Illinois GEOG.
Categoria:
Geografía
Estado del Medio Oeste de los EE. UU. situado entre el Misisipí al O, y el Wabash, afluente del Ohio, al E y S. Por el ángulo NE, se asoma al lago Michigan. La capital del Estado es Springfield, ciudad de 89.816 hab., situada muy cerca del pequeño lago del mismo nombre, en el corazón del Estado. Predominantemente llano y de clima templado-continental, I. es uno de los Estados más densamente poblados de la Unión, especialmente en la región septentrional, caracterizada por sus grandes áreas urbanas en torno a la costa del lago Michigan, donde se encuentra Chicago (v.). Sobre una superficie de 146.075 Kmz viven 11.113.976 hab. (1970), con un claro ritmo demográfico de signo progresivo. I. es un Estado típico del Medio Oeste, es decir, eminentemente agrícola, si bien ofrece la particularidad de un fuerte índice de industrialización centrado sobre las áreas urbanas ya citadas. La producción agrícola consiste sobre todo en maíz, soja, avena y plantas forrajeras, cuyo destino es la alimentación de una potentísima ganadería porcina y bovina, que constituye el complemento más notable de la agricultura.I. fue una de las regiones que antes y con mayor intensidad se poblaron. Desde los Grandes Lagos (v.), y concretamente desde Chicago, se ganaba fácilmente el río I., afluente del Misisipí, que dio nombre al territorio, de manera que muy pronto ésta fue la vía preferida por los emigrantes que colonizaron el Medio Oeste. Con el desarrollo del ferrocarril, la función de eje de comunicaciones se incrementó, contribuyendo a la aparición de grandes núcleos de población que posteriormente permitieron el nacimiento de importantes centros industriales, donde se elaboran toda clase de manufacturas: metalúrgicas, textiles, químicas, papel, vehículos, maquinaria agrícola, etc. Poco a poco, la industria ha desplazado a la agricultura en la consecución de la renta regional, al mismo tiempo que se ha producido un cambio muy notable en la estructura demográfica. Algunas ciudades como Rockford (200.000 hab.), Peoria (190.000) y la conurbación de Rock Island (220.000) han tenido un crecimiento rppidísimo a partir de 1945. Todo ello ha sido resultado de la emigración campesina hacia las ciudades a causa de la mecanización creciente de las faenas agrícolas.BIRL.: R. CARTIER, Las 50 Américas, Madrid 1963; Atlas ol Illinois Resources, Urbana 1962; W. HAVIGHURST, The Heartland: Ohio, Indiana, Illinois, Nueva York 1962; T. C. PEASE, The Story ol Illinois, Chicago 1949.A. HIGUERAS ARNAL.IMAGEN DE DIOSAntes de poder hablar de ¡.de Dios parece oportuno determinar lo que se entiende por imagen.Noción. Se entiende por imagen la representación figurada de alguna cosa o persona con la que guarda cierta semejanza. Partiendo de esta definición, podemos recorrer los distintos vocablos que se emplean en la Biblia y que apuntan hacia esta noción. Los más significativos son: démut que quiere decir semejanza y sélem que designa, con una gran variedad de aplicaciones, una "imagen-estatua". Son precisamente estos dos términos los que emplea la Biblia al narrar la creación del hombre en Gen 1,2b.Corrientemente hoy se entiende por i. una representación que depende en todo del original y que carece de sustantividad propia, su función se agota en significar. Para el mundo cultural que refleja la Biblia, en cambio, la i. se entiende más como un doble de la persona, o al menos como una participación o manifestación real (epifanía) de esa persona. Ésta actuaba de alguna manera a través de la i. y actuando sobre su i. se podía adquirir un dominio sobre la persona misma. Se comprende que de este modo fácilmente se derivaba hacia la magia y que las i. podían servir para someter a Dios bajo el dominio del hombre.Función de las imágenes. Pueden servir para la ornamentación de los edificios o para la instrucción y edificación de los hombres. Lo más frecuente cuando se trata de i. de Dios es que sirvan para el culto, pudiendo llegar en ocasiones a ser objeto de adoración (v. IMÁGENES). Se comprende que estas funciones varíen de acuerdo con las distintas nociones que antes vimos. Para quien piense en una i. como una simple representación, le será muy difícil que las tome como objeto de adoración. Sin embargo, para quienes consideren que la i. es un doble, o que participa de alguna manera de la persona representada, le parecerá natural la veneración e incluso la adoración de las imágenes.A la luz de estas nociones es como hay que entender la prohibición de las i. en el A. T. que daría lugar, con el correr del tiempo y en determinadas circunstancias históricas, a la iconoclastia