el deseo de felicidad. y si ésta es imposible, no sólo para el hombre, sino para todos los seres de la creación, la vida es dolor, y no vivir es mejor que vivir y lo que somos es nada en relación a todo lo que no somos. En un principio consideró que las causas derivaban del conflicto rousseauniano entre Naturaleza y Razón; es ésta, en forma de civilización, la que mata las ilusiones y destruye la simplicidad y felicidad naturales. Pero más adelante su pesimismo no se limita al curso de la historia: la contradicción entre el deseo de felicidad y la imposibilidad de alcanzarla sólo puede ser debida a la perfidia de la Naturaleza, considerada luego como una madrastra cruel. La prosa de L., sobre todo en las Operette, es de una eficacia y valor inusitados. Ni se mantiene en esquemas tradicionales ni se abandona a la espontaneidad del habla; es una prosa trabajada, pero rigurosamente fiel al ritmo de las ideas, pasando de los tonos irónicos o sarcásticos a momentos de gran belleza lírica.
Producción poética. Casi toda la creación poética de L. se agrupa con el nombre de Canti, dado por el mismo poeta en las ediciones de 1831 y 1835, y que abarca composiciones desde 1818 hasta casi el momento de su muerte. Las primeras, de carácter patriótico y filosófico, no definen por entero su personalidad. A partir de los llamados "primeros idilios" se muestra la nueva tonalidad de la lírica leopardiana: poseía interior, de profunda resonancia sentimental, que parte en cambio de hechos cotidianos, de situaciones vitales reales, a veces de la contemplación de un lugar o de un paisaje (10 que justifica el nombre de idilios), desde el cual se remonta, a través del tiempo o del espacio, para llegar a consideraciones sobre el ser humano y su destino. En la reevocación de lo anhelado, la juventud, la primavera y el amor se funden en un sueño inalcanzable, cuyo contraste con la cruel realidad son causa de la desesperación del poeta. Sólo es dulce dejarse naufragar en la infinitud y en la eternidad imaginadas (L ’infinito) .También es dulce la noche tranquila del día de fiesta; pero a la jornada festiva, que no lo ha sido para el poeta, fugitiva como la vida, sucede la vulgar ( La sera del di di festa) .y es grato recordar, aunque el recuerdo sea doloroso (Alla luna).
La distancia entre los primeros y los nuevos idilios se señala con diferencias formales y sentimentales. A los endecasílabos sueltos constantes sucede ahora la llamada estrofa libre leopardiana, que mezcla en decasílabos y heptasílabos sin esquema previo; ni rimas, ni número de versos, ni orden en la distribución sujetan al poeta. Ya la mayor fluidez formal corresponde mayor interioridad y esencialidad. La mujer, que en su pleno sentido pertenece al mundo de la ilusión y del recuerdo, reaparece con el nombre de dos muchachas, Silvia y Nerina, en dos cantos de evocación de su breve historia sentimental: A Silvia y Le ricordanze. El misterio del porqué de las cosas, del ser humano, del sufrimiento, de la vida que es mal, del tedio del poeta que el animal no conoce, se desarrolla en el Canto notturno di un pastore errante nell’ Asia, con predominio de la forma interrogativa. El único placer del hombre consiste en librarse de la pena, o sea, que sólo el dolor es algo positivo ( La quiete dopo la tempesta) ; y como el día de la semana más grato al pueblo es el sábado, antes del tedio y la tristeza de la fiesta, la adolescencia es la edad florida porque su dicha está precisamente en la espera (Il sabato del villaggio).
La poesía leopardiana de los últimos años representa un cambio decisivo; hasta hubo críticos que la consideraron un retroceso, al salirse del ámbito idílico, pero no es éste el criterio más reciente. Representa una actitud más compleja, con cierta tensión heroica, con elementos más dramáticos y pasionales, polémicos y filosóficos, expresados en periodos sintácticos más largos, con predominio de subordinadas y con un nuevo ritmo de pausas más bruscas y rimas más relevantes. Algunas forman el llamado ciclo de Aspasia, nombre que encubre a Fanny Targioni-Tozzetti. Pero la poesía más representativa de su última época es la dedicada a la retama, La ginestra o il dore del deserto (cuyo punto de arranque está probablemente en La rosa del desierto de Cienfuegos), en la cual, humilde florecilla que florece en la laderas del Vesubio, ve pintada la suerte de la humanidad. También a los últimos años, y como algo aparte, pertenecen unas composiciones satíricas, como los Paralipomeni della Batracomiomachia, poema en octavas.En la poesía española L. no dejó huellas hasta muy a finales de siglo y ni siquiera en la crítica aparece su nombre antes de 1855, en que Juan Valera le dedica el primer estudio en español.J. ARCE FERNÁNDEZ.
BIBL.: F. FLORA, Tutte le opere, 5 vol., Milán 1938-49; F. GIANNESSI, Giacomo Leopardi, en Letteratura italiana. 1 Maggiori, II, Milán 1956; W. BINNI, La nuova poetica leopardiana, 2 ed. Florencia 1962; G. GETTO, Saggi leopardiani, Florencia 1966; E. BICI, Dal Petrarca al Leopardi, Milán-Nápoles 1954; A. PRIETO, El cultivado dolor de Giacomo Leopardi, en Maestros italianos, Barcelona 1965, 11,1265-1343; A. A. DEL GREco, Giacomo Leopardi in Hispanic Literature, Nueva York 1952; J. ARCE, Leopardi nella critica spagnola dell’Ottocento, en las Actas del "Convegno Internazionale di Studi Leopardiani" de Recanati 1967.
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