Juan Manuel, Infante Don
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Biografía GER
Biografía. Nieto de S. Fernando y sobrino de Alfonso X, n. en Escalona (Toledo) el 6 mayo 1282. Sus padres fueron el Infante Don Manuel y Beatriz de Saboya. Huérfano desde muy temprana edad, fue favorecido por Sancho IV, y pronto empezó a desempeñar importantes cargos políticos. Señor de Villena y de Alarcón; a los 12 años era ya adelantado del reino de Murcia. Intervino con habilidad en la minoría de Fernando IV, y fue regente en la de Alfonso XI. En las frecuentes luchas nobiliarias que ensangrentaron estos reinos, tomó partido siempre según las conveniencias del momento y los intereses de su casa. En el reinado de Alfonso XI, asegurada su posición política, participó dignamente en la batalla del Salado (1340) y en la conquista de Algeciras (1344). Ya anciano, se retiró al monasterio de los dominicos de Peñafiel, que él mismo había fundado, para dedicarse al repaso y cuidado de su obra. Se desconoce la fecha de su muerte, que se cree debió acaecer antes de 1349.Carácter de su obra. En medio de tantas intrigas y luchas políticas, desarrolló y mantuvo un espíritu refinado y sensible, y supo emplear parte de su tiempo en la redacción de su obra literaria; por ello fue un claro ejemplo de los escritores que compaginaron el empleo de las armas con el ejercicio de las letras. Su conducta pública está a veces en contradicción con la doctrina que expone en sus obras. En el terreno político se le ha considerado como un precursor de Maquiavelo (v.). Conservamos un retrato suyo de los últimos años, en que aparece postrado ante el altar, con la barba y los cabellos blancos y una facciones inteligentes que expresan energía y desengaño. Es el primer escritor castellano preocupado por la posteridad y por la conservación y trasmisión de sus escritos. Con este sentido humanístico quiso apartarse del poco cuidado que manifestaron los escritores medievales en conservar su nombre en las obras. Para evitar la posible adulteración de los textos, depositó los originales, cuidadosamente corregidos por él, en el monasterio de Peñafiel, pero un incendio los destruyó. Aún mayor es su afán por disponer de un estilo propio, por lo cual es el primero en las letras españolas que busca un arte literario personal. Se preocupó por la trabazón lógica del relato desviándose del ornato excesivo de la narración; pero esta concisión no impide la claridad de sus escritos. "Et poniendo declaradamente complida razón que quiere decir, pónelo en las menos palabras que pueden seer" (Libro de los Estados). Dentro de la corriente didáctica de la literatura de su época, sus obras ofrecen, en conjunto, un apretado sistema didáctico-moral para las distintas etapas del hombre; aspecto acentuado quizá más en él que en otros escritores medievales por su contacto con los dominicos en Peñafiel, donde conoció la filosofía tomista. Su moralidad está inspirada fundamentalmente en la religión cristiana y en los conceptos tradicionales de la Edad Media.Producción literaria. Obras menores. Admirador de la labor histórica de su tío Alfonso X, redactó una Crónica abreviada, supuesto compendio, hoy perdido, de la Primera Crónica General. Sólo tenemos noticias de otra obra suya, desaparecida también, el Libro de los cantares, que nos hubiera presentado más fielmente su figura como poeta, pues sólo han quedado los dísticos morales con que termina cada cuento del Libro de Patronio. En el Libro de la caza ala noticias sobre este deporte y las aves de cetrería. Elogió su blasón en el Libro de las armas. Otros tratados de menor importancia son: Tractado en que se prueba por razón que Sancta María está en cuerpo y alma en el paraíso, donde anticipa razones del dogma asuncionista; De las maneras de amor y Castigos y consejos a su hijo don Fernando, más conocido por Libro infinido.Obras mayores. El Libro del Caballero et del Escudero tiene como soporte narrativo un relato muy sencillo, simple pretexto para la materia doctrinal que, en definitiva, es lo esencial del tratado. Un joven escudero debe ir a las Cortes convocadas por el rey, pero desconoce las leyes de la caballería, y recurre entonces para instruirse a un anciano ermitaño, caballero en su juventud. Al final muere el ermitaño y el joven escudero le entierra respetuosamente. Los consejos del anciano se centran sobre el arte de la caballería, y el libro forma una especie de enciclopedia de los conocimientos de la época sobre filosofía, teología y ciencias naturales, al mismo tiempo que ofrece una pintura