Lenguas Prehispánicas de América HIST.
Categoria:
Historia
l. Introducción. Quizá la sorpresa mayor de los españoles ante el descubrimiento de América fue la diversidad de lenguas que los indígenas americanos hablaban, y que no tenían ningún parecido ni parentesco con las conocidas hasta entonces; intérpretes de turco y tártaro nada podían conseguir, hasta que nacieron entre los mismos españoles, y entre los indios, los farautes o `lenguas’,que sirvieron de intérpretes y traductores, hasta que hubo conocedores profundos de los idiomas prehispánicos, que se lanzaron a tareas más complejas que las de simples traductores: las de gramáticos y lexicógrafos.Los motivos y estímulos para realizar esta labor no fueron los de dominación, ni siquiera los políticos, sino especialmente misionales. Así puede afirmarse que a los 50 años del descubrimiento y de la ocupación de casi todo el continente y América insular, las principales lenguas eran dominadas por expertos misioneros, porque éste fue el motivo principal del estudio (y conservación) de las lenguas indígenas, el poder llegar, en su propio medio de expresión, hasta la comprensión del indio. Puede, pues, asegurarse que todos los idiomas indios de los territorios de las colonias españolas (desde California y Nuevo México hasta Patagonia) fueron inmediatamente conocidos, tan pronto como se realizaban las entradas o penetraciones; no hay, por tanto, una fecha única, sino que el progreso en el conocimiento lingüístico va al mismo ritmo, con muy leve retraso, de la ocupación del territorio. No fue así para los idiomas de los pueblos al norte de las colonias españolas, cuyos idiomas fueron conocidos, aparte de algunos exploradores, tramperos, comerciantes de pieles y cazadores, sólo por los misioneros jesuitas, en sus penetraciones desde el Canadá. Los nombres de fray Bernardino de Sahagún (v.), franciscano; fray Alonso de Molina, dominico; Francisco de Ávila, clérigo secular, forman el de una serie de gramáticos, autores de Artes o gramáticas, que no se interrumpe hasta el fin mismo de la colonización española, y que se ha continuado después con las misiones religiosas modernas, en su mayoría católicas, sin que falten las protestantes, como la Escuela Lingüística de Verano, de Minnesota, que actúa en Perú oriental.En el conocimiento de las lenguas prehispánicas de América, muchas de las cuales subsisten hoy, aunque es grande el número de las desaparecidas, tiene lugar, por lo dicho, una primera etapa de conocimiento directo, por razones prácticas de comunicación, sin una verdadera preocupación filológica, sino casi estrictamente lexical y gramatical. Una segunda etapa se inicia en el s. XVII con el filósofo Leibniz (v.), que en su Brevis designatio meditationum de originibus gentium ductis potissimum ex indiciis linguarum, buscaba esencialmente el poder hallar la genealogía de las lenguas, hasta llegar a la que pudieron hablar los primeros habitantes del mundo. Para conseguir este objetivo no había otro camino que tener un material cuantioso de todas las lenguas que en aquel entonces se hablaban en la tierra. Había dos importantes reinos que dominaban extensos territorios, donde gentes muy variadas hablaban multitud de lenguas diferentes: Rusia y España. En 1713 Leibniz se dirigió a Pedro el Grande de Rusia, pidiéndole el envío de materiales lingüísticos y gramaticales. Esta idea prendió en el ánimo progresista del Emperador ruso, quien inició una importante colección, que sería continuada durante todo el s. XVIII. Las buenas relaciones entre Rusia y España a finales de ese siglo, permitieron a Catalina II solicitar del rey de España que le enviara vocabularios de las lenguas indígenas americanas, a lo que accedió este monarca. Parte de los materiales lingüísticos enviados desde América (de lenguas hoy en desuso) quedaron en la Real Biblioteca de Madrid, y allí se conservan. Se había iniciado el periodo científico del estudio de las lenguas y las relaciones de unas con otras, y de ello se iba a beneficiar el estudio de las indígenas americanas.El paso más importante en este sentido