Jergales, Lenguas
Categoria:
Cultura
Concepto. Entre una lengua y la sociedad que la habla, existe siempre una íntima relación que, en el caso de las jergas, es más profunda. Por esto, toda aproximación a ellas deberá iniciarse, preferentemente, por el lado sociológico. Las jergas son lenguajes de tipo gremial, todos sus hablantes pertenecen a la misma profesión y . nunca tienen como único medio de expresión su jerga específica. Todos conocen una lengua de tipo general, son bilingües. Por tanto, sólo usan su jerga para comunicarse con sus colegas y para tratar temas referentes a su profesión. Las jergas son, pues, lenguas cerradas, sólo sirven a una determinada comunidad. Así, las jergas profesionales de médicos, estudiantes, etc., que únicamente se diferencian de la lengua general por un reducido vocabulario, no son comprendidas por un hablante corriente. Esta incomprensión aumenta hasta hacerse imposible en los casos de las jergas rufianescas o pertenecientes al mundo de la delincuencia.Las más importantes son: dentro del inglés, el cant; del alemán, el rothwelsch o kokamlschen; del italiano, el furbesco; del francés, el argot; el español tuvo su germanía, que actualmente se ha identificado con eJ caló (v.). En Hispanoamérica tiene mucha importancia el lunfardo argentino (v. ARGENTINA vi). Todas estas jergas se confunden a veces con la lengua popular y, sin embargo, son distintas. La lengua popular se distingue por la falta de premeditación en el ocultar las significaciones de los vocablos. Las jergas, por el contrario, tienen una característica esencial, la intención de disimular, de hacer incomprensibles las palabras a los no iniciados; se utilizan, pues, como herramientas de trabajo.Elementos de formación. A las jergas, como se alimentan de un organismo lingüístico ya existente, se las podría llamar "lenguas parásitas". Así, en todas las lenguas de este tipo encontramos palabras del léxico habitual del país, con distinto significado o desfiguradas mediante infijos. Poseen gran riqueza de sinónimos; de una unilateralidad en las acciones surge una variabilidad en el modo de denominarlas; de este modo se aclaran los diversos matices de una misma acción. Junto a esto, encontramos su pobreza lexicográfica que hace pensar en un mundo muy reducido de sentimientos e ideas, pues no se debe olvidar que el hablante de las jergas tiene siempre a mano la lengua general para expresarse.El disimulo, verdadero inspirador de toda jerga, origina las metátesis, derivaciones sinonímicás, empleo de sinónimos, etc.; como lengua nacida en un medio popular y de carácter neologístico, utiliza la metáfora y la imagen como medios más habituales de formación. Basta recordar las tan conocidas imágenes de empollar, ’estudiar durante muchas horas’, con matiz despectivo, y empollón, de los medios estudiantiles; de tifus, ’localidades regaladas por la empresa’, en jerga teatral, o de suegra, ’el Breviario o su rezo’ entre los sacerdotes. La relación entre las jergas y la lengua general surge al examinar la lengua popular. Ya hemos dicho que a veces se confunden; los límites no están claros. Hay una corriente entre ellas, cuyo puente de unión es lo popular. En Francia, dice Lacassagne, hacia la mitad del s. xix el argot había perdido su carácter delincuente, evolucionaba según un ritmo culto, pues argot y lenguaje popular se habían fusionado poco a poco. No quiere decir esto que la jerga de malhechores, 1’argot du milieu, según Lacassagne, haya desaparecido; subsiste y un obrero parisino no la comprende.El argot francés. En Francia, hemos de hablar, pues, del argot. El origen de la palabra es oscuro, reemplazó a truche (arte de la mendicidad); truche es una forma de truc (trabajo de ladrón). En el s. xv argot servía a los malhechores para designar su corporación y no su vocabulario. Más tarde pasó a designar la lengua utilizada por ellos. Sobre el argot francés, como lengua del hampa, hay testimonios del s. xv, y en el s. xvi con Rabelais (v.), pero sobre todo a partir del s. xix se publican Vocabulaires des brigands chauffeurs (1800), la obra de Vidocq Voleurs (1837) y obras de Victor Hugo (v.) o de Balzac (v.), en las que aparecen muchos vocablos rufianescos. En la