Jonia HIST.
Categoria:
Historia
I. Historia. II. Lengua: v. INDOEUROPEOS II.I. HISTORIA. 1. Origen. Bajo este nombre se entiende el conjunto de territorios de la costa de Asia Menor habitados por los griegos, entre el cabo Poseidón al S y los confines de Fócea y Magnesia al N, así como las islas de Chíos y Samos (v.). Es una costa muy articulada y con una llanura litoral de reducida extensión, pero de buenas condiciones portuarias. "Su historia comienza necesariamente con la emigración griega a sus territorios". Son múltiples y complejos los problemas que plantea su origen metropolitano y étnico, y es poco viable su resolución. La tradición griega reduce la cuestión de la procedencia de los colonos a una unicidad jónica, pero la investigación histórica ha demostrado cuán lejos está de la verdad. Los colonos, en realidad, forman un grupo muy heterogéneo, a diferencia de la colonización. eólica, más al N. Según Heródoto (1,144) "eran minoicos, cadmeos, driopos, focenses, pelasgos de Arcadia, dorios de Epidauro y de otras varias naciones".Las informaciones literarias parecen apuntar a un predominio de los acadios. Por un lado, los nombres de las 12 ciudades fundadas por ellos en la J. son los mismos que los de las ciudades dejadas en Acaya (v.); por otro, el culto común de todos los jonios era el de Poseidón Heliconios, originario también de Acaya. En cambio, la investigación realizada por Sakellariou indica que la mayor parte procedía de Beocia y Nordeste del Peloponeso, y en menor cantidad del Ática y Arcadia. Como en estas regiones había un fuerte sustrato de jonios que expulsados de Acaya por los aqueos (lo atestiguan Estrabón y otros) alcanzaron dichas regiones en su emigración inicial, la importancia de su número y la fuerza de sus instituciones en su segunda emigración hacia la costa este del Egeo hizo que se impusiera al resto de eolios, arcadios y "occidentales" y diese el nombre de J. a estos territorios. En cuanto a la época de sus emigraciones hay sólo dos datos precisos: la primera llegada de colonos a Mileto (v.) entre 1400 y 1390 a. C. y el comienzo del asentamiento en Esmirna pocos años antes del 1000 a. C. Es muy temerario establecer unas fechas claras de esta colonización, pero se puede considerar una primera oleada en las primeras décadas del s. xiv a. C. (Mileto y Colofón), una segunda antes del fin de la Edad de Bronce (Samos y Chíos) y sobre todo una tercera a comienzos del I milenio (Éfeso, Teos, Clazomene y otras).Los pobladores que fundaron Magnesia y Fócea (v. FoCENSES) serían las últimas oleadas llegadas en la segunda mitad del s. viii a. C. Si se aceptan estas fechas no hay razón para rechazar la creencia griega de que fue la región central de la costa la última en ser colonizada. Si es así esto plantea otro problema, pues dicha zona central es la más fértil de Anatolia, su clima menos riguroso (el mejor del mundo, dice Heródoto, 1-142) y la de mejores rutas naturales con las civilizaciones interiores, sobre todo la lidiofrigia. Por el contrario, el Sudoeste de Anatolia es difícil, yermo y desolado; y el Noroeste, más frío y sin puertos naturales. Por ello hay que pensar, no en la suerte, pues no se puede suponer el desconocimiento de una costa tan cercana y fácil de alcanzar, sino en la preexistencia de una sociedad con una organización capaz de rechazar a "los pueblos del mar". Esto lo apoya la arqueología con las ruinas prehelénicas más notables de todo el Oeste de Anatolia, p. ej., las esculturas hititas en las rocas y los santuarios del monte Sípulus, así como las fortificaciones del golfo de Esmirna. Quizá fuese un Estado asiático bien organizado derivado del Imperio hitita que no pudo mantener a tan gran distancia una administración centralizada. Pero siempre con suficiente fuerza como para rechazar colonos griegos durante varias generaciones, después de las emigraciones realizadas al Norte y Sur.2. Prehelenismo