Lenguaje I. Lingüistica. A. Estudio General.
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Varios
l. Concepto y clases de lenguaje. El l. es la facultad de poder expresar, y en su caso comunicar, los conocimientos, pensamientos, necesidades y sentimientos. Esta facultad se actualiza por medio de diversos sistemas o procedimientos; de ahí que haya tantos I. como diversos procedimientos o sistemas de actualizar dicha facultad: I. auditivo, visual, olfativo, táctil, etc.; además, existen I. complejos que utilizan, a la vez, varios de los procedimientos anteriores; así, p. ej., el lenguaje humano, o I. propiamente dicho, es fundamentalmente auditivo, lo que se ha llamado tradicionalmente el lenguaje articulado, pero participa también del carácter visual, porque la expresión hablada va acompañada, casi siempre, de la mímica, del lenguaje mímico, que refuerza lo manifestado por el I. fónico y, en ocasiones, reemplaza o sustituye al mismo.Desde otro punto de vista, el I. puede ser un procedimiento espontáneo, más o menos instintivo, un procedimiento heredado o aprendido insensiblemente, como el I. articulado, el llamado lenguaje de los animales, el I. mímico de los sordomudos, el I. táctil de los ciego-sordomudos, etc.; pero puede ser también un sistema totalmente convencional, establecido y utilizado por un grupo de individuos que se han puesto de acuerdo para atribuir un determinado valor a cada uno de los signos que emplean; así, p. ej., el conjunto de señas que se utilizan en los juegos de naipes, el llamado I. de banderas usado principalmente por los tripulantes de navíos, las señales con humo y otros procedimientos físicos empleados por determinados pueblos primitivos, el llamado lenguaje de las flores y el lenguaje de los ojos, tan convencional como todos los citados.2. Etimología. Claro es que cuando empleamos la palabra lenguaje para referirnos a otra cosa que no sea el lenguaje articulado, propio del género humano, estamos utilizando una metáfora, aun sin darnos cuenta de ello; porque original y etimológicamente la palabra lenguaje sólo puede referirse a la facultad de hablar, exclusiva de los seres racionales, que cristaliza en un conjunto de sonidos en cuya articulación la lengua, junto a otros órganos, desempeña un decisivo papel, que, además, presenta la característica de ser el papel más llamativo y aparentemente el fundamental.La palabra lengua (v.) con sus dos sentidos de "órgano muscular de la cavidad bucal" e "idioma" procede de la latina léngua, que poseía ya ambas significaciones; la palabra lenguaje es un préstamo occitánico; en esta lengua, es decir, en provenzal, se usa desde muy pronto la palabra lenguatge que, a través de las gramáticas y -poéticas trovadorescas, pasa a todas las lenguas de la Europa occidental; el occitánico lenguatge, a su vez, debe proceder del latín coloquial tardío llnguaticum, "lo relacionado con la lengua, lo producido por la lengua".3. Lenguaje humano y "lenguaje" de los animales. Hemos visto que el hombre puede ejercitar la facultad de hablar por medio de distintos procedimientos o utilizando varios a la vez; pero desde el punto de vista de la ciencia lingüística (v.), que es el que asumimos aquí, sólo interesa el procedimiento auditivo, es decir, el llamado lenguaje articulado, constituido por un conjunto de signos, de símbolos y otras expresiones cuya materia son los sonidos emitidos por el órgano de la fonación, por la glotis, y diferenciados, después, gracias a su articulación en la cavidad bucal y, en su caso, el papel de resonadores que desempeñan las fosas nasales.Al indicar que además está constituido por otras expresiones, se apunta a que el l. no es sólo un sistema de signos, en el sentido de Saussure (v. ESTRUCTURALISMO), sino algo mucho más complejo; junto a los signos arbitrarios, sin duda, los más frecuentes, encontramos una gran cantidad de signos motivados (v. SIGNO LINGÜÍSTICO), de signos simbólicos; además, el I. está constituido por otros tipos de complejos fónicos entre los que, siguiendo a K. Bühler, podemos descubrir las señales, o signos-señales, y los síntomas o indicios. Las señales o signos deícticos no tienen valor verdaderamente representativo; cumplen una función principalmente indicativa; señálés son, p. ej., los pronombres adverbiales (aquí, ahora, etc.), los pronombres personales, los demostrativos e, incluso, los imperativos; mientras que los síntomas o indicios, en cambio, son las expresiones lingüísticas que responden instintiva y automáticamente a causas internas, son el reflejo de determinados estados anímicos: p. ej., las expresiones de socorro, temor, angustia, dolor, indignación, las interjecciones, es decir, las manifestaciones sintomáticas de los respectivos estados de alma.Así, pues, el I. se compone de cuatro clases de signos o expresiones: signos propiamente dichos, símbolos, señales e indicios; desde el punto de vista funcional, las dos primeras clases pueden reducirse a una sola, pues tanto los signos arbitrarios como los motivados tienen un valor eminentemente representativo. Nos