iba a ser dado por un jesuita español expulso: Lorenzo Hervás y Panduro (v.). Wilhelm von Humboldt (v.), el gran humanista, embajador del rey de Prusia ante la Santa Sede, hizo grandes elogios de los materiales reunidos por él. Hervás y Panduro aprovechó la residencia en Italia de gran número de jesuitas expulsos, procedentes de los más diferentes lugares misionales, para reunir información sobre más de 300 lenguas, entre las cuales las americanas ocupan un papel importante. Su Catalogo delle Lingue conosciute... es el primer intento de una Filología comparada, que serviría de base para los estudios posteriores, en especial los de Adelung, quien emplea sus materiales y, en cierto modo, oscurece la fama de Hervás y Panduro.Las fuentes de estudio de las lenguas indígenas americanas son especialmente las primeras gramáticas y vocabularios de los misioneros, para las regiones dominadas por España y Portugal, y de los viajeros, para las otras regiones, colonizadas por los anglosajones o exploradas en tiempos posteriores. La bibliografía es copiosísima, pues aunque existen obras de conjunto, es muy abundante el número de monografías sobre cada una de las lenguas indígenas y sus dialectos.El trabajo de los lingüistas ha sido arduo y ha consistido especialmente en cubrir dos campos muy importantes: el geográfico y el evolutivo filológico. Cuando Pimentel (1862-65) hacía su Cuadro Descriptivo, tomaba una base geográfica; cuando Kroeber hizo su estudio de las lenguas yute-azteca o Rivet de la macrofamilia chibcha, hacían una vinculación de lenguas distanciadas en el espacio, pero dependientes unas de otras, como habladas por gentes que procedían de un mismo tronco lingüístico. De este modo se ha llegado a tener un mapa lingüístico, más o menos fijo, de las lenguas que se hablaban en las diferentes regiones de América hasta el sucesivo y progresivo contacto con los europeos, y también se ha conseguido establecer las familias (stocks), las lenguas y los dialectos. Está claro que en este caso la lingüística regresa a los objetivos que le marcara Leibniz: hacer la historia de los pueblos. La lingüística marca claramente los desplazamientos humanos y, por ende, la procedencia de muchos pueblos de América.2. Lenguas de América del Norte. Existe una clara diferenciación lingüístico-geográfica entre los idiomas indígenas del Norte y del Sur de América y es precisamente en el campo lingüístico en el que se debate más la posibilidad de diversos orígenes del "hombre americano", porque así como la dinámica de desplazamiento de las lenguas en América del Norte es de Norte a Sur, esta misma dinámica es de Sur a Norte en Sudamérica, lo que ha dado lugar a una frontera que se localiza precisamente en América Central, en cuyas tierras confluyen estas dos trayectorias, como pudo comprobar W. Lehmann (1920). Es por esta razón que es práctico estimar en las lenguas indígenas americanas sólo dos grandes regiones, la del Norte y la del Sur, ya que ambas tienen sus feudatarios en Centroamérica.Al considerar las de América del Norte, ha de hacerse la observación de que en ellas no se incluyen las hablas esquimales (v.), por la misma razón que en general al skimo no se le considera "indio" y que su presencia en América se cree muy reciente. Es lógico observar también que esta división geográfica no es absolutamente rígida, y que tanto para una como para la otra sección habrá que estimar "intrusiones" de una zona en otra, y que donde el fenómeno se produce con una mayor naturalidad es en América Central, tanto en la parte continental como en la insular: el área circuncaribe es (como es propio que haya ocurrido en el curso de la Historia) una zona de fricción, tanto en lo étnico como en el campo lingüístico."El problema principal, cuando se trata de describir los pueblos americanos (escribe Luis Pericot, o. c. en bibl., 575), es el de su clasificación..., y mientras no tengamos una base antropológica firme, la mejor clasificación es la que toma por base las lenguas indígenas". Esto indica la importancia que han tenido los estudios y conocimientos de