Lara, Familia de los HIST.
Categoria:
Historia
Los L. descienden de los condes de Castilla, de los que se desprendió la rama que formó esta casa, apellidada de L. por haber poseído el señorío de tal nombre. Fue Gonzalo Fernández, primogénito del conde Fernán González, quien tomó para su familia el nombre de la villa de Lara que, con su territorio, tenía por gobierno o herencia de sus padres, del mismo modo que otros linajes se señalaron con los nombres de los solares que poseían o de los condados que habitaban. En lo sucesivo, todos los descendientes de esta casa se llamarán de L., aun después de perder el dominio de aquella villa.Se identifica L. con Ausina, una de las grandes poblaciones de la Antigüedad; fue destruida por los árabes y reedificada por orden del rey Alfonso el Católico, convirtiéndose entonces en la villa de L. Este solar, es el más antiguo y principal de la familia, aunque más adelante hubo otros en Narbona, Molina y Aza, al entroncar los L. con los linajes así denominados. Se puede afirmar que los L. no usaron armas representativas de su casa hasta el tiempo del conde Pedro González de L.; tales fueron "de gules, con dos calderas puestas en palo, jaqueladas de oro y sable, y gringoladas de ocho cabezas de sierpe de sinople" (A. y A. García Carraffa, o. c. en bibl.). Estas mismas armas las tomaron los hijos de Pedro González de L., condes Manrique y Nuño, y las dejaron perpetuadas en su posteridad. Las tomaron también casi todas las ramas del linaje L., cuarteándolas con otras a consecuenciá de nuevas alianzas.Gozó esta familia de gran estimación dentro del contexto histórico en que se desarrolló, probando repetidas veces su nobleza en las diferentes órdenes militares, alcanzando diversos títulos nobiliarios y enlazando conla primera nobleza española; de ahí que no sea extraño observar cómo los cronistas y escritores de la época hablan de ella en términos halagüeños. Así, jerónimo Zurita define la casa de L. como "la más principal de Castilla". Algunas teorías enlazan el linaje L. con Mudarra González, hermanastro de los legendarios infantes de L.; sin embargo, la falta de todo documento que justifique esta leyenda, recogida en la Crónica General de Alfonso el Sabio, la hace inaceptable como hecho histórico. Carentes de fundamento están también las pretendidas procedencias de los condes de Amaya y Bureba.
Gonzalo Fernández, descendiente directo del rey Fruela, añadió a los condados de Castilla, Burgos y Amaya, que ya poseía el de L., por matrimonio con Nuña Fernández, heredera de aquel Estado. De esta unión procede Fernán González (v.), conde de L. y primero independiente y soberano de Castilla. Por la muerte del primogénito de Fernán González, Gonzalo Fernández, la sucesión de los condes castellanos pasó al hijo segundo, Garci Fernández, separándose así la rama troncal de los L., que continuaron los descendientes del primogénito Gonzalo Fernández. Pedro González de L. fue el primero de los de su casa que manifestó deseos de lograr una autonomía y soberanía independiente de la del rey Alfonso VII, y por esta razón se negó a prestar ayuda al monarca en las luchas que éste mantenía con otro noble que también rehusaba el reconocimiento real: Alfonso Enríquez. Clara muestra del intento independista frente a la corona lo proporciona D. Pedro cuando añade en sus documentos el título "por la gracia de Dios", calidad que nunca osó tomar ningún otro súbdito de la monarquía castellana. El intento no tuvo éxito, y el conde hubo de salir desterrado de Castilla. Sin embargo, tal prerrogativa la consiguió y dejó establecida su hijo Manrique de L. quien, en 1148, se tituló "conde por la gracia de Dios", ostentando la soberanía, libre de todo reconocimiento del señorío de Molina (v.), hasta que fue incluido en los títulos reales, donde otorgó fueros y exenciones a sus moradores en calidad de soberano, sin que hubiese ningún grande castellano, a excepción de sus descedientes, que ostentase tal prerrogativa.Manrique de L., tutor de Alfonso VIII, añadió al título de conde de L. el de vizconde de Narbona y señor de Mesa con el ya citado de Molina. Es, en consecuencia, el progenitor de los condes de Narbona y de toda la casa Manrique, que toma este apellido del nombre de tan ilustre antecesor, conservando las armas de la casa de L. Por el contrario, las líneas de Narbona y Molina, tomaron las armas de los dominios que poseían. Mientras la sucesión de la línea Manrique continuó con Rodrigo Pérez Manrique, nieto del anterior, la de L. correspondió a Aymerico V, quien, por inclinación a los Estados de la casa de Narbona, o por la necesidad que estos pueblos tenían de un gobierno que mantuviese allí la autoridad y privilegios, trasplantó a Francia la primera línea de la casa de L. Allí se unió a las casas de Tolosa y Poitiers. Con Guillermo III, último vizconde de Narbona, se extinguió esta ilustre casa en sus dos líneas de L. y Narbona. Perdió la vida el vizconde en defensa de Carlos VI, Delfín de Francia, y de la plaza de Vernevil, en 1424, combatiendo contra los borgoñones en la guerra de los Cien Años. El mismo año, viéndose el vizconde sin sucesión, nombró heredero de sus Estados a Pedro de Tiniers, con quien comienza la desmembración y pérdida de la casa de L. hasta completarse en 1442 con el conde Gastón de Foix (V. FOIX-BÉARN, CASA DE).A. M. BARRERO GARCÍA.
BIBL.: A. y A. GARCÍA CARRAFFA, Diccionario heráldico y genealógico de apellidos españoles y americanos, 46, Madrid 1919 ss.; L. SALAZAR Y CASTRO, Historia genealógica de la casa de Lara, Madrid 1646; J. PÉREZ DE URBEL, Historia del condado de Castilla, 2 ed. Madrid 1969; J. GONZÁLEZ, El reino de Castilla en la época de Alfonso VIII, Madrid 1960.
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