segunda mitad de este siglo se publican diccionarios no sólo de lo delincuente sino también léxicos escolares, de cuartel, etc.La germanía. Dentro del dominio lingüístico del castellano se halla, en primer lugar, la germanía (v.). Podemos afirmar que esta palabra ha tenido parecida evolución a la de argot francesa. Germanía es un valencianismo, derivado de germá (hermano), significa ’hermandad’. Más tarde pasó a designar la lengua del hampa; desde finales del s. xvti se fue mezclando con la lengua de los gitanos, confusión corriente en el s. xvin, y hoy la voz caló es, en muchos casos, sinónimo de lengua de delincuencia. Se ha propuesto, para distinguirla de la auténtica lengua gitana, el término caló delincuente, pero esta denominación no prospera. La germanía antigua consta, como todas las jergas, de palabras españolas deformadas o empleadas metafóricamente, de préstamos de otros argots románicos, de algunos arabismos y unos pocos elementos gitanos, que abundan en la lengua moderna. Así en el Vocabulario de Germanía (Barcelona 1609) de Juan Hidalgo aparecen grito, ’trigo’; toba, ’bota’; lanternas, ’ojos’; asas, ’orejas’; pisantes, ’zapatos’; gamba, ’pierna’; charneles, ’dinero en menudo’, etc. Se trastruecan letras o sílabas: greno (negro), demias (medias) y por esto recibió el nombre de ’habla reservada’. Hay muchos testimonios literarios de la germanía en la literatura española, pero baste citar el caso de Rinconete y Cortadillo de Cervantes (v.).El argot barcelonés. En Barcelona, existe, como en todas las ciudades de gran tráfico, de puerto, etc., un campo abonado para el crecimiento del argot. Dice Dauzat que éste se desarrolla preferentemente en las regiones donde se hace sentir más la influencia de lenguas extranjeras; así ocurre con este caso español y con el lunfardo bonaerense. En el argot barcelonés no se ha podido separar la lengua de los hampones del lenguaje bajo. Existe en él influencia preponderante del gitano, como se manifiesta en palabras híbridas consistentes en una palabra catalana o castellana desfigurada por un sufijo gitano. No tiene muchas palabras de origen francés; bastantes pertenecen al fondo común de los argots románicos.El lunfardo. Es un auténtico lenguaje gremial, llamada policialmente "lenguaje canero". También esta jerga tiene límites difíciles de señalar, pues, por una parte, denomina a la jerga del hampa argentina y, por otra, se toma como lengua especial de cualquier grupo social (aficionados al fútbol, a las carreras, etc.). Se ha planteado la cuestión de si el lunfardo es una lengua de germanía o un dialecto castellano; no es dialecto porque no configura un habla regional; pertenece a un grupo social, pero a la vez suministra voces a la lengua común. Se ha llegado a decir que el lunfardo podía arrinconar al castellano; esto sería tan difícil como pensar que el cant pudiera vencer al inglés, o cualquier otra jerga a la lengua general de su país. Esta jerga es completamente oscura para los no iniciados; ningún bonaerense pue;ie imaginar que dequera la yuta significa ’cuidado con la policía’, o irse de brodo ’irse a la cárcel’. Todos estos términos, como los de cualquier jerga rufianesca, son herramientas de oficio que pierden su utilidad cuando son comprendidos por extraños al gremio, y entonces dejan de usarse. Esto ha sucedido con los averiguados y divulgados en cualquier publicación. En el caso del lunfardo el tango ha llevado términos jergales a amplias zonas de población. Por tanto, la aproximación a estas jergas no nos sirve para la comunicación, sino para mostrar cómo se realizan y la influencia en el habla.En esta jerga rioplatense se creyó que el caló y la germanía, ambas procedentes de España, habían tenido una influencia extraordinaria pero investigadores como José Gobello han reivindicado la contribución italiana. A partir de 1850, la inmigración italiana es muy superior a la española en ambas márgenes de La Plata, y los italianismos que aparecen en el lunfardo confirman los datos demográficos. Algunos términos vienen de la lengua general, como amurar que proviene de amurarr e, embrocar de imbroccare o laburo de lavoro. Pero otr s proceden del furbesco; así, del término maroc, que en la furba