jónico. Según el historiador Perecides, Mileto, Miunte, rfeso y la región de Micala estaban ocupadas por los carios; el litoral norte de Fócea y las islas de Chíos y Samos, por los leleges. Por otro, en un texto de Menecrates de Elea, recogido por Estrabón, se afirma que toda la costa del Egeo al N de Micala y las islas cercanas estaban habitadas por los pelasgos (v.). Todos estos nombres se encuentran también en los textos locales y egipcios que tratan del pasado prehelénico de las ciudades jónicas. Tras la investigación se ha llegado a las siguientes conclusiones: la población prehelénica estaba instalada allí desde hacía tiempo y era de etnia muy heterogénea con dos elementos superiores al resto. Los leleges de raza mediterránea que se asentarían al comienzo del IV milenio; y los pelasgos (que Heródoto admite erróneamente como colonizadores griegos) de lengua indoeuropea. En torno al s. xv a. C., es decir, poco antes del comienzo de la colonización griega, se instaló un nuevo elemento: los cretenses, emparentados en cierta medida con los indígenas, y que se asentaron, no en el continente como los anteriores, salvo ciertos pobladores en Mileto, sino en las islas cercanas de Samos y Chíos que ellos fortificaron. Los carios y lidios, pertenecientes a los pueblos indoeuropeos que alcanzaron Asia Menor a fines del 111 milenio, poblaron la J. ya en tiempo histórico.El hecho de que estos pueblos civilizados y organizados no opusieran resistencia a los inmigrantes griegos es otro problema, pero más aclarado. "Creta había sucumbido y sus colonos carecían del apoyo de su metrópoli. Los intereses hititas no alcanzaban, parece ser, la Frigia, y sus monumentos rupestres dejados en Karabel y Monte Sipyle deben referirse a una ocupación hitita pasajera". Quizá por ello los autóctonos se mostraron incapaces de oponerse al desembarco griego en Clazomene, Esmirna, Fócea, etc. Si se cita alguna lucha es de carácter estrictamente local, pues "no se encuentra recuerdo alguno de que una localidad tuviese alianza con su vecino". La razón radica en la heterogeneidad de elementos y de sus intereses económicos. Este individualismo, como veremos, pasará de una manera absoluta a la J. histórica de los helenos. Por último, es muy posible que estos pueblos indígenas se viesen amenazados por los llegados al interior a fines de la Edad del Bronce (carios y lidios), y por ello aceptasen los pequeños grupos de emigrantes griegos en la costa, más aún cuando se dieron cuenta de que podían convertirse en una excelente clientela para su producción agrícola y ganadera.3. Los primeros griegos. Las primeras expediciones griegas posiblemente fueron de pillaje, acuciados por la pobreza de la península helénica, pero pronto el empuje dorio las convirtió en emigraciones colonizadoras. La línea directriz pasó inicialmente por las islas antes de alcanzar la franja costera central de Anatolia (la helenización de la tierra interior tuvo lugar en época posterior) donde eliminaron o asimilaron a la población preexistente. Con fronteras orientales con Lidia y Caria; septentrionales con la Eólida y meridionales con la Dóride, muy lentamente surgió la J. con conciencia de su unidad cultural y lingüística. "El jónico oficial es la más antigua de las lenguas vulgares, la primera Kolné, es decir, no una lengua popular, sino una lengua fija, de civilización y en condiciones de llegar a ser una lengua literaria". Sus semejanzas dialécticas les hizo reconocer cierto parentesco con Atenas, y cuando ésta dominó el Egeo, los jonios no dudaron en reconocerla como metrópoli de todas sus ciudades.Originariamente, la confederación jónica la formaron 13 ciudades, número luego reducido a 12 por destrucción de Mellia, ca. 700 a. C. Estas ciudades eran de S a N: Mileto, Miunte, Priene, Éfeso, Lebedos, Colofón, Teos, Eritrea, Clazomene, Fócea y las insulares de Chíos y Samos. La liga política