Imperialismo POLÍTICA
Categoria:
Política
Origen y noción. Como otros tantos términos de las Ciencias politicosociales, la voz imperialismo es de formación relativamente reciente. Su uso no se remonta más allá de la primera mitad del s. xix; apareció en Francia durante la Monarquía de julio, 1830-40, en donde el término impérialisme significaba tanto como bonapartismo. Durante Napoleón III, i. designó la forma de gobierno que éste implantó en Francia; pero fue en Inglaterra en donde el término comenzó a ser utilizado en los años 70 del pasado siglo con una acepción que marca el uso actual que de él se hace. La voz imperialism se utilizó allí como autodesignación de los partidarios del Imperio británico frente a las tendencias del liberalismo manchesteriano. A partir de entonces, i. equivale a política expansiva de los Estados que intentan someter de una u otra forma a pueblos extranjeros o colocar bajo su control a esos territorios.Desde 1902, con la publicación del estudio de Hobson (v. bibl.) y sobre todo después de Lenin (El imperialismo como última fase del capitalismo, voz. XXII de la ed. alemana de sus Obras completas, 189-309) el término se ha cargado de un acento polémico que, consecuentemente, le ha llenado de gran imprecisión. El Diccionario de Ciencias sociales preparado bajo los auspicios de la UNESCO recoge hasta cinco acepciones del término. Imperialismo -se dice en él- es en la actualidad una palabra desacreditada y un término del que se ha abusado. A duras penas podríamos encontrar alguien que se califique a sí mismo de imperialista.La crítica al imperialisr_Io suele formularse hoy desde tres ángulos: a) Desde una perspectiva demoliberal, con base nacionalista; el i. es el contrapunto y la negacióndel principio de autodeterminación de los pueblos. b) Para el marxismo, sobre todo después de Lenin, el i. es una fase necesaria por la que tiene que pasar el capitalismo; y, en concreto, la última que éste alcanza antes de ser eliminado por la revolución del proletariado. c) Para el anticolonialismo de los nuevos Estados, el i. es causa del subdesarrollo y origen de todos los males que sufren los antiguos territorios coloniales.Fenomenología. Desde la aparición del libro de Hobson, no han cesado historiadores, políticos, sociólogos y juristas de preguntarse por el origen y las causas del i.; tal indagación está lejos de poder considerarse hoy como cancelada.Hobson intenta dar una interpretación económica a este fenómeno. Para este autor, una de las causas principales del i. radicó en el deficiente reparto de la riqueza interna en las metrópolis, lo que posibilitó a los grandes magnates de la industria realizar inversiones en el exterior. La expansión imperialista, pues, no ha beneficiado a las naciones en su conjunto, sino solamente a aquellos grupos financieros que controlan los órganos del Estado y los canales de la administración, así como también determinadas actividades o empresas, p. ej.: industria de armamentos, navieras, o a concretos grupos de funcionarios o clases aristocráticas que aparecen como grandes propietarios latifundistas en los territorios coloniales.En la línea de una interpretación económica -radicalizada y de acuerdo con sus principios teoréticos y, por tanto, postulando una interpretación monocausal- se sitúa el marxismo. Marx no tuvo en cuenta el dato de las relaciones entre los países industrializados y los países o territorios subdesarrollados. Fueron los teóricos marxistas posteriores como Kautsky, Otto Bauer, Hilferding, Rosa Luxemburg y sobre todo Lenin, quienes se preocuparon de dar una explicación económica marxista al fenómeno del imperialismo.Para Lenin, la 1 Guerra mundial no era sino una lucha entre países imperialistas por una nueva repartición del mundo y que habría de llevar a la autodestrucción al sistema capitalista. En contraposición a la tesis de Hobson, que vio una solución al i. en la reforma económica y social interna en cada Estado, Lenin lo concibe como un estadio final de la evolución del capitalismo. Las mismas leyes del sistema capitalista llevarían, según él, a una concentración del capital, creando los grandes monopolios y trusts, eliminando la concurrencia de las pequeñas y medianas empresas, sobre todo a través de los Bancos, y de esta conexión entre la Banca y la gran industria surgiría una oligarquía poco numerosa, de grandes y poderosos Estados que subyugarían a los pequeños y débiles. Es ese capitalismo bancario, en su estadio final, el que, según Lenin, se repartiría el mundo en distintas esferas de inversión. Esta interpretación adolece del reduccionismo propio de la filosofía marxista y no tiene en cuenta otros muchos factores. No se olvide además que el propio comunismo ha evolucionado hacia un i. soviético.Fuera de la interpretación marxista, existe hoy una tendencia general a otorgar a los factores económicos una significación mucho mayor de la que se le dio con anterioridad en la interpretación del fenómeno llamado imperialismo. George W. F. Hallgarten ha intentado, en un trabajo fundamental, probar la influencia ejercida por la Banca y la industria en la política exterior de los grandes Estados en los decenios