Jerusalén V. Arqueología. HIST.
Categoria:
Historia
Excavaciones. Las primeras excavaciones de Palestina (v. PALESTINA 11) fueron realizadas en Jerusalén. En 1863 una misión francesa dirigida por Mauss y De Saulcy excavó la tumba de los Reyes. La falta de conocimientos no permitió la datación correcta del monumental mausoleo, pero posteriormente fue identificado como el construido por la reina Elena de Abiadene, prosélita judía, en el S. I. Constituida en 1865, la Palestine Exploration Found patrocinó la excavación en J., no ya de un monumento, sino de amplias zonas a cielo abierto, por Ch. Warren en 1867. Desgraciadamente tampoco los conocimientos arqueológicos permitieron sacar todo el fruto que se podía esperar de tan ambiciosa iniciativa. Los pozos y túneles abiertos, para ahorro de movimientos de tierras, en el exterior de la explanada del Templo y de la colina del Ofel, crearon más problemas de los que resolvieron. Entre 1894 y 1897 volvió la Palestine Exploration Found a excavar J. El arquitecto A. C. Dickie y F. J. Bliss, con los conocimientos recientemente adquiridos, aportaron datos aún hoy valederos, aunque en algunas ocasiones se equivocaron en dataciones concretas. R. Weill, con el patronazgo de E. Rothschild, excavó en 1913-14 y 1923-24 al S del Ofel, hallando las tumbas reales y fragmentos de murallas. De nuevo la Palestine Exploration Found promovió una nueva excavación en 1923-25 bajo la dirección de R. A. S. Macalister y G. Duncan, que excavaron al S de la explanada del templo, donde pusieron al descubierto unos complejos sistemas de defensa, con foso, y varios muros que fueron datados cuidadosamente. J. W. Crowfoot, por cuenta de la misma sociedad, excavó en el Tiropeon.Al mismo tiempo que estas grandes misiones, otros arqueólogos, residentes en J., hacían sondeos, o aprovechaban cualquier obra pública o privada para reconocer el sub suelo de la ciudad. Entre ellos destaca el joven diplomático francés Ch. Clermont-Ganneau, que entre 1868 y 1872 descubrió la inscripción herodiana que prohibía la entrada en el Templo a los gentiles y la inscripción de Ezequías en el acueducto y estudió los muros de J. en sus vertientes sur. Desde 1894, en que llegó como alumno a la recién estrenada École Biblique el Archéologique, el P. L. H. Vincent, dominico, consagró lo mejor de su tiempo y vida al conocimiento de J. Reconoció todas las obras que se realizaron durante unos 60 años y colacionó los resultados con las excavaciones realizadas por todos los arqueólogos. Además de sus gruesos volúmenes sobre J., a él se deben hallazgos importantes en fragmentos del primer muro, elementos del segundo y el mantenimiento de la línea del tercero debajo de la actual muralla norte contra Robinson primero y Sukenik después. El franciscano B. Meistermann también estudió los restos arqueológicos de J.; pero principalmente desde el punto de vista de los santuarios cristianos. Los ale- manes C. Schick y H. Guthe hicieron un trabajo importante al reconocer el acueducto de Ezequías, limpiándolo de arrastres y sedimentaciones depositadas durante siglos. El prof. Sukenik estudió y excavó también J.
Últimamente se organizó, por la Brilish School of Archaeology, una gran expedición internacional para excavar sistemáticamente J. bajo la dirección de K. M. Kenyon y, en alguna campaña, el P. R. De Vaux. Se aprovechó todo espacio abierto al S y dentro de las murallas, debajo de la puerta de Damasco, al N y en los alrededores de la explanada del Templo. Por otra parte y aprovechando las obras de consolidación de la basílica del Santo Sepulcro, el franciscano V. Corvo estudió la arqueología de tan importante lugar. Desgraciadamente, no fue posible aprovechar las obras de la mezquita llamada de Omar, Qubbat as Sahra, para su estudio, ni siquiera por los funcionarios musulmanes de la Dirección de Antigüedades de Jordania. Los israelitas han aprovechado todas las ocasiones de estudiar los restos hallados en su sector, extramuros, de la ciudad: O y NO principalmente, hasta la guerra de los Seis Días, y después de 1967 en todos los ámbitos de la ciudad. Baste citar los nombres de S. Yeivin y de M. Avi-Yona entre estos arqueólogos israelitas.
Estratigrafía. Resulta difícil establecer la estratigrafía general de J. dadas las características de la excavación: lugares muy distantes entre sí, lugares donde hubo antes de la excavación operaciones de descombro, dificultades provenientes de prejuicios religiosos, o de seguridad personal, por hallarse cerca de líneas de armisticio, antes de 1967. Se espera la publicación definitiva de las excavaciones de 1960 y años siguientes.
