Kleist, Heinrich Von
Categoria:
Biografía GER
Poeta y dramaturgo alemán, n. en Francfort del Oder el 18 oct. 1777, m. en Berlín el 21 nov. 1811. Es uno de los mejores trágicos alemanes. Su obra se sitúa entre el clasicismo y el romanticismo. Hijo de un general prusiano, abrazó primero la carrera de las armas, participando en la campaña del Rin; pero en 1799 abandonó la milicia y comenzó a estudiar Leyes y Filosofía en su ciudad natal, con el anhelo de desentrañar el sentido de la existencia y poder fundar sobre la verdad una vida fecunda. Mas la lectura de la Crítica de la razón pura de Kant (v.) le llevó a la conclusión de que tal anhelo es ilusorio, pues no existe un criterio absoluto para distinguir lo verdadero de lo falso. Rechazando el culto de la razón, se convirtió al evangelio de la naturaleza de Rousseau (v.); abandonó los estudios y a su prometida, y emprendió una serie de viajes. Visitó dos veces Francia y Suiza. Pensó alistarse en las tropas napoleónicas contra Inglaterra, pero enfermó y pasó en Maguncia cinco meses de convalecencia. En 1804 se hizo funcionario del Estado. La caída de Prusia en 1806 avivó sus sentimientos patrióticos; fue hecho prisionero por los franceses y encerrado en el fuerte de Joux. Recobrada la libertad, residió dos años en Dresden, donde editó la rev. " Phóbus". En 1810 regresó a Berlín, uniéndose al círculo romántico de Arnim, Fouqué y Brentano (v.); allí editó la rev. "Berliner Abendblátter". Luchó infatigablemente por excitar a sus compatriotas a la resistencia contra Napoleón. Pero el fracaso de sus ideales políticos, su escaso éxito literario y su desesperación interior, le hicieron aborrecer la vida. Se suicidó en compañía de una amiga suya llamada Enriqueta Vogel.Por su estilo y problemática, la obra de K. no encaja ni en el clasicismo, ni en el romanticismo, ni en el idealismo filosófico, no obstante contener elementos de estas tres direcciones; puede considerarse más bien como un preludio del realismo. La actitud característica de K. es un inmenso anhelo de autoverificación absoluta de la persona, anhelo que se ve defraudado por la experiencia de la vida, pues en el mundo real todo es falaz y relativo. Aquí se halla la raíz de su tragedia personal y poética, cuya superación, no obstante, deseaba sinceramente. Fue grande su empeño por hallar una solución al problema que había planteado el kantismo, pero no la llegó a encontrar jamás, pues en todo momento experimentó la vida como un tejido desconcertante de azares y engaños. Para K., la historia es realidad, no mero símbolo o paradigma como opinaba Schiller, y constituye el vínculo interno de la existencia humana; convicción ésta que le llevó a tomar parte activa en los acontecimientos políticos. Nada más ajeno a K. que la actitud del romántico que pretende superar la concreción refugiándose en el ensueño de un universo vivo.K. no buscaba ningún ideal fuera de este mundo; sólo quería saber el motivo de su existir y si era posible o no, por encima de todo lo aparente, abandonarse a la verdad del sentimiento. En el fondo, su problema era ético: si es recta la acción humana que procede de la seguridad y certeza del instinto, aunque se oponga a las normas externas de la rectitud. Éste es el núcleo de su dramática. Y su conclusión es: que a la contradicción interna de todo lo que llamamos realidad se opone la absoluta certeza del sentimiento; ambos mundos se hallan en conflicto permanente e inevitable. La verdad interior del espíritu no se puede armonizar con la verdad de lo exterior. Así creó K., ajeno a toda idea cristiana, la tragedia que podríamos llamar del sentimiento o instinto absoluto. Su lenguaje se caracteriza por una energía turbadora; sus imágenes y metáforas son audaces, y el diálogo, apasionante. Pese a su unidad de contenido y estilo, la obra de K. presenta aspectos variadísimos, con elementos realistas y fantásticos, trágicos y cómicos, armonía clásica y pasión desmedida hasta los límites de lo patológico.Su primer drama, Die Familie Schrof fenstein (La familia Schroffenstein), 1802, refleja la impresión de la lectura de Kant: el hombre no penetra en la realidad de las cosas; todo intento de aclarar errores conduce a otros nuevos. Es la tragedia de la ceguera espiritual del hombre, que hace dudosa la responsabilidad moral. En Robert Guiskard (1803) intentó crear un tipo de tragedia que reuniese los valores de la tragedia griega y de Shakespeare (v.). La obra quedó inconclusa. Amphitrvon (Anfitrión), 1806, es una comedia según Moliére (v.), pero de contenido e intención diversos: la seguridad del instinto de Alkmena triunfa del engaño de sus sentidos, que le presentan al dios Júpiter en la figura del esposo Anfitrión. En Der zerbrochene Krug (El cántaro roto), 1806, creó una de las comedias realistas más perfectas de la literatura universal. Penthesilea (1807) toma el argumento de la leyenda griega. En un caos de sentimientos, la reina de las amazonas despedaza a su amante Aquiles. Küthchen von Heilbronn (1808) es, según el mismo K., "el reverso de la medalla" respecto del drama anterior; el poderío del sentimiento se muestra aquí en la humildad y entrega de una joven sencilla. Die Hermannssc_hlacht (La batalla de Arminio), 1809, es un manifiesto de exaltación patriótica: el heroísmo de un caudillo en defensa de la independencia nacional. En su último y más logrado drama, Prinz Friedrich von Homburg (El príncipe de Homburgo), 1810, expone el conflicto entre el individuo y el Estado, el deber y la libertad, según un episodio ocurrido en la guerra de los Treinta años. K. es autor además de una serie de novelas cortas que prosiguen el tema de su dramaturgia. La novela es, según dice él mismo, hermana de la tragedia. Las más notables son: Michael Kohlhaas (1806), Die Marquise von O. (La marquesa de O.), 1806, Die Verlobung in St. Domingo (Esponsales en Santo Domingo), 1807-08, Das Erdbeben von Chili (El terremoto de Chile), 1807, Die heilige Cdcilie (Santa Cecilia), 1810. K. no tuvo la satisfacción de ver representado ninguno de sus dramas, a excepción de dos comedias. Desconocido durante mucho tiempo, fue descubierto a principios de siglo, y hoy se le celebra como el más genial de los autores dramáticos alemanes.J. A. COLLADO MILLÁN.
BIBL.: Sámtliche Werke, 6 vol., 1955; E. KAYKA, Kleist und die Romantik, 1906; K. FEDERN, Das Leben Heinrich von Kleist, 1929; O. WALZEL, Kleist als Tragiker, 1936; TH. MANN, Kleist und seine Erzahlungen, en "Nachlese" 1956; G. BLOCKER, Heinrich van Kleist oder das absolute Ich, 1960; R. IBEL, Heinrich von Kleists Schicksal und Botschalt, 1961; S. ZWEIG, Kleist, Barcelona 1951; M. BRION, La Alemania romántica, Barcelona 1971; C. BRAVO VILLASANTE, Vida de un poeta: H. von Kleist, Madrid 1971.
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.