Lavelle, Louis
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Biografía GER
Nació en St. Martin de Villeréal (Lot-et-Garonne) en 1883; fue profesor del Collége de France desde 1940 hasta su muerte, en 195l. Escritor fecundo, su pensamiento constituye una filosofía de la participación, modo de "sabiduría" que tiende a llevar a la persona humana a su pleno logro mediante la inserción activa de la misma en el Ser y el trato creador con las realidades que sirven de "medio" para ello (el cuerpo, la naturaleza, el mundo, el tiempo). Su pensamiento ha sido interpretado a veces como proclive al panteísmo (v.), o al menos como ontologista (v.), aunque él trató de no caer en ninguno de ellos. El pensamiento lavelliano se centra en la experiencia primaria que tiene el hombre del Ser, visto como realidad envolvente, nutricia, que apela a la realización de la figura del propio ser, y promueve la libertad de quienes, de modo activo-receptivo, se inmergen participativamente en ella.El Ser no es visto aquí como conjunto estático, fijo e inerte, de cosas, sino como cActo", principio dinámico de realidad, operación por la que el Ser se pone a sí mismo eternamente, libertad pura, fuente de toda determinación y valor (v. DIOS Iv). El origen de toda dialéctica (v.) es "la experiencia de la participación en que captamos la relación viviente de nuestro propio ser y de aquello que nos sobrepasa, no como un puro más allá del cual nada cabe decir, sino como una presencia de la que nos nutrimos sin cesar y que no cesa de enriquecernos" (De Pétre, 2 ed. 1947, 22). La explanación y matización de los diversos elementos que integran esta experiencia participativa (el Ser participante, el ser participante, la concepción activo-receptiva de la participación y los medios de la misma) constituye el tema constante de las diferentes obras de L. Ejercita con ello L. un estilo de pensar sistemático, pero no deductivo, sino "experiencial", espiralmente desarrollado a partir de una experiencia inicial y constante que irradia su luz desde el interior del proceso discursivo. Para comprender por qué L. entendió la vida intelectual como un esfuerzo socrático por despertar en sí mismo y ’en los demás la conciencia del diálogo viviente que puede y debe establecerse entre el ser humano -visto integralmente como pensamiento, voluntad y amor- y el Absoluto, en orden a cumplirla propia vocación, conviene analizar su descripción de la experiencia participativa sobre el telón de fondo de la experiencia de ejecución musical, que constituye, sin duda, un caso modélico de inmersión participativa en una realidad envolvente.Esta experiencia de participación artística la revive L. en todos sus pormenores al nivel metafísico. Con la intensidad, gozo y conciencia de estar desarrollando su personalidad con que el ejecutante se entrega activamente al proceso de participación en una obra musical, que nutre su impulso artístico, L. siente en todo momento que su vida como hombre está siendo sostenida, apoyada y promocionada por el Ser que lo rodea y envuelve a modo de atmósfera nutricia. Este modo nutricio de envolver implica un género de flexibilidad y dinamismo del que carecen las cosas, vistas como seres rígidos, delimitados, que se relacionan entre sí de modo externo a través de meras relaciones espaciotemporales de tipo empírico. Cuando la obra musical es dominada por el artista, deja de serle exterior para convertirse en algo íntimo, en el principio mismo de su actividad interpretativa (intimior intimo meo). La participación humana en el Ser consiste, asimismo, en ir intimando con Él al hilo de la actuación personal-comprometida en la creación de ámbitos de realidad, hasta llegar a "interiorizarlo ", a convertirlo en principio de vida-a-nivel-de-espíritu. En este proceso de interiorización, los medios que sustentan la actividad humana -el cuerpo, el mundo, el tiempo- deben ir pasando a un segundo plano, no interponiéndose entre el hombre que va realizando su vida y el Ser que constituye el impulso y la meta de la misma, sino convirtiendo su capacidad de resistencia -su poder de polarizar en exceso la atención humana- en vehículo de realización del acontecimiento del encuentro.Esta concepción intenta evitar los extremismos que pueden desgarrar a la Metafísica y depauperarla. El Ser no es una mera idea generalísima, abstracta, sino algo tan concreto como flexible-envolvente, no meramente fáctico, ni rígido o cósicamente delimitado. La vinculación del hombre con el Ser no se reduce a una mera relación de sujeto a objeto, y la participación ontológica no es una salida de sí, una pérdida de sí, una alienación o una "posición" idealista del objeto, sino la interferencia reverente, plenificante, de dos intimidades, distintas pero no distantes, extrañas u hostiles. El entorno del hombre no es opaco, sino transparente en medida proporcional a la intensidad de la entrega participativa. El hombre y el Ser coinciden en su carácter personal-íntimo-creador, pero su