Inflación ECON.
Categoria:
Economía
1. Introducción. La i. es un desequilibrio o falta de consistencia en la estructura de relaciones económicas, debido a un exceso de la demanda agregada o gasto de un país sobre su capacidad de oferta. Fruto de este desequilibrio es un aumento en el nivel general de precios, de carácter irreversible y autosostenido.Conviene distinguir, a la vista de la definición adoptada, entre la enfermedad (la i.) y su síntoma (el alza de precios), ya que éste puede presentarse también en otros desequilibrios, que no tienen las mismas causas, efectos y soluciones que la i. Tal ocurre, p. ej., con la "i. de costes", fenómeno de naturaleza muy distinta a la "i. de demanda" o tradicional, que, sin embargo, estudiaremos también aquí, ya que la mayoría de autores no distingue adecuadamente entre ellas.El alza de precios que genera la i. es un fenómeno general, que afecta a gran parte de la economía y no a un solo sector o grupo de sectores (aunque la subida de algunos precios aislados se refleje en el índice general de los mismos). Es irreversible, lo cual la distingue de las subidas estacionales o cíclicas de los precios; concretamente, la i. no debe confundirse con las fases de récuperación y auge del ciclo económico (v.). Y es autoperpetuada, es decir, lleva consigo las condiciones adecuadas para una posterior subida de precios (aunque ésta no sea, necesariamente, de igual o mayor intensidad o rapidez).2. Clases de inflación. Se llama i. "abierta" a aquella en que las fuerzas desequilibradoras pueden actuar libremente, originando la subida de precios mencionada. Si se establece un control de precios, el desequilibrio básico puede continuar, sin que se refleje externamente en unos precios crecientes: en tal caso, la i. se llama "reprimida". El control aludido puede establecerse voluntariamente por las empresas, o coactivamente por las autoridades; en ambos casos, y dado que la demanda es mayor que la oferta a los precios vigentes, ’el desequilibrio se manifiesta en un aumento de la cartera de pedidos por servir, colas, etc., exigiendo alguna forma de racionamiento de la oferta.La subida de los precios que acompaña a la i. lleva consigo una caída en el poder adquisitivo del dinero. Cuando esta caída es suave (aunque sostenida), la i. se suele llamar "reptante", en tanto que las subidas de precios muy violentas y aceleradas se califican de "hiperinflación" o "i. galopante". Esta última se caracteriza por la "huida del dinero", esto es, por el esfuerzo del público en evitar la tenencia de moneda, debido a la rápida pérdida de valor de la misma. Esta "huida" da lugar a una aceleración del gasto que es, precisamente, lo que agrava la i.3. Inflación de demanda. Al definir la i. quedó de manifiesto que su causa es un exceso de la demanda agregada sobre la capacidad de oferta. No basta que la oferta se reduzca: esto llevará a subidas de precios de una sola vez (por tanto, no a una verdadera i.) que se corregirán cuando la oferta crezca-de nuevo. Tampoco basta que la demanda aumente: el primer efecto de ello será provocar un aumento de la producción, acompañado o no de una subida de precios y sólo cuando se alcance el pleno empleo de los recursos, esto es, cuando la capacidad de oferta llegue a su límite, se traducirán los incrementos de demanda en precios crecientes. No es necesario que todos los factores productivos estén plenamente ocupados para que se produzca verdadera i.: los precios pueden estar subiendo ya anteriormente, debido a rendimientos decrecientes, a incrementos de salarios, etc. (i. "preliminar"), y puede ocurrir que la escasez de algún factor imprescindible impida el aumento de la oferta pese a la disponibilidad de otros factores (i. "por estrangulamiento").El exceso de la demanda sobre la oferta puede analizarse desde el ángulo de la demanda de bienes o desde el de la oferta de dinero, que es su contrapartida.La demanda agregada de la economía está integrada por cuatro macromagnitudes: el consumo (v.), la inversión (v.), el gasto público y el superávit frente al extranjero (v. BALANZA DE PAGOS). Como sea que no tiene objeto intentar hallar un "culpable" de la i., no importa cuál de dichos componentes ha aumentado hasta hacer el gasto total superior a la capacidad de oferta; lo relevante es que su suma excede a la cantidad de bienes disponibles. Frente a los cuatro componentes de la demanda global, señalados antes, está la producción, que se puede identificar con la oferta, ya que las importaciones (que son oferta pero no producción del país) aparecen, negativamente, en el saldo exterior incluido en la demanda, y las variaciones de stocks (que son producción, aunque no vendida) constituyen también, macroeconómicamente, una inversión (positiva o negativa) y como tal figuran en la demanda global. La producción coincide, en este esquema, con la renta creada en el país (v. RENTA NACIONAL), la cual se dedica al consumo, al ahorro (v.) y al pago de impuestos (v.) directos. Si la renta no aumenta, una elevación de las dos últimas partidas tendrá que hacerse a costa del consumo, reduciendo la demanda global, a menos que crezcan sus otros componentes (inversión, gasto público o saldo de la balanza de pagos). Así, pues, el equilibrio entre la demanda y la oferta en el país exige que la cantidad detraída del consumo, en forma de ahorro e impuestos, vuelva al gasto en forma de inversión, gasto público o excedente de la balanza exterior. Por tanto, la igualdad entre la oferta global y la demanda, o, lo que viene a ser lo mismo entre Ahorro+ Impuestos, de un lado, e Inversión+Gasto Público+Saldo de la Balanza de Pagos, de otro, es condición necesaria para el equilibrio, de forma que un exceso de los segundos sobre los primeros señala, cuando los recursos están plenamente ocupados, la existencia de i., y de deflación (v.) en el caso contrario.A la diferencia entre demanda y oferta agregadas se llama "brecha" o "bache inflacionista", si es positiva, y "deflacionista" si es mayor la oferta. El volumen de la brecha medirá la cuantía del desequilibrio en que consiste la i., aun cuando no se ha comprobado que la velocidad de subida de los precios dependa del tamaño de la brecha. La política antiinflacionista está dirigida, precisamente, a su eliminación, actuando, para ello, sobre todos o algunos de los componentes de la demanda. Nótese que no basta un aumento de la producción para eliminar la i., ya que esa producción, a la par que eleva la oferta, supone también la creación de rentas nuevas (salarios, intereses, beneficios, etc.) que incrementan la demanda. Por lo mismo, la subida de precios no elimina la brecha, ya que, aun cuando obliga a pagar más para comprar la misma cantidad de bienes, incrementa la renta de los que reciben esos precios mayores y, con ello, vuelve a abrir la brecha.Existen ciertas fuerzas que empujan al cierre de la brecha, por sí solas, aun cuando actúan lentamente. De este tipo son los impuestos progresivos (cuyos tipos aumentan al aumentar el volumen de renta nominal que se grava), las importaciones (también incrementadas al subir los precios nacionales), etc.Paralelamente al exceso de demanda que da lugar a la i., se debe considerar su aspecto monetario. No es posible un incremento del gasto total del país sin un aumento en la cantidad de dinero (oferta monetaria) a su disposición o un aumento en la velocidad de circulación del dinero (esto es, una menor demanda de liquidez por parte del público). Este aumento de la oferta de medios de pago respecto de su demanda se canalizará hacia el consumo, la inversión, el gasto público o el saldo con el exterior, de forma que las interpretaciones monetarias y de demanda de la i. son paralelas y complementarias. Nótese, sin embargo, que cabe que un aumento en la oferta monetaria se vea compensado por un aumento de la cantidad de dinero que el público desea retener en su poder, esto es, por una menor velocidad de circulación del mismo. Dejando aparte este caso, la i. exige siempre un aumento de liquidez que