Johnson, Samuel
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Biografía GER
Datos biográficos. Escritor y lexicógrafo inglés del s. xvili y uno de los más influyentes críticos de la literatura inglesa. J. nació el 7 sept. 1709 en Lichfield, Staffordshire. Era hijo de Michael Johnson, librero, y de Sarah Ford. Desde muy pequeño estuvo en contacto con toda clase de libros, cuyo contenido retenía sin mucho esfuerzo debido a su prodigiosa memoria. En 1717 ingresa en la Grammar School de Lichfield y en octubre de 1728 entra en el Pembroke College de Oxford. En diciembre de 1729 deja los estudios por falta de dinero y de una decidida vocación. En 1735 se casa con Elizabeth Jervis, viuda de edad madura en buena posición económica. Dos años después se traslada a Londres, donde fija su residencia. En seguida encuentra un empleo de redactor en "The Gentleman’s Magazine" y empieza su polifacética labor. Murió en Londres el 13 dic. 1784 y fue enterrado en la abadía de Westminster.Publicaciones más importantes. Como biografías y obras de crítica literaria destacan: Life of Savage (Vida de Savage), 1744; An Edition of Shakespeare (1765); The Lives of the Poets (Las vidas de los poetas), 1781. Entre su obra poética: London: A Poem in Imitation of the Third Satire of Juvenal (Londres: poema a imitación de la tercera sátira de Juvenal), 1738, y The Vanity of Human Wishes (La vanidad de los anhelos humanos), 1749. En 1750 fundó la revista literaria "The Rambler" (con 208 números de tirada, hasta 1752). Hay que mencionar su labor como lexicógrafo: Dictionary of the English Language (1755).Valoración y estudio crítico de su obra. J. fue desde niño un ser físicamente delicado, medio sordo y con una gran miopía. Tuvo conciencia desde muy temprano de estas trabas físicas y su carácter altanero y misántropo fue consecuencia de un deseo decidido de superar su inferioridad física con una mente fuerte, estable y decidida. Sintió una urgente necesidad de recibir una buena opinión del mundo que le rodeaba, de asombrar a la sociedad por su saber e inteligencia. Tradicionalmente se le ha venido considerando conservador ortodoxo, como tory radical, opuesto a toda innovación; pero tales afirmaciones han sido negadas por la crítica más moderna. Según ésta fue, más bien, un hombre que creía que el fin principal era el bien de la sociedad y que para conseguir este fin, lo mejor era trabajar dentro de un sistema y un orden establecidos, aunque este sistema fuese imperfecto. Era, pues, un hombre enormemente realista, y a la vez moralista, que insistió durante toda su vida en que el deber de todo escritor es intentar mejorar el mundo. Esta moderna apreciación soluciona muchas de las paradojas existentes en las opiniones de S. J. Sin duda, las dos facetas más importantes de su obra fueron las de crítico y lexicógrafo, pero no podemos olvidar tampoco su obra poética.Como poeta, su nombre ocupa un lugar eminente en la historia de la literatura inglesa por su magistral poema The Vanity of Human Wishes. En este poema, J. se muestra como un verdadero maestro de la técnica formal y del sentimiento. Las fuerzas de la emoción y el intelecto se despliegan en perfecto equilibrio. Como el título indica, el tema del poema es que en nuestra mezquina vida humana hay muchos más motivos para sufrir que para disfrutar. Aunque, en general, se ha descuidado esta faceta de la producción de J., no podemos olvidar que escribió versos a lo largo de toda su vida, mostrando en todos ellos una gran preocupación por el método formal (medida exacta y rigurosa de sílabas). En realidad, su producción poética puede dividirse en dos grandes apartados: los versos elaborados en latín, lengua que dominaba a la perfección, destinados a su propio gozo, donde se observa un mayor dominio del sentimiento y afluencia de datos personales; y los realizados en inglés, versos técnicamente perfectos pero faltos de emoción, cuya finalidad primordial era la de informar al público, como su obra en prosa.Su obra crítica es quizá su faceta más significativa. Los escritos de J. se siguen leyendo hoy por su vigor y profundidad, procedentes de una naturaleza profundamente seria, de una mentalidad científica y de una experiencia ordenada. Poseen la sabiduría, fuerza y humanidad de un gran moralista. Todo lo que dice procede de la clara visión de un interés intenso y relevante por la literatura. Sin embargo, sus apreciaciones adolecen, a veces, de falta de sensibilidad. Su formación positivista le lleva a pedir algo más que el gusto por la Naturaleza o la concatenación