Lavoisier, Antoine Laurent
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Biografía GER
Químico francés n. el 26 ag. 1743 en París. Hijo de un comerciante, recibió magnífica educación, primeramente en el Colegio Mazarino, donde ganó diversos premios; estudió leyes, obteniendo el grado de bachiller en 1763 y el de licenciado al año siguiente. Estudió matemáticas con La Caille, botánica con Jusieu y se aficionó a la Química siguiendo las prácticas que Rouelle daba en el Jardín del Rey. Trabajó con Guettard, en materia geológica, en el gabinete de Historia Natural del duque de Orleáns. La Acad. de Ciencias, en 1764, convocó un premio para trabajos sobre el tema "La mejor manera de iluminar las calles de una gran ciudad, teniendo en cuenta la claridad, la facilidad de servicio y la economía".L. realizó numerosas experiencias y, aunque no logró el primer premio, fue recompensado con una medalla a propuesta del rey y el trabajo publicado por la Academia.Trabajó como asistente de Baudon, fermier général (encargado por contrata de cobrar las contribuciones) y en 1780 fue él mismo nombrado para tal cargo, que le habría de llevar a la muerte. Al quedar vacante una plaza en la Academia por fallecimiento de Baron, se propuso a L. como sucesor, pero por influencia real fue elegido Gabriel Jars, dándole a L. una plaza provisional que se transformó en definitiva en 1769 al morir Jars. Por su puesto de fermier, entabló amistad con la hija de su colega en este cargo, Marie-Anne Paulze, con la que contrajo matrimonio en 1771 y que fue su ayudante durante muchos años. Tras la muerte de su marido, esta inteligente mujer contraería matrimonio con el científico conde de Rumford, unión que terminó en separación por incompatibilidad de caracteres a los pocos años.Realizó experimentos sobre producciones agrícolas en Vendóme. Estudió el suministro de agua de París. En 1776 fue comisionado para inspeccionar las fábricas de pólvora, aumentando su rendimiento y la calidad del producto obtenido. En 1790 formó parte de la comisión que introdujo el sistema métrico decimal, y al año siguiente presentó el informe De la richesse territoriale de la France.Por su puesto como fermier, fue arrestado en noviembre de 1793. Ante el peligro que corría, Lalande hizo cuanto pudo por salvarle, lo mismo que Halle, quien expuso al Tribunal todos los trabajos que L. había realizado, sin lograr éxito alguno; se dice que el Presidente del Tribunal, Coffinhal, al oír aquella relación, dijo: "La República no necesita sabios; que la justicia siga su curso". L. fue guillotinado el 8 mayo 1794. Todos sus bienes, incluso el material de laboratorio y papeles, fueron confiscados, aunque más tarde éstos, con sus libros, fueron entregados a su esposa.Brande dijo que L. fue un gran arquitecto de la ciencia, aunque trabajó poco en el aporte de materiales a la obra, siendo su labor principal dar forma a esos materiales. Se ha dicho también que fue más un físico que un químico, debido a que todos sus trabajos se caracterizan por su aspecto cuantitativo, lo que le llevó a enunciar la ley de la indestructibilidad de la materia que en su Traité élémentaire de chimie de 1789 expone diciendo: "Nada se crea en los procesos, sean éstos naturales o artificiales, y puede aceptarse como axioma que en todo proceso existe igualcantidad de materia antes y después del mismo, permaneciendo constantes la cantidad y la naturaleza de los principios que intervienen; lo único que se produce son cambios y modificaciones".
