Inurria, Mateo
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Biografía GER
Escultor español, n. en Córdoba el 25 mar. 1869, m. en Madrid el 21 feb. 1924, uno de los grandes renovadores de la estatuaria española novecentista. Comenzó a formarse en el taller de escultura decorativa que regentaba su padre, de donde pasó a cursar estudios sucesivos en las escuelas de Bellas Artes de Córdoba y de Madrid. Su primer envío a un certamen público -la Exposición Nacional de 1890- fue un desnudo, El náufrago, tan realista que se le acusó de haberlo vaciado de un original vivo. En la exposición de 1895 obtiene segunda medalla por su Séneca, y primera en la de 1899 por un grupo, La mina de carbón, también de extremado realismo. A partir de ese momento, y en espera de obtener el galardón máximo, la Medalla de Honor, I. se aparta de las exposiciones nacionales durante veinte años. Realiza una buena labor como profesor de la Escuela de Arte de Córdoba, luego de la de S. Fernando, de Madrid, y como restaurador de la mezquita de su ciudad. Una serie de desnudos femeninos de gran clase -Deseo, ídolo eterno, Mujer, etc- prologan el incomparable acierto de Forma, maravilloso torso femenino acéfalo, en mármol blanco, que constituyó la mayor nobleza de la Exposición Nacional de 1920 y valió a I. la Medalla de Honor, en competencia con Clará, Chicharro y Mir (v.). En 1921 entra en la Acad. de S. Fernando presentando Mi discurso, media y bella figura de mujer.Una vez trazado el compendiado curriculum vitae del artista, pasemos a estudiar sus obras de mayor empeño, aunque ya haya sido citada Forma, una de las máximas. A la generación de 1. no atraía demasiado el tema religioso, pero el gran escultor fue excepción de la regla mediante dos imágenes de Cristo y otra -en talla policromadadel Ecce Homo. La versión más original de los primeros, se conserva en el cementerio de La Recoleta, de Buenos Aires, y consiste , - un Cristo erguido, hierático y de un indefinible orientalismo, ante el que se humillan un guerrero y un lector. Si otro monumento civil, el erigido al político D. Antonio Barroso, en Córdoba, no pasaba de vulgar en cuanto a concepto general -monumento que habría de ser mutilado a consecuencia de un motín callejero-, dos conjuntos, también conmemorativos, marcarían la calificación de glorioso estatuario, de grandísimo escultor para 1. Nos referimos a los de Eduardo Rosales y del Gran Capitán. El primero, inicialmente en el Paseo de Recoletos, de Madrid, ahora trasladado al de Rosales, significa nada menos que el retorno de la magnificación grandilocuente y confusa, hasta entonces obligada, a un recogido y continente volumen, casi íntimo, constituido tan sólo por la efigie sedente del ilustre pintor, tan sobrio de ademanes cual lo fuera en vida. Sin embargo, la obra maestra por excelencia de 1. hemos de verla en su estatua ecuestre de Gonzalo Fernández de Córdoba, el Gran Capitán, en el centro de la Plaza de las Tendillas de Córdoba. Ha sido tópico acostumbrado señalar la dependencia de este caballo del de Gattamelata, de Donatello (v.), pero, aunque la relación sea justa, es evidente que el buen pisar del corcel de 1. delata su andalucismo, del mismo modo que el garbo y la apostura del jinete son estrictamente cordobeses. Más aún, la cabeza de Gonzalo repite la del torero Lagartijo, muy estudiada por I., y ello, lejos de constituir falta de respeto, parece una garantía -y la es- de la originalidad del monumento. Con ello, 1. reelaboraba y traía por nuevos caminos el viejo y noble prestigio de la estatuaria ecuestre española que, por desgracia, no ha reconocido en lo sucesivo tan ejemplar lección.En resumen, I. abusó un poco quizá de una técnica impecable, demasiado impecable, la de las superficies suaves y redondeadas, dejando sugerir en las carnes todo el mecanismo humano latente bajo la piel, pero fue uno de los grandes maestros transitivos de la escultura española situada entre los s. xix y, xx, trayendo para éste, como Llimona (v.) y Mogrovejo, mucha de la espontaneidad que se le había sustraído durante el ochocentismo. El Museo Provincial de Bellas Artes de Córdoba conserva en una sala especial muchos recuerdos, bocetos y obras definitivas del efectivamente glorioso estatuario.J. A. GAYA NUÑO.
BIBL.: 1. FRANCÉS, Mateo Inurria y su obra, "El Año artístico 1923-24", Madrid 1925, 217; A. VEGUE Y GOLDONI, Esculturas de Blay y de Inurria, "Arte Español", 1924, VII,57.
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