La primera cultura bien atestiguada es la del Bronce Medio, ca. 1800 a. C. J. era ciudad bien amurallada, aunque de poca superficie, situada junto a la fuente. Poco conocemos de esta ciudad ya que en la cima del Ofel la reutilización de materiales por culturas sucesivas y los trabajos de anteriores excavaciones han borrado sus huellas; y en la parte baja de la colina, se hallan tan profundos, que se ha llegado con poca superficie. Sobre este más antiguo estrato descansa directamente la ciudad del Bronce reciente, s. XIV-XIII, mucho mayor en extensión gracias al aterrazamiento de las pendientes de la colilla. Los muros de contención eran, al mismo tiempo, base de las murallas de la ciudad. Con esta disposición urbanística se amplía la superficie de J. y se adelantan los muros sobre el valle, defendiendo mejor la entrada a la fuente. En esta época, ciertamente, ya existe pasadizo para llegar a la fuente desde el interior de la ciudad, sin necesidad de salir al valle; pasadizo de incómodo tránsito que no sería utilizado más que en momentos de sumo peligro. Las casas sobre las impresionantes terrazas debieron ser reconstruidas sucesivamente. No se ha hallado resto alguno anterior al s. VII a. C. No olvidemos que el largo abandono de las defensas de la ciudad desde la conquista por Nabucodonosor hasta Nehemías contribuyó a la desaparición de los restos más antiguos. Esta ciudad siguió en pie hasta ser conquistada por David, de quien sabemos por la historia que no la destruyó, ni la amplió. Acaso el discutido mil·lo no sea otra cosa que reparación del relleno de algunas terrazas, obra desconocida.
Salomón amplía la ciudad con la construcción del Templo (v. TEMPLO 11), el palacio y el barrio que une estos edificios con el resto de la ciudad al S: unos 200 m. Se han encontrado restos, muy deteriorados, del s. x a. C., al N del muro norte de la ciudad jebusea y davídica. Prácticamente nada ha sido hallado de los reinados siguientes a Salomon; la destrucción de la cima fue completa y la de las vertientes orientales muy seria, para poder sacar alguna conclusión.
Una ampliación de la ciudad hacia el E, en la parte sur del templo, es atestiguada en los s. VIII-VII a. C. ¿Se trata del misneh? En la nueva zona urbana se han hallado restos de sólidos edificios, y extramuros restos de santuarios no ortodoxos, como los que describe frecuentemente la Biblia. A este estrato hay que atribuir el acueducto de Ezequías con su inscripción. K. M. Kenyon cree que originalmente no vertía sus aguas en la alberca de Siloé, sino en un depósito subterráneo dentro de los muros y sólo cuando el valle Tiropeon fue incluido dentro de los muros se prolongó el acueducto hasta la alberca. La descripción de la perforación del acueducto es impresionante: se perforó desde las dos extremidades y, pese a su recorrido curvo, se encontraron los dos equipos, aunque el que procedía de Siloé, al no tener agua a sus pies, se elevó demasiado. El lugar de la unión lo atestigua. Se han hallado restos de grandes edificios con salones cuyos techos fueron sostenidos por pilares monolíticos.
La destrucción de J. por los ejércitos de Nabucodonosor fue completa, como lo acredita el espesor de los escombros que cubren las estructuras del s. VII a. C. Probablemente esta total destrucción correspondió al sitio y saqueo del 587 a. C. Después de más de un siglo de abandono y con la urgencia y falta de mano de obra y fondos, Nehemías no pudo reconstruir las terrazas del SE de J. Se contentó con levantar un recio muro en la cima de la colina, que ha podido ser identificado en bastante longitud. J. posexílica era, pues, una estrecha cinta en lo alto de la colina desde el Templo hasta la fuente de Gihon. Estos muros fueron restaurados, especialmente durante la guerra de los Macabeos (v.), a los que hay que atribuir la torre y rampa llamadas de David y jebusea erróneamente por los excavadores Macalister y Duncan. También son macabeos los restos sobre los que descansa la ciudadela, llamada hoy torre de David, junto a la actual puerta de Yafa.
Respecto a la J. herodiana, la mayor aportación de las últimas excavaciones ha sido el hallazgo de fragmentos del II y del III muro norte. El II se halla al E de la basílica del Santo Sepulcro, que quedaba fuera de los muros. El III fue descubierto prácticamente en la línea de la actual muralla norte bajo la actual Puerta de Damasco y en algunos otros puntos. No se pudo excavar el Templo y las áreas al S de la explanada. Abiertas con grandes dificultades, no ofrecieron hallazgos contemporáneos de Herodes.
