Larra, Mariano José de
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Biografía GER
Escritor español, n. en Madrid el 24 mar. 1809 y m. en la misma ciudad el 13 feb. 1837. Creador de la prosa costumbrista más lograda del s. XIX (v. COSTUMBRISMO II). El primer periodista español moderno y de talla universal. Fijador del artículo de fondo y hombre deseoso de reformar con su pluma los males de los españoles.Vida. Desde muy niño, por razones familiares, vivió el ambiente afrancesado de la época; su padre fue médico de las tropas napoleónicas y nada más producirse las últimas derrotas de los ejércitos bonapartistas, abandonó España para establecerse en Burdeos. Dada la dificultad que tuvieron los primeros exiliados, L. quedó interno en un colegio y su padre partió para París con objeto de ensanchar sus horizontes. Ocho años después Fernando VII amnistió a los afrancesados y, amparados en dicho edicto, padre e hijo regresaron a Madrid. L. había olvidado el castellano y su padre se preocupó de que lo aprendiera a la perfección; para ello le internó en el Colegio de San Antonio. En los primeros momentos, los repatriados no se sentían seguros y por ello se desplazaban continuamente de un lugar a otro; ésta es la causa por la que encontramos a L. en Corella y algo más tarde en Madrid. Estudia con los jesuitas. Mientras tanto, las tropas de la Santa Alianza implantan el absolutismo. L. aprende lenguas clásicas y modernas. Siguiendo la huella paterna, comienza la carrera de Medicina, poco después la de Leyes y las abandona por razones no esclarecidas aún.Hacia 1825 hay un profundo cambio en la psicología de este escritor: el carácter se le agria, se torna reflexivo y melancólico, comienza un vertiginoso descenso vital contrapesado por el afianzamiento de una labor crítica incomparable. Razones económicas y amorosas parece que se unieron en su contra. Atraviesa una época de continuas emigraciones, como huyendo de la sombra de su padre: a Valladolid, Valencia y finalmente Madrid. Abandonados los estudios, se dedica a frecuentar las tertulias literarias y a publicar algún artículo, alguna poesía y a hacer unos primeros intentos de político y crítico teatral. En 1828 comienzan a menudear sus artículos de fondo firmados con el pseudónimo El Duende solitario y la gente de letras empieza a fijarse en la valentía y manera de escribir de aquel muchacho. En 1832 es ya un escritor consagrado y la colección de El pobrecito hablador dio mucho que decir. La censura hubo de impedir la continuación de los artículos y L. anunció en la "Revista Española" el nacimiento de Fígaro, con el que inauguró su época más brillante y polémica. Menudearon los artículos de crítica literaria, teatral y política. Considerado como el escritor mejor pagado de Madrid, solicitado por la aristocracia de su tiempo, frecuentador de los salones más elegantes, se va tornando cada vez más triste y sombrío.El fracaso de su matrimonio, y los amores ilícitos con Dolores de Armijo, mujer casada, que provocaron la ruptura definitiva con su esposa, pueden explicar su pesimismo y la negrura de su alma. L., sintiéndose solo, buscó el consuelo en un largo viaje a través de Portugal, Bélgica, Inglaterra y Francia. Siguió colaborando en las mejores revistas de Madrid y se produjo en él un cambio sorprendente. De liberal pasó a conservador y se atrajo las iras de sus antiguos correligionarios; como escritor costumbrista, moderó sus opiniones negativas, se dedicó a la política y salió diputado por Ávila. La sublevación de La Granja le volvió a su estado anterior; despechado, sus artículos aumentaron en violencia y amargura; L. se hundía en una soledad total. Buscó a su amante y ésta se resistió. Un brusco rompimiento por parte de ella le produjo un desequilibrio tal que, poco después de una entrevista fracasada, se suicidó de un pistoletazo.Creación literaria. Ensayó distintos géneros literarios. Poesía, drama romántico, novela, ensayo y artículo periodístico. No alcanzó a ver la plenitud del romanticismo (v.), aunque parte de su obra está dominada por el nuevo movimiento. En alguno de los géneros mencionados sólo ofreció tanteos y buena voluntad. No era poeta, a ráfagas se sentía inspirado; del conjunto apenas podemos destacar algo de su obra poética. Resulta fallido el drama Macías (1834), la figura legendaria que tan bien representa el alma torturada del escritor, figura que aparece vigorosa a ratos, desdibujada en otras ocasiones. Tal vez hubiera acertado si el drama se hubiese escrito en prosa. El simbolismo del amor adúltero, pese a tener mucho de la situación personal del autor, no alcanza la plenitud de valores literarios del teatro romántico español. Algo parecido sucede con la novela El Doncel de don Enrique el Doliente (1834), donde evoca la misma figura del desdichado Macías. Por afinidad sintió atracción hacia un tipo determinado. Pero donde L. muestra su verdadera personalidad es en los ensayos y artículos de muy variada índole. Sus aficiones teatrales le condujeron a la crítica histórica y también a la visión del teatro por dentro, tal y como se daba en su tiempo. Tienen interés de época los artículos Teatros y Reflexiones acerca del modo de resucitar el teatro español. Bajan en ocasiones un poco sus críticas teatrales, porque a veces fueron hechas con precipitación, aunque siempre con honradez. Intuyó los valores representativos de El Trovador, de García Gutiérrez, Los amantes de Teruel, de Hartzenbusch, y La conjuración de Venecia, de Martínez de la Rosa, por citar nombres harto conocidos.En cuanto a