del s. viii (v. ICONOCLASTAS).Prohibición de las imágenes. En las dos versiones del Decálogo (v.) que se recogen en Ex 20,4 y Dt 5,8, figura esta prohibición: "No te harás escultura ni imagen alguna ni de lo que hay arriba en los cielos, ni de lo que hay abajo en la tierra, ni de lo que hay en las aguas debajo de la tierra".a) Alcance del precepto. Esta prohibición comprendía tres puntos: 1) las i. cultuales de las divinidades extranjeras; 2) evitar toda i. o representación de Yahwéh en el culto; 3) posteriormente en la época de los Macabeos, se extendió esta prohibición a la representación de la persona humana, e incluso, al menos parcialmente, de otros seres vivientes. Es interesante ver cómo se vivió esta prohibición por parte de los judíos y en los primeros siglos del cristianismo.La primera de estas prohibiciones es un dato obvio para judíos y cristianos de todo tiempo y cualquier transgresión significa una apostasía (v. IDOLATRÍA). Si alguna vez aparecen los signos del zodíaco en el gran velo del Templo, como cuenta Josefo (Bellum Iudaicum, 5,214), su finalidad es la pura ornamentación y no son objeto de culto.Para el segundo punto, es un hecho que no se conoce ninguna i. que sea de Yahwéh; las excavaciones van dejando claro el rigor con que siempre se vivió esta norma. Es cierto que a veces aparece la mano de Dios, p. ej., en la escena del sacrificio de Isaac, pero lo que allí se intenta no es tanto la representación de Dios como la de su actuación.La tercera indicación fue seguida con mayor libertad. Siempre estuvo prohibida la representación del hombre (por el enorme parecido entre el hombre y Dios) y así es notable que ni siquiera aparezcan representados los personajes importantes: Adán, Noé, Abraham, Moisés. En el cristianismo primitivo no constituye ningún problema la representación del hombre y de los animales. Es cierto que no hay un especial interés, pero tampoco consta ninguna prohibición en los tres primeros siglos. Desde luego que no se conserva ninguna i. de Cristo o de los Apóstoles, pues lo importante y central era la proclamación de la Palabra de Dios y no la representación de su imagen.Hasta los s. iii y iv no aparecen representaciones de Cristo, primero bajo figuras simbólicas (el Buen Pastor, etc.) y por fin, con sus Apóstoles. También comienzan a aparecer escenas del A. T. con una finalidad primordialmente didáctica.b) Razones de la prohibición. La más importante de ellas viene motivada por la necesidad de afirmar la espiritualidad de Dios como una realidad que sobrepasa el poder cognoscitivo del hombre y se sustrae a cualquier determinación objetiva. Este principio que determina e informa la vida del culto, actúa también en el ambiente literario. Así, aquellos mismos que han tenido una visión de Yahwéh no están en condiciones de describir su aspecto. Incluso en Ex 29,9 y en Is 6,1 la descripción de la teofanía (v.) no va más allá de una alusión al esplendor que rodea sus pies y la orla de su vestido.Conectada con esta razón de espiritualidad, podemos señalar la trascendencia (v.) divina. También esta trascendencia era custodiada eficazmente por la prohibición de las representaciones de Yahwéh: ninguna cosa creada es capaz de representar a Yahwéh, porque está por encima de todas ellas (V. DIOS Iv, 3). No hay ninguna duda de que estas razones sólo pueden tener valor si están sustentadas por una fe en la creación de todas las cosas por parte de Dios: es absurdo, parece decir esta prohibición, buscar entre las cosas creadas algo que pueda representar al Creador. A todas estas razones hemos de añadir la más evidente: evitar la magia (v.).El hombre, imagen de Dios. a) En el A. T. El profundo significado de esta expresión no viene tanto de la palabra misma, empleada ya a propósito de la creación del hombre en los poemas babilónicos y egipcios, cuanto del contexto veterotestamentario: el hombre está hecho a i. no de un dios, concebido también a i. del hombre, sino de un Dios de tal manera trascendente que está prohibido hacer su imagen.El relato de Gen 1,26 ss. nos plantea estas dos preguntas: ¿qué significado preciso tiene la expresión de que el hombre haya sido hecho a ¡.de Dios y cuál fue el fin por el que Dios hizo esto?Significado de la expresión. Ha de ser entendida colocándola en el ámbito de una fe religiosa que está presidida por el sentido de la infinita distancia que separa al hombre de Dios. Esta expresión no hay que interpretarla en un sentido exclusivamente espiritual. Trata de iluminar el misterio del hombre como i. terrestre de Dios. La naturaleza humana (esto es lo que quiere significar en definitiva la frase