condición es jerárquicamente diversa: el Ser. es fuente de participación; el yo humano se constituye mediante la participación. El Ser, como Acto o eficacia pura, ejerce sobre el hombre un poder de apelación que lo insta a responder en libertad, realizando su propia vocación. Esa apelación se siente en forma de presencia efectiva y estimulante, que, al no ser mera inmediatez de fusión, sino de participación activo-receptiva, salva el riesgo de panteísmo (v.) y monismo (v.).Este carácter activo-receptivo de la participación humana según L. explica: 1) el espíritu constructivo del pensamiento lavelliano, no obstante su sensibilidad para detectar la grave problemática que plantea al hombre el "intervalo" existente entre lo realizado y lo intendido, lo ya poseído y lo proyectado, la existencia y la esencia -vista como la figura integral que debe el hombre ir configurando en el proceso dinámico de participación-; 2) la primacía concedida por L. a la existencia (v.) sobre la esencia (v.), al futuro -como trama de proyectos que articula la propia existencia- sobre el pasado -como vertiente de la vida ya realizada-; 3) la importancia que reviste el presente como campo de actividad que supera la fluidez del mero instante empírico; 4) el surgir de la libertad (v.) -como capacidad de crear-en-vinculación, propia de un ser, como el hombre, que es "creado creador"- y del tiempo -visto como el medio en el que se realiza la participación en el Acto puro a través de los actos parciales que el hombre lleva a cabo en vinculación al entorno, que constituye una fuente de limitaciones y de posibilidades y debe ser a la vez aceptado y superado-. Lavelle sigue de cerca a Descartes (v.), que no intenta dejar de lado al mundo exterior, sino mostrar que la duda hiperbólica, como capacidad ilimitada de poner en tela de juicio el conjunto de los seres que no tienen en sí su interna justificación, muestra de modo evidente que el hombre se halla instalado constitutivamente en el ámbito del Infinito, como poder ilimitado de afirmación; 5) la vinculación de la participación en el Ser y la realización reverente del Valor; 6) la necesidad de adoptar respecto al Ser un modo de distancia -distancia de individuación personalizante- y un modo de inmediatez -inmediatez de apelación nutricia-; 7) el intento de unir la intuición (v.) y el discurso (v. RACIOCINIO), la visión intuitiva y el esfuerzo, la concepción univocista y la analógica del ser (v.). Al afirmar que el ser es unívoco, L. no intenta en modo alguno vincular con unidad de fusión el ser finito y el infinito (panteísmo), sino mostrar, frente a toda forma de deísmo (v.) que escinda el ámbito humano y el divino, que el Ser infinito constituye -mediante su presencia apelante- el principio y la meta del dinamismo humano hacia el logro de la "esencia".El fin que persigue L. es determinar por qué vías puede llegar el hombre a pleno desarrollo. Por eso centró su pensamiento en la experiencia de participación y la expuso con esquemas y conceptos flexibles, más tomados del análisis de la actividad humana creadora que del estudio de los meros objetos. Su dialéctica no es, en consecuencia, rígidamente mecánica, sino creadoramente móvil, por cuanto los seres que se interfieren no son "seres sustancia" sino "seres-libertad", y tal modo de interferencia no constituye un choque anulador, sino un encuentro fecundante. Ello explica que en L., la vuelta a la interioridad -in te ipsum red¡- vaya implicada con el ascenso a lo trascendente -trascende et te ipsum-. Según L., la medida de todas las cosas es Dios, un Dios no lejano sino tan poderosamente cercano que su Ser es participable por el hombre. Al ser infinitamente distante, Dios es más íntimo al hombre que su propia intimidad, porque es el fundamento radical de su realización como-persona. De ahí que el argumento ontológico no signifique, para L., un paso ilegítimo de lo racional a lo real, ya que la idea de Dios es el vehículo viviente de la instauración de la presencia real del Infinito en el alma humana (v. DIOS IV, 2).V. t.: ESPIRITUALISMO; ONTOLOGISTAS; EXISTENCIALISMO; EUROPA IX.A. LÓPEZ QUINTÁS.
BIBL.: Obras de L.: La dialectique du monde sensible, París 1954; La perception visuelle de la profondeur, ib.; La Dialectique de 1’Éternel présent: l. De 1’étre, 2 ed. París 1947; 2. De I’Acte, ib. 1946; 3. Du Temps et de I’Éternité, ib. 1945; 4. De Ame Humaine, ib. 1951; 5. De 1’intimité spirituelle, ib. 1955; La présence totale, ib. 1934; Introduction á 1’ontologie, ib. 1947; La consciente de so¡, ib. 1933; L’erreur de Narcisse, ib. 1939; Le mal et la souffrance, ib. 1940; La parole et 1’écriture, ib. 1942; Les puissances du moi, ib. 1948; Quatre Saints, ib. 1951; Conduite á 1’égard d’autrui, ib. 1957; Traité des valeurs, 2 vol., ib. 1951-55; Manuel de méthodologie dialectique (obra póstuma), ib. 1962; Le moi et son destin, ib. 1936; La philosophie francaise entre les deux guerres, ib. 1942.
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