Indumentaria
Categoria:
Cultura
Todavía se discute si el hombre empezó a vestirse para abrigarse, por pudor, con intenciones mágicas o para embellecerse. Lo probable es que estos motivos actuasen en conjunto. Los pueblos se distinguen por sus trajes, así como las clases sociales y aun oficios dentro de un mismo pueblo. El primer modo de cubrirse ha sido las pieles de animales sujetas con tiras de cuero.En la Antigüedad. En Egipto todos vestían una falda, más larga la de las mujeres, y se adornaban con collares y brazaletes; al prolongar subirse la falda hasta los hombros, crearon la túnica; calzaban sandalias y se tocaban con telas de algodón; las túnicas pasan a Asia, donde se alternan con los mantos. Con estas dos prendas se vistió la Antigüedad clásica, que utilizaba el drapeado, cambiando según la época. El traje era un trozo de tela rectangular; tejido de diversos tamaños, sin diferencia entre los sexos.Los griegos eran fieles a formas sencillas y naturales; sólo a partir del s. v impera una pasión de lujo y decaen las formas bellas. Los romanos buscan la variedad y la riqueza. Invasores de Asia introducen el capuchón, galones y el gorro llamado frigio, de Anatolia. Roma, con su expansión guerrera y comercial, trasmite su vestir a Occidente. Los guerreros griegos usaban el casco con una gran visera, que protegía la cabeza totalmente; las corazas son varias, sin modificación importante hasta los romanos, que las completan cubriendo todo el cuerpo, como hacían los gladiadores; usaban también trajes formados por láminas metálicas, o por escamas, como la loriga.El traje bizantino conserva de los clásicos el drapeado y recibe influencia del Próximo Oriente en colorido y suntuosidad. Es común a los dos sexos la camisa o túnica interior, la dalmática o túnica superior con mangas abiertas o cerradas, el calobe sin mangas llevado por los aldeanos, y el pallium rectangular y la casula circular usados como abrigos. Durante los primeros siglos de la Era cristiana domina el traje romano, largo para las clases elevadas y corto para pueblo y soldados.En la Edad Media. Con la expansión de Bizancio y del cristianismo se alarga el traje, identificándose con el de los evangelizadores. En la Europa de los s. ix al xi, ni la creación del Imperio carolingio ni la refinada civilización árabe en España han proporcionado evoluciones importantes. Las Cruzadas y un progreso de la economía y las técnicas desde fines del s. xii señalan nuevas formas de vida; la fe común crea un traje impersonal, largo y amplio. Antes de las Cruzadas, la tendencia oriental viene a través de España por los musulmanes y de Sicilia con los caballeros normandos. El camino de Santiago (v.) pone en contacto a los pueblos de Europa occidental que buscan tejidos de influencia árabe. Como prendas esenciales del s. xiti, la cota, túnica ajustada hasta la cintura y desde aquí más floja, tiene mangas sueltas ajustadas, debajo otra sin mangas, muy larga en las mujeres. Los hombres usaban cotas bajo la armadura, que a fin del xiv se incorporan al traje civil. A mitad de siglo se hacen botines con suela, siguen usándose abarcas de cuero, y zuecos o galochas de madera para proteger el calzado fino.En la Edad Moderna. El abandono de trajes largos y sueltos es el primer paso al traje actual. Este cambio, que parte de Cataluña, se acusa en Italia, Francia y Alemania. El concepto de lo bello torna fuerza; aparece en Italia lo que podemos considerar como dibujantes de la moda, que no copian lo que se viste, sino que pintan lo que ellos consideran que debe vestirse; aceptan el traje abierto por delante venido de Oriente. Desde España, algunos aspectos pasarán a Europa; desde comienzos del s. xv, las mujeres gustan de silueta ajustada, con talle y caderas marcadas, y grandes mangas perdidas. La moda se caracteriza por el verdugo nacido en Castilla hacia 1470; es un armazón de círculos rígidos que se agrandan desde la cintura al suelo para sostener las faldas. En el hombre el traje se hace corto y ajustado, lo que obliga a alargar los calcetines y convertirlos en calzas.En el s. xv, con la armadura gótica se llega a la más perfeccionada de las armaduras de placas; las mejores eran las alemanas, con gran número de piezas: celada, gorguera, coraza, guardabrazos, braxales, guijotes, rodilleras, grebas y escarpes. Si en el s. XIII domina la moda italiana, en los s. xv y xvt la española, caracterizada por la sobriedad y una elegancia austera. Los tejidos son ricos, de