los idiomas primitivos de América del Norte para poder fijar los diversos hábitats de los pueblos aborígenes y colegir sus movimientos. Monografías aisladas han permitido a lingüistas generales poder trazar cuadros de conjunto cfr. o. c. en bibl. de Paul Rivet, con la colaboración de C. Loukotka y G. Stresser-Peón, F. Boas y el P. Guillermo Schmidt). El primer intento, sin embargo, se debe a D. G. Brinton, que en su obra clásica La Raza Americana emplea ya un criterio científicamente lingüístico.Familia Dené (atapascos). Grupo de lenguas el más extendido de América del Norte, pues se hallan pueblos dené-parlantes desde el Círculo polar ártico hasta México. 1) Septentrionales: establecidos en la zona de Alaska, sin que se pueda afirmar que llegaran a ocupar la costa, formaron 35 tribus, con nueve lenguas diferenciadas, que originaron á su vez numerosísimos dialectos. Se han formado, por los lingüistas Vogelin, Osgood y Morice, cinco grupos: a) kuchín, desde el Yukon.al Mackenzie; b) koyukon, con dos subgrupos, el koyukon y tanana, y el han y tatchone), también sobre el Yukon; c) ingalik, tanaina, nabesna y ahtena; d) este grupo se llamó de los dené centrales, pues llegan hasta la bahía del Hudson, y cuenta con lenguas como las tahltan, nahane y tesetsaut, que pertenecen a muchas tribus que luego se mezclaron con gentes más meridionales; e) dené occidentales, con lenguas como la nataotin. Es dudosa la inclusión en este grupo de la lengua hablada por los eyak, muy emparentada con los tlinkit de la costa. 2) De la costa del Pacífico: se trata de lenguas derivadas de las septentrionales y que se han diversificado por la emigración de las tribus hacia el sur y sudoeste, llegando hasta California. Su diferenciación es muy grande y supera las 12 lenguas, muchas ya desaparecidas, ya sea por la intrusión occidental o por el habla de otras tribus: nicola, kwalhioqua, klatskanie, hupa, saia, etc. 3) Meridionales: son las lenguas de los emigrantes que más lejos llegaron hasta el sur, bordeando toda la frontera actual de México, cuyos pueblos estuvieron en contacto con los europeos desde el s. XVI. Dada su extensión desde el oeste al este, se han hecho dos grupos (orientales y occidentales), entre los que se cuentan pueblos tan conocidos de la generalidad de las gentes como los apaches, navajos, chiricahua-mescaleros, jicarila y kiouas. Los grupos supervivientes más importantes atapasco-parlantes son los navajos y los apaches de San Carlos. Los lingüistas han podido establecer el indudable parentesco de estos tres enormes grupos, pese a las trasformaciones sufridas al paso de cientos de años.Algonkian (algonquinos). Familia lingüística cuyos parlantes se distribuyen desde el Labrador, bahía de Hudson y sur de los Grandes Lagos hasta California, dispersión que es el testimonio de larguísimas emigraciones, existiendo grupos humanos (usamos siempre el presente histórico, pues han desaparecido en su mayoría) de la misma lengua, que se hallan separados por miles de kilómetros, habiéndose insertado otros pueblos y, por tanto, otras lenguas, como en el caso de los iroqueses, entre ellos. En la lengua algonquina, que es polisintética, varía la significación de las palabras por medio de sufijos y prefijos, se distingue lo animado de lo inanimado, pero se sustantiva con frecuencia el verbo. La sistematización más moderna ha llegado a establecer un número de 51 lenguas como pertenecientes a esta gran familia. Se han formado los grupos central, oriental, pies negros, cheyenne, californiano y arapahó. Tribus importantes de estas lenguas son los crís, ojibuas, chipeuas, ottauas, shoni (shawnee), mahican (mohicanos), pies negros, cheyennes y arapahós.Iroqueses. Cultural y políticamente son los más importantes de los indios de América del Norte (excepción hecha de los del sudoeste), pues llegaron a organizar la federación llamada de las "cinco naciones", luego convertida en "seis naciones" por la anexión de los tuscarora. Las lenguas iroquesas son muy ricas, gracias al uso de prefijos y sufijos, con tres clases de sustantivos humanos, con seis