La destrucción de J. por las legiones de Tito en el 70 fue completa. La X Legio fretensis quedó de guardia sobre las ruinas. Al S de la ciudadela se han hallado tégulas con su sello, pero no construcciones. Apenas se puede hablar de reconstrucción de J. anterior a la nueva conquista de Adriano, después de la sublevación de Bar Kokeba. Destruida totalmente de nuevo, fue reconstruida como ciudad pagana con el nombre de Aelia Capitolina en el 135. Ciudad fuerte cuyas murallas yacen prácticamente debajo de los muros medievales: la puerta subyacente a la actual de Damasco, en el muro norte, conserva una inscripción en uno de los tres arcos, el de los peatones, de Aelia. O no pudo ser acabada por Agripa, o fue reconstruida por Adriano. La estructura interna de la ciudad coincide con el plano del mapa de Mádaba y se colige de la actual, medieval, la distribución de la misma, aunque a distinto nivel. Las construcciones fueron impresionantes, sin reparar en gastos (al S del Santo Sepulcro se ha descubierto un terraplenado que alcanza 11 m. de espesor). En las obras del Santo Sepulcro (v.) se ha descubierto parte de esta actividad edilicia en la zona de la sacristía de los PP. franciscanos, probablemente relacionada con el templo de Venus. Seguramente a esta época corresponden los más antiguos restos del convento-hospicio ruso de la zarina Alejandra, entre los que destaca un arco desdichadamente recompuesto por Constantino Monómaco. Otro arco triunfal se halla parte en la calle y parte en el colegio de las Damas de Sión, cerca de la Puerta de las Tribus o Sitti Miriam.
La ciudad bizantina mantuvo la ordenación urbana de Aelia, pero enriqueciéndola con iglesias y monasterios. La principal era la Anastasis, el anejo palacio patriarcal; la iglesia de S. Juan hoy aún de pie, y cuna de la Orden Hospitalaria (de Malta), la construida sobre la piscina de los cinco pórticos junto a la puerta de las Tribus, cuya cimentación es admirable: arcos que se adentran en la profundidad de la piscina hasta 13 m. De los monasterios e iglesias extramuros se conocen las basílicas del 1mbomon y Eleona en la cima del monte de los Olivos, la del Dominus Flevit en su ladera y la de la Agonía en el Huerto; la de S. Esteban junto a la salida de Naplusa desde la puerta de Damasco; y el de la Santa Cruz, de origen georgiano, hoy ortodoxo, al O de Rehavia. El Templo y su área quedaron abandonados durante toda la dominación bizantina. Estos siglos no fueron del todo tranquilos. La historia y arqueología hablan de destrucciones y reconstrucciones, cada vez más pobres, hasta la llegada de los musulmanes capitaneados por Omar que conquistaron J. en el 638 (v. 111, 5).
Omar respetó los santuarios cristianos y construyó una pequeña mezquita en las ruinas del templo herodiano, de la que no queda más que el recuerdo, ya que los califas, especialmente los Omeyas, quisieron construir un lugar de culto digno de su opulencia. Las dos construcciones, mezquita del Aqsa y cúpula de la Roca, después de numerosas reconstrucciones, se mantienen en pie hasta hoy.
Numerosas son las necrópolis halladas en J. En el valle de Josafat (v.) hay algunas muy importantes. Las tumbas de los Reyes son prácticamente contemporáneas de Cristo y presentan las mismas características de la tradicionalmente llamada tumba de José de Arimatea, rota por la cúpula constantiniana del Santo Sepulcro. Aparte de sus superestructuras y atrio externo, la anticámara a la que se accede por una minúscula puerta cerrada por una piedra de molino giratoria, las cámaras funerarias con sus arcosolios y tumbas a horno (koiim) nos permiten recordar la tumba de Cristo. También son notables el cementerio de Dominus Flevit con sus estratos correspondientes a la ciudad judía primero ya Aelia Capitolina después. Las tumbas de los Jueces y las de los Profetas son de tipo mausoleo. En algunas se han hallado sarcófagos u osarios con dibujos e incluso inscripciones, llamativas por sus nombres.
Y. YILAR HUESO.
BIBL.: P. LEMAIRE y O. BALDI, Atlante bíblíco, Turín 1955,
257-264; K. M. KENYON, Excavations in Jerusalem, "Palestine Exploration Quarterly) 95 (1963) 7-21.
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