encontramos, por tanto, desde esta perspectiva, con tres principales funciones del l., precisamente las establecidas por K. Bühler: la función representativa, la función expresiva y la función señalativa, que también podemos llamar función de llamada; precisamente, esta triple dimensión funcional es lo que caracteriza al I. humano y lo distingue nítidamente del de los animales, que sólo posee las funciones señalativa y expresiva. De aquí no pasa el I. animal; la función representativa es exclusiva del I. humano, y por ello ocupa el más alto nivel en la gradación funcional; el I. humano se distingue, principalmente, del I. animal por el hecho de no poseer el último la función representativa.4. Lenguaje infantil. Las dos funciones que descubrimos en el I. de los animales se nos ofrecen, también, en la primera etapa del I. infantil; en los primeros tiempos de su aprendizaje lingüístico, el niño emplea las palabras sólo con valor señalativo y expresivo; pero incluso en sus primeros momentos el I. del niño tiene una dignidad de que carecen casi en absoluto las formas más perfectas del I. de los animales; y, lo que es todavía más importante, observamos en el I. del niño un constante progreso que no se da en el I. de los brutos: progreso en la fonación, en la articulación, en la repetición cada vez más exacta de lo aprendido.Muy pronto, y en esto se revela la gran superioridad del hombre sobre el irracional, el niño logra superar las limitaciones del primer estadio de su habla, y la etapa de la pura reacción y expresión, características del I. animal, y adquiere un tercer orden de productividad: el de la función representativa, exclusiva del I. humano; del estadio de la producción lingüística afectiva y volitiva, el niño pasa, poco a poco, al de intelectualización de las palabras; el ciclo de formación de la función representativa del I. infantil se cierra cuando el niño usa las palabras con plena conciencia de su valor simbólico (v. III).5. Aspectos y elementos del lenguaje. La función representativa es la más noble del l., como reflejo inequívoco del carácter racional del hombre; este carácter se manifiesta en lo que podemos llamar el aspecto lógico del I.; pero que el I. ofrezca un aspecto lógico no autoriza a afirmar, como algunos han hecho, que se limite a la exteriorización del pensamiento lógico; el hombre es ante todo un ser lógico, pero es también mucho más; el I. no es producto exclusivo de nuestro entendimiento (v.), porque el hombre no es sólo inteligencia (v.); al hablar, exteriorizamos nuestros pensamientos, pero también expresamos el resto de los procesos anímicos; el hombre no sólo piensa, reflexiona, raciocina; el hombre desea, teme, sufre; aparte del pensar lógico, existe el pensar afectivo y pasional; y los afectos, las pasiones (v.), los deseos, los sentimientos (v.), se expresan también por medio del I.Al lado del aspecto lógico descubrimos, por tanto, este otro aspecto, que podemos llamar afectivo o emocional. Pero estos dos aspectos no agotan la complejidad humana ni, tampoco, la del I.; el hombre vive en sociedad, en contacto con sus semejantes, trabajando por la vida, y toma decisiones con su voluntad (v.), pues lo mismo que el hombre razona y se conmueve también elige y decide, y siente ansia de mandar, de influir en los demás; al lado del pensar lógico y afectivo encontramos el volitivo; y las voliciones se expresan, asimismo, por medio del I., dando lugar a lo que podemos llamar el aspecto activo, o también existencial. Estos tres aspectos fueron muy bien vistos por Amado Alonso cuando habló, refiriéndose a los diminutivos, de la facultad del I. para expresar la noción, la emoción y la acción; este triple valor lo podemos identificar con la tridimensionalidad funcional de Bühler, y encuentra un precioso antecedente en la distinción trimembre de las funciones del I. establecida por S. Tomás (Summa Th. 2-2,76; 2-2,181 q3; 3 q12 a3): cada una de estas tres funciones se corresponde con uno de los tres modos gramaticales del verbo; al modo indicativo le corresponde la función enunciativa; al optativo, la expresiva o afectiva; y al imperativo, la voluntativa o activa (v. II, 3).Empleando la perspectiva aspectual hemos puesto al descubierto tres facetas importantes del l.: la lógica, la afectiva y la activa. Pero podemos utilizar otros criterios para analizar el l., descomponiéndolo en sus elementos; estos criterios analíticos son principalmente dos, que podemos llamar el criterio elemental obvio y el elemental jerárquico; si empleamos el primero, el I. está constituido por los siguientes elementos: fónico, gramatical y semántico. El segundo de los dos criterios elementales es el jerárquico; analizando el I. bajo esta perspectiva descubrimos en él tres clases de unidades, de distinta jerarquía por su grado de complejidad y composición: sonidos, palabras y frases.6. Finalidad del lenguaje. El l., facultad concedida por Dios, está al servicio del hombre y de la vida del hombre, como muy bien vio Charles Bally (o. c. en bibl., 19-20); dado que el hombre está