la financie. Este aumento puede ser anterior o posterior; causa, efecto o factor permisivo de la i., pero debe estar siempre presente. Será causa, p. ej., cuando el Banco central financie el gasto público directamente, por encima de la capacidad de oferta; será factor permisivo, en cierto modo, cuando el sistema bancario conceda préstamos a particulares para que paguen unos impuestos más elevados con los que financiar un gasto público mayor.En todo caso, si la cantidad de dinero no aumenta, se puede producir una subida de precios temporal, pero no autocontinuada, ya que esa misma subida de precios llevará consigo una reducción del valor real de la masa monetaria del país, abortando así las posibilidades de una verdadera i. (elevación de precios autocontinuados) por falta de financiación, debido a las presiones sobre la demanda agregada que la menor liquidez real implicará.Las explicaciones monetarias modernas de la i. ponen énfasis en la trasmisión de ésta de unos sectores a otros. Se supone que los sujetos desean mantener cierta distribución de su riqueza entre diversos bienes (incluyendo el dinero), que constituyen su cartera. En esta distribución influyen los precios de dichos bienes y, consiguientemente, su rentabilidad. Un aumento en la cantidad de dinero provocará una rotura de ese equilibrio, haciendo que el público aumente las compras de otros bienes; sin embargo, al hacerlo sus precios suben, y, por tanto, sus rentabilidades bajan. Esto altera de nuevo el equilibrio de la cartera, y hace que el público proceda a vender parte de ellos, para adquirir otros bienes. Mediante este proceso, que en la práctica no va por secuencias sino simultáneamente, un aumento en la cantidad de dinero poseída se transforma en una mayor demanda de valores de renta fija y variable, de terrenos, de bienes de consumo, etc., extendiendo su efecto a todos los sectores e industrias, aunque con velocidades e intensidades muy variables.4. Inflación de costes. La existencia de una i. puede manifestarse a los ojos de un empresario a través de un aumento de la demanda de sus productos, pero también a través de unos costes más elevados, fruto de la subida de precios en los sectores que le abastecen. Sin embargo, no por ello se debe calificar a la i. así identificada "de costes". Llamaremos así a aquella que tiene su causa en una elevación autónoma (esto es, no motivada por un aumento previo de la demanda) de los costes. Los casos más típicos suelen ser la subida de precios debida a aumentos autónomos de salarios (elevación del salario mínimo legal; incrementos de remuneraciones en convenios colectivos, etc.), la elevación del margen de beneficios debida al disfrute de un mayor poder de monopolio por parte de algunas empresas, y los costes mayores de las primeras materias de importación.Nótese bien que exigimos que la variación de los costes sea autónoma. En efecto: los salarios pueden subir como consecuencia no de una mayor presión sindical autónoma, sino como fruto de un aumento de la demanda de trabajo, que acompaña al aumento en la demanda de bienes a que hemos aludido anteriormente. Igualmente, los beneficios pueden crecer no como consecuencia de un aumento en el poder monopolístico de una empresa, sino debido a unos precios más altos, fruto de una i. de demanda, con los costes siguiendo a los precios con retraso o en menor cuantía. Debe quedar claro, pues, que el aumento de los costes no es síntoma de i. de costes, ya que, en definitiva, lo que es coste para una empresa es precio de venta para otra (o para un obrero, por su trabajo). Y, debido a la diferente velocidad de reacción de las distintas variables, tampoco sirve como criterio el que los costes se adelanten a los precios o crezcan en mayor cuantía. Si los salarios se elevan autónomamente, los precios pueden no subir cuando, p. ej., otros componentes de los mismos (como los beneficios) se contraen. Pero aun cuando los precios se eleven, la situación no permanece invariada: existe un desfase entre la subida