ensayos, folletos y artículos políticos y de costumbres firmados con distintos pseudónimos y recogidos algunos de ellos con un nombre genérico, no tuvo rival, en su tiempo. Su nombre se cotizó a gran altura y suele considerársele como padre del periodismo español. La variedad de los artículos hace muy difícil su clasificación; van desde el mero ensayo costumbrista al artículo poético, político, social y literario, pasando por matices tan variados como la sátira amarga, la sonrisa a través de queja vehemente, la leve ironía, el chiste mordaz y la situación cómica. Nadie confundiría el artículo ¿Quién es el público y dónde se encuentra?, sátira del español incapaz de ser espectador, con la fina ironía de El castellano viejo o El calavera. Finalmente, hay toda una serie de ensayos románticos, como El día de difuntos de 1836, su último trabajo, Un reo de muerte o El mundo todo es máscaras, Todo el año es carnaval, bastante caricaturesco y exagerado, pasando por el artículo antitaurino y por aquellos otros en los que arremete contra las costumbres populares, muchas veces no aquilatadas en todo su valor.Características de su obra. L., el gran periodista del costumbrismo español, es el único prosista de su época que propiamente ha merecido ser recordado y estudiado. Creó un mundo viviente y actual. Estébanez Calderón y Mesonero Romanos (v.), escritores costumbristas también, se apegaron excesivamente a la época y carecieron de visión de futuro. L. tuvo clarividencia y un cierto sentido de la oportunidad a la vez que se compendiaron en su prosa, belleza, agilidad, viveza y sencillez. La incomprensión y el inconformismo con su destino, actitud muy romántica, dieron un matiz dramático a sus breves ensayos. Matiz dramático, y no trágico, porque L., que en el fondo es un humorista, envolvió las preocupaciones de su vida y la problemática de España en una forma satírico-cómica en la que hay mucho de serio y bastante de intencionado chiste. Pero es un chiste dolorido. Es el español universal de su tiempo que, viajero por Europa, compra y pone de relieve los fuertes contrastes entre las costumbres cosmopolitas francesas y el acusado provincianismo de sus paisanos.No es antipatriota, sino todo lo contrario: sintió una profunda veneración por su tierra y esa veneración le hizo destacar aspectos negativos, así considerados por él con la intención de reformarla. Que muchos de sus capítulos son aguafuertes goyescos donde sólo se ve la suciedad y la tristeza, no podemos negarlo, pero hay que comprender al escritor que formado durante años lejos del calor hogareño, todo lo vio fosco y retrógrado.Es cierto que L. satirizó sarcásticamente, sin objetividad, muchas de las costumbres españolas tradicionales; ahora bien, su intención era loable. Un sano propósito de reforma vive intensamente en todos sus artículos. Quiso lo que pensaba mejor para España, aunque se hubiera de romper con un pasado que era tan querido. Esta actitud negativa ha continuado en la literatura española hasta la generación del 98 (v.). Justamente L. será estudiado por el noventayochista Azorín (v.) con el que mantiene muchas concomitancias, formales e ideológicas. Poseen interés las observaciones en torno al catolicismo español, sobre todo cuando lo enfrenta al protestantismo europeo, no dentro de un plano dogmático sino vital y social. Un sentido de amplia comprensión le lleva a hermanar libertad con religión, que considera compatibles aun en su misma patria.L. no es un creador, es un sutil observador de la realidad circundante. Con esto no se niega las bellezas intrínsecamente literarias que se encuentran en muchos de sus artículos costumbristas, pero hemos de reconocer que los verdaderos maestros de la palabra poética fueron el Duque de Rivas (v.), Espronceda (v.) y Zorrilla (v.). En L. admiramos su crítica moderna, su concepción superativa de lo español, el tono resignado ante los fracasos del país y su condición de patriota deseoso de todo lo mejor para su patria. Ser antecedente de los regeneracionistas, de la labor positiva de la Institución Libre de Enseñanza (v.) y de la crítica apasionada y personalísima de los del 98, es suficiente motivo para perpetuar su recuerdo.V. t.: COSTUMBRISMO II; HUMORISMO II.P. CORREA RODRÍCUEZ.
BIBL.: M. J. DE LARRA, Obras, Madrid 1960; íD, Artículos de costumbres. Antología, selección y pról. de AZORN, 7 ed. Madrid 1958; íD, Artículos selectos, selección y pról. de M. AGUILERA, Barcelona 1960; AZORN, Rivas y Larra, razón social del Romanticismo en España, Madrid 1916; J. R. LOMBA, Mariano José de Larra como escritor político, 1 ed. Madrid 1918; C. DE BURGOS, "Fígaro" (Revelaciones. Ella descubierta. Epistolario inédito), epílogo por R. GÓMEZ DE LA SERNA, Madrid 1919; M. CHAVEs, Don Mariano José de Larra (F.). Su tiempo. Su vida. Sus obras. Estudio histórico, biográfico, crítico y bibliográfico, Sevilla 1898; J. R. LOMBA, Mariano José de Larra (Fígaro). Cuatro estudios que le abordan o le bordean, Madrid 1936; R. B. MORENO, Larra, Madrid 1951; M. GÓMEZ SANTOS, Fígaro o la vida de prisa, Madrid 1956; G. BELLINI, La crítica del costumbrismo en los artículos de Larra, Milán 1957; F. CARAVACA, Notas sobre las fuentes literarias del costumbrismo de Larra, "Rev. Hispánica Moderna" 29, Nueva York 1963, 1-22; S. DE ATOCHA, Larra, Madrid 1964; I. SÁNCHEz ESTEVAN, Mariano José de Larra "Fígaro". Ensayo biográfico, redactado en presencia de, numerosos antecedentes desconocidos y acompañado de un catálogo de sus obras, Madrid 1935.
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