subclases y sus géneros, y poseen, además del plural y singular, el dual. La conjugación es también muy rica, por incorporación sustantiva en el verbo transitivo, teniendo formas especiales para posturas y estados; asegura Hewwitt que se pueden sacar hasta 3.000 derivaciones regulares de un solo verbo. Sus dialectos principales son los andarte, cayuga, cheroqui (en relación con los españoles en el s. XVIII), conestoga, erie, hurón, mojauck, oneida, onondaga, séneca, suskejanock, tuscarora y wyandot.Lenguas del Sudeste. Sapir y los que han intentado clasificaciones de todas las lenguas de América del Norte han tenido gran dificultad en reducir a familias y parentesco los idiomas y dialectos hablados por los indios que ocuparon el sudeste, pues estuvieron muy mezclados y quizá son restos de emigraciones muy antiguas, de pueblos desaparecidos antes de que pudieran ser estudiados. Los muscogis forman el grupo más importante y fueron llamados (por los españoles, en el s. XVIII, que tuvieron relaciones con ellos) también cricks (creecks). Su lengua posee también abundantes prefijos y sufijos y las formas de verbos y adjetivos se consiguen por reduplicación; no presenta plural el dialecto choctau. Sapir unió estas lenguas al grupo timucua. Son los timucuanos de Florida quizá el resto de una lengua muy antigua, y hacen el plural con la palabra muchos. Pertenecen a esta familia o agrupación la lengua túnica (con dos géneros en el sustantivo) y el toncaua y carancaua, emparentados, según Sapir, con idiomas del Pacífico, lo que significaría una larga historia emigratoria.Pueblos de la Pradera. Agrupación geográfica más que rigurosamente lingüística, sus lenguas son muy numerosas y los dialectos también: 1) caddos o paunis, con 14 dialectos; 2) kiouas, con dual y plural, de fonética muy nasal y verbo cuyas personas se marcan por prefijos, y 3) siux, que está muy extendido y tiene cinco familias dialectales, con cerca de 20 dialectos, agrupados en tres grupos: a) dakota-assiniboin (o del Misisipí); b) misuri; c) ohio; y d) oriental. Sus lenguas principales son el dakota, hidatsa, crou, omaha, ponca, kansa, uinnebago y mandan. Idiomas sintéticos, son los más complicados de América del Norte, con seis clases de pronombres, seis géneros o estados, y varían el significado por medio de partículas.Lenguas del Noroeste. Aunque algunos autores han pretendido unir a alguna de las lenguas del extremo noroeste el grupo dené (formando la familia n’dené), en el caso concreto de los tlinkit y haida, los pueblos de esta zona, como la del sudeste, son el resultado de poblaciones antiguas, con idiomas diferenciados. Son independientes lingüísticamente, aunque se ha pretendido incluirlas en la familia algonquina los salish y uakas (wakash). A esta rama se ha incorporado los chimesios, chinuk y chimacum; es dudosa la inclusión en este último grupo de la lengua shahaptiana.Lenguas occidentales. De muy variado origen y con evoluciones propias, abarcan Oregón, California, Nevada, Arizona y frontera de México, estando relacionadas algunas de ellas (yute, shoshon) son lenguas mesoamericanas. 1) Oregón y california, idiomas reducidos por Kroeber a 21 familias. Los pueblos que componen esta agrupación son los waitlapua, calapuya, yacona, cus, toquelma, klamath, con intrusiones algonquinas y atapascas. 2) Shoshones, que forman una de las más dilatadas familias, en cuanto al alcance de la emigración de los pueblos que hablan sus dialectos. Kroeber, siguiendo a Bushmann, pudo enlazar a idiomas que van desde las montañas Rocosas hasta las fronteras de Panamá, habiéndose establecido la gran familia yute-azteca (v. AZTECAS III), que comprende, además de los nahua, a las lenguas pima, comanche, mono y hopi. 3) Yuma. Comprende esta familia (incluida a su vez en la hoka), el mohave, cochimí y mar¡copas. 