de frases y palabras sonoras. El principio por el que se rige toda su crítica es que hay que decir, informar ideas originales en buen estilo.Su Lives of the Poets, un siglo de poesía inglesa, desde Cowley hasta Gray, es quizá el mayor cuerpo de opinión crítica en inglés, en una perfecta conjunción de biografía y crítica. J. estuvo siempre interesado en la vida humana y, por tanto, sus autores no son nunca simples autores carentes de alma y sentimientos. Ésta es la razón de que sus juicios sean adversos para algunos poetas. Un tory radical y convencido nunca podía congeniar con las ideas de un Milton (v.), regicida y republicano; ni un luchador, como J., podía sentir simpatía por un Gray huidizo y ausente. Su tratamiento con Shakespeare en el Preface a su Edition of Shakespeare tampoco es muy favorable debido a esa norma "agustiana" rígida e inflexible. Según él, Shakespeare (v.) considera más las ideas que las palabras. Le tacha de haber corrompido el idioma con toda clase de depravaciones lingüísticas de etiqueta extranjera. No tiene objeción en considerarle un gran clásico de las ideas, pero también ataca su concepción del tiempo y lugar en el teatro, por considerarla falsa y sofisticada.En la actualidad, se reconocen a la crítica literaria de J. grandes valores de originalidad y durabilidad. Muchos de sus juicios son todavía válidos, después de 200 años. Su interpretación de Shakespeare fue inmediatamente reconocida como la mejor de su tiempo y otros muchos autores posteriores han basado sus obras sobre la de J. Él sabía y defendía que el estudio de la literatura debía estar basado en un sólido conocimiento de la lengua.Como lexicógrafo, J. se propuso la desconcertante y gigantesca tarea de hacer en Inglaterra lo que las Academias de la lengua estaban haciendo en Francia, Italia y España: estructurar académicamente el idioma, fijarlo y perfeccionarlo hasta donde fuera posible. Tardó ocho años en completar su Diccionario de la lengua inglesa, pero esta obra refleja muy bien sus teorías con respecto al lenguaje. Las palabras, según él, son los signos de las ideas, nombres impuestos por el hombre, no por Dios, y, por tanto, son arbitrarias y gobernadas por el uso. Ésta es la razón de que permanezca expresiones bárbaras e impropias y que se deba invocar a la etimología para determinar su propiedad y razón de ser. No se debe innovar. Es irremediable que subsistan algunas anomalías, pero el buen lexicógrafo tiene que hacer lo posible porque estos cambios, producidos por analogías, casi siempre corruptos, sean desarraigados, ya que el lenguaje ideal debe ser estable, regular y de cambio lento. EJ lenguaje oral, pues, es corrupto e imperfecto; por tanto, debemos oponernos a la idea de que se debe escribir como se habla.J. tuvo una profunda aversión a las traducciones y un gran odio al francés, pero reconoce que el inglés es, léxicamente, un idioma de mezcla que ha tomado prestadas frases, construcciones y palabras del latín y lenguas románicas, a veces con detrimento de la palabra original nativa. Dice que entre sus principales características se cuentan: sus limitadas inflexiones; su sintaxis, demasiado inconsistente para reducirla a leyes, y su uso vago e indeterminado de muchas palabras comunes. Hay que reconocer que el Diccionario tuvo una marcada influencia en el desarrollo del inglés.Podemos admitir que J., como codificador de una ortografía ya bien establecida por los impresores, disfrutó de una gran autoridad ortográfica, que su preferencia por pretéritos y participios distintivos puede haber afectado al sistema verbal inglés, que hizo comentarios sobre el uso de palabras con más consistencia que sus predecesores, que su diccionario fue modelo y fuente de inspiración para posteriores lexicógrafos, y que sus opiniones sobre la lengua fueron muy repetidas y marcaron, en cierta manera, la pauta del estilo en prosa del s. xviii. No se preocupó de la pronunciación por las razones que hemos aducido antes y, en cuanto al léxico, cayó en el defecto que atribuía a Shakespeare: introdujo multitud de latinismos en su lista de palabras cultas.R. FENTE GÓMEZ.
BIBL.: The Yale Edition of the Works of Samuel Johnson, 8 vol., Yale 1965; J. W. KRUTCH, Samuel Johnson, Nueva York 1944; W. J. BATE, The Achievement of Samuel Johnson, Nueva York 1955; W. K. WIMSATT, The Prose Style of Johnson, New Haven 1941; Samuel Johnson, ed. por D. J. GREENE, Prentice-Hall, Nueva jersey 1965; J. BoSWELL, La vida del doctor Samuel Johnson, Madrid 1956.
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