Jardines y Jardinería, I. Botánica: 1. Estudio General BIOL.
Categoria:
Biología
Se denomina jardín al terreno donde se cultivan plantas deleitosas por sus flores, matices o fragancia, y que suele adornarse además con árboles (v. 1, 3) o arbustos de sombra, fuentes, estatuas, etc. Parque es el j. extenso y con arbolado, en el interior o al lado de una ciudad. Jardinería es el arte de cultivar los j. (v. II).Jardines antiguos. En España pueden hallarse manifestaciones de todas las grandes corrientes de la jardinería. De la Antigüedad, se conservan más noticias que vestigios: en las ruinas de Itálica se han encontrado huellas de los j. romanos, divididos en zonas adecuadas a las distintas estaciones del año. Los árabes aportan una concepción peculiar e introducen nuevas especies. Sus j. son cerrados, incluso interiormente al dividirse en extensiones parciales de dimensiones reducidas (el patio), donde se cultivan plantas aromáticas y abunda el agua. Aparte de las descripciones y de las ruinas, como las de Medina Azzahra (v.), no faltan muestras de j. que permanecen en pie y en su forma original en buena parte; destaca entre ellas el j. del Generalife, y también el alcázar de Sevilla, ya influenciado y no plenamente mudéjar. Las particulares condiciones de vida en la Edad Media, reducen el j. a su esquema más utilitario, de cultivo de árboles frutales, de plantas medicinales, etc. Los j. del Renacimiento italiano, que se caracterizan por una gran dependencia de la arquitectura y por la abundancia de esculturas, fuentes, etc., tuvieron su representante más genuino en la Abadía, en el valle de Ambroz, hoy casi completamente destruido. Los antiguos j. de Aranjuez y de El Escorial siguen esta línea, ya con modificaciones. Los "clásicos" franceses del s. xvii, de los que Versalles es el más conocido, con su trazado exhaustivamente estudiado a partir del edificio central, sus grandes perspectivas y su grandeza de tamaño y concepción, llegan a España de la mano de Felipe V; los j. de La Granja de San lldefenso son un ejemplar típico, en el que no falta, sin embargo, la nota propia.El j. inglés, de concepción opuesta al francés, que evita la línea recta y las simetrías, y se esfuerza en imitar la Naturaleza, no pudo tener gran acogida en España a causa de las diferentes condiciones climatológicas, que hacen mucho más costosa y difícil la creación y mantenimiento de un prado artificial en la mayor parte del suelo español. El litoral cantábrico es, no obstante, propicio a este tipo de j. En esta línea puede citarse, p. ej., el Parque del Oeste, en Madrid. En el s. xix se construyen abundantes parques o se aprovechan las antiguas propiedades feudales, y se lleva a cabo la importación en gran cantidad de nuevas especies, procedentes de América y de Asia.El jardín de hoy. Todas estas ideas y estilos, que imperaron en una época determinada, extendían su influencia casi universalmente al ser, a la vez, pocos en número e importantes en volumen los j. que se construían. Hoy, la situación es muy diferente: por un lado, aumenta vertiginosamente el número de j. de superficie reducida y, por otro, también crecen los grandes espacios ajardinados o conectados de alguna manera con la idea del j.Los j. pequeños, anejos a la vivienda unifamiliar o comunes a un grupo más o menos grande de viviendas, tienen una estructura muy constante: suelo cubierto en alto porcentaje por un césped, una parte con arbolado de sombra y otra donde el sol penetre libremente; con frecuencia, plantas de flor y setos quita-vistas o indicadores de los límites de la propiedad. Su superficie puede ser muy reducida, como en los típicos j. delanteros ingleses, de pocas decenas de metros cuadrados, o bien alcanzan, en las zonas residenciales de lujo, los 5.000 ó 10.000 mz. Los j. de mayor tamaño están ya, casi en su totalidad, a cargo de organismos públicos. La marea creciente de la urbanización, con su inevitable secuela de conformación de un hábitat escasamente "natural" y de problemas de utilización del suelo, dificulta cada vez más la dedicación de espacios a la instalación de j. y parques, especialmente en las viejas ciudades, y obliga a desplazar los j. hacia las zonas suburbanas y rurales