4) Pueblos. Denominación más bien cultural que lingüística, ya que entre ellos se incluyen a los hopi, del grupo shoshon. Está formado este grupo por los tano, quere y zuñi, afines entre sí, con numeración quinaria, y que usan prefijos más que sufijos.3. Lenguas de América del Sur. El conocimiento y estudio de estas lenguas es más completo que el de las de América del Norte, por dos razones: gracias al contacto con los indios que las hablan, establecido desde el s. XVI, por personas cultas (los misioneros) con afán de dominarlas y hablarlas, y porque aún viven, en una proporción muy grande, gentes que las usan. El resultado, pues, de cuatro siglos de estudio permite tener un cuadro muy completo y sistematizaciones claras. Citemos entre ellas las de A. Mason y C. Loukotka, el primero con un criterio de agrupación lingüística y el segundo intentando dar una geografía de las lenguas. El esquema de cada autor es como sigue:Alden Mason: 1) chibcha, 2) lenguas con probable afinidad con el chibcha, 3) lenguas de afinidad dudosa con el chibcha, 4) yunca-puruhá, 5) kuchumarán, 6) chiquita, 7) macro-guaicurú, 8) lule-vilela, 9) arauaco (arawak), 10) lenguas de probable afinidad con el arauaco, 11) lenguas de posible relación con el arauaco, 12) caribe, 13) lenguas de probable filiación caribe, 14) macrofamilia tupí-guaraní, 15) lenguas de las tierras tropicales septentrionales, de independencia presumible, 16) lenguas de las tierras tropicales meridionales, de independencia presumible, 17) macrofamilia gé, 18) shavanté, 19) guaitacán, 20) lenguas de la región de Pernambuco, 21) lenguas más meridionales.Cestmir Loukotka: 1) lenguas de las tribus paleoamericanas (a. División Sur, b. División del Chaco, c. División del Brasil Central, d. División del Nordeste, e. División del Noroeste); 2) lenguas de las tribus de la selva tropical (a. División Norte-central, b. División Sur-central, c. División Central, d. División del Nordeste); 3) lenguas de las tribus andinas (a. División del Norte, b. División Norte-central, c. División Sur-central, d. División Sur). Seguiremos esta última por ser la clasificación más reciente, pese a la solidez de la de Mason. Si bien conviene tener en cuenta un grupo mesoamericano, con que comienza Mason su estudio en el Handbook (cfr. o. c. en bibl.).Lenguas meso y centroamericanas. Denotan claramente las dos enunciadas procedencias Norte y Sur: 1) hokasiux, lenguas maribio o maribichicoa y subtiaba; 2) macrofamilia penutia, en la que quizá cabría incluir a los utoazteca, y algunas lenguas de origen maya (como la xinca), Cuatro lenguas quedan inclasificadas: lenca, jicaque, paya y la citada xinca; 3) derivadas del uto-azteca, procedentes de diversas emigraciones (nicarao, nahuatlato, bagace y pipil); 4) familia macro-otomangue (choluteca o chorotega, mangue y orotiña); 5) lenca, jicaque y payán; y 6) procedentes de la macrofamilia chibcha, por Panamá y Costa Rica. Los enclaves de Cacaopera y Matagalpa y quizá las del grupo anterior tengan relación con esta última familia.Lenguas de los pueblos paleoamericanos. 1) División Sur. Presenta lenguajes aislados: yámana, alacaluf, gennaken y sanavirón, yaksanás o chopo, patagón o tsón y chechehet, al que pertenece el querandí. 2) División del Chaco. Idiomas muy amplios, con grandes diferencias dialectales: guaicurú, vilela, mataco (con lenguas y dialectos orientales y occidentales), lengua, zamuco, chiquito y gorgotoqui (lengua aislada). 3) División del Brasil Central. Lenguas también muy difundidas: charrúa, kaingón (dialectos septentrionales y meridionales), opaie (aislado), puri (dialectos orientales y occidentales), mashakali, botocudo, baenan (aislado), kamakan, fulnio, gé (grupos timbira, kayapó, central, occidental, oriental, jeicó), kukura (aislado), oti (aislado), bororo, karajá. 4) División Nordeste. Katembri, tushá, pankarurú, chocó, umán, natú, shukurú, kiriri, tarairiú, gamela. 5) División Noroeste. Múra, matanawi, erikbaktsa, mabikwára, iransje, yabuti.Lenguas de las tribus de la selva tropical. 1) División Norte-Centro. En primer lugar un gran stock tupi, con numerosos grupos: tupi, guaraní, lenguas guaranizadas, kamayurá, tapirapé, guayana, gruapo Sur, amazonas, chiriguano, mawé, mundurucú, itogapuc, arikém, macuráp, kepkeriwat. Le sigue en importancia el arauak o taino (v. ARAUACOS II). Completan esta división los stocks otomaco, guamo, taruma, piaroa, tinigua, máku, tucuna, yagua, kahuapana, munichi, cholona, mayna, murato, aushiri, itucale, jíbaro, sabela, záparo, chapacura, huari, capixana, koaiá, purubora, trumai, cayuvava, mobima, itonama, canichana (estos últimos ocho, idiomas aislados). 