Irlanda, Historia Antigua y Medieval. HIST.
Categoria:
Historia
Por su situación geográfica, 1. presenta una prehistoria paralela a la de Inglaterra (v.) y, por tanto, la configuran tres grandes invasiones. En primer lugar, los más antiguos pobladores de los que se conservan huellas llegaron a la isla en época mesolítica; eran dolicocéfalos y de piel oscura, calificados por los antropólogos como de origen mediterráneo. En el Neolítico, acanzaron 1. nuevos inmigrantes, braquicéfalos y tal vez de origen escandinavo. Finalmente, desde principios del primer milenio, 1. conoció una tercera y definitiva invasión, la de los celtas gaélicos desde el s. iv a. C. La presencia de este pueblo, en un estado de civilización más avanzada que los anteriores, supuso para I. no sólo el de la siderurgia, sino también la unificación étnica y la apertura de contactos comerciales con Inglaterra y costas continentales. De este modo, I. fue conocida por los griegos, quienes la denominaron Jerne (Estrabón) e Iris (Dioro Sículo).El legado cultural de los celtas. Hacia eJ s. i a. C., el país presenta ya una organización política jerarquizada. La autoridad suprema era un rey, cargo de matiz honorífico y electivo, cuya residencia se encontraba en Tara; bajo él se hallaban los ri, reyes locales o caudillos que gobernaban las cinco provincias (tuaths) independientes en las que se dividía la isla: Ulster, Leinster (Lagenia), Munster (Munonia), Connaugth (Connacia) y Meath (Mide), que en conjunto mantenían una estructura tribal. Asimismo, existían cuatro clases sociales: la real (aire), que comprendía al rey y a los ri; la nobleza, propietaria de tierras y ganado (faits); los hombres libres, no propietarios, campesinos y pastores (bothash y seneleithe); y los esclavos (fuidir), en gran parte prisioneros de guerra.Su religión consistía en la personificación de las fuerzas naturales, creían en la inmortalidad de las almas y en la transmigración; su ídolo supremo era Crom Cruach, al que, en ocasiones, parece ser que ofrecieron sacrificios humanos. Los sacerdotes (druidas) y los jueces (brehone) estaban dotados también de cierto carácter hierático y gozaban de gran prestigio. Dentro de su sentido primitivo, la cultura irlandesa -que conocía la escritura (ogham), la música y la poesía (los poetas se denominaban bardos)- floreció hasta alcanzar gran perfección sus monumentos megalíticos y sobre todo sus técnicas ceramistas y su siderurgia, en lo que basaban un fructífero comercio con Inglaterra y el continente, que les hizo dominar el arte de la navegación. Consecuencia directa de los viajes mercantiles de los irlandeses fue que los romanos tuviesen conocimiento de la isla, a la que denominaron Hibernia. Con objeto de efectuar su conquista, el general romano Agrícola organizó un ejército, pero la inestable situación en que se mantuvieron los latinos en Britania (v.) les hizo desistir de la empresa. Por ello, Roma no influyó allí (v. CELTAS III).La fase heroica y la cristianización. Numerosas tradiciones mantienen vivo el recuerdo de míticos reyes, entre los que destacan Cet Cathash, Eoghan Mor, Cornac Mac Art y Coirpe Liffechar, a los que se atribuyen legendarias hazañas. Pero lo único probado históricamente es que el rey Conn de Ulster (s. II d. C.) consiguió imponer su supremacía en I. y, mantenida ésta por su dinastía, alcanzó su apogeo en el s. v, gracias a las acciones de Niall Noigiallash (358-405). Sus sucesores (O’Neill) gobernaron en Connaugth, Meath y Ulster e hicieron frente con éxito a las penetraciones de los escotos (v. ESCOCIA II), que desde el s. Iv asolaban las costas del Nordeste. El cristianismo hizo acto de presencia en I. bajo el patrocinio de Roma (v. v). El papa Celestino I envió allí al diácono Paladio (430) y al obispo bretón Sucat (432), cuya misión si bien no consiguió grandes resultados, sirvió de precedente a la extraordinaria labor de S. Patricio (v.). La recíproca influencia de la civilización céltica y el cristianismo, ajena a las