que, en contrapartida, resultan cada vez más accesibles. En cualquier caso, parece que no debiera renunciarse sin lucha, a pesar de los obstáculos difícilmente eliminables, a contar en el interior de las ciudades con un sistema de j. y parques, conexo de alguna manera, de forma que su radio de accesibilidad e influencia cubra el mayor área posible. Su superficie mínima, para merecer el nombre de j., será del orden de 1 Ha. Los parques y j. de superficie mayor, por encima de las 10 Ha., admiten un superior distanciamiento del usuario potencial; deben poder alcanzarse en un tiempo inferior a 1 h., y estar programados para admitir una alta densidad de visitantes en los días festivos.Pero el crecimiento de las ciudades no permite mucho más que estar a la defensiva en este punto, y hay que salir de ellas para crear parques y j. en la cantidad que se precisa. Esta obligatoriedad de alejamiento favorece, sin embargo, una de las necesidades más perentorias del hombre de nuestros días: el contacto con la Naturaleza. El hombre tuvo siempre cerca al j.; fue a buscarlo donde crecía libremente o lo construyó con sus manos; lo valoró sensible o estéticamente, como un lugar agradable, pero esta valoración ha adquirido la nueva dimensión, de la que no es siempre consciente, de vivir (siquiera pasajeramente) en un entorno natural del que está privado habitualmente. Las comarcas rurales, el monte, adquieren en consecuencia la condición de albergue temporal del hombre de la ciudad, y son el lugar donde han de situarse los grandes j., donde han de adecuarse los espacios naturales, los j. de hoy. La jardinería deja así el tono menor, escapa de lo superfluo o accidental, pasa a ser algo mucho más importante y de más largo alcance; deja de ser una artesanía para tomar envergadura y requerir planificación y ayuda de la técnica y de la economía.El planteamiento, profundamente entroncado con la valoración y conservación de la Naturaleza y con el modus vivendi del hombre de la civilización industrial, lleva muy lejos y afecta a la ordenación de las ciudades y de las regiones. El impacto positivo en la economía rural ya se ha acusado en muchos países, que van por delante en la industrialización y que se apresuran a contrarrestar sus efectos nocivos sobre la Naturaleza. En el tratamiento de los montes, hasta ahora sólo pensados como productores de madera y protectores contra la erosión, empieza a asomar poderosamente su función recreativa y ambiental, que incidirá, sin duda, en la Silvicultura y en la forma de crear nuevas masas forestales. Intrínsecamente, el planteamiento exige una preparación específica acorde con él, que resumimos a continuación.Jardinería. El proyecto ha de estudiar la determinación de los lugares más indicados, con atención expresa a su accesibilidad y a la densidad de uso; la conjugación de las viejas ideas base: unidad, variedad, armonía, contraste, ritmo, acento, etc., de la estética, con las cambiantes estaciones del año; el grado de "urbanización" tolerable, servicios; la conservación y fomento de la vida animal y vegetal, protección e introducción de especies concretas; la evolución previsible de la vegetación y de la fauna; la valoración económica y estudio de los indicadores de utilidad, que van entrando en el campo de lo mensurable, etc.Técnicamente, habrá de abordarse una manera de hacer muy distinta a la de la vieja y noble jardinería menor, costosa y artesana, para hacer viables económicamente las operaciones necesarias: movimiento de tierras, plantaciones, trasplantes (v.) de árboles de gran tamaño, siega, limpieza, riego, tratamiento de plagas y de enfermedades, instalación de viveros, etc. Es necesaria una Botánica especialmente aplicada, que comprenda el estudio de las especies utilizables para el fin que se persigue, tanto de las exóticas, que de forma un tanto sorprendente se han adueñado de los j., como de las indígenas, que merecen reivindicación en un país que posee una flora de gran riqueza y diferenciación. Comprenderá, además de sus particulares exigencias con relación a clima, suelo y exposición, la consideración de: porte y tamaño, frondosidad, caducidad o perennidad de las hojas, color, abundancia y duración de las