Lamartine, Alphonse de LIT.
Categoria:
Literatura
Poeta y político francés, uno de los principales representantes del romanticismo (v.), Alphonse Marie Louis de Lamartine n. en Mácon el 21 oct. 1790 y m. en París el 2 feb. 1869. De origen aristocrático, tuvo una juventud ociosa, por no haber querido servir a Napoleón. Viajó por Italia (1812) y conoció en Nápoles a la joven Antoniella, transformada después en Graziella en sus evocaciones literarias. Durante una estancia en Aix-les-Bains (1816) conoció a Julie Charles, fallecida en 1817, cuyo amor cantó en estrofas apasionadas, bajo el nombre de Elvire. Se dio a conocer con los versos de Méditations (1817), Nouvelles méditations (1823) y Harmonies poétiques et religieuses (1830). Fue secretario de la embajada de Francia en Florencia (1825-30), miembro de la Academia Francesa (1830), diputado a partir de 1833, miembro del Gobierno provisional durante la revolución de 1848 y ministro de Asuntos Extranjeros en febrero de 1848. Su vida pública acabó con la instauración del Segundo Imperio (1851); sus últimos años se vieron agobiados por enormes problemas económicos que le obligaron a grandes empresas editoriales, cuya explicación radica en los apuros materiales que atravesaba: una edición de sus Obras completas en 41 vol. (1860-66); Vies des grands hommes (Vidas de los grandes hombres), 1855-56, 5 vol.; Cours familiar de littérature (Curso familiar de literatura), 1856-69, 28 vol. En política ha representado un humanismo social, empapado de idealismo romántico; tuvo su época de inmensa popularidad, sobre todo en 1847-48, y fue uno de los prohombres de la revolución de este último año.El lirismo de L. se sitúa en la prolongación del arte poético del s. XVIII, representado por poetas menores, como Saint-Lambert, Delille, Parny; de ahí su arte amable, gracioso, su artificiosidad, su demasiada facilidad. Pero a aquellas construcciones frías y académicas, él supo inspirarles una vida real, dándoles una sinceridad y una sensibilidad que acusan la influencia de Rousseau (v.), Bernardin de Saint-Pierre (v.) y Chateaubriand (v.). A esta doble veta de su inspiración se añade la esperanza cristiana que, introducida en su vida por el breve y luminoso contacto con Julie, vaciló a menudo en sus años maduros, pero domina en sus primeros tomos de versos, que establecieron su reputación. Su lirismo es la transcripción de un estado o de una crisis del alma, la interpretación poética de un sentimiento, de una melancolía, de una sensación agudizada por alguna circunstancia exterior: el aislamiento, el otoño, un valle, un crucifijo, un lago, las estrellas. En sus inspiraciones más características, la creación poética se desarrolla a través de tres fases: una evocación, una contemplación o un recuerdo; una melancolía que nace de ellos y puede conducir al desaliento, al tedio o a la desesperación; y, en fin, una especie de equilibrio interior, recobrado gracias a la esperanza en Dios o a la confianza rousseauniana en la bondad de la naturaleza. Este lirismo juvenil, empapado de idealismo y de sentimientos exaltados, personal y armonioso, correspondía al entusiasmo de la generación de 1820-30, que hizo de L. su poeta favorito. Tiene, sin embargo, grandes defectos: sobre todo, una facilidad descuidada y a veces incorrecta, que no trató nunca de corregir, porque consideraba la poesía como una brillante improvisación y, junto a ella, una especie de fatuidad monótona. Pero sus defectos no son sino una prueba más de su sinceridad ingenua, y esto era lo que más necesitaba la poesía.El último tomo de versos, Recueillements (Recogimientos), 1839, es muy desigual, como lo son también sus dos poemas épicos, Jocelyn (1836) y La Chute d’un auge (La caída de un ángel), 1838. Ambos son fragmentos importantes de una inmensa epopeya de la humanidad, con que soñaba desde su juventud; forman narraciones empapadas de lirismo, escritas con notable descuido y con una verbosidad que ahoga los destellos de poesía. De las obras en prosa merecen mención Viaje a Oriente (1835, 2 vol.), en que sigue de cerca el itinerario de Chateaubriand; Historia de los girondinos (1847, 8 vol.), que indica sus afinidades con las concepciones políticas de aquellos revolucionarios, y cuya relación novelesca tuvo mucha influencia en la preparación de la revolución de 1848; Raphaél (1849), relato de su aventura con Julie Charles; Graziella (1852), recuerdo novelesco de una aventura juvenil.Ante todo, L. es un gran lírico, incluso cuando escribe historia o discursos políticos. Los rasgos principales de su inspiración son la meditación sobre los grandes temas líricos: el idealismo sentimental, que es el aspecto que más ha servido para la renovación de la poesía y que más rápidamente ha envejecido; una sinceridad que contrasta singularmente con el uso constante de la retórica tradicional y que, quizá, más que sinceridad absoluta, era necesidad de mirar en sí mismo; y un encanto melodioso de la frase musical, que salva, incluso para los lectores de hoy, la mayor parte de sus composiciones no inmediatamente ocasionales.ALEJANDRO CIORANESCU.
BIBL.: A. M. DE LAMARTINE, Oezwres complétes, 4 vol., París 1860-66; íD, Correspondance, 6 vol., París 1873-75; R. Doumic, Lamartine, París 1912; P. HAZARD, Lamartine, París 1925; J. BAILLOU, y E. HARRIS, État présent des études lamartiniennes, París 1933; H. GUILLEMIN, Lamartine, l’homme et l’oeuvre, París 1939; L. BERTRAND, Lamartine, París 1940; H. GUILLEMIN, Connaissance de Lamartine, París 1942; E. ZYROMSKY, Lamartine, poéte lyrique, París 1897; M. CITOLEux, La poésie philosophique au XIXe siécle, Lamartine, París 1905; H. GUILLEMIN, Le Jocelyn de Lamartine, París 1936; íD, Lamartine et la question sociale, París 1946; íD, Lanzartine, documents iconographiques, Ginebra 1958.
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