Jenofonte
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Biografía GER
Vida. Historiador, polígrafo y filósofo griego. Conocemos su vida por la biografía de Diógenes Laercio (2,48-59). Nació en el demo ateniense de Erquia (paisano, por consiguiente, de Isócrates, v.), ca. el 430 a. C. Se dedicó plenamente al deporte de la equitación; tuvo gran relación con Sócrates (v.), si bien no fue su discípulo, y estuvo muy influenciado por él; no es cierto, como cuenta Diógenes, que Sócrates detuviera a J. con el bastón y le invitara a seguirle. Durante el gobierno de los Treinta Tiranos en Atenas, luchó contra los demócratas de Trasíbulo y, al entrar éstos en la ciudad se exilió voluntariamente, aunque le afectaba la amnistía. En el a. 401 se alistó en la expedición para la que reclutaba gente su amigo Próxeno de Beocia, por encargo de Ciro el Joven, para derrocar a su hermano el rey Artajerjes 11. Con la batalla de Cunaxa, y a pesar de su desenlace victorioso, la muerte de Ciro dejó sin sentido la expedición y la retirada obligada de los expedicionarios griegos dio tema para su obra más famosa. Posteriormente, se hizo entusiasta de Agesilao, rey de Esparta que en el a. 396 asumió la lucha contra los persas; participó en la batalla de Queronea a su lado, contra su propia patria, Atenas, por lo que ésta le desterró y confiscó sus bienes; los espartanos le concedieron la proxenia y un predio cerca de Olimpia, en Escilunte, finca que describe con mucho detalle en un pasaje de la Anábasis. Su quietud terminó cuando tomaron la ciudad los eleos, enemigos de Esparta, después de la batalla de Leuctra. J. huyó a Corinto (a. 371). Con el acercamiento entre Atenas y Esparta se le levantó el destierro, lo que permitió que dos hijos suyos sirvieran en la caballería ateniense; uno de ellos, Grilo, murió en Mantinea (a. 362). Los elogios y epitafios que se escribieron con este motivo, según cuenta Aristóteles, indican su popularidad ya entonces. Las últimas fechas conocidas de su vida son el a. 359 o el 355.Obras. Es muy difícil establecer la cronología de su producción literaria. Parece que fueron muy productivos los años de Escilunte, pero lo fue aún más el último periodo de su vida. Creación histórica. De su producción histórica (en sentido amplio), es importante la Anábasis (Kúrou anábasis), en la que sólo los seis primeros capítulos refieren la subida propiamente dicha; sigue la descripción de la batalla de Cunaxa y la parte principal de la obra es la arriesgada retirada hacia el mar Negro, a través de países enemigos y montañas infranqueables; luego refiere el destino de las tropas hasta que se reunieron con las fuerzas espartanas al mando de Tibrón.Para destacar más, J. deja en segundo lugar al espartano Quirísofo, que mandaba las tropas. La división de la obra en siete libros es tardía, así como los resúmenes que preceden a cada uno. No puede señalarse su fecha; se duda entre el 380 y fechas posteriores, ya que habla en imperfecto de su actividad en Escilunte. La teoría más aceptable, de la que es partidario E. Delebecque, biógrafo de J., es la de dar los cuatro primeros libros como escritos inmediatamente después de la paz del Rey (386), en calidad de alegatos en pro de la lucha contra Persia; los restantes libros se habrían hecho públicos sólo en 367.La Anábasis tiene todo el frescor de la experiencia personal y revela una personalidad sencilla, amistosa y leal. J. sabe describir una escena y dar vida a un personaje, conoce la táctica militar desde dentro, sobre todo si se trata de las operaciones de caballería; pero todas estas cualidades no eran suficientes para hacer de él un historiador serio.La obra histórica más importante de J. es las Helénicas, en siete libros, que narra la historia griega desde el 411 al 362 y fue escrita de modo discontinuo; trata de enlazar con Tucídides (v.), aunque la sutura no es perfecta. Primero termina la guerra del Peloponeso, sigue con el gobierno de los Treinta, hay importantes desviaciones y se pasa de la manera más impersonal a una mayor intervención del elemento personal, que afecta incluso al aspecto lingüístico. J. trabajó en la segunda parte incluso después de la batalla de Mantinea (a. 362), como lo demuestra la alusión a la muerte del tirano Alejandro de Feras (a. 359).Su reputación se vio disminuida por ser continuación de Tucídides, pero aun así han sido muy elogiados los dos primeros libros y se le ha revalorizado recientemente como historiador. Ante todo, como soldado, comprendía muy bien todas las cuestiones militares y utilizó este conocimiento en su obra. Sabe destacar los personajes importantes y retratarlos con eficacia, como en el caso de Alcibíades. Describe muy bien escenas aisladas (característica de la historiografía helenística), como la llegada de Alcibíades, la muerte de Terámenes o el regreso de los desterrados tebanos. Hay momentos