de las costumbres de aquella sociedad. El libro nos ha llegado incompleto (le faltan los cap. 111 al XVII), y sus fuentes más destacadas son el Libre del orde de caballería, de R. Lulio (v.), las Etimologías de S. Isidoro (v.) y las obras de Alfonso X y de Vicente de Beauvais.El Libro de los Estados, donde los elementos novelescos y didácticos están más equilibrados, tiene por tema la conocida leyenda de Buda, en su versión cristiana, que había sido ya incorporada a la literatura medieval en el Barlaam y fosafat. J. M. ha sintetizado el triple encuentro de Buda (con un ciego, un leproso y un viejo) en la sola visión "con el cuerpo del home finado". El maestro Turín se ocupa de la educación de Johás, hijo del rey pagano Morován, y debe ocultarle las miserias de la vida, en especial la muerte. El encuentro con un difunto da pie a Johás para preguntar a Turín sobre la condición humana, pero el maestro no puede resolver ciertos problemas planteados por el pupilo. El ayo cristiano julio les explica los misterios de su religión y los convierte al cristianismo. Este libro plantea uno de los problemas predilectos de la Edad Media en torno a las tres religiones, que el autor resuelve a favor del cristianismo. Pocos años después, Boccaccio (v.) tocará el problema en el cuento de Los tres anillos con un marcado escepticismo. Los recuerdos autobiográficos se mezclan en este verdadero tratado de educación de príncipes, en donde, como en las Partidas (v. ALFONSO X), que le ha facilitado no poco contenido doctrinal, el autor traza un amplio cuadro de la sociedad de su tiempo.La obra más importante y conocida de J. M. es, con mucho, el Conde Lucanor o Libro de Patronio. Terminada en 1335, suele dividirse en cinco partes, de las cuales la primera, que contiene 51 ejemplos o cuentos, es la más novelística y animada. Cada cuento consiste en un problema que plantea el joven conde a su ayo Patronio; y éste, en vez de contestarle teóricamente, lo pasa al terreno de la práctica mediante un apólogo o ejemplo. El libro continúa la rica tradición oriental de los cuentos que tiene su punto de partida en la Disciplina clericalis. Los temas son variados y de fuentes muy diversas, especialmente orientales. Pero J. M. no es un simple coleccionista refundidor, sino que trasmite a cada tema el acento inconfundible de su estilo y de su fina ironía.Aunque la intención didáctica de la obra es manifiesta, el Conde Lucanor no es ya sólo la colección de apólogos con un absoluto fin moralizador. Los relatos han adquirido altura de obra artística, y el autor, a pesar de su fin didáctico, no se entretiene en intercalar un discurso sentencioso; por lo general, la moralidad se desprende del fluir de la acción, y sólo al final de cada cuento da una forma aforística. No obstante, hemos de señalar que su postura en general ante la vida no siempre parece inspirada por puros motivos de moralidad o religión; por su sentido práctico, matizado de elementos autobiográficos, aconseja con frecuencia el disimulo y la astucia, cercano a cierto cinismo utilitario. De esta forma, el Libro de Patronio crea hasta cierto punto el género novelesco no sólo en España, sino en Europa, ya que Boccaccio no comenzó la redacción del Decamerón hasta 1348. De entre los cuentos más conocidos de J. M. se destaca el XI, "De lo que contesció a un deán de Santiago con Yllán, el gran maestre de Toledo", y no pocos de ellos han pasado a la literatura posterior, usados como argumentos: el del "mancebo que casó con una mujer muy fuerte e muy brava" proporcionó el tema de La fierecilla domada a Shakespeare (v.); Cervantes (v.) imitó en El retablo de las maravillas el "De los burladores que tejieron el paño mágico"; en La vida es sueño, Calderón (v.) glosó en la décima "Cuentan de un sabio que un día..." el ejemplo "De lo que acontesció a un ome que por pobreza et mengua de otra vianda comía altramuces". Y así otros muchos. De esta forma se ha mantenido la vigencia de uno de los más destacados libros de ejemplos de la literatura medieval española.P. M. PIÑERO RAMÍREZ.
BIBL.: ed. de sus Obras en BAE, L1,1860; ed. de J. M. CASTRO Y CALVO Y M. DE RIQUER, Barcelona 1955; El Conde Lucanor, ed. en versión modernizada por E. MORENO BÁEZ, Valencia 1953; A. GIMÉNEZ SOLER, Don Juan Manuel. Biografía y estudio crítico, Madrid 1932; J. M. CASTRO Y CALVO, El arte de gobernar en las obras de don Juan Manuel, Barcelona 1945; A. DODDIS MIRANDA y G. SEPÚLVEDA DURÁN, Estudios sobre Juan Manuel, 2 vol., Santiago de Chile 1957.
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