tuvo como centro ideológico el Panionion, templo consagrado a Zeus en las estribaciones costeras de la sierra de Micala enfrentada a Samos. Su expansión no se detuvo. Hacia el N, tomaron la eólica Esmirna (v.); y hacia el S, la dórica Halicarnaso (v.), ésta pacíficamente, pues había sido excluida de la Dóride por haber violado sus leyes religiosas. En un comienzo, como en la metrópoli, sus fuentes económicas fueron la agricultura y la ganadería, quedando el comercio en un plano secundario, pero cuando las relaciones entre ambas costas del Egeo se hicieron más constantes, la función mercantil pasó al primer plano. Hasta que el interior no fue helenizado, el comercio fue marítimo, y en esta dedicación destacaron dos ciudades: Mileto y Fócea. La primera, fundada por los carios antes de la emigración jonia, dominó el mar Negro desde el s. viii a. C. con más de 80 factorías, entre las cuales destacan las célebres Sinope y Trebisonda en la costa meridional, y Quersoneso (luego Sebastopol) y Panticapea (Kertch) en la costa norte.La ruta comercial de Fócea fue la occidental, sobre todo después del ocaso de Tiro ante los asirios. Así, entre otras, dejaron colonias en la Magna Grecia (Rhegio), en la isla de Córcega (Alalia), en el sur de la Galia (Massalia) y en la península Ibérica (Mainake y Hemeroscopeion). La ciudad de Éfeso (v.) era el centro financiero de la J. Sus banqueros, "formados en la tradición babilónica", desempeñaron un papel político en el mundo heleno, cuando en la madre patria se ignoraban aún los más rudimentarios elementos bancarios. Como dice Beloch, en esta época tuvo lugar en la J. el invento que demuestra la importancia de su comercio: la acuñación de moneda, en oro y plata, metales que ya circulaban en barras de determinados pesos como medidas de valoración. "Pero a nadie antes se le había ocurrido imprimir una acuñación con su peso y autenticidad, ahorrando así el empleo de la balanza". "Estaban acuñadas en electrón, trozo de oro fuertemente mezclado con plata de los ríos lidios, aún sin inscripción, pero con las armas del Estado en el anverso, y el reverso libre". De allí pasaría a la madre patria, donde se acuñaría en plata por no circular casi el oro. Así, a principios del s. vii se encontraba la J. en un elevado estado de evolución económica que facilitó el rebase de sus límites geográficos.4. Evolución de las colonias. Sus colonias le plantearon pronto problemas, pues no podían satisfacer sus necesidades de artículos manufacturados, por lo que dependían de la metrópoli e hizo que ésta desarrollase una industria de exportación (Mileto fue sede de la más importante industria textil). Al faltar brazos para la industria, los trajo de los pueblos bárbaros del Este que ofrecían una provisión inagotable de hombres, uso de esclavos que se propagará después a la península helénica. Junto a este liberalismo comercial, se produjo en el plano espiritual la ruptura con tanto convencionalismo y tradición que los tenía encadenados y se desarrolló lo que se ha denominado helenismo puro. Su base fue la escritura literal, que sucedió a la pesada y difícil silábica. J. creó el arte, la ciencia y la literatura griegas, lo cual debe a su contacto con las grandes civilizaciones antiguas. "De Tales a Heráclito los filósofos jonios investigan la naturaleza del ser, presentando bajo nuevas formas lo que habían establecido las cosmogonías orientales sobre el origen del mundo". Así, Tales se inspiró en la cosmogonía solar egipcia para trasponer su dualismo religioso espíritu-materia a la filosofía y la física. Anaximandro sustituyó la idea de la creación perpetua del mundo por la de la evolución de la materia inspirada en el evolucionismo babilónico. Pitágoras se basó en la filosofía hindú para establecer su teoría de la inmortalidad de un alma reencarnante.Tanto contacto con altas civilizaciones, con naciones tan heterogéneas, llevó al