tonos oscuros. Las leyes suntuarias españolas limitan los bordados en oro y plata. El cuerpo se hace rígido y oprime el pecho; el verdugo en forma de cono hace el talle fino. Esta figura, formada por dos troncos de cono, delata las preocupaciones morales de la Contrarreforma. A mitad de siglo está en auge la gorguera, cuello amplísimo de algodón con puntas de encaje. En el traje del hombre destacan los acuchillados, que en el siglo anterior habían utilizado los militares suizos; la sobriedad española los hace más pequeños, siendo totalmente suprimidos por las Cortes de Valladolid en 1548. Las capas se hacen más cortas, necesidad impuesta por el uso de la espada, alternándose el balandrán, capa y capote, estas dos con el capuchón característicos de España. Hacia 1570 la tela del calzado se sustituye por el cuero en todas las clases sociales de Europa. Francia recibe influencia italiana con ricos tejidos de terciopelo y oro e influencia española por la sobriedad y rigidez en la mujer, con sus verdugados y golillas cada vez más exageradas. Se cambia la zamarra por la capa española.Las armaduras (v.) se perfeccionan en el s. xvi. El cambio más acusado es la prolongación del peto en la parte inferior. Durante este siglo y el siguiente los torneos y justas dan gran importancia a la armadura. Se añaden dos piezas importantes: la tarja y el ristre. En el s. xvii las prendas son las mismas, pero más adornadas y ampulosas; la gorguera es tan enorme que precisa alargar el mango de las cucharas, y esta misma exageración la hace decaer en favor de la pequeña y tiesa golilla, que resiste la penetración de la moda francesa. El hombre, según avanza el siglo, se viste de manera más sencilla a base de jubón ,largo, calzón y ferreruelo con cuello, todo ello preferentemente negro. Las damas de la Corte cambian el verdugado cónico por el guardainfante’, armazón que abulta por los costados. En Francia, este ahuecador es más redondo y sobre él va la falda con mucho vuelo. El cuerpo se adorna por delante con encajes. Los nobles, para mantener su prestigio, necesitan cambiar de trajes y adornarlos con cintas, encajes y espejos. Desde 1650 los largos calzones, con abundantes pliegues, parecen faldas; un cuerpo muy corto dejaba ver la camisa; tan extravagante indumentaria- imperó en Francia, Alemania e Inglaterra. El resto de Europa lo lleva de modo disimulado y en España ni se conoce. Con Luis XIV se acaban los colores claros y los lazos flotantes; los encajes se limitan al cuello y a las bocamangas, y las plumas al sombrero. Las mujeres, a finales de siglo, llevan trajes ligeros que anuncian las modas venideras.En Inglaterra, la moda de la corte era francesa, pero con mayor lujo y gusto por las telas pesadas; la clase media es más austera, austeridad impuesta a todos por Cromwell, lo que hace que su vestir esté muy cerca del de Holanda. Luis XIV y su corte vestían trajes exagerados, de tonos claros, enormes calzones y cintas y encajes flotantes, calzados de ala de molino y bucles sobre los hombros. En contraste, Felipe IV y su corte vestían calzón y ferreruelo negro, y llevaban una sencilla melena.En el s. xvilt domina la moda francesa. La evolución de la vestimenta se acelera con las revistas dedicadas a la indumentaria. El traje femenino camina hacia lo cómodo; al copiar todos a París se universaliza y olvida las clases sociales. Algo nuevo es el gusto por las telas de algodón. A principios de siglo se usan más trajes sueltos con pliegues a la espalda que caen desde el escote, que después se ha llamado a lo Watteau, sin que el célebre pintor interviniese en su creación. Las faldas más ahuecadas hacia los lados están generalmente abiertas por delante. Este miriñaque deja de ser redondo, se aplasta por delante y al fin se separa en dos partes. Las mangas hasta el codo se rematan con volantes, que a veces son de encaje. Las casacas amplias y rectas hasta las rodillas son molestas para montar, por eso van acortándose los delanteros. A fines de siglo, hacen furor los trajes enteros, sujetos a la cintura por una cinta.En España se introducen las modas francesas. Las telas son más ligeras, de tonos vivos y, a fin de siglo, las faldas son ya más cortas. Los trajes de los hombres son más ajustados; los aldeanos llevan faja a la cintura, si bien en realidad no podemos hablar de un traje único en España, pues es el momento de formación de los trajes regionales.En la Edad Contemporánea. Desde 1789 a 1915 Francia impone sus