Jardines y Jardineria, I Botanica: 3. Árboles Ornamentales. BIOL.
Categoria:
Biología
En estricta definición, árboles ornamentales serían aquellos que aportan un elemento estético al paisaje, a la ciudad o a la vivienda, y que han sido plantados con esa finalidad, en masa, en grupo o aisladamente. Tal definición dejaría fuera a los árboles nacidos espontáneamente y a los plantados con fines de producción o de otra índole, y supondría establecer una diferenciación neta entre el carácter de árbol ornamental y de árbol productor o protector, con lo que se sigue la opinión que, aun sin d;scutir la utilidad múltiple del árbol, no admite que pueda darse simultáneamente. Es claro que producción y ornamentación exigen tratamientos distintos del árbol, pero, en todo caso y situándose en un marco más circunstancial, puede afirmarse que la aportación estética del árbol tiene lugar de modo prácticamente necesario, en particular cuando forma masa, y aunque su fin primario sea la producción.Efectivamente, el árbol es para el hombre, hoy, el representante más expresivo de la Naturaleza viva: la configuración actual del hábitat humano, con su tendencia creciente a la urbanización de la población y a una lejanía física y moral de la Naturaleza, añade al valor intrínseco y tradicional del árbol la componente de su escasez, un valor convencional difícilmente medible, pero seguramente muy superior a aquél. También en el medio rural, sujeto a una crisis de base qué afecta profundamente a la dedicación del espacio agrícola, el árbol juega ahora un papel más próximo a la ornamentación y a la conservación de la naturaleza que a la producción. No puede olvidarse, además, que la producción de los árboles, salvo contados casos asimilables al cultivo hortícola, es económicamente muy baja y no puede competir cuando entra en conflicto con otras dedicaciones y muy especialmente con las derivadas de la urbanización; si no se suma su valor ornamental y de conservador de la naturaleza, el árbol será eliminado, dejará de plantarse o quedará confinado en aquellos lugares en que solamente él pueda ocupar el suelo.Dejando a un lado este carácter primero del árbol como exponente de un hábitat más natural, que ya le da por su sola presencia valor ornamental, su contribución a la ornamentación es función, principalmente, del tamaño, forma y color que posea, y de su adecuación al medio.Tamaño. Es una de las características que confieren belleza al árbol ornamental y posiblemente, la que le da mayor "nobleza" cuando va acompañada de la longevidad (los árboles de crecimiento rápido son, por lo general, menos longevos y menos ornamentales). El tamaño se mide en altura o en proyección sobre el suelo del desarrollo lateral de la copa; también, en ocasiones, como anchura de tronco.Forma. Dentro de la gran diversidad que presentan, los árboles ornamentales pueden dividirse según posean o no una copa diferenciada. En el primer caso se encuentran las formas ovoideas o globosas, características de la mayoría de las frondosas (roble, v., haya, castaño, v., olmo, fresno, encina, v., etc.) y las aparasoladas o en sombrilla, formas casi planas de la copa que se encuentran en algunas coníferas en estado adulto, como el pino piñonero y el cedro de Líbano (v. PINO; CEDRO). El segundo caso, muchas veces acompañado por la presencia de ramificación desde la base del tronco, da lugar a formas cónicas o piramidales, típicas de una buena parte de las coníferas (abetos, v., pinos en su primera edad, taxodiáceas, cupresáceas, etc.), y columnares, como algunos chopos y cipreses (v. ÁLAMO; CIPRÉS). A ellas hay que añadir las formas insólitas que pueden producirse en los límites ecológicos del hábitat, como las retorcidas que adquieren los pinos de montaña en su frontera altitudinal.Color. Los árboles imponen al paisaje la nota dominante del color verde de sus hojas, con una gama muy amplia de tonalidades. Los árboles de hoja persistente mantienen básicamente el mismo color durante todo el año, aunque suele darse una variación al aparecer los brotes primaverales, generalmente de tono más claro, y existen especies cuyas hojas cambian de color durante el invierno, como la Cryptomerja japonica y algunas variedades de funiperus virginiana, que adquieren tonalidades rojizas y violetas. En los árboles de hoja caduca se suelen producir variaciones cromáticas estacionales, antes