Isabel I de Inglaterra
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Biografía GER
Reina de Inglaterra y última representante de los Tudor (v.), rigió los destinos de su país desde 1558 a 1603, siendo los acontecimientos más característicos de la política inglesa de este periodo la organización de la Iglesia anglicana y la expansión oceánica de Inglaterra.Hija de Enrique VIII (v.) y Ana Bolena, nació en Greenwich, el 7 dic. 1533. Su niñez trascurrió en una corte gobernada por un hombre de pasiones violentas y repentinas y dotado de una gran inestabilidad en sus propósitos. Una de sus crisis fue la que determinó la muerte de Ana Bolena, cuando su hija 1. apenas tenía tres años. Se educó ésta primero al lado de su hermana María, alejada de su padre, y, a la muerte del rey en 1547, quedó al cuidado de la reina viuda Catalina Parr. Es en esta época cuando tiene su primera aventura amorosa con su innoble tío Thomas Seymour, hecho que influyó en la formación de su temperamento y a lo largo de toda su vida. Seymour fue decapitado por orden del Consejo Real en 1549, dejando a l., víctima de la maledicencia de la corte, terriblemente afectada por su muerte violenta.Después de morir Enrique VIII, María Tudor (v.) sube al trono de Inglaterra, e I. se aproxima a ella con prudencia, fingiendo un catolicismo que no siente, pero que satisface a María, que le otorga su confianza. En 1554, tuvo lugar una conspiración para destronar a la reina, en la cual jugó un papel importante I.; pero su astucia y su gran tenacidad hicieron que su castigo se redujese a dos meses de prisión. Después de algún tiempo, María se casó con el rey de España Felipe II (v.), y en noviembre de 1558 murió, dejando a los católicos ingleses sin un sucesor en quien poner sus esperanzas.Isabel Tudor, reina de Inglaterra. Política interior. Así es como en 1558 comienza a regir los destinos de Inglaterra una mujer que no se sentía católica, pero que por divergencias con los protestantes necesitaba organizar una religión estatal, que le estuviera subordinada. El anglicanismo (v.) creado por Enrique VIII, según opina Belloc, no tenía unidad de estructura ni de propósito, pero sí un sólido cimiento: el ataque de la corona a los bienes monásticos; estos intereses creados fueron las mejores armas para la política religiosa de l., que definió el objetivo esencial de su política así: afirmación de la autoridad monárquica en los asuntos religiosos y civiles, y expansión del pueblo inglés frente a todos sus posibles rivales.Es justo situar en el reinado de I. la consolidación del anglicanismo. En 1559, se hizo conceder por el Parlamento el título de "gobernadora suprema" de la Iglesia anglicana, que suavizaba los términos del Acta de Supremacía de 1532, y por el Acta de Uniformidad restableció parte del Common Prayer Book de Eduardo VI, al mismo tiempo que se concedían algunas libertades a los católicos ingleses. En 1563, fueron aprobados los 39 artículos que deberían quedar como el credo de los anglicanos. Para no indisponerse con el alto clero no destituyó a ningún prelado; pero cuando una diócesis quedaba vacante, tardaba muchos años en proveer el cargo reservando las rentas para la corona.Pese a ello, Inglaterra (v. INGLATERRA Iii) siguió hasta 1570 en buenas relaciones con Felipe II; son los años en que se creía posible un enlace entre el monarca español y su cuñada 1. Sin embargo, la unión entre dos imperialismos de signos ideológicos contrarios era irrealizable, por lo que I. emprende una política antiespañola y filocalvinista. Para llevarla a cabo, adopta duras medidas contra los católicos (v. GRAN BRETAÑA v) y otros disidentes de la confesión anglicana. Era aquélla una época turbulenta, llena de intrigas y conspiraciones; para atajarlas, I. recurrió, como mal menor, a la tortura; ésta desaparecería de Inglaterra 40 años después de la muerte de I. En 1578, condena a muerte a varios sacerdotes jesuitas, y poco después recrudece las persecuciones contra los católicos. Los puritanos y calvinistas no correrían mejor suerte, aunque la diferencia estribaba en que el delito de los católicos era político por prestar obediencia al Papa, soberano extranjero, mientras que los puritanos eran culpados de herejía y, por tanto, responsables ante la justicia eclesiástica.La autoridad de 1. y la de su secretario William Cecil eran indiscutibles. Cecil es, después de I., el principal personaje político de su tiempo, y el más importante colaborador de la reina. No fue expresamente elegido por 1. sino que ésta lo encontró y, convencida de que era uno de los mejores cerebros políticos de la época, lo utilizó como instrumento de una serie de reformas que contribuyeron a configurar la estructura de la moderna Inglaterra. No debemos equivocarnos pensando que Cecil fue el hombre del que la reina se sirvió para que gobernase en su lugar; en opinión de Belloc, 1. heredó a Cecil, quien la había ayudado a ser reina, y, desde