Jarcha (jarya) LIT.
Categoria:
Literatura
Llamada también markaz, es la estrofa final de la moaxaja (v.), pero constituye, no obstante, el núcleo, la parte esencial de la composición, en torno de la cual gira todo el poema. Puede estar expresada en lengua romance o en árabe coloquial, aunque utiliza en su escritura los caracteres árabes o hebreos, según que forme parte, respectivamente, de moaxajas árabes o hebreas. Suele ponerse en boca de un personaje distinto del poeta, con frecuencia, de una mujer. La j. romance es, siguiendo a García Gómez, una coplilla "ya existente", manifestación de una literatura popular de los mozárabes, de la que el poeta se apropia y toma como base rítmica para elaborar sobre ella su composición, de tal manera que ésta viene a ser en realidad el encuadre o marco poético de aquella copla, que figurará como estrofa final del poema. Su desciframiento suele encerrar enormes dificultades, debidas sobre todo a aparecer sólo la parte consonántica de los vocablos romances que las componen, como consecuencia de la utilización de las escrituras árabe o hebrea, caracterizadas ambas por el empleo de sonidos consonánticos, con exclusión de los vocálicos. Si a ello se añade el deficiente conocimiento que tenemos de la lengua mozárabe, y el hallarse mezcladas palabras árabes con las romances, se comprenderá fácilmente las distintas interpretaciones que, en algunos casos, se dan de una misma j. por los tratadistas. Las j. vienen a demostrar la existencia de una literatura romance en al-Andalus y a corroborar la tesis de Ribera acerca del bilingüismo árabe-romance de la población andaluza, tanto musulmana como mozárabe (cfr. Julián Ribera, El Cancionero de Abencuzmán, en Disertaciones y Opúsculos, t. I, Madrid 1928, 27 ss.), ya que sólo en un medio bilingüe puede surgir este tipo de poesía.En cuanto a la denominación del vocablo, García Gómez propone la hispanización de los términos muwassaha y jarya por los de moaxaja y jarcha; basados en la pronunciación de aquéllos, de manera análoga a lo realizado con la palabra zagal, cuya hispanización en zéjel es hoy comúnmente admitida (cfr. o. c. en bibl.).Muchas han sido las teorías que se han formulado acerca de las j. romances desde que Stern dio a conocer las primeras, halladas en moaxajas hispano-hebreas (cfr. Les vers f inaux en espagnol dans les muwassahas hispanohébraiques..., "Al-Andalus" XIII (1948) 299-346), a las que siguieron otras, pocos años después, encontradas esta vez en moaxajas árabes, que fueron publicadas por García Gómez (cfr. Veinticuatro jaryas romances en muwassahas árabes, "Al-Andalus" XVII (1952) 57-127). Su cronología se remonta al s. xi para las más antiguas, lo que significa que preceden en un siglo al Cantar de Mío Cid, primer testimonio escrito de la literatura española. Cuestión interesante es su autenticidad. No han faltado quienes considerasen las j. como simples creaciones, sin sentido alguno, de poetas que intentaban expresarse en una lengua que no dominaban; y también quienes hayan atribuido su paternidad a los mismos poetas que las empleaban, negándoles su preexistencia con respecto a las composiciones que las contienen. Frente a estas teorías, García Gómez, máxima autoridad española en la materia, expone su opinión en términos claros y precisos: "Las jarchas constituyen una rama de la literatura romance; son la comprobación palmaria de la existencia, genialmente postulada por Ribera, de una literatura romanceada en al-Andalus, cada vez más afirmada además por otras fuentes; y entran, en su génesis, en su estructura y en su desenvolvimiento, dentro de lo que Menéndez Pidal ha definido como `poesía tradicional’" (o. c. en bibl. 34). Puede ser que no todas las j. sean auténticas cancioncillas mozárabes, pero solamente con que algunas de ellas lo sean, o incluso aunque se trataran de meros trasuntos de dichos cantos populares, servirían para testimoniar la existencia de esa literatura popular mozárabe.El descubrimiento de las j. romances encierra una importancia trascendental para la literatura no sólo española sino universal, como señaló por primera vez Dámaso Alonso (cfr. Cancioncillas "de amigo" mozárabes, en "Rev. de Filología Española" XXXIII (1949) 297-349). Para la literatura española significa que sus más antiguos testimonios escritos se remonten, a partir de ahora, al s. xi, y no al xii como tradicionalmente venía admitiéndose, y que este alborear histórico sea lírico y no épico. Para la literatura occidental significa modificar la tesis que proclama a la lírica provenzal como la primera con vestigios auténticos y conceder la primacía a la lírica mozárabe española, de la que son exponentes las j. Ramón Menéndez Pidal ha destacado igualmente el valor de estos cantos populares mozárabes y su trascendencia (cfr. Los orígenes de las literaturas románicas a la luz de un descubrimiento reciente, Santander 1951).Como final, expondremos las reglas que un autor egipcio del s. xic1, Ibn Saná’ al-Mulk, establece para la j. Son, sintetizadas y traducidas por García Gómez, las siguientes: "la La jarcha ha de ser sorprendente y electrizante. 2a Ha de estar en estilo directo, o sea, puesta en boca de alguien. 3a Ha de estar por lo común en lengua vulgar árabe, en argot o en lengua vulgar romance, pues sólo estará en árabe clásico en casos contados y tratándose de poemas panegíricos. 4a Como la jarcha es la esencia de la moaxaja, debe componerse antes que ésta, y ésta se ajustará luego a ella como a un pie forzado. 5a Si el poeta no es capaz de componer una buena jarcha, será mejor que tome una ajena" (cfr. El apasionante cancionerillo mozárabe, "Clavileño" 3 (1950) 19).V. t.: MOAXAIA.R. CASTRILLO MÁRQUEZ.
BIBL.: Además de la citada en el texto, v. E. GARCÍA GóMEZ, Las jarchas romances de ta serie árabe en su marco, Madrid 1965 (obra fundamental, que da amplia noticia de los estudios publicados hasta el presente).
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