perturbaciones acaecidas en Europa ante la invasión de los bárbaros, produjo en I. un desarrollo cultural extraordinario durante los s. vi y vli, que se manifestó en un sinnúmero de edificaciones monásticas. En ellas no sólo se concentró lo más destacable del saber de la época, sino que fueron focos evangelizadores.Las invasiones escandinavas y la génesis del dominio inglés. A fines del s. VIII, arribaron a las costas de I. los noruegos (V. VIKINGOS), conmocionando la isla donde, tras una serie de incursiones de saqueo por el interior, se instalaron en Waterford, Wexford, Cork y Limerick. Su presencia no fue duradera, ya que los daneses, dueños prácticamente de todos los mares del Norte, les expulsaron, ocupando ellos su lugar. La nueva invasión cobró forma cuando el jefe danés Anlaf fundó un reino en Dublín (582) y provocó el fin de la unificación que hasta ahora había mantenido la dinastía O’Neill, con la aparición, de nuevo, de la anarquía y el fraccionamiento político. El resurgir irlandés a partir del s. x permitió la reconquista de Dublín por el caudillo Sithric, la victoria de los reyes Etelstane y Maelseachelainn sobre el danés Anlaf Cuaran en Brunamburg (980) y la total derrota danesa tras la batalla de Clontarf (1014), en la que venció el irlandés Brian Boru. La expulsión de los daneses no significó la vuelta a la unificación política, sino por el contrario todo el s. xI lo presiden continuas luchas fratricidas, que en vano procuró atajar S. Malaquías (v.), el obispo de Armagh (m. 1148).La acentuación de estos conflictos motivó la presencia inglesa. El rey Dermot, expulsado de Leinster y refugiado en Inglaterra, requirió la ayuda de caballeros británicos para recuperar su trono. Dermot, apoyado por los ingleses Roberto Fitz Stephen y Ricardo Strongbow, conde de Pembroke, a los que hubo de conceder amplios dominios, reconquistó Leinster y ocupó Dublín (1170). Ante estos acontecimientos, Enrique 11 de Inglaterra (v.), a quien el papa Adriano IV había prometido la isla de I. como feudo, resolvió someterla a su autoridad; en 1171, desembarcó en Cook, redujo la oposición de Ricardo Strongbow, entró en Dublín y se proclamó señor de 1. (lord of Ireland). Enrique II suprimió la primitiva Constitución irlandesa e implantó el feudalismo a través de caballeros ingleses, sin ninguna consideración respecto a la población indígena. Este hecho causó, tres años más tarde (1174), una sublevación nacionalista dirigida por Rodrigo O’Connor, que ’finalizó al llegarse a un acuerdo con Enrique II (1175), en virtud del cual O’Connor era reconocido soberano de todos los territorios ajenos a la influencia inglesa. Así, quedó la isla dividida en dos zonas; una independiente y otra inglesa, sujeta a un gobernador inglés (King’s liutenant), que residía en Dublín. La I. ocupada fue institucionalizada al estilo inglés: se subdividió en condados y, desde el s. XIII, existió un Parlamento en Dublín; mientras, en la I. independiente se mantuvieron las luchas civiles a la muerte de O’Connor.La debilidad de la monarquía inglesa durante el s. xIv permitió a los irlandeses recuperar su autonomía y ofrecer la corona de 1. a Roberto Bruce, rey de Escocia, proyecto que no cristalizó (1318) por las discordias de los caudillos locales. Restablecida la autoridad monárquica en Inglaterra al finalizar la guerra de las Dos Rosas (v.), Enrique VII (v.) envió a I. a su lugarteniente Eduardo Poynings, que implantó de nuevo la hegemonía inglesa en parte de la isla y estableció la Poynings Law, por la que se decretaba que el gobernador británico de 1. era el único que podía convocar el Parlamento, cuyas leyes confirmaría el rey. La presencia inglesa adquirió un carácter definitivo cuando en 1542 Enrique VIII (v.) se proclamó rey de l., hecho que marca el de la Era Moderna para la isla.A. BRAOJOS GARRIDO.
BIBL.: R. CHAUVIVE, Historia de Irlanda, Barcelona 1956; 1. C. BECKETT, A Short History of Ireland, Londres 1952.
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