el momento de su ascensión al trono, ambos se creían tan recíprocamente necesarios que se podría decir que formaban una misma persona. Fue el de I. un reinado absoluto; buena prueba de ello es que en los 44 años que duró no se convocaron más que 14 Parlamentos.Cuestión escocesa. La Reforma (v.), que se había extendido por toda Europa, había arraigado profundamente en las tierras bajas de Escocia bajo el impulso de John Knox (v.), quien desde 1547 había logrado que los jefes del partido reformista se reuniesen en el Convenant de 1557, para defender la Palabra de Dios y su congregación. Los confederados triunfaron en una pequeña guerra civil, por lo que el Parlamento de Edimburgo reconoció la Confessio Scotica (v. CALVINO v CALVINISMO iv). María Estuardo (v.), reina de Escocia, al regresar de Francia, se encontró, pues, con un país sublevado y con la rivalidad de su prima I. de Inglaterra, que abrigaba el propósito de unir Escocia a la corona inglesa (V. ESCOCIA III). La reina escocesa casó con su primo Henry Darnley, hombre de escasas cualidades morales, de quien tuvo un hijo, Jacobo VI de Escocia, más tarde Jacobo 1 de Inglaterra. A poco estalló una lucha entre los clanes católicos y los calvinistas, que participaban de la enemistad de la soberana. Agravada la situación por la muerte de Darnley y el enlace de María con el conde Bothwell, la nobleza obligó a la reina a abdicar en su hijo. María Estuardo huyó entonces a Inglaterra, y una vez allí avivó los rescoldos católicos del país; I. la retuvo entonces prisionera, acusada de haber intervenido en el asesinato de Darnley, al mismo tiempo que acentuaba las persecuciones contra todos los católicos, y con especial saña contra los de la católica Irlanda, cuyos habitantes fueron desposeídos de sus bienes (V. IRLANDA, REPÚBLICA DE V).Poco a poco la celda de la reina escocesa se fue convirtiendo en la capilla de un condenado a muerte, hasta el 8 feb. 1587 en que I. firmó la orden de ejecución. Toda Europa consideró culpable a 1. de la muerte de María Estuardo, que a los ojos de los católicos llegó a ser la reina mártir, olvidando que, si en cierto modo dio su vida por el catolicismo, su conducta había dejado mucho que desear cuando en su juventud tuvo oportunidad de demostrar la firmeza de sus principios.Política exterior. El dominio del océano iba a ser otro de los problemas planteados en el gobierno de I. Inglaterra protestó ante el Papa, porque éste sólo concedía bulas a España y a Portugal para colonizar los territorios del Nuevo Mundo. Excomulgada la reina en 1573, los ingleses se dirigen a América del Norte, pero la estructura económica de aquellos tiempos hacía que fuera poco el valor de aquel territorio, siendo, sin embargo, para ellos una tentación la América española. En estas empresas se combinaban los intereses comerciales y políticos, mostrándose la reina de Inglaterra mujer expertísima en negocios. Ella fue quien prestó toda clase de recursos para las incursiones piratas de John Hawkins; en 1577, subvencionó la expedición de Francia Drake (v.) para dar la vuelta al mundo, viaje del que volvería victorioso tras nuevos saqueos. 1. le recibió triunfalmente y le concedió el título de caballero.Veamos ahora el panorama del occidente de Europa. Felipe II, rey de Portugal desde 1581, vio engrosar con este hecho su potencialidad en el Atlántico, al mismo tiempo que Flandes y Brabante quedaban sometidas al dominio español después de las campañas de Alejandro Farnesio en los Países Bajos. Ya se podía proyectar la reconquista de Holanda, a pesar del auxilio prestado por 1. a los calvinistas. En 1583, ante una Inglaterra que apoya la candidatura de Enrique de Borbón al trono francés, el monarca español encuentra una solución para hacer desaparecer la enemiga de la corona inglesa: la rápida deposición de I. de Inglaterra, y la entronización no de María Estuardo, a quien Felipe encuentra demasiado afrancesada, sino de su propia hija Isabel Clara Eugenia. Con esto un bloque católico bajo la hegemonía española dominaría en el occidente de Europa, y todos los países calvinistas, incluida Francia, se inclinarían ante la suprema autoridad de la catolicidad.La ejecución de María Estuardo, crimen exclusivamente político, y las expediciones piratas de los ingleses motivaron la puesta en ejecución de tales proyectos. Estamos ante la época clave de Felipe II, la última etapa de su vida, en la que abandonando su política defensiva pasa a la ofensiva, para llevar a cabo su determinación de acabar con Inglaterra. España contaba con facilidades para la empresa, una gran marina y un cerebro para dirigirla: Alvaro de Bazán, marqués de Santa Cruz. Efectuóse la salida de la Armada, que mereció de sus contemporáneos el nombre de Invencible, en el verano de 1588. Pero falleció el marqués de Santa Cruz y su muerte fue, para los intereses españoles, una pérdida fatal, pues su puesto fue ocupado por el duque de Medina Sidonia, que no