que precedieron a la 1 Guerra mundial. Entre los tratadistas no marxistas es hoy común rechazar una interpretación económica monocausal de este fenómeno. En cierto sentido, pues, se da una vuelta hacia la teoría política clásica del i., en la que el agente causal de los conflictos y expansiones imperialistas hay que verlo en la política de poder de los Estados.A la tesis de Schumpeter (v. bibl.) retornan de una u otra forma todos los que intentan ver en el i. de las democracias un fenómeno de atavismo, un fondo residual de estructuras feudales predemocráticas. Recientemente, Landes ha intentado la interpretación del i. como un fenómeno de poder que trasciende circunstancias de tiempo y lugar. El i. se da allí donde grupos humanos diversos, con poder desigual, entran en relación, produciéndose el sometimiento de unos a los otros. Poder aquí no es sólo el poder político estatal en sentido clásico, sino el poder en general que se da cuando los niveles económicos, tecnológicos, culturales y de organización de las respectivas sociedades son muy discrepantes.Imperialismo y relaciones internacionales. El i. en cuanto fenómeno de sometimiento y fuerza es sólo posible por las deficiencias e imperfecciones en el grado de organización de la comunidad internacional. Sociedad ésta en la que se dan enormes diferencias en el grado de desarrollo de los distintos Estados que la integran, sin que el sistema organizativo tenga los correctivos estructurales necesarios que las palíen y neutralicen. En este sentido, i. y colonialismo (v.) son fenómenos coincidentes, aunque no toda actitud imperialista haya desembocado necesariamente en un cauce colonialista.Como fenómeno histórico concreto, es difícil, desde una base de enjuiciamiento objetivo, proceder a una condena global del mismo. Frente a aspectos muy negativos de éste, cabe, en justa valoración, señalar algunos otros que no lo son tanto. Vayan por vía de ejemplo las consideraciones que siguen.Una de las mayores perturbaciones producidas en las culturas aborígenes por el contacto con ellas de la cultura europea occidental ha sido la imposición de formas que en realidad eran cuerpos extraños en esas culturas autóctonas; llegando a veces hasta su misma destrucción. Sin embargo, curiosamente, los nuevos Estados, a pesar de su tendencia general en acentuar esos valores autóctonos, no han sentido muchos deseos de eliminar los trasplantes culturales de los países colonizadores. Más aún, conocidamente, la colonización británica, en contraste con la francesa, fue más respetuosa con los poderes y autonomías locales; el sistema francés fue más centralizador y asimilacionista; en teoría, por tanto, la primera actitud es "menos imperialista" que la segunda. Mas, curiosamente, el sistema inglés ha probado ser menos progresivo y, en última instancia, menos eficaz que el francés.De otro lado, la explicación monocausal económica, dentro de sus méritos, olvida en su unilateralidad un dato de gran importancia. Todo proceso de industrialización desencadena un dinamismo en las fuerzas sociales del país que ha iniciado esa vía; se da en él, pues, frente a las estructuras precapitalistas, un efecto liberalizador, en contra de las previsiones de Lenin.En el mundo presente puede comprobarse el juego de dos fuerzas antagónicas en el que la una se presenta como correctivo de la otra. La soberanía política de los nuevos Estados no es capaz de asegurar hoy -como la crítica liberal y sócialista al i. de finales del pasado siglo y principios del presente presuponía- el bienestar a todos sus ciudadanos. El fraccionamiento territorial de esos Estados políticamente independientes impide la creación de grandes mercados, que son los únicos que en las condiciones tecnológicas actuales pueden garantizar una adecuada rentabilidad. La solución al i. parece apuntarse en la hora actual por la vía de las integraciones supranacionales, pasando por las soberanías nacionales. Ello exige, de todas formas, un grado de institucionalización en la vida internacional que, aun cuando ya se divisa en el horizonte, aparece todavía como muy lejano (v. COOPERACIÓN ECONÓMICA INTERNACIONAL; ONU; etc.).J. PUENTE EGIDO.
BIBL.: H. DESCHAMPS, Les méthodes et les doctrines coloniales de la France du XVIe siécle á nos jours, París 1953; F. FISCHER, Griff nach der Weltmacht, 3 ed. Düsseldorf 1964; G. W. F. HALLGARTEN, Imperialismus vor 1914, 2 ed. Munich 1964; J. A. HOBSON, Imperialism. A Study, 4 ed. Londres 1948; J. FREYMOND, Lénine et 1’impérialisme, Lausana 1951; W. L. LANGER, The Diplomacy of Imperialism, 1890-1902, Nueva York 1935; W. SCHULZBACH, Imperialismus und Nationalbewusstsein, Francfort 1959; J. SCHUMPETER, Zur Soziologie der Imperialismen, en Archiv für Sozialwissenschaft und Sozialpolitik, vol. 46, 1918-19; íD, Imperialismo. Clases sociales, Madrid 1965; E. M. WINSLOw, The Pattern of Imperialismus. A Study in the theories of powers, Nueva York 1948; H. U. WEHLER Y OTROS, Imperialismus, Colonia-Berlín 1970; R. COSTE, Moral internacional, Barcelona 1967, cap. XVIII-XX (para algunos aspectos morales e históricos del tema en relación con el colonialismo).
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