Lacio (lazio), III. Historia Posterior. HIST.
Categoria:
Historia
Durante las invasiones bárbaras permaneció bajo el control del Imperio de Oriente, pero este control comenzó a declinar en el s. viii y fue sustituido por el de la Iglesia, que asumió abiertamente la dirección política del territorio del L., aunque el poder central de la Iglesia pronto chocó con los elementos autónomos locales, representados por la nobleza laica. El aumento de los precios de las fincas rústicas provocó un cambio en las relaciones sociales favorable a los grandes propietarios rurales, que apoyaron al Gobierno central contra la antigua nobleza, y de los que más tarde se sirvió la Iglesia en la lucha de las investiduras. Un elemento de oposición contra el centralismo papal fue la organización comunal de Roma, en abierta competencia con la autoridad pontificia. Esta última logró recuperar su función equilibradora bajo Inocencio III (1198-1216), pero el L. continuaba siendo un mosaico de Estados urbanos, de señorías, y de comunidades monásticas, un verdadero acervo de jurisdicciones en miniatura, en las que el peso de la autoridad central era sólo formal.Bonifacio VIII (1294-1303) se dedicó a la construcción de un fuerte Estado, pero inmediatamente después del exilio de Avignon el L. volvió a la anarquía. Esta mermó tanto las fuerzas de las ciudades y señoría de la región, que no le fue difícil al card. Albornoz, con sus Constituciones (1357), reestructurar el Estado en siete provincias, gobernadas por un rector. La máquina administrativa y financiera de la curia encontraba así las estructuras estatales que conservaría durante siglos. El cisma de 1378-1417 (v. CISMA in) hizo que el L. se hundiera de nuevo en la anarquía y se transformara en uno de los campos preferidos por los capitanes de fortuna. Finalizado el cisma, el mecanismo del Estado, puesto a punto por Albornoz, pudo comenzar a funcionar normalmente. A los terratenientes y a los patricios de las distintas provincias y ciudades se les dejó el usufructo de sus rentas y privilegios, pero al tiempo se comenzó un tremendo drenaje de entradas fiscales hacia Roma, cayendo así el L., región de exclusiva riqueza agraria, en una situación económica dificilísima.Desde el punto de vista político, el L. fue la base de partida para el ataque al poder central por parte sobre todo de las familias de los Colonna (v.) y Anguillara. Mas con la victoria de Paulo 11 (1464-71) sobre estos últimos, el control absoluto del L. pasó a la Iglesia, y su historia se identifica con el Estado pontificio (v.). Ahora bien, en el L. no se puede hablar de verdadero absolutismo, en el sentido de centralización y eficiencia administrativa, pues continuó siendo presa de las violencias de los nuevos explotadores del campo. Rencores de nobles hostiles al fiscalismo de Roma y terribles y periódicas carestías hicieron surgir en el L. una oleada de bandolerismo (1577-95), que amenazó a la misma Roma. Mientras tanto, la degradación del campo del L. continuaba: latifundio, despoblación, transformación de las tierras de cultivo en pastos, extensión de la malaria. Por todo ello resultaron inútiles los intentos llevados a cabo por Sixto V (1585-90) para sanear la situación. También las veleidades reformadoras de Pío VI (1775-98) fallaron.Durante la época napoleónica, el L. se vio englobado en los territorios italianos del Imperio francés y, en 1815, devuelto a la Santa Sede. Los intentos de reforma del card. Consalvi no lograron elevar las desgraciadas condiciones económicas del L., y no fue posible hacer nada ni bajo Pío IX (1846-78), ni durante el breve experimento de la República romana (1848-49). En 1861, el L. permaneció como único territorio todavía bajo el control del Estado pontificio. Fue conquistado por las tropas italianas en septiembre de 1870. En 1878, se comenzó el saneamiento de las lagunas pontinas, finalizado en 1928. Todavía hoy el L. es una región eminentemente agrícola y con problemas de subdesarrollo económico.GIOVANNI STIFFONI.
BIBL.: G. DE SANCTIS, Storia dei Romani, Florencia 1969; L. DUCHESNE, Les premiers temps de 1’état pontifical, París 1911; M. PETROCCHI, La Restaurazione romana, Florencia 1934; D. DAMARCO, 11 tramonto dello Stato Pontificio, Turín 1949.
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