era marino y carecía de cualidades personales para desempeñar esta misión. La expedición parte de Lisboa; el 23 ó 24 de julio estaban los españoles frente a Plymouth; los marinos Recalde y Oquendo ordenan dar la batalla, pero Medina Sidonia objeta que no son tales las órdenes de Felipe II, y por tanto, la armada llega hasta Calais, desde donde contempla la costa inglesa. Tras una batalla sin importancia en la que fue derrotada la armada española, el duque de Medina Sidonia decide dirigirse al mar del Norte, terminando con esto la historia de la Invencible, porque no hubo posibilidad de regresar a causa de los vientos. Los elementos se encargaron de destruir los propósitos de Felipe 11. Pero este desastre no supuso nada para el Imperio español, que no perdió su hegemonía en Europa, ni en tierra firme, ni siquiera en el mar.De ahora en adelante el campo de batalla para el conflicto-español sería Francia, desgarrada por las luchas religiosas; mientras I. defendía a los hugonotes franceses, Felipe II se aliaba a la Liga católica. La infantería española ocupa Calais, y aunque los ingleses amenazan el comercio español desde las Azores a las Antillas, una nueva expedición militar española ocupa todos los puertos del canal de la Mancha, operación muy peligrosa para Inglaterra.Entre 1588 y 1603, el cesarismo de los Tudor llega a su punto culminante. Su causa había triunfado, al identificarse con los intereses de la clase rica, que en parte había surgido del saqueo de la religión, o que a la inversa, del saqueo de la religión había obtenido el aumento de su fortuna. Sin embargo, en los últimos años de I., ya podían detectarse, latentes, las circunstancias sociales que provocarían las futuras revoluciones inglesas: los. burgueses, favorecidos por la prosperidad económica, acentuaban sus reivindicaciones y espíritu de rebeldía, y en la Iglesia anglicana el inconformismo empezaba a dejar sus huellas.La época isabelina. Es sinónimo de prosperidad. La nobleza vivía con un lujo desorbitado, mientras la burguesía se enriquecía en las guerras contra España; pero, sobre todo, la época isabelina fue de esplendor en las letras y en las artes. En la literatura inglesa, son de destacar dos acontecimientos importantes: el primero, la publicación en 1579 de la Anatomía del Ingenio de Lyly, que produjo la creación de un nuevo estilo literario: el eufismo; el segundo, la aparición de William Shakespeare (v.), que lleva al teatro inglés a su cima. Shakespeare hace desfilar por la escena una serie de personajes, reflejo de los sentimientos y el carácter de sus contemporáneos, y de los hombres de todos los tiempos. Inglaterra creó en este siglo un arte y una literatura propios, los isabelinos, dentro del ámbito cultural del Renacimiento europeo. Después, poco a poco, se fue separando del continente, y, en la época de los Tudor, Inglaterra acentúa su característica de insularidad, a causa, en opinión de André Maurois, de los tres hechos siguientes: el proceso de la lengua nacional, la creación de una marina poderosa y la ruptura con la Iglesia romana.Debemos sospechar del espíritu de sinceridad con que I. llevó a cabo su obra, sobre todo en lo que se refiere a sus creencias religiosas. Es opinión muy extendida la de su escepticismo, y la de que el celo que puso en la organización de la Iglesia anglicana fue un hecho político más de los muchos de su vida. Como monarca no siempre supo mantener la dignidad del trono de Inglaterra, y, en ocasiones, en lugar de ser caudillo de uno de los grandes Estados europeos se vio convertida en jefe de una banda de piratas, en cuyas actividades participaba. El Parlamento le presentó una serie de proyectos matrimoniales que ella rechazó por su deseo de morir siendo reina y soltera, deseo que respondía a la realidad de que 1. era sexualmente anormal y estéril, y que, por tanto, mediante un matrimonio no obtendría ningún hijo para la corona y perdería, sin embargo, el prestigio de "reina virgen" con que la conocía toda Europa.Los últimos años de I. fueron de gran melancolía; por último, el 24 mar. 1603, en medio de crueles tormentos, dejó de existir. Se ha dicho y no sin razón por un gran número de historiadores, entre ellos Hilaire BeJloc, que no ha habido un final tan anormal y violento, como el de las horas finales de la última Tudor.E. RELIMPIO FERRER.
BIBL.: C. READ (ed.), Bibliography of British History: Tudor Period, 1485-1603, 2 ed. Nueva York 1959; Annales rerum Anglicarum et Hibernicarum regnante Elizabetha ad annum 1589, Londres 1615-27; J. E. NEALE, Queen Elizabeth, Londres 1952 (reimpresión); íD, Elizabeth 1 and Her Parliaments 1559-1581, Londres 1953-57; J. B. BLACK, The Reign of the Queen Elizabeth, 2 ed. Oxford 1959; A. L. RowsE, The Elizabethan Age, Londres 1950-55; 1. HURSTFIELD, Elizabeth 1 and the Unity of England, Nueva York 1961; J. CHASTENET, Isabel 1 de Inglaterra, Barcelona 1963.
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