turinesca significa ’pan’, ha surgido marroco con el mismo sentido y se ha formado amarrocar (apañar). El argot francés, la más internacional de las jergas rufianescas, ha dejado su huella en el lunfardo. También existen préstamos del inglés, cuya adaptación fonética es curiosa: take care da dequera, y high life, jai laife. El portugués, y a través suyo las lenguas africanas, ha depositado su interesante aportación. No podemos olvidar a las lenguas indígenas: napar (hurtar), chirola (moneda). Los medios de formación son los comunes a las jergas: metáfora, metonimia, apócope, etc. Por último, señalemos que las voces provenientes de Italia parecen más populares, más subjetivas y menos funcionales que las de España. Éstas sirven más al oficio de la picaresca, son más técnicas.Existe en Argentina un tipo de lenguaje, el cocoliche, que más que una jerga es una deformación del castellano de tipo caricaturesco; se utiliza para caracterizar personajes en las obras de ambiente popular y barriobajero.En Bogotá, la jerga rufianesca tiene componentes del lunfardo argentino, germanía española y gitanismos.Jergas diversas. Naturalmente, existen otras jergas rufianescas de formación semejante, pero que sirven a comunidades más pequeñas y, por tanto, son menos interesantes.Refiriéndonos a jergas no pertenecientes al mundo de] hampa, citaremos dos que encontramos en Asturias. Son la xiriga y el bron. Se conocen gracias a las investigaciones de Aurelio de Llano Roza de Ampudia que, alrededor del año 1920, estuvo en contacto con hablantes de estas dos jergas y que dio las primeras noticias de ellas. Son dos jergas que, con la desaparición de los oficios a los que sirven, habrán de extinguirse más pronto o más tarde. La primera es de los tejeros, canteros y goxeros (constructores de maconas). Los tejeros son casi todos del concejo de Llanes y trabajan en cuadrilla por toda Asturias, Castilla y Vizcaya. De su paso por estas regiones recogen voces que al aparecer en su jerga adquieren significaciones distintas, fenómeno, como se sabe, característico de cualquier jerga. Existen también vocablos de germanía como visantes, que significa `ojo’, y gumarra, `gallina’.Los tejeros no tienen inconveniente en enseñar su jerga a los extraños, ni en traducir a la lengua general las canciones que entonan mientras trabajan; los goxeros, por el contrario, consideran su jerga como algo más secreto y no la enseñan sino a quien aprende el oficio correspondiente. Testimonios de jerga de menestrales existen ya en el Libro de Alexandre (v. MESTER DE CLERECÍA).El bron pertenece a los caldereros. Este oficio existe en pueblos cercanos a Avilés, pero lo interesante es que estos caldereros trabajan fuera de su región. La trashumancia los pone en contacto con gitanos y gentes del hampa. Este contacto se refleja en su jerga. Así, tratar al cliente es sinar el payo, cuyo origen gitano es evidente. Es curioso que bron, el nombre con que denominan a su jerga, significa también `mentira’, lo que hace pensar en la intención de engañar o por lo menos ocultar las verdaderas intenciones al extraño a su comunidad. Encontramos también vocablos de germanía: muquir (comer), harton (pan), pulir (vender). Un testimonio curioso es que encontramos palabras de bron en Historia del descubrimiento y conquista de la India por los Portugueses, de Hernán López de Castañeda (1554). Por estudios de Menéndez Pida] conocemos que los tejeros de Segovia tienen un vocabulario profesional, pero sin llegar a la categoría de jerga.V. t.: CALÓ; GERMANíA; ARGENTINA VI.M. V. ROMERO GUALDA.
BIBL.: A. DAUZAT, Les argots. Caractéres, évolutions, influences, París 1929; G. ESNAULT, Dictionnaire historique des argots franpais, París 1965; P. GUIRAULT, L’argot, París 1958; 1. LACASSAGNE, L’argot du ’milieu’, París 1928; M. L. WAGNER, Notas lingüísticas sobre el argot barcelonés, Barcelona 1924; L. VILLAMAYOR, El lenguaje del bajo fondo. Vocabulario ’lunfardo’, Buenos Aires 1915; R. SALILLAS, El delincuente español. El lenguaje, Madrid 1896; E. DEL VALLE, ¿Dialecto o germanía?, "Español Actual" 5 (1965); A. DE LLANO ROZA DE AMPUDIA, Dialectos jergales asturianos, Oviedo 1925.
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