de los costes y la de los ingresos de las empresas, que les impone una carga financiera temporal. Pero, además, cuando la subida de costes es suficientemente general, los precios crecerán también en muchos sectores, y reducirán el poder adquisitivo del dinero. Con la misma masa monetaria atendiendo a un volumen de operaciones mayor (debido a los precios más elevados), los costes financieros se incrementarán, frenando la inversión y poniendo a las empresas en dificultades monetarias que, tarde o temprano, les llevarán a reducciones de producción y empleo.Se deduce de lo dicho que la verdadera i. de costes lleva consigo una reducción de la producción y el empleo (a menos que tenga lugar una redistribución de las rentas). Esto la diferencia notablemente de la i. de demanda, en que la euforia de los negocios suele aparecer como síntoma. La eliminación de ese paro puede intentarse a través de una política monetaria y fiscal expansionista (en definitiva, de un aumento en la cantidad de dinero). Como se dijo antes, los precios más altos, si no se financian con más oferta monetaria, llevan consigo la fuerza que los frena, a saber, el paro y la reducción de la producción y la renta. Se trata, pues, de una subida de precios de una sola vez, sin aumento de demanda, que sólo se podrá transformar en verdadera i. cuando aumente la cantidad de dinero, por lo cual podemos calificar con toda propiedad a la i. como fenómeno monetario, en cuanto que no se dan verdaderas subidas de precios irreversibles, autosostenidas y generales sin un aumento en la cantidad de medios de pago en circulación.La llamada i. de costes, por tanto, en sus diversas modalidades (de salarios, de precios administrados o de monopolio, etc.), puede ser ocasión para desatar una verdadera i., obligando al Gobierno a aumentar la oferta monetaria para evitar los problemas económicos y sociales que aquélla lleva consigo (paro, reducción de la producción, etc.).5. Inflación estructural. Se llama así a una pretendida forma de i. propia de los países subdesarrollados (principalmente de Hispanoamérica), cuya causa se atribuye a desequilibrios estructurales. La postura de los "estructuralistas" viene a suponer que la i. tiene su origen, su continuación y su agravación en causas no monetarias o coyunturales, sino ligadas a la estructura socioeconómica de aquellos países. Así, p. ej., una agricultura retardada hará que la mayor demanda de primeras materias y alimentos no se vea satisfecha, forzando a elevaciones de precios. Otro tanto ocurrirá si la red de transportes es insuficiente, si hay una carencia crónica de divisas, etc.Frente a la tesis "estructuralista", los "monetaristas" consideran que la i. tiene siempre como causa un fenómeno monetario (en el ejemplo anterior, el aumento de la cantidad dinero que provocó la mayor demanda de alimentos y primeras materias agrícolas), actuando los desequilibrios estructurales como agravantes de la i. Es más, en tanto que los estructuralistas consideran que la i. es un mal menor del desarrollo económico, y aun necesario para él, los monetaristas la ven como un freno al crecimiento, y atribuyen los desequilibrios estructurales, precisamente, a la inadecuada solución de i. anteriores: p. ej., el establecimiento de controles de precios de los productos básicos para paliar una i., desvió los recursos productivos hacia sectores menos fundamentales pero de precios libres y, por tanto, más rentables, originando los desequilibrios estructurales que afectan a esos países.6. Efectos de la inflación. En cuanto que supone una baja en el poder adquisitivo de la moneda, la i. perjudica a todos los que han de recibir cantidades fijas en dinero. La renta de los perceptores de pensiones, intereses, etc., se verá, por tanto, mermada, mientras que quienes reciben dividendos de acciones verán aumentar éstos, probablemente, a un ritmo similar al del coste de la vida. Que los salarios suban o no a la par con los precios dependerá básicamente de si los obreros pueden prever la