flores, facilidad de trasplante y adecuación estética. Más específicamente, idoneidad para fines determinados: sujeción de suelos, floricultura (v. FLOR II), formación de setos y pantallas, resistencia a la sequía o a las bajas temperaturas, situaciones límite (como alta montaña o inmediaciones del mar), atmósfera contaminada de las ciudades o zonas industriales, suelos calizos, yesosos o muy ácidos, etc.Descripción de las plantas. Son términos jardineros muy frecuentes: anual, planta que completa en un año su ciclo vegetativo; se representa por el signo . Árbol (v.), vegetal leñoso, de cinco o más metros de altura, que no se ramifica desde la base y tiene un tallo principal (tronco). Arbusto, vegetal leñoso, inferior a 5 m. de altura, que se ramifica desde la base, como norma general. Bienal o bisanual, que vive durante dos periodos vegetativos; en general, plantas que germinan y producen hojas el primer año, y florecen y fructifican el segundo. Se representa por el signo O . Bulbo, yema subterránea con órganos de reserva, que se desarrolla dando lugar a la parte aérea; mantienen su vida latente fuera del suelo, y así permiten su comercialización. Césped, hierba menuda y densa que cubre el suelo. Enredadera, planta de tallo trepador que se enreda en un soporte adecuado. Híbrido, que nace de la fecundación de un vegetal por otro de especie diferente; se representa por el signo X o por el F , según se trate de un híbrido sexual o asexual. Hierba o herbáceo, que carece de tejidos lignificados. Mata, arbusto de altura inferior a 1 m. Tapizante, planta de altura muy pequeña, que cubre el suelo completamente con sus tallos y con sus hojas. Trepadora, planta que se adhiere o apoya en un soporte, del que precisa para mantenerse erguida. Variedad, que se distingue del tipo por uno o más caracteres permanentes, pero muy secundarios. Vivaz, que dura varios años, perenne; también, planta cuya parte subterránea, y a veces la aérea, vive varios años. Se representa por el signo Z.Disposición de las plantaciones. Arriate, era estrecha para plantas de adorno junto a las paredes de los j. y patios. Bosquete, pequeño bosque artificial en los j. Bordura, línea de plantas de muy pequeño tamaño, que sirve para limitar una superficie. Canastillo, agrupación de plantas de flor, anuales y vivaces, con que se decoran los cuadros de los j. Cuadro, pieza de tierra adornada con flores y hierbas. Macizo, agrupación de arbustos con que se decoran los cuadros de los j. Parterre, cuadro de un jardín adornado con flores y césped. Plantabanda, forma estrecha y alargada, plana, destinada generalmente al cultivo de flores. Mixed-border, término inglés muy generalizado; corresponde a platabanda que se planta con muchas especies diferentes con el fin de escalonar la floración. Mosaico, parterre plantado de forma que represente un dibujo. Rocalla (galicismo, de rocaille), plantación de matas, vivaces y anuales, en un lugar, generalmente en pendiente, con abundantes piedras de algún tamaño. Seto vivo u ordinariamente seto, cercado de matas o arbustos vivos; por extensión, plantación realizada en línea continua, para impedir el paso, la visión o ambas cosas a la vez. Vergel, huerto o j. con variedad de flores y árboles frutales.Origen de las plantas. Autóctono o indígena, se aplica a todo vegetal natural de un país. Espontáneo, que crece sin cultivo ni intervención del hombre. Exótico, se opone a autóctono, pero no a espontáneo; pueden darse plantas exóticas que, naturalizadas, crecen espontáneamente (Subespontáneas), p. ej., la hierba de las Pampas (Cortaderia selloana) y la Buddleja variabilis, introducida de China.A. RAMOS FERNÁNDEZ.
BIBL.: Encyclopédie Le bon jardinier, 152 ed. París 1964; J. SoROA, jardinería y decoración vegetal, Madrid 1969; S. CROWE, Tomorrow’s Landscape, Londres 1956; X. DE WINTHUYSEN, jardines clásicos de España, Madrid 1930; N. H. JOLLIS, Prontuario de jardinería, 2 ed. Madrid 1964; G. MAGRINi, El libro de los jardines, Madrid 1970; T. CECCHINI, Manual del jardinero aficionado, Madrid 1969; N. CLARASó, Guía práctica de jardinería casera, Madrid 1969; T. H. EVERETT, Manual de jardinería, Buenos Aires 1968.
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