notables, como el pasaje que relata el lamento que recorrió los Largos Muros, desde el Pireo a Atenas, a la llegada de la noticia de la destrucción de la escuadra ateniense en Egospótamos, que sembró el convencimiento de que Atenas estaba condenada a la ruina. Tiene cierto sentido de la situación dramática y escribe con agradable fluidez, que alterna a veces con intentos, por lo general fallidos, de hacer algo más grandioso. Aun así, es mucha la distancia que le separa de Tucídides; J. se queda con frecuencia en la superficie de las cosas, mientras aquél ahonda en el conocimiento de las causas. Sabe caracterizar a los personajes y abunda en discursos. Omite cosas importantes como la batalla de Cnido, la segunda liga marítima, la fundación de Megalópolis, etc., mientras cuenta con detalle cosas secundarias.Con material repetido en parte de las Helénicas y con ligeras alteraciones de lenguaje, compuso el Agesilao, elogio del rey espartano (398-360) a quien tanto admiraba y en quien vio la encarnación de su idea de un buen rey. En los capítulos 1-2, J. se inspira claramente en el Evágoras de Isócrates al relatar hechos del rey. Luego, hace un recuento de sus virtudes (cap. 3-9), siguiendo un orden que recuerda el Banquete de Platón (v.), las Memorables del propio J. y a Gorgias; termina con un encomio (cap. 10) y un epílogo o sumario (cap. 11) de las virtudes del rey. Por todo ello, hay falta de unidad en el trazo total, aunque fue muy admirada por Cicerón y Cornelio Nepote, quien se inspiró en J. al trazar la biografía de Agesilao.La obra La República de los Lacedemonios refleja su simpatía hacia Esparta y es obra iniciada en sus años mozos (antes del a. 395), a la que volvió al final de su vida, cuando consideraba la constitución de Licurgo y la realeza espartana fundamentos históricos del poderío espartano. La crítica moderna acepta en su casi totalidad la atribución de esta obra a J., pero recientemente Chrimes la ha discutido con abundancia de argumentos que, si no convencen totalmente, dejan en pie el problema de su atenticidad. Concretamente, el capítulo XIV tuvo que: ser compuesto posteriormente, ya que en él J. expone las lacras que motivan la ruina lacedemonia. La República de los lacedemonios alcanzó gran difusión hasta el ocaso de la Edad Media.En la obra llamada Los ingresos (Póroi), cuya autenticidad se admite en general, se ocupa de la situación económica de Atenas, que siguió al desgraciado desenlace de la guerra social (355); las propuestas para sanear la hacienda de Atenas coinciden con la política pacifista de Eubulo. Debió de escribir esta obra hacia el año 350.La Ciropedia, en ocho libros, trata de la juventud, ascensión y gobierno de Ciro el Viejo y dedica a su educación sólo una parte del libro primero, a pesar del título de la obra. No es obra simplemente histórica, porque aborda los hechos con una gran libertad y sin discriminación, tratando de enaltecer la figura del rey. Es una novela histórica en la que destaca la figura de Pantea, excelsa mujer que permanece fiel a su marido hasta la muerte. Es un episodio que preludia el erotismo patético del helenismo, sin la lascivia y frivolidad de éste. También es obra del último periodo de la vida de J. y su influencia ha sido mayor que su mérito literario, provocando obras parecidas sobre la vida de grandes dominadores. Cicerón tradujo una parte en su Cato Maior.Creación didáctica. Sentía una inclinación especial por las obras didácticas. En el Hipárquico da consejos al jefe de caballería. En el escrito Sobre la equitación (Peri hippikés) aconseja a los jinetes en particular y sobre el trato que se debe dar al caballo. Ambas son obras de circunstancias atenienses. En la primera se alude a situaciones anteriores a la batalla de Mantinea (a. 362) y la segunda es posterior, porque remite al Hipárquico en su parte final.También es de contenido didáctico un libro de caza, el Cinegético, cuya autenticidad se discute, debido a su estilo literario, muy distinto de la acostumbrada sencillez de J. Los partidarios de su atenticidad la creen obra juvenil. Es muy propio de J. considerar la caza como un excelente medio educativo. "La obra del cazador es grata a los dioses", dice en X111,15-18.Por su contenido didáctico, puede citarse aquí el Económico, que debió de ser compuesto en los años centrales de la estancia de J. en Escilunta, donde éste debió de adquirir la experiencia agrícola de que hace gala a lo largo del escrito. Sócrates es el interlocutor, aunque no la figura principal, ya que reproduce una conversación con Iscómaco; cuenta éste, rico terrateniente casado hacía poco, cómo distribuye el día y el trabajo de su gente; de la conversación resultan muchos datos interesantes para la historia de la cultura, ya que ofrece un cuadro valioso de la vida de la mujer antigua y los cuidados de la agricultura. Esta obra influyó en los