i. (lo cual no será ajeno, en buena parte, a la experiencia de estabilidad o de i. en el país), y de si saben y pueden defenderse de ella. Los beneficios subirán más aprisa o más despacio que los precios, según sea el comportamiento de los costes, principalmente de los salarios.También la riqueza se ve afectada por la i. El dinero, la deuda pública, los obligaciones y, en general, los bienes que tienen un rendimiento fijo en dinero, verán descender su valor real con la i., en tanto que las acciones, los bienes físicos, etc., lo mantendrán más o menos igual, esto es, verán aumentado su valor nominal con el coste de la vida. Los deudores se beneficiarán, pues tendrán que devolver en el futuro una cantidad dada en dinero cuyo valor va descendiendo; simétricamente, los acreedores son perjudicados. De todo lo dicho se puede inferir cómo afecta la i. a diversos grupos de personas, de acuerdo con sus fuentes de renta y la colocación de su riqueza.Según que los precios se adelanten o no a los salarios, la i. beneficiará o no a los empresarios y, por tanto, será un aliciente o un freno a la inversión y a la producción. Hay que tener también presente que la i. modifica el valor de las partidas del balance de una empresa, y que, si se calcula la amortización de la maquinaria y el equipo sobre los costes de adquisición, y no sobre los de reposición (más elevados), se corre el riesgo de su descapitalización.Un último efecto de la i., muy importante, es que perjudica a la exportación (porque eleva los costes, reduciendo la capacidad competitiva del país frente al exterior, y porque incrementa la demanda interna) y favorece la importación, de lo cual puede derivarse un empeoramiento de la balanza de pagos.Acerca de las medidas correctoras de la i., v. ESTABILIZACIÓN; FISCAL, POLÍTICA.V. t.: CICLO ECONÓMICO;COYUNTURA;CRÉDITO I;DEFLACIÓN; EMPLEO Y DESEMPLEO I; GASTO; IMPUESTO 1; INVERSIÓN; KEYNES, JOHN MAYNARD; LIQUIDEZ; MONEDA; PODER ADQUISITIVO; PRECIO; SALARIO I; WICKSELL, KNUT.ANTONIO ARGANDOÑA.
BIBL.: D. C. HAGUE (ed.), Inflation, Nueva York 1962; R. PERLMAN (ed.), Inflation: Demand-Pulí or Cost-Push?, Boston 1965; COMMISSION oN MONEY AND CREDIT, Inflation, Growth and Employment, Englewood Cliffs 1964; v. t. el número monográfico de "Información Comercial Española", agosto-septiembre 1966.Diversos aspectos de la i. de demanda en: M. FRIEDMAN, Inflation, Causes and Consequences, Bombay 1963; 1. M. KEYNES, How to Pay for the War, Londres 1940; R. F. HARROD, Política antiinflacionista, Madrid 1961; K. WICKSELL, Interest and Prices, Nueva York 1965; B. HANSEN, A Study in the Theory of Inflation, Nueva York 1951. Sobre la inflación de costes H. AujAc, Inflation as the Monetary Consequence of the Behaviour of Social Groups, "Int. Economic Papers", 4; 1. D. PITCHFORD, Inflación de coste e inflación de demanda, Barcelona 1968; L. G. REYNOLDS, Wage-Push and All That, "American Economic Rev., Papers and Proceedings" L (mayo 1960); A. ARGANDOÑA, Una revisión del conflicto entre estabilidad de precios y pleno empleo, "De economía" 109 (diciembre 1969). Sobre la i. de costes debida a precios administrados: G. ACKLEY, Teoría macroeconómica, México 1964, cap. 16; C. L. SCHULTZE, Recent Inflation in the United States, en R. E. PERLMAN, o. c. Sobre aspectos concretos: M. FRIEDMAN, The Role of Monetary Policy, "American Economic Rev." LVIII (marzo 1968). Obras generales: A. 1. HAGGER, The Theory of Inflation, Melbourne 1964; R. 1. BALL, Inflación y teoría monetaria, Madrid 1964; W. L. THORP y R. E. QUANDT, The New Inflation, Nueva York 1959; M. BRONFENBRENNER y F. D. HOLZMAN, Survey of Inflation Theory, "American Economic Rev." LIV (septiembre 1964); K. K. F. ZAWADZKI, The Economcs of Inflationary Processes, Nueva York 1965; T. WILSON, Inflation, Oxford 1961; P. A. SAMUELSON y R. M. SOLOw, Analytical Aspects of AntiInflation Policy, "American Economic Rev., Papers and Proceedings" L (mayo 1960).
Guarda este contenido en tu perfil
Inicia sesión o crea tu cuenta para guardarlo.