Uno de los trabajos que mejor demuestran su método científico es el que realizó para estudiar la posible transformación del agua en tierra. Muchos químicos, entre ellos Van Helmont y Boyle, habían observado que, cuando se destilaba agua en un matraz, al final de la operación aparecía un residuo de tierra. Para comprobarlo, L. pesó un pelícano (especie de matraz), de cuyo cuello partían dos tubos que se comunicaban con el cuerpo central de forma que servía para hacer la ebullición a reflujo. Puso una cantidad de agua dentro del mismo y determinó su peso. Calentó suavemente para expulsar el aire y lo cerró herméticamente, manteniéndolo a 60-70° Reaumur durante 101 días. Observó que durante la operación aparecía en el fondo una sustancia blanquecina que iba en aumento conforme pasaba el tiempo. Pesó finalmente el pelícano con el agua y vio que no se había modificado el peso inicial. Sacó el agua del pelícano, lo lavó, secó y pesó, viendo que había perdido cierta cantidad de peso. Pesó el polvo que se había formado en el matraz y vio que no correspondía a la pérdida de peso del matraz, pues era algo inferior. Evaporó el agua y encontró que dejaba un residuo que excedía ligeramente a la diferencia existente entre la pérdida de peso del matraz y el polvo formado. De esto dedujo que el producto encontrado en el fondo procedía del pelícano y no de la transformación del agua en tierra y que el exceso se debía a materias disueltas en el agua. Vemos, pues, que se trata de un método físico: la pesada. Un verdadero químico como fue Scheele (v.) estudió la misma cuestión de forma química analizando el matraz y el residuo y viendo que tenían igual composición. Los trabajos de mayor interés de L. los realizó sobre la combustión y calcinación, que le condujeron a rebatir la teoría del flogisto (principio combustible de los cuerpos), entonces aceptada por la mayoría de los químicos.En 1772 entregó L. un trabajo a la Academia en el que daba cuenta de sus experiencias sobre la combustión de metales y fósforo. Boyle había comprobado que al calcinar los metales, éstos aumentaban de peso y lo explicó indicando que durante la combustión absorbían los corpúsculos del fuego. L. hizo la misma experiencia, calcinó plomo y estaño en retortas cerradas, pero pesándolas antes y después de la operación, y comprobó que el peso total era el mismo, aunque el del residuo del metal calcinado era mayor. Observó que, si se pesaba el matraz después de abrirlo, el peso total era mayor y que tal aumento correspondía exactamente al aumento de peso del metal. Comprobó que, al abrir el matraz, se introducía aire en éste; se explicó el fenómeno indicando que el metal absorbía aire al ser calcinado.En sus experiencias sobre el fósforo, al que hacía arder sobre mercurio en una campana neumática, observó que se absorbía una parte del aire, pues el mercurio ascendía en la campana, y aunque hubiera un exceso de fósforo, no ardía por más que se calentase. Comprobó que en el aire residual no podía arder una vela, y también que, al calentar el óxido rojo de plomo con carbón, para transformarlo nuevamente en metal, se desprendía un aire, que era el aire fijado.Cuando unos años después Priestley visitó París y entabló conversaciones con L., le señaló que había descubierto y aislado aire "deflogisticado" calentando el precipitado per se (óxido rojo de mercurio) y el rojo de plomo. Dándose cuenta de la importancia de tal hecho, L. realizó nuevas experiencias en 1776 que le llevaron a considerar que en el aire había dos sustancias, una a la que llamó aire vital o eminentemente respirable, que intervenía en las combustiones y en la respiración, y un gas residual al que llamó primeramente mofeta atmosférica y más tarde azote. De sus experimentos dedujo las conclusiones siguientes:1) Las sustancias sólo arden en aire puro. 2) Los no metales, como azufre, fósforo y carbón, al quemarse producen ácidos (motivo por el que a la parte del aire que se unía a ellos la llamó oxígeno, engendrador de ácidos). 3) Los metales por combustión producen cales por absorción de oxígeno. 4) La combustión no es un proceso en el que se desprende flogisto, sino una combinación de la sustancia con oxígeno.
Fueron numerosas sus publicaciones; sólo en las memorias de la Academia aparecieron, en 20 años, más de 60 comunicaciones suyas.Son de señalar sus experimentos sobre la respiración, sobre el análisis de sustancias orgánicas y, finalmente, el que llevó a cabo con Berthollet, Fourcroy y Guyton de Morveau, que les condujo a publicar su Méthode de nomenclature chimique (1787), fundamento de la nomenclatura moderna.V. t.: COMBUSTIÓN.G. FOLCH JOU.
BIBL.: M. BERTHELOT, La révolution chimique, Lavoisier, París 1890; E. GBIMAux, Lavoisier, París 1896; M. SPETEB, Lavoisier und seine Vortüuler, Stuttgart 1910; A. MIELI, Lavoisier y la formación de la teoría química moderna, Buenos Aires 1944; L. LEROUX Y DESIRE, Lavoisier, París 1928; M. DAuMAs, Lavoisier théoricien et expérimentateur, París 1955.
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