excepcional Hecateo de Mileto a crear la crítica histórica que tan excelente escuela dejó en J. También su poesía amatoria y coral está influenciada por la frigia. Que el arte más influido por Oriente radicaba en J. lo demuestran sus colosales santuarios hípetros como el Didymeion de Mileto, el Heraion de Samos, el Clarión de Colofón y el Artemision de Éfeso, todos ellos del s. vi a. C. El plano político tampoco podía escapar a esa liberalización, y la primitiva monarquía fue eliminada de modo casi siempre incruento y pacífico. El primer paso fue sustituir su carácter hereditario por el electivo y luego una división de poderes entre los arcontes (funcionarios civiles), polemarcos (militares), tesmóteles (jueces supremos) y el rey, que quedó como mero administrador del culto. En realidad, fue el paso de la monarquía a la oligarquía, pues los nuevos funcionarios electivos recaían siempre en miembros de una aristocracia familiar que utilizó sin escrúpulos su puesto. En Mileto, Éfeso, Colofón y otras ciudades existen pruebas de esta evolución política antes de la aparición de la figura del tirano, producto claro del ascenso de la democracia, que como en la madre patria fue un episodio efímero en su evolución constitutiva. A pesar de "establecer de modo efectivo la igualdad noblezahombre común" el hecho de que los tiranos estableciesen por primera vez fuertes impuestos regulares, hizo que surgiera en la J. la oposición a su gobierno. Su brillante civilización, su elevada riqueza derivó en una excesiva tendencia a la comodidad, "los jonios malos soldados no pueden soportar los ardores del sol, ni la fatiga y se niegan al esfuerzo de los ejercicios militares" (Heródoto V1,12).5. Dominios lidio, persa, ateniense y macedonio. La creciente civilización en Asia Menor exigía una cohesión política y fue el reino de Lidia quien la intentó tras la tormenta que supuso la invasión de los cimerios a mediados del s. vic a. C. Su rey Ardis tomó primero el reino de Frigia y buscó después salida al mar a través de una J. carente de unidad. El deseo lidio de no destruir sus ciudades, el filohelenismo lidio demostrado con sus ofrendas en los santuarios jonios, la consciencia jonia de su propia debilidad hizo fácil la labor de su sometimiento al protectorado lidio. No obstante, hasta el 560 a. C. bajo Creso, no se acabó la conquista total de la J., de la que sólo Mileto, por un tratado de alianza, conservó su independencia.A pesar de la fidelidad al reino lidio, cuando alcanza al mar Egeo el imperialismo persa de Ciro II el Grande (v.), la indolencia de los jonios hace que asistan sin intervenir a la caída de Sardes, capital lidia (546 a. C.). Su deseo de neutralidad para con los persas no es aceptado por éstos, que desean una sumisión más efectiva. Su general Harpagón reduce una a una las ciudades, como lo habían hecho los lidios. Algunas no soportaron la idea de someterse de nuevo, y sus habitantes huyeron hacia occidente: p. ej., los de Teos hacia Samos, donde Policrates creó una flota que dominó el Egeo. Al principio, el dominio persa fue poco más opresor que el lidio, no interviniendo en los asuntos internos y limitándose a sostener a los tiranos, sus agentes, y a exigir tributos moderados y auxilio militar para la guerra. Las islas, en un comienzo, permanecieron fuera de su poder, mientras los jonios del continente, con la pérdida de la libertad, disminuyeron la actividad cultural y comercial de sus ciudades.Cuando Darío I el Grande (v.) desvió su expansionismo hacia los escitas (v.) de las estepas próximas al mar Negro, los jonios participaron con entusiasmo, pues su conquista abrió un ancho campo a sus colonias del mar Negro. El fracaso de tal acción, acrecentado con el monopolio fenicio en el Mediterráneo oriental, les llevó, bajo la iniciativa de Mileto, a la celebración de un congreso panurbano. Su objetivo: la unión de las flotas para tomar primero