hecho para vivir en sociedad (v.), el I. tiene la finalidad práctica de servir de comunicación entre los hombres; que la comunicación (v.) sea una de las finalidades primordiales del I. es algo admitido por la mayor parte de los lingüistas y filósofos; incluso, para algunos, la comunicación es la única finalidad, afirmación con la que no podemos estar de acuerdo, pues el I. es principalmente comunicación, pero también es expresión más o menos desinteresada y espontánea de nuestros conocimientos e ideas, pensamientos, estados de ánimo, necesidades, deseos, afectos; ahora bien, de la misma manera que rechazamos la idea de que el I. se reduzca a la comunicación, tenemos también que negar la licitud de la postura adoptada por muchos lingüistas y filósofos, principalmente alemanes, para los cuales el l. es solo expresión (v. II, 3).Otros lingüistas y pensadores, como Croce y Vossler, reducen el I. a la expresión de carácter estético (v. IDEALISMO II); tampoco podemos admitir esta afirmación, aunque es cierto que el I. con mucha frecuencia presenta este carácter, y, en ocasiones, la finalidad estética, caso de la creación literaria, es la predominante en el l., que así, convirtiéndose en una obra artística, alcanza sus más altas cimas y logra la sublimación de lo que, en principio, es una mera actividad práctica, necesaria para su economía vital y social; recordemos que Jespersen ha dicho (o. c. en bibl. 88): "El lenguaje es, en definitiva, un arte, una de las más finas y perfectas artes"; y la maravillosa definición del I. que debemos a Hugo Schuchardt (L. Spitzer, o. c. en bibl. 256): "el lenguaje, nacido de la necesidad, alcanza su máxima expresión en el arte".7. Lenguaje, pensamiento y realidad. El I. hace referencia a la realidad (v.), en el más amplio sentido de esta palabra: a la realidad objetiva, a la subjetiva, al mundo social, al moral e, incluso, al de la fantasía. Y esta realidad integral es también el objeto de nuestro pensamiento; por tanto, el I. y el pensamiento apuntan a la misma cosa, objetivo común de ambas actividades; siendo así, se plantea el problema de si el hablar es condición del pensar, o, por el contrario, el pensar condición del hablar; en otras palabras, si el I. es un reflejo del pensamiento, o el pensamiento una consecuencia del I. La filosofía y la lingüística tradicionales consideraban el I. como una imagen del pensamiento, como un pensar en voz alta; y las palabras como expresión de los conceptos (v.), las frases como la manifestación lingüística de los juicios (v.), y esta opinión, aunque modificada y con muchas limitaciones, es sostenida hoy por muchos filósofos, lógicos y lingüistas. Para los románticos, encabezados por Humboldt, y para los neorrománticos o neoidealistas, principalmente los alemanes, el hablar es condición del pensar, y el I. el creador de la representación objetiva y, por tanto, de los conceptos; los partidarios de esta teoría están convencidos de que sin el I. la categorización mental de la realidad y, en consecuencia, el pensamiento, son imposibles.No parece oportuno ni sensato decidirse por ninguna de las dos concepciones; el I. y el pensamiento, manifestaciones ambos del espíritu humano, se complementan actuando paralela y solidariamente; el I. necesita del pensamiento, y el pensamiento necesita del l.; entre ambos, entre ambas facultades, logran la categorización del mundo objetivo y la representación de la realidad en la que el hombre se halla inmerso (v. II, 2c). Ha dicho muy bien A. Alonso: "El lenguaje, al aplicar su red de categorías a la impresión, al organizarla alrededor de un símbolo, al reducirla a fórmulas, la transforma de arriba abajo, por dentro y por fuera: y la transforma precisamente debido a la intromisión de la razón ordenadora, que reduce a leyes el caos de las impresiones" (Por qué el lenguaje en sí mismo no puede ser impresionista, "Rev. de Filología Hispánica", 11, 1940, 381); y el filósofo y lingüista Cassirer afirmó: "el lenguaje no es una traba, no es un freno para la rueda del espíritu; por el contrario, es como una segunda rueda que corre paralelamente a la primera y sobre el mismo eje" (Le langage et la construction..., 42-43). Para terminar, transcribimos la acertada opinión del filósofo y lingüista polaco Adam Schaff: "El pensamiento y el uso del lenguaje se deben concebir como dos partes de un proceso único del conocimiento de sí mismo, y la comunicación del resultado de este conocimiento a los demás" (Lenguaje y conocimiento, México 1967, 205) (v. CONOCIMIENTO; REALISMO).V. t.: LENGUA; FONÉTICA Y FONOLOGÍA; PALABRA; ESTRUCTURALISMO I, IV.LLORENTE MALDONADO DE GUEVARA.
BIBL.: L. H. GRAY, Foundations of language, Nueva York 1939; P. KRETSCHMER, Introducción a la Lingüística griega y latina, Madrid 1946; O. JESPERSEN, Language. Its nature, development and origin, Londres 1954; E. SAPIR, El lenguaje, 2 ed. México-Buenos Aires 1962; L. BLOOMFIELD, Language, Londres 1957; E. CASSIRER, The Philosophy of symbolic Forms, 2 ed. New Haven 1957; W.
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