capítulos 12 y 13 del libro 1° de la Política de Aristóteles. Por medio de los estoicos disfrutó del favor de escritores romanos como Catón, Escipión el Africano, Q. Lutacio Cátulo, etc. Los autores latinos del s. i, excepto Salustio (para quien la agricultura y la caza eran "ocupaciones de siervos"), muestran una profunda admiración por él. Cicerón tradujo el Económico al latín cuando sólo era un mozalbete de 20 ó 21 años. Luego fue autor favorito de Musonio Rufo; Plutarco menciona varias veces el Económico.Obras socráticas. Como escritor socrático, su obra principal es las Memorables, en cuatro libros repletos de episodios y diálogos socráticos, redactado en fecha tardía. J. utilizó otros escritos socráticos, pero no se pueden discutir los recuerdos personales del maestro; como en general ocurre con J., la tendencia didáctica a tratar las cosas desde el punto de vista de la moral práctica, no cuida la profundidad de pensamiento.La Apología de Sócrates, considerada bastante cercana al proceso de Sócrates, tiene poca entidad en todos los sentidos, aparte de que no están eliminadas todas las dudas sobre su autenticidad. Los discursos de Sócrates son sólo una parte del escrito y están mezclados con noticias sobre su conducta de antes y después del juicio.El Banquete describe la comida que da el rico Galias con motivo de una victoria alcanzada por su amigo Autólico en el pancracio de las Panateneas. Sócrates habla de muchas cosas y pronuncia también un discurso sobre el amor sensual y el espiritual. Hay que señalar el mimo con el encuentro de Dioniso y Ariadna, pues es uno de los pocos testimonios anteriores al helenismo.El Hierón es un diálogo entre este príncipe siciliano y el poeta Simónides sobre la naturaleza y las posibilidades del tirano; es un testimonio más del interés que ponía J. en las cuestiones relacionadas con la monarquía.Prueba de la atención que puso el helenismo en él son las Siete cartas de J. falsificadas.Estilo e influencia. J. no fue como le llama la Suda la "abeja ática". Su lenguaje ático no es puro del todo y ya anuncia en gran parte la koiné, pero la sencillez y claridad de su pensamiento lo hicieron popular y así brilló en la tardía Antigüedad. Tiene talento, pero sin las chispas del genio. No es un gran autor, pero sí meritorio y variado, con un estilo adaptado a cada tipo de prosa; puede describir una escena y pintar un carácter. Filósofo, historiador y economista aficionado, pero un maestro en la táctica militar, especialmente en la caballería. Sus obras muestran también una constante tendencia moral y pedagógica. Tiene siempre a mano un remedio fácil para los males morales, sociales y económicos. Sus pensamientos, una y otra vez repetidos, le hacen a menudo tedioso. Toma prestado de otros escritores; si supiéramos más de los trabajos sobre Sócrates, especialmente los de Antístenes, este préstamo sería aún más evidente. Su estilo es habitualmente sencillo, aunque a veces use de la retórica; el vocabulario es variado y contiene elementos coloquiales, dialectales y poéticos.Su éxito literario, ya importante en vida suya, se afianzó en época helenística juntamente con la filosofía estoica, y alcanzó su punto más alto con el aticismo, que presentó a J. como muestra del más sencillo estilo ático. También los romanos, especialmente Cicerón, le tuvieron en gran estima y lo leyeron mucho. Desde el Renacímiento a fines del s. XVIII, disfrutó de un nuevo éxito. Sin embargo, por primera vez, el s. xix lo consideró pobre historiador y moralista vulgar, carente de imaginación y de pasión.J. ZARAGOZA BOTELLA.
BIBL.: TEUBNER, C. HUDE, Anabasis, Stuttgart 1931; íD, Hellenica, Stuttgart 1930; íD, Memorabilia, Stuttgart 1934.-Bibliotheca Oxoniensis: E. C. MARCHANT, Opera omnia, 5 vol., Oxford 190020; Loeb Clasiscal Library: Opera omnia, con Memorabilia, Oeconomicus, Cyropaedia Hellenica, Anabasis y Scripta minora, Londres 1968 (bilingüe).-Collection des Universités de France : P. MASQUERAY, Anabase, París 1930 (bilingüe); J. HATZFELD, Hellenica, 2 vol., París 1949; P. CHANTRAINE, Oeconomicus, París 1949; Apología, ed., prólogo y notas del Seminario de Lenguas Clásicas de Salamanca; M. Rico, La República de los Lacedemonios, Madrid 1957; F. P. SAMARANCH, Historiadores griegos, Madrid 1969 (contiene Anábasis y Helénicas); D. GRACIÁN, Ciropedia, Madrid 1960; J. B. CHURIGUERA, Historia griega, Barcelona 1965 (contiene Anábasis, Constitución de Esparta, Helénicas, Vida de Agesilao, Las rentas del Ática); Económico, ed., trad. y notas J. GIL, Madrid 1967; F. P. SAMARANCH, Memorias, Madrid 1967.-Además de las ediciones citadas, consúltese: Manuscritos de lenolonte en bibliotecas españolas, Clásicos Emérita XXVI, Madrid 1958, 313-354; W. STURZ, Lexicon Xenophonteum, Leipzig 1801-1804; L. GAUTIER, La langue de Xénophon, Ginebra 1911.
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