modas en Europa, mientras que Inglaterra lleva las suyas a otras partes del mundo, gracias a su dominio del mar. Al principio de la Revolución francesa, la moda quiere reflejar su libertad en una gran simplicidad. Hasta 1792 no hay grandes cambios de forma, sino de adornos y accesorios. Los hombres adoptan el frac de cuello alto con contrastes entre frac y calzón, en lo que manifiestan su diferente condición política. Las mujeres sustituyen el miriñaque por trajes sencillos con cinturón. Al caer la monarquía hay una variación sensible en la i. de los hombres, pues aparecen los sans culotte entre el pueblo, es decir, visten pantalón de lana y gorro rojo. Sin embargo, los hombres de categoría, aun los más revolucionarios, se vestían al modo tradicional. Con el Consulado e Imperio, se utilizan detalles de las modas clásicas, como, p. ej., las sandalias y se deja sentir la influencia de la campaña de Egipto por Napoleón. En Inglaterra las mujeres siguen la moda francesa; los hombres visten con sobriedad trajes bien cortados, de tonos oscuros, chalecos abotonados, pantalones ajustados al tobillo y sombrero de castor. En España la reina María Luisa se hace traer los trajes de París. La nobleza usa prendas muy españolas, como la mantilla las damas y la capa los hombres. En el periodo romántico el talle es de avispa, las faldas se acampanan y las mangas son muy abultadas, lo que impide vestir abrigo; se dan preferencia a los mantones y chales, como el de Cachemire, empleado en toda Europa, que en España arraiga de tal modo que se hace castizamente madrileño y lo mismo ocurre con el mantón llamado de Manila, empleado en los trajes de fiesta en muchas regiones.A mitad del s. xlx, época isabelina, llevan amplias faldas con volantes y mangas que también rematan en uno o más volantes, de ricos tejidos de seda. Visten un ahuecador en redondo a base de crinolina. El traje de hombre con su frac levita o paletó, pantalón en vez de calzón y chaleco, varía en colores y complementos, como las corbatas y sombreros. En esta época se implanta el concepto moderno de lanzar y escoger los trajes. Worth, inglés, se instala en París, donde presenta los modelos vestidos por jóvenes. En las casas de moda y en los figurines se pueden seguir las evoluciones del polisón y talle de avispa y la implantación, por Inglaterra, del traje sastre.Como rasgos generales de la i. contemporánea tal vez puedan señalarse: una clara tendencia a la funcionalidad, no ajena, sin embargo, de un gusto por la vistosidad. especialmente en el traje femenino; difusión universal de la moda, con la consiguiente disminución de los trajes regionales y una cierta standarización en el vestir; influencia de la producción industrial sobre la moda. lo que contribuye a reforzar los rasgos anteriores.La indumentaria en Iberoamérica. Por su origen, con influencia hispana esencialmente y por su gran extensión, no podemos señalar un traje; ahora bien, puede afirmarse que es bastante común el de pollera amplia; siguen empleando el nombre antiguo para las faldas, y blusa blanca, floja, con algunos volantes más o menos calados o bordados en Panamá, Colombia, Bolivia, Chile, República Dominicana y algunos de Perú y México. Se adornan con gran cantidad de collares, pendientes, peinecillos y agujones en el pelo. En los mismos países, en el altiplano y zonas andinas, usan trajes de paño y bayetas fuertes, de colores vivos, con chalecos y chaquetillas a juego. Se tocan con sombreros planos adornados como el traje o sombreros no flexibles y de copa redondeada. El sombrero les es necesario, tanto para librarse del frío como del calor. y por eso los de fibras más o menos ricas, desde el llamado jipi al de hoja de palmera, son muy variados. El hombre presenta dos tipos esenciales; en los países cálidos llevan un pantalón semilargo flojo de tejido ligero. Los jinetes, ya sea el charro mexicano, el huaso chileno, el gaucho argentino, u otros, llevan bombachos flojos, polainas, blusa blanca y chaquetilla, todo ello adornado con bordados, o incrustaciones de plata, compitiendo en riqueza y, a veces, en extravagancia. Interesantes son las espuelas, especialmente las muy grandes del huaso chileno que a veces son de plata. Como abrigo lo más general es el poncho.V. t.: VESTIDO: MODA.N. DE HOYOS SANCHO.
BIBL.: M. VON BOEHM, La Moda, Barcelona 1928-29; F. BouCHER, Histoire du costume en Occident de l’Antiquité á nos jours, París 1965.
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