Bizancio y así dominar el mar Negro y después Chipre para expulsar a los fenicios filopersas. Se expulsaron a los tiranos impuestos por los persas y se repuso la democracia. La Atenas (v. ATENAS iii) de Clístenes les apoyó, pero no Esparta, opuesta a toda democracia. Sardes fue tomada por milesios y atenienses en el 499 a. C. La respuesta de Darío, que no deseaba extenderse más allá del Egeo, no llegó hasta el 494 a. C. y con ella comienzan las Guerras médicas (v.). La flota fenicio-chipriota aplastó a la jónica frente a Mileto, y toda la J. fue fácilmente sometida a un nuevo estatuto, esta vez democrático y autónomo, salvo en cuestiones internacionales, que decidió Darío. Con estas medidas bien acogidas rompió la antigua alianza entre ambas orillas del Egeo. Sólo cuando en el 478 a. C. la flota persa refugiada en Micala fue puesta en fuga por la griega de Leoquides y Jantipo, Samos y Chíos se unieron al panhelenismo antipersa, e incluso algunas ciudades de tierra firme firmaron pactos unilaterales con Atenas; tratados que se mantuvieron cuando en el 449 a. C. la paz de Calias entre Atenas y Artajerjes determinó el abandono persa del mar Egeo.En la época de Pericles sólo un conflicto sacudió la J., la oposición de la talasocracia de Samos al ya evidente imperialismo marítimo ateniense en el Egeo, lo que aprovechó Atenas para acabar con su independencia. El carácter ateniense de la J. dio un brusco giro tras el fracaso de Atenas en Sicilia. Primero fue el paso de la potente flota de Chíos a la Liga del Peloponeso y luego el resto de la J. Incluso la propia Persia, a través de su salida al Egeo por Mileto, rompió su neutralidad en favor de Esparta. El convenio afectó a la J., pues, a cambio del pago de la flota mientras durase la guerra (v. PELOPONESO, GUERRA DEL), la Liga del Peloponeso reconocía los derechos persas a los dominios de sus antepasados en Asia. Por ello "la más importante adquisición de las Guerras médicas quedaba anulada para los griegos". Los intentos atenienses de recuperar la J. fueron nulos, a pesar del triunfo naval en las islas Arginusas.Desde entonces, quedó la J. sometida a los caprichos de la mala administración persa. Nadie desde la madre patria les ayudó. La actitud de su aristocracia fue vergonzosa en este aspecto y sólo la opinión pública recordaba lo indigno de consentir un dominio extranjero en país griego. Sería Filipo II de Macedonia (v.) el que, tras la Liga panhelénica de Corinto, proclamase la guerra nacional contra Persia, aprovechando sus disturbios internos antes de la subida al poder, por línea lateral aqueménida, de Darío III, en el 336 a. C. El asesinato de Filipo retrasó la liberación de la J., que llegó con su hijo Alejandro Magno (v.) en el 334 a. C., luego de una rápida campaña desde Gránico a Mileto, donde resistieron los persas varios meses. La liberación se completó en el 332 a. C. con la conquista de las islas por la flota macedonia. Primero bajo Antígono, "único que alargó la mano hacia la corona de Alejandro", y después, tras su derrota en Ipsos en el 301 a. C., bajo la hegemonía de Lisímaco, rey de la Tracia. La región jónica fue perdiendo aún más su nunca conseguido nacionalismo, hasta quedar completamente oscurecida como entidad histórica, dentro de la provincia romana de Asia.J. RODRÍGUEZ MÁRQUEZ.
BIBL.: Fuentes: HERóDOTO, Historia; ESTRABóN, Geografía; PAUSANIAS, Descripción de Grecia.-Estudios: J. ZAFIROPULO, Histoire de la Grèce á l’âge-de bronze, París 1964; M. B. SAKELLARIOU, La migration grecque en lonie, Atenas 1958; J. M. COOK, The Greeks in lonia and the East, Londres 1962; G. L. HUXLEY, The early lonians, Nueva York 1966; P. Tozzi, Per la storia della lonia arcaica, 1968; D. G. HOGARTH, loma and the East, Oxford 1909; A. C. DUNHAM, The history of Miletus, Londres 1915; F. BILABEL, Die lonische Kolonisation, Leipzig 1920.
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