de Gen 1,26) no proviene de abajo, sino que está emparentada con el mundo divino.Finalidad. La razón por la que ha sido establecida esta semejanza entre el hombre y Dios, es por el dominio que debe ejercer aquél sobre las cosas. Así como el soberano de una nación expresa su dominio sobre todo el territorio por sus efigies y estatuas, del mismo modo Dios ha hecho una i. suya para que exista en el mundo sensible una i. también sensible y material de su dominio. De ahí que el hecho de que el hombre sea i. de Dios expresa a la vez el dominio del hombre sobre la creación y el dominio que Dios ejerce, a través del hombre, sobre las cosas que ha creado.Evolución posterior. El Salmo 8 desarrolla el tema del dominio del hombre sobre las cosas: el hombre "está revestido de gloria y esplendor" y es "poco inferior a un ser divino". En Sap 2,23, el hombre no es ya solamente "a" i. de Dios sino que se hace una precisión importante y se hace explícito un elemento de semejanza entre el hombre y Dios, la espiritualidad (V. ESPÍRITU) y la inmortalidad (v.).b) En el N. T. No sólo aplica diferentes veces al hombre la expresión "imagen de Dios" (1 Cor 11,7; lac 3,9), etcétera, sino que con bastante frecuencia utiliza y desarrolla el tema. Así el mandamiento de Cristo: "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto" (Mt 5,48) aparece como una consecuencia y una exigencia de la doctrina del hombre, i. de Dios. Lo mismo se puede decir de un ágrafon de Cristo referido por Clemente de Alejandría: "ver a tu hermano es ver a Dios", convicción que impone el respeto del prójimo y funda nuestro amor para con él: "El que no ama a su hermano, al que ve, no amará a Dios, al que no ve" (1 lo 4,20). Pero esta i. imperfecta y pecadora que es el hombre exige una superación, esbozada ya en la sabiduría veterotestamentaria y realizada por Cristo.Cristo, imagen de Dios. Esta expresión se halla sólo en las epístolas de S. Pablo. Sin embargo, la idea no está ausente, del Evangelio según S. Juan. Entre Cristo y El que le envía, entre el Hijo único que revela a su Padre y el Dios invisible (lo 1,18) hay una unión tal que supone que Cristo es un reflejo de la Gloria de Dios (lo 17,5.24; v.). Esta semejanza tan perfecta se expresa claramente en esta afirmación, en la que hallamos, si no la palabra, por lo menos el tema de la i.: "El que me ha visto, ha visto al Padre" (lo 14,9; v. ENCARNACIÓN DEL VERBO ir, 3).En S. Pablo aparecen bastantes temas conexos y que tienden a aclarar el de Cristo como i. de Dios. Así en 2 Cor 3,18 y 4,4 afirma claramente que Cristo es ¡.de Dios, poniendo en relación este hecho con nuestra transformación en Cristo presentada como un asemejarnos más y más a esa i. En Rom 8,29 Cristo es i. por filiación. Pero, sin duda, el pasaje en que se contiene la afirmación más explícita es Col 1,13-15: "El padre nos libró del poder de las tinieblas y nos trasladó al reino del Hijo de su amor, en quien tenemos la redención y la remisión de los pecados; que es la imagen de Dios invisible, primogénito de toda criatura".La noción de ¡.de Dios tal como S. Pablo la aplica a Cristo resulta muy compleja y rica: semejanza, pero semejanza espiritual y perfecta, por una filiación anterior a la creación; representación, en su sentido más fuerte, del Padre invisible; soberanía cósmica del Señor, que marca con su impronta al mundo visible y el mundo invisible; i. de Dios según la inmortalidad: primogénito entre los muertos; sola y única imagen que garantiza la unidad del plan divino al dar unidad a todos los seres; principio de la creación y principio de la restauración por una nueva creación.Todos estos elementos constituyen otras tantas fuerzas de atracción sobre el hombre que, i. imperfecta y pecadora, tiene necesidad de esta i. perfecta, a saber, de Cristo, para descubrir y realizar su destino divino: bajo la acción del Señor se transforma, en efecto, el cristiano de gloria en gloria en esta i. del Hijo, primogénito de una multitud de hermanos (v. JESUCRISTO V).V. t.: IDOLATRíA II; ANTROPOMORFISMO III; HOMBRE II, 1. y III, FILIACIÓN DIVINA.L. ALONSO MARTÍN.
BIBL.: J. B. FREY, La question des images chea les juils á la lumiére des recentes découvertes, "Bíblica" 15 (1934) 265 ss.; P. LAMARCHE, Imagen, en Vocabulario de Teología Bíblica, Barcelona 1967; L. TURRADO, La Sagrada Escritura y las imágenes, "Cultura Bíblica" 4 (1947) 142-146; W. DÜRIG, Imagen, en Diccionario de Teología Bíblica, Barcelona 1967; A. GELIN, El hombre según la Biblia, Madrid 1966, 21 ss.; C. SFICQ, Dieu et I’homme selon le Nouveau Testament, París 1961.
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