de caer la hoja durante el otoño: las hojas pasan a tomar coloraciones ocres o amarillas, más raramente rojas (roble americano, Liquidambar, algunos arces).No obstante el predominio del color verde, se dan también hojas cuyo limbo tiene otro color en parte o en la totalidad de su extensión, bien porque ésta sea su condición natural, bien porque se haya conseguido artificialmente (injertos, fijación de mutaciones naturales). Abundan los tonos azules o glaucos, como en el abeto de Koster, el ciprés de Arizona o el cedro del Atlas, y las blancas o amarillas mezcladas con el verde (variedades variegata de muchas especies).Las flores proporcionan la mayor cantidad de color no verde, durante la temporada, generalmente breve, en que se mantienen sobre el árbol. Como norma general, la floración sostenida no suele ser vistosa y la floración llamativa dura poco tiempo. En los climas templados y templado-fríos, no abundan los árboles cuya floración sea ornamental; éste es el caso de las especies indígenas de la península Ibérica, de las que apenas pueden citarse algunos árboles del género Prunus (ciruelos, cerezos, almendro, v., etc.). Entre los árboles exóticos, pueden señalarse el magnolio y el castaño de Indias como los de temperamento más amplio; en comarcas de clima suave, cabe añadir camelia, mimosas, jacarandá, magnolios de hoja caediza, y otros más raros, como Grevillea, Erythrina, Lagunaria, etc.La coloración de los frutos, cuando son abundantes o de cierto tamaño, contribuye también al carácter ornamental del árbol, sobre todo si persisten sobre él durante largo tiempo; así ocurre con bastantes especies de la familia de las rosáceas, entre las que hay que destacar el serbal de pájaros o de cazadores, con los naranjos y limoneros, con el caqui, etc.Por último, la corteza del tronco posee en algunos árboles una coloración notable: blanca o blanquecina, como en el abedul, haya y álamo blanco; gris reluciente, como en las rosáceas y en el almez; rojiza, como en el pino silvestre, etc.Adecuación al medio. Esta condición puede considerarse como restrictiva, ya que un árbol ornamental situado en circunstancias menos favorables para su desarrollo no alcanzará todo su tamaño posible, florecerá menos profusamente, etc. Desde otro punto de vista, su integración en un determinado paisaje es una cuestión relativa; puede parecer deficiente cuando se compara con otra alternativa, como sucede con las plantaciones de eucaliptos en hábitats propios de robles y castaños, netamente más ornamentales que aquéllos, pero en todo caso la capacidad de sobrevivir y desarrollarse en un ambiente concreto es suficiente para que se mantenga el carácter ornamental. Si no cabe imaginar un palmeral o un bosque de abetos en el paisaje de la Meseta, es porque esos árboles no vivirían en él; cuando un árbol exótico es capaz de vivir en un lugar geográficamente distinto de su hábitat natural, porque las condiciones básicas del nuevo medio se mantienen entre límites tolerables, su carácter ornamental persiste e incluso puede verse reforzado precisamente por su exotismo (palmeras, araucarias).El medio urbano es fuente de dificultades para el desarrollo del árbol; aparte de las condiciones generales del ambiente, como la menor insolación y la contaminación de aire y suelo, el árbol ha de resignarse a soportar numerosas servidumbres: no debe originar dificultades al tráfico ni a las viviendas, ha de conformarse con un suelo compactado que entorpece o impide la entrada del aire y del agua que son necesarias a sus raíces, ha de soportar podas muy poco naturales. Es lógico, por tanto, que los árboles ornamentales capaces de sobrevivir en ese medio pertenezcan a un número cada vez menor de especies, y que su poder de acomodación prime sobre el valor ornamental.V. t.: ÁRBOLES 1, 4; NATURALEZA, CONSERVACIÓN DE LA.Á. RAMOS FERNÁNDEZ.
BIBL.: L. CEBALLOS y 1. RUIZ DE LA TORRE, Árboles y arbustos de la España peninsular, Madrid 1971; A. L. LILLO y Á. RAMOS, Valoración del paisaje natural. Las plantas ornamentales, Madrid 1969; íD, Ordenación del paisaje. Flora ornamental española, I, Madrid 1972; R. ARESEs, Nuestros Parques y jardines, Madrid 1953; P. FoURNIER, Arbres, arbustos et tleurs de pleine terre, I, II y III, París 1951; S. MOTTET y 1. HAMM, Árboles y arbustos ornamentales, Madrid 1970.
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