2) División Centro-Sur. Comprende el gran stock pano, el tacana, mosetene y las lenguas aisladas toyeri, yuracare y guató. 3) División Central. Los stocks tucano, uitoto, bora, makú, catuquina, arawa, y las lenguas aisladas ondoque y yuri. 4) División Norte. Caribe (v. CARIBES II), yanoama, uarao, auaké, kalianá.Lenguas de las tribus andinas. 1) División Norte. Stock chibcha (v. CHIBCHAS II), timote, jirajara, chocó, idabaez. 2) División Norte-Centro. Stock yurimangui, cofán, sechura, catacao, culli, tabancale, copallén, chimú. 3) División Sur-Centro. Quechua (v. QUECHUAS II), aymará (v. AYMARÁS II), puquina, uro, atacama, leco. 4) División Sur. Mapuche (v.), diaguita, huamahuaca, lule, huarpe.Para una tipificación de las características de todas las familias, con sus dialectos, v. las o. c. en bibl.4. Influencias de las lenguas indígenas en el castellano y en las hablas de cada país. Hay dos razones importantes para que las diversas lenguas indígenas hayan incidido en el castellano universal y en las hablas nacionales: los nombres de frutos, instituciones y cosas netamente americanas, que se llamaron desde el principio con la palabra indígena, y la presencia de los contingentes indígenas, conviviendo con los hispano-parlantes, que tomaron las acepciones indias. Malaret, en su Diccionario de americanismos, acopia un volumen inmenso de tales términos, muchos de los cuales figuran ya en el Diccionario de la Real Academia. Hay un tercer tipo de influencia, que es el acento que en castellano tienen los indios que además hablan su idioma vernáculo. Entre el primer grupo hay que incluir las palabras de origen antillano (cacique, bohío, batey, canoa) o de origen azteca (petate, tomate, tiza, tocayo, chocolate, cacao, cacahuet, metate, etcétera). Las de origen sudamericano son menos abundantes, pero no escasean: andén, coca, quina, papa, poncho, pampa, cancha, etc. En el segundo grupo podría hacerse una lista grande para cada país, que ha adoptado muchas denominaciones indígenas como cuate (México), guache, guaricha (Colombia), chompa `chaleco de lana’ (Colombia, Ecuador, Perú), guagua (Chile).V. t.: ARAUACOS II; AYMARÁS II; AZTECAS III; CARIBES II; CHIBCHAS II; MAPUCHE; MAYAS III; OTOMf; QUECHUAS II; TUPI-GUARANÍES II; ZAPOTECAS II.M. BALLESTEROS-GAIBROIS.
BIBL.: J. R. SWANTON y F. BOAS, Handbook of American Languages, Washington 1927; D. G. BRINTON, La Raza Americana, Buenos Aires 1946; M. BATLLORI, La cultura hispano-italiana de los jesuitas expulsos... (1767-1814), Madrid 1966; F. PIMENTEL, Cuadro descriptivo de las lenguas indígenas de Méjico, México 1862; W. LEHMANN, Zentral-Amerika. Die Sprachen Zentral-Amerikas, 2 vol., Berlín 1920; L. HERVÁS Y.PANDURO, Catálogo de las lenguas de las naciones conocidas..., 6 vol., I, Madrid 1800-1805; J. CH. ADELUNG, Mithridates oder Allgemeina Sprachenkunde, con adiciones de J. S. VATER, Berlín 1816-17; A. BALBI, Atlas ethnographique du Globe, ou Classification des peuples anciens et modernes d’aprés leurs langues..., París 1826; H. E. LUDEWIG, The Literature of American aboriginal languages, Londres 1858; A. D. D’ORBIGNY, L’Homme Américain..., París 1839; K. F. PH. vox MARTIUS, Beitrüge zur Ethnographie und Sprachenkunde Amerikas..., 2 vol., Leipzig 1867; L. PERICOT, América Indígena, Barcelona 1962; P. RIVET, Langues Américaines, en MEILLET, Les Langues du Monde, vol. 16, París 1924; C. LOUKOTKA, Classification of the South American indiañ Languages, Los Ángeles 1968; W. SCHMIDT, Die Sprachfamilien und Sprachenkreise der Erde, Heidelberg 1926; J. A. MASON, The Languages of South American Indias, en Handbook of South American Indias, vol. 6, Washington 1950; B. MALMBERG, La América hispanohablante. Unidad y diferenciación del castellano, Madrid 1972.
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