La Haya, II. Historia. HIST.
Categoria:
Historia
El lugar sobre el que se asienta la ciudad era, a fines del s. xi, coto de caza de los condes de Holanda (v. HOLANDA iii). Uno de ellos, Guillermo 11, inició en 1248 la construcción de un castillo, en torno al cual surgió un reducido núcleo de población, cuya importancia se acrecentó cuando el conde Florencio V (1256-96), hijo del anterior, trasladó al mismo un Tribunal Supremo de Justicia. L. H. se convierte así en lugar de residencia de la nobleza y en floreciente centro comercial de una burguesía dedicada al tráfico mercantil. El frívolo gobierno de Alberto de Wittelsbach (1357-1404), vástago de una antigua familia real de Baviera, señala un periodo de acentuada prosperidad, aunque posteriormente las luchas entre seguidores y adversarios de Jacoba de Baviera (hoeken y kabeljawen) ensangrentaron Holanda, repercutiendo también en L. H., que participó activamente de ellas. Como tantas otras ciudades holandesas, sufrió terriblemente durante las guerras religiosas del s. xvi, cayendo en 1574 en manos de las tropas españolas de Luis Gaetano, aunque tanto el gobierno como la población de la ciudad habían tenido tiempo de retirarse a Delft. En 1577, retorna a L. H. la Corte de justicia, y en 1580 los Estados Generales.Las vicisitudes guerreras de L. H. son escasas; pero, en cambio, es muy importante su función política internacional. En 1607, durante la guerra de independencia de las provincias holandesas contra España, tuvieron lugar en ella las negociaciones preliminares para un armisticio que habría de preparar la tregua de los Doce Años, firmada en Amberes en 1609. Durante este breve periodo de paz, L. H. fue escenario de disputas religiosas que enfrentaron a dos facciones calvinistas, gomaristas y arminianos. Durante la segunda mitad del s. xvii, la importancia política de L. H. no disminuye, partiendo de ella las principales coaliciones contra Luis XIV. En 1795, a causa de la agresiva política napoleónica, los statuders abandonan la ciudad; L. H. cae en un nuevo periodo de postración, cuando Luis Bonaparte traslada el Gobierno primero a Utrecht y más tarde a Amsterdam (v.), donde habría de permanecer la capitalidad de Holanda. Con la restauración de la dinastía de Orange (v.), Guillermo 1 estableció de nuevo su residencia en L. H. en 1815.Hacia 1830, su potencial demográfico aumenta considerablemente a pesar de que L. H. ha sido a lo largo de toda su historia una ciudad escasamente industrial. Su importancia radica en su carácter de centro diplomático internacional, que se acentúa cuando en 1899 se reúne allí la 1 Conferencia Int. de la Paz, que decidió la creación de un Tribunal Permanente de Arbitraje, con sede en el Palacio de la Paz. Sucesivas conferencias, en 1907 y 1923, no hacen más que confirmar esta faceta de la ciudad holandesa. Durante la 11 Guerra mundial, fue destruida en gran parte por los alemanes, con el propósito de construir fortificaciones costeras y rampas de lanzamiento para sus bombas volantes. Reconstruida en la posguerra, es una ciudad de indiscutible belleza monumental, como atestiguan su Grote Kerk (catedral), obra gótica de los s. xiv y xv, y el Maritshuis, exponente del renacimiento holandés del s. XVIII y en la actualidad museo que conserva obras de Hals, Vermeer y Rembrandt.J. RAYA TÉLLEZ.
BIBL.: V. la de HOLANDA III y IV, y la publicación municipal: The Hague, city in expansion, La Haya 1957.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.